lunes, 26 de mayo de 2014

Capítulo VIII



¿Me conoc√≠a de antes? Carla y yo le miramos extra√Īadas. Por la expresi√≥n de ella, parec√≠a que nunca le hab√≠a hablado de m√≠.
No recordaba haberle visto antes.  A√ļn as√≠ le di dos besos.
-Sí, soy Miriam.- Se quedó parado un momento, pero enseguida reaccionó.
-Perdona. No sab√≠a que fueses amiga de Carla. Me ha extra√Īado.
-Ah.
-¿Por qu√© te ha extra√Īado?- Pregunt√≥ Carla divertida.- ¿Es mucho m√°s guapa que yo?
-No s√©, no me fijo en ninguna chica m√°s que en ti.- La gui√Ī√≥ un ojo sonriendo.- Lo digo porque como suele ir con Lucas y estos, me extra√Ī√≥ que se llevase contigo.
Me qued√© de piedra. Los dos se volvieron hacia m√≠. Juan tranquilo, y ella con una expresi√≥n extra√Īada.
-¿Lucas? No ser√°… Miriam.- Me mir√≥ seria. Despu√©s se volvi√≥ hacia Juan.- ¿El de los ojos color miel? ¿Ese con el que montaste un botell√≥n en el parque de al lado de mi casa?
-Ese.- Bajó la mirada. Parece que no le gustaba que Carla se lo recordase.
-Miriam, ¿enserio sales con ese chico?
-Salir… Sal√≠a. Antes… Podr√≠a decirse que s√≠.- Me forc√© a mirarla a los ojos, aunque su expresi√≥n indignada no ayudaba.
Juan tenía una expresión nerviosa. No quería provocar ninguna discusión con su comentario.
-Me apetece un helado. ¿Ven√≠s?- Propuso tratando de cambiar de tema.
-Jope, Miriam...- Le ignoró Carla.
-Es… majo.
-¡Y tambi√©n un drogadicto!
-¡Qu√© va!- No sab√≠a muy bien por qu√© le defend√≠a, pero segu√≠  hablando.- No tiene adicci√≥n a ninguna droga… Solo va de botell√≥n y fuma para divertirse, pero no lo hace todos los d√≠as.- En realidad eso era discutible.- Adem√°s ya tiene 18 a√Īos. Puede hacerlo si quiere…
-Miriam, tía, no digas tonterías.
-¡No lo hago!
-Beber alcohol en la calle seguir√≠a siendo  ilegal, de todas formas. Y adem√°s, apuesto a que no solo fuma tabaco.
Sabía que Carla tenía razón, pero no pensaba admitirlo. En vez de eso, desvié la mirada hacia la plaza, a la espera de que apareciese alguien que me librase del interrogatorio. Esto no me lo esperaba.
-Pues perderías la apuesta.- Mentí, cabezota.
-Bueno, da igual.- Sacudi√≥ la cabeza resignada.- Mejor no hablemos de eso… Pero que sepas que no me fio ni un pelo de ese t√≠o, y que me alegro un mont√≥n de que ya no salgas con √©l.
Iba a abrir la boca para protestar de nuevo, pero Juan se me adelantó.
-¿Vamos entonces a por ese helado?
-Falta poco para la hora de comer.- Objet√≥  Carla.
-A mí me apetece un helado.
-Muy bien. Vamos a por ese helado.
Caminamos hablando sobre nada en especial hasta llegar a la heladería. Allí, Juan pasó a por su helado mientras Carla y yo esperábamos fuera.
-¿Qu√© hay de Marcos, linda? Hace un mont√≥n que no me hablas de √©l.
La inminente pregunta hab√≠a llegado. Le hab√≠a estado dando mil vueltas durante todo el d√≠a,  pero a√ļn no hab√≠a tomado ninguna determinaci√≥n sobre c√≥mo cont√°rselo.
-Marcos es un capullo.- Buen comienzo.
-¿Perd√≥n?- Se volvi√≥ hacia m√≠ sorprendida.
-√Čl es… Bueno…- Nos sab√≠a c√≥mo explic√°rselo sin involucrarla demasiado.- Es diferente. Y eso hac√≠a que lo nuestro fuese demasiado complicado…
-¿Diferente? ¿En qu√© sentido?
Me mord√≠ el labio. ¿Qu√© respond√≠a?
-Es que no puedo cont√°rtelo.
-¿Por qu√©? No lo entiendo. ¿Qu√© pasa?
-Es demasiado complicado… Adem√°s, cr√©eme. Es mejor para ti no saberlo.
-¿Qu√©? ¿Por qu√©?
-Hazme caso, Carla. El caso es que lo nuestro era casi imposible. Pero eso no justifica nada de lo que paso…- Lo √ļltimo lo dije m√°s para m√≠ que para ella.
-¿Qu√© pas√≥?- Pregunt√≥ con expresi√≥n alarmada. Parec√≠a que estaba empezando a asustarla.
-Se enrolló con otra chica.
-¿¡Mientras estabais saliendo!?
