martes, 13 de mayo de 2014

Capítulo VI



Lo pens√© un momento. Volv√≠ a mirar el reloj. Las siete y cuarto. Tal vez a√ļn siguiese en pie la propuesta de Sam.
Cog√≠ mi Smartphone rosa y marqu√© el n√ļmero que hab√≠a apuntado en el papel. Vacil√© un momento, pero luego le di a llamar.
-¿Hola?
-Hola Sam. Soy…
-Miriam.- Me interrumpió. Sonrió.- Creí que no ibas a llamar.
-Cambié de opinión.
-Me alegro de o√≠r eso. ¿Entonces quieres quedar ahora?
-Sí.- Sonreí divertida. Se le notaba contento.
-Genial. ¿D√≥nde quedamos?
-¿Te viene bien en el muelle? Podemos pasear por la playa un rato.
-Est√° bien.
-¿En media hora?
-En media hora te veo.- Sonreí.
-Hasta luego, Miriam.
Cuando colgué el teléfono, me quedé un momento parada pensando en la conversación, y en el paseo que íbamos a dar por la playa. Después me levanté y fui hacia el armario.
No sabía muy bien por qué me cambiaba. De todas formas cogí un pantalón negro y lo complementé con una camiseta ancha con el cuello de barca de color blanco. Tenía el dibujo de unas alas negras en el centro.
Después, me puse mis bailarinas negras y me miré al espejo. Mm. Aceptable, supongo.
De todas formas, me cepill√© el pelo. Despu√©s fui al ba√Īo y saqu√© mi neceser.
Me pint√© la raya negra, y me ech√© r√≠mel, del mismo color. Por √ļltimo, me pint√© los labios de color rosa claro. ¿Por qu√© te maquillas, Miriam? Suspir√© y me mir√© de nuevo al espejo. Mejor as√≠.
Bajé las escaleras. Faltaban diez minutos, pero todavía tenía que ir hasta al muelle. Se tardaba un poco más, así que tendría que darme prisa.
-Pap√°, voy a salir otra vez.
-Mm… Vale. ¿Vienes a cenar?
-Supongo.
-Est√° bien. No vengas muy tarde.
-Vale.
Salí de casa con una sonrisa dibujada en los labios. No sabía muy bien por qué me emocionaba la idea de encontrarme con Sam.
“Porque te encanta”.
Llegué al muelle dos minutos antes de que diesen las ocho menos cuarto. Llegaba pronto.
Me apoy√© en el muelle mirando al mar. Estaba precioso. El mar estaba tranquilo por esta zona. Parec√≠a un estanque. Daban ganas de darse un ba√Īo.
-Buenas tardes, princesa.- Me susurró él al oído. No le había oído llegar.
La melancolía se apoderó de mí un momento. Sin embargo, esa sensación se me quitó de encima cuando me volví.
Sam iba vestido con un pantalón oscuro y una camisa azul claro. Le quedaba muy bien. Me sonreía. Creo que me sonrojé, y vi una pizca de diversión en sus ojos grises.
-Hola.- Saludé.
-Vas muy guapa.
Eso solo aumentó el calor de mis mejillas.
-Gracias.- Conseguí decir, sin mirarle.
-¿Vamos?
-Claro.
-¿C√≥mo est√°s?
-Mejor, supongo.- Respond√≠ mientras me descalzaba. Despu√©s, empezamos a andar por la arena.- ¿Te acuerdas el amigo del que te habl√©? Ese que estaba  en coma.
-Sí, me acuerdo.
-Ha mejorado. Vuelve a estar estable.
-Vaya. Me alegro.
-Dicen que hay probabilidades de que salga pronto del coma.- A√Īad√≠ alegre.
-Qué bien.- Me sonrió. Parecía alegrarse de verdad.
-S√≠.- Le sonre√≠. √Čl ten√≠a los ojos brillantes. Mir√© hacia el mar.
-¿Sabes que est√°s a√ļn m√°s guapa cuando  sonr√≠es?