-Saliendo, precisamente, no. Pero algo as√≠. Supongo.- Suspir√©.- No era nada oficial, pero no s√©…
-¡Qu√© cabr√≥n!- Me encog√≠ de hombros.- ¿Y qu√© te dijo despu√©s?
Recordé aquellos segundos horribles que pasé en la terraza de la casa abandonada. Julia me miraba fijamente, y Marcos se disculpaba, pero nada de eso cambió lo que había visto.
Lo que más me fastidia es haber confiado en él. Arriesgué y perdí. Pero lo peor es que el que lo estaba pagando era Daniel.
-Que pod√≠a explicarlo… Unos d√≠as despu√©s, justo antes de volver a Galicia, me dijo que nunca me olvidar√≠a.
Me miró con los ojos abiertos como platos, mientras asimilaba lo que le había contado.
-Espera, ¿me est√°s hablando del mismo Marcos que te despertaba cada ma√Īana con un “Buenos d√≠as, princesa”? ¿El Marcos por el que llevas colada desde hace dos a√Īos? ¿El mismo que dec√≠as que era perfecto, el de los ojazos azules?
Me mordí el labio. Todas las situaciones que había nombrado me cayeron como un cazo de agua fría. A mí también me había costado asimilarlo. Me empezaron a escocer los ojos, pero traté de contener las lágrimas.
Por suerte, apareció Juan con un helado de fresa y chocolate, haciendo que aplazásemos la conversación para otro momento.
El domingo me despert√© temprano y levant√© la persiana. Hac√≠a sol. Iba a bajar a desayunar cuando distingu√≠ un clavel rosa en el alf√©izar de la ventana. Extra√Īada lo recog√≠ y lo ol√≠. Me encantaban estas flores. Eran mis favoritas. En el alf√©izar tambi√©n hab√≠a un papel doblado. Lo cog√≠ tambi√©n. Solo hab√≠a una frase escrita con una letra bonita y cuidada.

“Hazme un favor y sonr√≠e”
Extra√Īada, pens√© qui√©n podr√≠a haber sido. Por un momento, pens√© en Marcos, pero enseguida lo descart√©. Despu√©s, vino a mi cabeza ese chico de ojos grises en el que √ļltimamente no pod√≠a dejar de pensar. Sonre√≠ al imagin√°rmelo, pero despu√©s record√© la escena de ayer, entre Sam y Lucas, y malhumorada, baj√© a la cocina y desayun√© r√°pido.
Después me puse un pantalón de chándal rosa con una camiseta corta de color gris. Me recogí el pelo en una coleta alta, y me calcé mis deportivas. Cuando acabé de vestirme, cogí mi Ipod, los cascos y salí a correr.
Por el camino, empec√© a pensar en lo que hab√≠a hablado ayer con Carla. A m√≠ tambi√©n me costaba creer que hubiese hecho eso. Puede que me pusiese celosa de su tonteo con Irene cuando no √©ramos pareja, pero lo de Julia era demasiado… Aunque en m√°s de una ocasi√≥n hab√≠a imaginado que habr√≠a pasado si le hubiera dejado explicarse. Si lo hubi√©ramos hablado, y le hubiera dado una segunda oportunidad.
O si no, aunque no le hubiese dado una segunda oportunidad. Si solo le hubiese perdonado. Por lo menos, ahora sabría de él. Sabría si está bien.
No s√© nada de Marcos desde aquel d√≠a en el bosque. Aquel d√≠a en el que me dijo que nunca me olvidar√≠a. El d√≠a en el que nos dimos el √ļltimo adi√≥s.
Sara no me ha contado nada de él desde entonces, ni tampoco Jake, ni nadie del pueblo. No había vuelto a aparecer por ahí.
Con los ojos h√ļmedos, sub√≠ el volumen al m√°ximo para impedirme pensar en nada m√°s, y segu√≠ corriendo, m√°s r√°pido.
Empezaba a cansarme, pero no me paré. Si lo hacía volvería a pensar en él.
Me había recorrido prácticamente todo el paseo marítimo de unos siete kilómetros, cuando noté como alguien me ponía una mano en el hombro.
Me quité los cascos al ver a Sam.
-Hola, Miriam.- Sonrió.
Muerta de verg√ľenza, guard√© el Ipod. A saber qu√© pintas ten√≠a ahora. Entre lo poco que hab√≠a dormido, y la carrera que me hab√≠a pegado deb√≠a de tener un careto… A eso hab√≠a que a√Īadirle las l√°grimas que corr√≠an  a√ļn por mis mejillas. Me las sequ√© disimuladamente con la mano, aunque estaba segura de que √©l ya se hab√≠a dado cuenta.
-Hola, Sam.
-¿Qu√© tal?
-Bueno. Aqu√≠, corriendo. ¿T√ļ?
-Bueno. Aqu√≠, esperando a que una preciosa chica de ojos verdes y pelo casta√Īo se decida a quedar conmigo.
Me sonrojé.
-Oh.
Se rió divertido.
-¿Nos sentamos un poco?- Se√Īal√≥ un banco.
-Claro.
Fuimos al banco. Cuando nos sentamos, me mir√≥ fijamente a los ojos, lo que hizo que me pusiese nerviosa. ¿Qu√© pasaba?
-Estás triste.- Me secó una lágrima que no había notado y se inclinó hacia mí. Titubeé, pero no me aparté. Pero en vez de acercarse a mis labios, simplemente me susurró algo al oído.
Sonreí divertida al escucharle.
-Eras t√ļ.
-¿Perd√≥n?
-El que dej√≥ ese clavel rosa…
-No sé qué clavel rosa dices.
Sacud√≠ la cabeza sonriendo. “Hazme un favor y sonr√≠e”. Definitivamente, lo que sent√≠a por este chico se estaba convirtiendo en algo muy especial.
No iba a admitirlo, y yo no insistí. En vez de eso, me incliné hacia él y le di un beso en la mejilla.
-Gracias.
-¿Por qu√©?
-Da igual.- Contesté, más alegre que hace unos minutos.
√Čl me devolvi√≥ la sonrisa y empezamos a hablar, hasta que me olvid√© por completo de la hora. Pero en un momento dado de la conversaci√≥n, se puso serio y volvi√≥ a mirarme fijamente a los ojos.
-Miri, siento lo que pasó con Lucas.
Suspiré. Pensé en preguntarle por lo que le había pasado con él, pero había algo en su expresión que me hizo cambiar de opinión. Tiempo al tiempo. Sam me gustaba, definitivamente, y ya tendría tiempo de ir aprendiendo cosas sobre él. Pero ahora no era el momento de hablar del pasado. Ninguno de los dos estaba dispuesto a contar el suyo.
-Est√° bien. No pasa nada.
-Me alegro.- Sonrió.- Ya estaba empezando a preocuparme de que tuviese que ir al concierto de Imagine Dragons yo solo.
Me reí.
-Seguro que encontrar√≠as a alguna chica encantada de acompa√Īarte. Y adem√°s, m√°s guapa que yo.- Repliqu√©.
-No creo. Es muy difícil.- Me miró a los ojos con sus ojazos grises. Me encantaban.
Esboc√© una media sonrisa sonrojada. ¿Me hab√≠a llamado guapa?
Seguimos hablando durante un buen rato, hasta que se mi est√≥mago empez√≥ a gru√Īir y mir√© el reloj. Faltaba poco para la hora de comer.
-¿Por d√≥nde vas? Tengo que irme ya a casa a comer.- Dije desanimada. Me lo estaba pasando muy bien.
-Te acompa√Īo.
Tardamos casi media hora en llegar. Me hab√≠a alejado bastante. A√ļn as√≠, me daba tiempo a llegar.
Cuando llegamos a la puerta de mi casa, me detuve sin saber muy bien qu√© hacer. ¿Darle un beso? ¿O decirle adi√≥s?
Finalmente él se me adelantó y me dio dos besos en las mejillas.
-Ya hablaremos.- Me sonreía.- Adiós, Miri.
-Adiós, Sam.
Cuando entr√© en casa, me sent√≠a bastante mejor que cuando sal√≠ esta ma√Īana. Estar con Sam me pon√≠a de buen humor. Cada vez estaba m√°s segura de que lo que sent√≠a por √©l era algo especial.
Crucé el pasillo sin dejar de pensar en él.
-¿Miriam?
-Sí, soy yo, mamá.- Contesté asomándome al salón.
-¿D√≥nde hab√≠as ido?
-Salí a correr un poco.
-¿No has tardado mucho rato?
-No s√©.- Desvi√© la mirada. No quer√≠a contarle que hab√≠a estado otra vez con Sam.- Estoy cansada. Voy a darme una ducha, ¿vale? Ahora bajo.
-Claro.
·   ·   ·
En mi tel√©fono empez√≥ a sonar la canci√≥n de “Demons” de Imagine Dragons. Desvi√© la mirada de la pantalla del ordenador, donde ten√≠a puesta una p√°gina para descargarme el ebook “Bajo la misma estrella”.
-¿Hola?
-Hola Miriam.
Me quedé entre sorprendida y aliviada al oír la voz de Jana al otro lado de la línea.
-Jana. ¿C√≥mo est√°s? ¿Qu√© pas√≥ el viernes?
Hubo una pausa, en la que oí como Jana tomaba aire. Solo sirvió para preocuparme más.
-Bueno, tirando. El viernes Lucas me pidi√≥ perd√≥n unas mil veces, y al final me convenci√≥ para ir a bailar a una discoteca que hab√≠a por all√≠.- Frunc√≠ el ce√Īo. Por eso se la hab√≠a encontrado Carla. Me molestaba que hubiese salido otra vez con Lucas despu√©s del numerito que hab√≠a montado, aunque me alegraba de que fuese sincera.  As√≠ todo ser√≠a m√°s f√°cil.
-Ya. Me lo cont√≥ Carla. ¿Y despu√©s?
-En la discoteca le volví a preguntar lo que había pasado, y me mandó a la mierda. Después se enrolló con otra tía, asegurándose de que yo les veía.- Le temblaba la voz.- Se enfadó mucho cuando le insistí.