Le miré. Volví a sonrojarme. Entonces, me puso un mechón de pelo detrás de la oreja. Se inclinó un poco hacia mí.
-Miriam…
Le corté recorriendo los pocos centímetros que nos separaban.
El beso fue dulce y suave. Cuando nos separamos, le miré a los ojos. Seguían brillantes. Me miraba sonriendo.
-Miriam, no debería estar haciendo esto.- Tras unos segundos se puso serio.
Me le qued√© mirando a la espera de un “Era broma” o algo por el estilo, pero en lugar de eso, desvi√≥ su mirada hacia el mar.
-¿No te gusto?
Me miró como si hubiese dicho la mayor tontería del mundo. Después me sonrió y me cogió un mechón de pelo.
-Claro que me gustas.- Jugueteaba con mi mechón mientras hablaba. Después me miró a los ojos.- Me gustas mucho. Pero a veces las cosas no solo dependen de eso.
-Si quieres que me vaya…- Me di la vuelta decepcionada.
Me detuvo agarr√°ndome del brazo.
-He dicho que no debería hacer esto. No que no quiera hacerlo.
Me arrastr√≥ hacia √©l hasta que volvimos a juntarnos en un nuevo beso, m√°s apasionado que el anterior. Toda la tensi√≥n acumulada durante las √ļltimas semanas fue desprendi√©ndose de m√≠. Y por primera vez en mucho tiempo, me olvid√© de todo durante unos segundos.
Nos sentamos en la arena cogidos de la mano a contemplar el crep√ļsculo. Apoy√© la cabeza en su hombro. El sol se pon√≠a en el mar, y estaba precioso.
-¿Quieres que vayamos a cenar algo?- Propuso.
-Mm… No s√©.
-Pero estoy hablando de ir al Mc Donald’s o el Telepizza, ¿eh? Nada de sitios pijos.- Me gui√Ī√≥ un ojo.
-¡Yo no soy pija!- Me separ√© un poco de √©l y le di un golpe cari√Īoso en el hombro.
-Lo que t√ļ digas…
-Pues me voy.- Cogí mis manoletinas divertida, fingiendo estar enfadada.
-¡Eso no vale! ¡Es chantaje!- Protest√≥.
-Adiós Samuel Bossi.
-¿Sabes mi apellido?- Ahora era √©l quien parec√≠a divertido.
-Esto… Lo vi en tu twitter.
-¡Has estado espiando mi twitter!
-Fuiste t√ļ el que me sigui√≥ primero.- Me sonroj√©.
√Čl empez√≥ a re√≠rse. Eso hizo aumentar el calor de mis mejillas.
-Era broma, tonta.
-Yo… ¡Que no me cambies de tema!- Protest√© cohibida.- Me voy.
-No te vayas.
Me di la vuelta, pero me dio un beso en el cuello. Era agradable.  No quer√≠a irme.
-No  vas a convencerme.
-¿Ah, no?
Me dio más besos en el cuello, acercándose cada vez más a mi boca. Cuando llegó a su destino, dejé que me besara y le devolví el beso.
-Bueno. Está bien. Iré a cenar contigo, Sam Bossi.
Seguimos hablando de un mont√≥n de cosas, siendo  interrumpidos de vez en cuando por alg√ļn que otro beso, hasta que empec√© a tener hambre.
-¿Vamos ya a cenar?
-Vale.- Asintió.
-Nada de sitios pijos, ¿no?
-Eso es.- Me sonrió.
-Voy a llamar un segundo a mi padre. 
-Claro.
Marqu√© el n√ļmero, a√ļn sonriendo por todo lo que hab√≠a pasado.
-¿Si?
-Hola pap√°. Soy yo, Miriam.
-Ah. ¿Ha pasado algo?
-No, no es nada. Era solo que quería preguntarte si puedo ir a cenar con un amigo.
-¿Un amigo?
Suspiré.
-Sí, papá, un amigo.
-Mm… ¿Volver√°s tarde?
-No creo. De todas formas llevo llaves.
-Bueno, est√° bien. Te esperaremos despiertos, ¿eh? No te pases con la hora.
-Ya tengo  17 a√Īos.- Protest√©.
-Siempre ser√°s mi ni√Īa. Luego te veo.
Resignada, me desped√≠ y colgu√© el tel√©fono. Odiaba que me trataran como si tuviese tres a√Īos. Aunque supongo que en el fondo les entend√≠a, despu√©s de lo de este verano…
-¿Pasa algo?- Sam me cogi√≥ del ment√≥n. Le mir√©. Sus ojos reflejaban preocupaci√≥n.
-No es nada.
Me puse de puntillas y le di un beso corto en los labios. Despu√©s, de nuevo con una sonrisa en la boca, nos encaminamos, cogidos de la mano, al Mac Donald’s.
Cuando llegamos, yo fui a coger mesa mientras él pedía una hamburguesa con queso y una coca cola para mí, y una completa con otra coca cola para él.
Me sent√© en una mesa al lado del ventanal y  le esper√© mientras miraba hacia fuera. Ya estaba oscureciendo. Deb√≠an ser casi las 10.
-Aqu√≠ le traigo su pedido, se√Īorita.- Dijo con una peque√Īa reverencia, como si fuese un camarero que atend√≠a a una princesa.
-Muchas gracias.- Contesté cordial, divertida.
-¿Quiere que me siente a hacerle compa√Ī√≠a?
-Está bien. Pero solo si después me das un beso.- Respondí.
-¿Despu√©s?- Sonre√≠.
Rió y se inclinó hacia mí, dándome un beso corto. Después, empecé a comer la hamburguesa.
Durante la cena, hablamos normalmente, como si solo fuésemos dos amigos que habían quedado para tomar una hamburguesa.
Eso es lo que sois, cari√Īo”, dijo mi cruel subconsciente.
Cuando acabamos, vaciamos las bandejas y las dejamos en una de las estanter√≠as.                
-¿Te apetece ir a bailar?- Propuso al salir del establecimiento.
-No s√©.- Mir√© mi reloj. Eran las 11.- Es tarde… Tengo sue√Īo. ¿Ma√Īana?
-¿Eso significa que ma√Īana vamos a volver a quedar?
-Esto… No s√©. ¿T√ļ quieres?
-Me encantaría.
-Entonces sí.
Me acompa√Ī√≥ a mi casa, pero nos detuvimos en uno de los callejones. Una pareja que estaba li√°ndose apoyados en la pared me llam√≥ la atenci√≥n.
A ver, enti√©ndase, no es que me vaya fijando en ese tipo de cosas, pero hab√≠a algo que me resultaba familiar…
-Sam, espera.
-¿Pasa algo?
-Yo…
El chico trató de bajarle los pantalones a la chica y decidí que ya era hora de irse. Pero entonces habló ella y me volví a detener en seco.
-Ay, para.
-¿Por qu√©?
Era Jana. Se separaron un poco. El chico era Lucas.

2 comentarios:

  1. Me encanta como escribes, y esta novela me apasiona la verdad.
    Tengo en mi blog una novela que estoy empezando, puedes leerla y decirme que tal si quieres http://perfectoesaburrido.blogspot.com.es/

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    1. Muchiisimas graciias me alegro de que te guste ^^ ahora me paso por el tuyo un besiito (:

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