-¡Qu√© capullo!- Solt√© indignada. No pod√≠a creer que hubiese hecho eso. Bueno… En realidad s√≠. Lucas es la persona m√°s impredecible que conozco. Por lo menos, me alegraba saber que hab√≠an dejado su rollito de amigos con derecho a roce.
-S√≠… Puede que tuvieses raz√≥n…
-¿Puede?- Recalqu√© sorprendida.- Jana, ¿qu√© ha pasado?
-Prom√©teme que no te enfadas…

lunes, 19 de mayo de 2014

Capítulo VII



-En plena calle…
-No pasa nada. No hay nadie.- Le metió una mano en los pantalones. Jana rio, pero enseguida volvió a apartarse.
-Que no, Lucas.
-Vale.- Dijo resignado, volviendo a besarla.
No me mov√≠. Sam se volvi√≥ hacia m√≠ extra√Īado. Despu√©s sigui√≥ la direcci√≥n de mi mirada, hasta la pareja, pero no pareci√≥ reconocer a ninguno.
-Miri. ¿Pasa algo?
-Jana.- Llamé sin mirarle.
De pronto, la pareja se separ√≥. Jana, se volvi√≥ hacia m√≠ sonrojada. Baj√≥ la mirada. Lucas me sostuvo  la mirada, tranquilo.
-Miriam.- Empez√≥ Jana.- Nosotros…
-Haz lo que quieras. Yo ya te dije todo lo que te ten√≠a que decir. Si no quieres hacerme caso, t√ļ ver√°s.
-Miriam, espera…
-V√°monos, Sam.
Empec√© a andar, pero Sam no me sigui√≥ y me detuve extra√Īada.
-Sam.- Lucas apretó los dientes. Sam no se movió. Simplemente le aguantó la mirada, serio. Jana les miraba confundida. Yo me mordí el labio. Había olvidado lo que me dijo Lucas. De todas formas, parecía que el odio era mutuo.
-Cuánto tiempo.-Dijo Sam fríamente.
-Sí. Mucho tiempo. Veo que ya conoces a Miriam.- Ninguno se volvió.
-La conozco.
Hubo unos segundos de silencio incómodo en los que Jana y yo les mirábamos expectantes. Yo sentía curiosidad por lo que había hecho que se odiasen tanto, pero a la vez tenía algo de miedo. Conocía a Lucas, y sabía que era mejor no llevarse mal con él.
-¿Qu√© pasa?- Pregunt√≥ finalmente Jana rompiendo el silencio.
-Creí que no volvería a verte.
-Las cosas han cambiado mucho desde entonces.- Contestó Sam encogiéndose de hombros.
-No lo creo. T√ļ sigues siendo el mismo gilipollas. Solo que a la que pretendes utilizar esta vez es a Miriam.- Le fulmin√≥ con la mirada.
-¿Qu√© dices, Lucas? Sam no es como t√ļ.
 -No te equivoques, Miriam. Esta vez yo no soy el malo de la pel√≠cula.
-Sam tampoco.
-No le conoces.
-¿Y t√ļ s√≠?
-Yo también creía que le conocía. Pero luego me di cuenta de que no es más que un maldito gilipollas.
-¡Lucas!
Me gir√© asombrada hacia Sam. Ten√≠a miedo de que acabasen peg√°ndose o algo por el estilo. Parec√≠a que a Lucas no le faltaban ganas. ¿Qu√© habr√≠a hecho Sam para que le odiase tanto?
Aunque tal vez fuese cosa de Lucas… Sin embargo en lo que llevaba con el (apenas unas semanas…) nunca le hab√≠a visto odiar as√≠ a alguien. Insultarle, pegarle y criticarle puede que s√≠, pero esto parec√≠a venir de antes.
Sam le miraba serio, sin inmutarse. Parecía que estuviese viendo la situación desde una televisión, como si fuese totalmente ajena a él.
-Ya te dije que siento lo que hice.
-Sí, lo recuerdo. Nos pediste perdón por teléfono porque no tuviste los huevos de quedarte para afrontar lo que habías provocado.
Dio un paso al frente. Cada vez alzaba m√°s la voz. Sam le miraba serio.
-Fue hace mucho tiempo.
-¿¡Mucho tiempo!?- Se acerc√≥ lo suficiente para darle un empuj√≥n que a m√≠ me habr√≠a tirado. Sam solo retrocedi√≥ un paso. No respondi√≥. Ni siquiera baj√≥ la mirada.
-¡Lucas!- Jana estaba asombrada, creo que incluso m√°s que yo.
-¡Le arruinaste la vida, maldito hijo de...!- Apret√≥ el pu√Īo.
-¡Lucas!
Logr√© interponerme entre ellos antes de que le pegase un pu√Īetazo. Se detuvo en el √ļltimo segundo.
-Lucas.-  Jana estaba con los ojos llorosos. No pod√≠a creer lo que hab√≠a pasado.- Para, por favor.
Lucas hizo un amago de volver hacia Sam, pero mir√≥ a Jana una √ļltima vez y se detuvo.
-Miriam, ll√©vatele. Por favor. No es el lugar ni el momento.- No  nos miraba. Ten√≠a la vista clavada en el suelo.
-V√°monos, Sam.
Sam no se mov√≠a. Empec√© a desesperarme. ¿Qu√© narices le pasaba ahora?
Mir√≥ una √ļltima vez a Lucas. Este segu√≠a mirando el suelo.
-Lo siento.- Murmur√≥ una √ļltima vez.
Por fin consegu√≠ llev√°rmele, extra√Īada. ¿Qu√© habr√≠a hecho? No ten√≠a ni idea, pero este no era el momento de averiguarlo. No le solt√© la mano hasta llegar a la puerta de mi casa.
-Miriam…- Le mir√©. Era lo primero que dec√≠a en todo el camino. Todas las preguntas que le hab√≠a hecho hab√≠an sido respondidas con un asentimiento de cabeza. Hab√≠a estado ausente todo el rato. Pero ahora me miraba fijamente a los ojos.- Siento lo que ha pasado.
-No tienes por qué darme explicaciones de nada. No pasa nada.- Forcé una sonrisa.
-Quiero hacerlo.
-No es necesario. Adem√°s, tengo que irme ya. Es tarde. Nos vemos el lunes.
Me miró apenado.
-Buenas noches, Miriam.
Cerr√© la puerta detr√°s de m√≠ con una sensaci√≥n de vac√≠o. Ten√≠a muchas ganas de volver a quedar con √©l ma√Īana.  Pero necesitaba pensar sobre lo que hab√≠a pasado antes con Lucas.
Reprimí las ganas de volverme a mirarle una vez más y seguí andando.
-Hola, Miriam.- Salud√≥ mi madre cuando entr√© en la cocina.- ¿Qu√© tal con tu novio?
-¡Mam√°!- La mir√© sonroj√°ndome. Lo que me faltaba.- No es mi novio. Era un amigo.
-Ya, seguro.
-¡Mam√°!
-A mí, no me digas nada, el que me lo dijo fue papá.
Suspir√© resignada. Los padres eran as√≠, ¿no?
-Me voy a mi cuarto.
Salí de la cocina negando con la cabeza, pero no pude evitar sonreír al pensar en la posibilidad de que Sam y yo fuésemos novios de verdad.
Empec√© a subir las escaleras, pero mi padre me llam√≥ desde el sal√≥n. Me acerqu√©. Estaba viendo el f√ļtbol, jugaba el Atleti.
-Hola Miriam. ¿Qu√© tal con el chico ese? ¿Cu√°ndo vas a present√°rnoslo?
-¡Nunca!- Sent√≠ como se me sub√≠an los colores.- Es un amigo.
Mi padre se ri√≥ de m√≠ a carcajadas, por lo que mi expresi√≥n pas√≥ de avergonzada a enfadada. Sub√≠ a mi cuarto con el ce√Īo fruncido  y me tumb√© en la cama mirando al techo.
Menudo d√≠a hab√≠a tenido. Hab√≠a empezado mal… Y hab√≠a acabado peor. Con lo bien que hab√≠a estado con Sam… Ten√≠a que aparecer Lucas para estropearlo.
Aunque tal vez el problema fuese que hab√≠amos ido  demasiado r√°pido. ¡Apenas hac√≠a una semana que le conoc√≠a! Era normal que no me hubiese contado nada de Lucas…
Necesitaba pensar en ello esta noche…
Con el pijama ya puesto abr√≠ de nuevo el libro de bilog√≠a, hasta que mi madre me llam√≥ para poner la mesa. Despu√©s de cenar, me met√≠ en  itunes y pas√© a mi Ipod unas canciones que me hab√≠a descargado el jueves. Cuando acab√©, revis√© mi twitter y apagu√© el ordenador. Estaba cansada, aunque no eran ni las once.
Me puse los cascos y empec√© a escuchar m√ļsica, ya metida en la cama. Me dorm√≠ con la canci√≥n de “Imposible olvidar” de fondo.
El S√°bado me despert√© muy tarde, a eso de las 12 y pico. A√ļn as√≠, me qued√© un par de minutos m√°s en la cama, hasta que vino mi madre.
-¿Miriam?
-Estoy aquí mamá.- Murmuré sin moverme de la cama. No me apetecía nada levantarme.
-Ah vale.- Respondi√≥ aliviada. Me mord√≠ el labio. Desde lo que pas√≥ en verano, se preocupaba mucho m√°s cada vez que llegaba tare, o no aparec√≠a a la hora, o algo de eso.- ¿No te levantas?
-Ahora voy.
-Est√° bien.  Te voy haciendo el desayuno.
-No hace falta mam√°.- Respond√≠, pero ya se estaba yendo. Resignada, me levant√© a rega√Īadientes y levant√© la persiana. Hac√≠a sol.
Cuando termin√© de desayunar y de ducharme, me vest√≠ r√°pido con un vestido de verano con flores. Me puse mis bailarinas marr√≥n oscuro y me recog√≠ el pelo en un mo√Īo mal hecho. Despu√©s, revis√© mi m√≥vil.

Hola Miri. Ya nunca te conectas al tuenti. ¿Qu√© es de tu vida? Jana me dej√≥ tu n√ļmero de tel√©fono. Ayer me la encontr√© en la discoteca. Bueno, ll√°mame cuando puedas y hablamos. ¿Vale?
Era Carla. ¿C√≥mo que hab√≠a visto a Jana en la discoteca? No s√© muy bien por qu√©, pero contaba con que despu√©s de lo que hab√≠a pasado, fuese a su casa. ¿Seguir√≠a con Lucas?
Sacud√≠ la cabeza y rele√≠ el WhatsApp. Carla ten√≠a raz√≥n. Hac√≠a un mont√≥n que no la ve√≠a. Ten√≠a ganas de hablar con ella. Enseguida marqu√© el n√ļmero con el que me hab√≠a mandado el WhatsApp y le di a llamar.
-¿Hola?
-¡Hola Carla!- Salud√© contenta.
-¡Miri! Jo, cu√°nto tiempo.
-Ya lo s√©… Es que no he tenido mucho tiempo para salir y eso, √ļltimamente…- En realidad, lo que no hab√≠a tenido era ganas de hacerlo con mis amigos de verdad. Eso me obligar√≠a a pasar por demasiadas preguntas sobre recuerdos dolorosos.
-Ah, vaya. Bueno, ¿y qu√© tal?
-Mm… Supongo que he estado mejor…
-¿Y eso?
-Una larga historia…
-Mm… ¿Y si quedamos en un rato y me cuentas?
Lo pensé. No podía aislarme en mi mundo para el resto de mi vida. Cuanto antes pasara por aquello mejor. Además, yo también tenía ganas de verla.
-Est√° bien.
-¡Genial! ¿En una hora en el cruce del ayuntamiento?
-Vale. Hasta ahora. Un besito.
-¡Otro! ¡Adi√≥s!
Colgu√© el tel√©fono y me dej√© caer en la cama. Carla me preguntar√≠a por Marcos. Ella era la persona a la que m√°s cosas le hab√≠a contado de √©l. Iba a ser complicado explicarla lo que hab√≠a pasado sin  mencionar el rollo sobrenatural…
Después de darle vueltas al asunto, decidí ver la tele hasta que fuese la hora de irme.
No daban nada, as√≠ que desde el Ipad de mi padre, puse el primer cap√≠tulo de “El pr√≠ncipe”. Me hab√≠an dicho que estaba muy bien.
Par√© el cap√≠tulo a la media hora a rega√Īadientes. Estaba muy interesante.
-Mam√°, voy a salir con Carla.
-¿Ahora?
-Sí mamá. No te preocupes, estaré aquí para comer.
Salí de casa sin darle tiempo a objetar nada. No se tardaba nada en llegar al cruce. Cuando llegué, estaba Carla esperándome, apoyada en el muro.
-¡Carla!
-¡Hola!- Salud√≥ sonriente al verme.
Nos abrazamos. Me alegraba un montón de verla.
-¡Ay!
Me separé asustada.
-¿Qu√© pasa?
-Cuidado con mis hombros por favor. Ayer me quemé un montón en la playa.- Se lamentó.
-Ah. Perd√≥n.- Me compadec√≠ de ella. Ahora que lo dec√≠a, me fij√© en que ten√≠a la cara quemada entera tambi√©n.- Ya te vale.- A√Īad√≠ mir√°ndola.
-Solo me hab√≠a quemado una vez en la vida… Y no hac√≠a mucho calor.
-Pues ya son dos.
-Qué mala eres.- Protestó. Yo me reí.- Por cierto, quiero presentarte a mi novio.
La mir√© sorprendida. No sab√≠a que tuviese novio. Me fij√© por primera vez en un chico casta√Īo de ojos marr√≥n claro que hab√≠a a su lado. Era mono, no recordaba haberle visto por aqu√≠. Le sonre√≠.
-Hola.
-Este es Juan, mi novio. Juan, esta es…
-Miriam.- Complet√≥ con una expresi√≥n con  una mezcla de sorpresa y recelo.

martes, 13 de mayo de 2014

Capítulo VI



Lo pens√© un momento. Volv√≠ a mirar el reloj. Las siete y cuarto. Tal vez a√ļn siguiese en pie la propuesta de Sam.
Cog√≠ mi Smartphone rosa y marqu√© el n√ļmero que hab√≠a apuntado en el papel. Vacil√© un momento, pero luego le di a llamar.
-¿Hola?
-Hola Sam. Soy…
-Miriam.- Me interrumpió. Sonrió.- Creí que no ibas a llamar.
-Cambié de opinión.
-Me alegro de o√≠r eso. ¿Entonces quieres quedar ahora?
-Sí.- Sonreí divertida. Se le notaba contento.
-Genial. ¿D√≥nde quedamos?
-¿Te viene bien en el muelle? Podemos pasear por la playa un rato.
-Est√° bien.
-¿En media hora?
-En media hora te veo.- Sonreí.
-Hasta luego, Miriam.
Cuando colgué el teléfono, me quedé un momento parada pensando en la conversación, y en el paseo que íbamos a dar por la playa. Después me levanté y fui hacia el armario.
No sabía muy bien por qué me cambiaba. De todas formas cogí un pantalón negro y lo complementé con una camiseta ancha con el cuello de barca de color blanco. Tenía el dibujo de unas alas negras en el centro.
Después, me puse mis bailarinas negras y me miré al espejo. Mm. Aceptable, supongo.
De todas formas, me cepill√© el pelo. Despu√©s fui al ba√Īo y saqu√© mi neceser.
Me pint√© la raya negra, y me ech√© r√≠mel, del mismo color. Por √ļltimo, me pint√© los labios de color rosa claro. ¿Por qu√© te maquillas, Miriam? Suspir√© y me mir√© de nuevo al espejo. Mejor as√≠.
Bajé las escaleras. Faltaban diez minutos, pero todavía tenía que ir hasta al muelle. Se tardaba un poco más, así que tendría que darme prisa.
-Pap√°, voy a salir otra vez.
-Mm… Vale. ¿Vienes a cenar?
-Supongo.
-Est√° bien. No vengas muy tarde.
-Vale.
Salí de casa con una sonrisa dibujada en los labios. No sabía muy bien por qué me emocionaba la idea de encontrarme con Sam.
“Porque te encanta”.
Llegué al muelle dos minutos antes de que diesen las ocho menos cuarto. Llegaba pronto.
Me apoy√© en el muelle mirando al mar. Estaba precioso. El mar estaba tranquilo por esta zona. Parec√≠a un estanque. Daban ganas de darse un ba√Īo.
-Buenas tardes, princesa.- Me susurró él al oído. No le había oído llegar.
La melancolía se apoderó de mí un momento. Sin embargo, esa sensación se me quitó de encima cuando me volví.
Sam iba vestido con un pantalón oscuro y una camisa azul claro. Le quedaba muy bien. Me sonreía. Creo que me sonrojé, y vi una pizca de diversión en sus ojos grises.
-Hola.- Saludé.
-Vas muy guapa.
Eso solo aumentó el calor de mis mejillas.
-Gracias.- Conseguí decir, sin mirarle.
-¿Vamos?
-Claro.
-¿C√≥mo est√°s?
-Mejor, supongo.- Respond√≠ mientras me descalzaba. Despu√©s, empezamos a andar por la arena.- ¿Te acuerdas el amigo del que te habl√©? Ese que estaba  en coma.
-Sí, me acuerdo.
-Ha mejorado. Vuelve a estar estable.
-Vaya. Me alegro.
-Dicen que hay probabilidades de que salga pronto del coma.- A√Īad√≠ alegre.
-Qué bien.- Me sonrió. Parecía alegrarse de verdad.
-S√≠.- Le sonre√≠. √Čl ten√≠a los ojos brillantes. Mir√© hacia el mar.
-¿Sabes que est√°s a√ļn m√°s guapa cuando  sonr√≠es?

Le miré. Volví a sonrojarme. Entonces, me puso un mechón de pelo detrás de la oreja. Se inclinó un poco hacia mí.
-Miriam…
Le corté recorriendo los pocos centímetros que nos separaban.
El beso fue dulce y suave. Cuando nos separamos, le miré a los ojos. Seguían brillantes. Me miraba sonriendo.
-Miriam, no debería estar haciendo esto.- Tras unos segundos se puso serio.
Me le qued√© mirando a la espera de un “Era broma” o algo por el estilo, pero en lugar de eso, desvi√≥ su mirada hacia el mar.
-¿No te gusto?
Me miró como si hubiese dicho la mayor tontería del mundo. Después me sonrió y me cogió un mechón de pelo.
-Claro que me gustas.- Jugueteaba con mi mechón mientras hablaba. Después me miró a los ojos.- Me gustas mucho. Pero a veces las cosas no solo dependen de eso.
-Si quieres que me vaya…- Me di la vuelta decepcionada.
Me detuvo agarr√°ndome del brazo.
-He dicho que no debería hacer esto. No que no quiera hacerlo.
Me arrastr√≥ hacia √©l hasta que volvimos a juntarnos en un nuevo beso, m√°s apasionado que el anterior. Toda la tensi√≥n acumulada durante las √ļltimas semanas fue desprendi√©ndose de m√≠. Y por primera vez en mucho tiempo, me olvid√© de todo durante unos segundos.
Nos sentamos en la arena cogidos de la mano a contemplar el crep√ļsculo. Apoy√© la cabeza en su hombro. El sol se pon√≠a en el mar, y estaba precioso.
-¿Quieres que vayamos a cenar algo?- Propuso.
-Mm… No s√©.
-Pero estoy hablando de ir al Mc Donald’s o el Telepizza, ¿eh? Nada de sitios pijos.- Me gui√Ī√≥ un ojo.
-¡Yo no soy pija!- Me separ√© un poco de √©l y le di un golpe cari√Īoso en el hombro.
-Lo que t√ļ digas…
-Pues me voy.- Cogí mis manoletinas divertida, fingiendo estar enfadada.
-¡Eso no vale! ¡Es chantaje!- Protest√≥.
-Adiós Samuel Bossi.
-¿Sabes mi apellido?- Ahora era √©l quien parec√≠a divertido.
-Esto… Lo vi en tu twitter.
-¡Has estado espiando mi twitter!
-Fuiste t√ļ el que me sigui√≥ primero.- Me sonroj√©.
√Čl empez√≥ a re√≠rse. Eso hizo aumentar el calor de mis mejillas.
-Era broma, tonta.
-Yo… ¡Que no me cambies de tema!- Protest√© cohibida.- Me voy.
-No te vayas.
Me di la vuelta, pero me dio un beso en el cuello. Era agradable.  No quer√≠a irme.
-No  vas a convencerme.
-¿Ah, no?
Me dio más besos en el cuello, acercándose cada vez más a mi boca. Cuando llegó a su destino, dejé que me besara y le devolví el beso.
-Bueno. Está bien. Iré a cenar contigo, Sam Bossi.
Seguimos hablando de un mont√≥n de cosas, siendo  interrumpidos de vez en cuando por alg√ļn que otro beso, hasta que empec√© a tener hambre.
-¿Vamos ya a cenar?
-Vale.- Asintió.
-Nada de sitios pijos, ¿no?
-Eso es.- Me sonrió.
-Voy a llamar un segundo a mi padre. 
-Claro.
Marqu√© el n√ļmero, a√ļn sonriendo por todo lo que hab√≠a pasado.
-¿Si?
-Hola pap√°. Soy yo, Miriam.
-Ah. ¿Ha pasado algo?
-No, no es nada. Era solo que quería preguntarte si puedo ir a cenar con un amigo.
-¿Un amigo?
Suspiré.
-Sí, papá, un amigo.
-Mm… ¿Volver√°s tarde?
-No creo. De todas formas llevo llaves.
-Bueno, est√° bien. Te esperaremos despiertos, ¿eh? No te pases con la hora.
-Ya tengo  17 a√Īos.- Protest√©.
-Siempre ser√°s mi ni√Īa. Luego te veo.
Resignada, me desped√≠ y colgu√© el tel√©fono. Odiaba que me trataran como si tuviese tres a√Īos. Aunque supongo que en el fondo les entend√≠a, despu√©s de lo de este verano…
-¿Pasa algo?- Sam me cogi√≥ del ment√≥n. Le mir√©. Sus ojos reflejaban preocupaci√≥n.
-No es nada.
Me puse de puntillas y le di un beso corto en los labios. Despu√©s, de nuevo con una sonrisa en la boca, nos encaminamos, cogidos de la mano, al Mac Donald’s.
Cuando llegamos, yo fui a coger mesa mientras él pedía una hamburguesa con queso y una coca cola para mí, y una completa con otra coca cola para él.
Me sent√© en una mesa al lado del ventanal y  le esper√© mientras miraba hacia fuera. Ya estaba oscureciendo. Deb√≠an ser casi las 10.
-Aqu√≠ le traigo su pedido, se√Īorita.- Dijo con una peque√Īa reverencia, como si fuese un camarero que atend√≠a a una princesa.
-Muchas gracias.- Contesté cordial, divertida.
-¿Quiere que me siente a hacerle compa√Ī√≠a?
-Está bien. Pero solo si después me das un beso.- Respondí.
-¿Despu√©s?- Sonre√≠.
Rió y se inclinó hacia mí, dándome un beso corto. Después, empecé a comer la hamburguesa.
Durante la cena, hablamos normalmente, como si solo fuésemos dos amigos que habían quedado para tomar una hamburguesa.
Eso es lo que sois, cari√Īo”, dijo mi cruel subconsciente.
Cuando acabamos, vaciamos las bandejas y las dejamos en una de las estanter√≠as.                
-¿Te apetece ir a bailar?- Propuso al salir del establecimiento.
-No s√©.- Mir√© mi reloj. Eran las 11.- Es tarde… Tengo sue√Īo. ¿Ma√Īana?
-¿Eso significa que ma√Īana vamos a volver a quedar?
-Esto… No s√©. ¿T√ļ quieres?
-Me encantaría.
-Entonces sí.
Me acompa√Ī√≥ a mi casa, pero nos detuvimos en uno de los callejones. Una pareja que estaba li√°ndose apoyados en la pared me llam√≥ la atenci√≥n.
A ver, enti√©ndase, no es que me vaya fijando en ese tipo de cosas, pero hab√≠a algo que me resultaba familiar…
-Sam, espera.
-¿Pasa algo?
-Yo…
El chico trató de bajarle los pantalones a la chica y decidí que ya era hora de irse. Pero entonces habló ella y me volví a detener en seco.
-Ay, para.
-¿Por qu√©?
Era Jana. Se separaron un poco. El chico era Lucas.