jueves, 26 de junio de 2014

Capítulo XI



Cuando llegu√© a casa, dej√© la pluma y la carta en mi estanter√≠a, encima del libro de “Canciones para Paula”.
Estuve un rato intentando no pensarlo mucho, pero finalmente me rendí y cogí mi móvil. Me metí en el WhatsApp de Sam. Me mordí el labio.

Dudé unos segundos pero finalmente me decidí a escribirle.

Se te debi√≥ caer una carta del bolsillo antes de irte. La cog√≠, est√° en mi cuarto. Te la llevo ma√Īana al instituto, ¿vale?
Un  beso, Miriam        

Cuando se acab√≥ de enviar, dej√© el m√≥vil a un lado y abr√≠ un libro que ten√≠a que leer para clase de literatura. Iba sobre la guerra civil espa√Īola, desde el punto de vista de un importante comandante de los republicanos.
Estuve un rato leyendo, pero despu√©s me aburr√≠ y puse un marcap√°ginas donde me hab√≠a quedado. Despu√©s comprob√© mi m√≥vil. Ten√≠a alg√ļn WhatsApp de dos grupos, pero no los le√≠. Mir√© el perfil de Sam. Su √ļltima conexi√≥n era justo despu√©s de comer. No hab√≠a le√≠do mi mensaje.
Desanimada, volví a dejar el móvil en la mesa.
No recibí noticias ni de él ni de Jana en todo el día.
A la ma√Īana siguiente, no o√≠ el despertador. Me despert√© veinte minutos antes de que empezaran las clases con el sonido de mi m√≥vil.
Alarmada, salí de la cama rápidamente y abrí la ventana. Cogí el móvil. Me dio un vuelco al corazón al leer el nombre de Jana en la pantalla.
-¿Hola?
-Hola Miriam.
No sabía si reír o llorar. Una sensación de alivio me envolvió. Tardé unos segundos en contestar.
-Jana. No sabes lo preocupada que estaba, cre√≠a que te hab√≠a pasado algo. ¡Te he llamado mil veces! Jope, ¿est√°s bien? ¿Qu√© paso con Lucas?- Dije todo atropelladamente. No pod√≠a cre√©rmelo.
-Tranquila Miriam.- Me interrumpi√≥ paciente.- Estoy bien. En diez minutos estoy en tu casa y ya te cuento, ¿vale? Ahora no puedo hablar, un beso.
-Jana, yo…
-En diez minutos nos vemos.
Oí el pitido que finalizaba la llamada.
Mierda. Tardé dos segundos en reaccionar. Después abrí el armario y me vestí rápidamente con un pantalón azul y una camiseta de rayas azules y blancas. Me calcé mis manoletinas azul oscuro y me peiné el pelo en una coleta. Cuando terminé, bajé a la cocina.
-Buenos días.- Saludé sin detenerme demasiado.
Iba a coger una magdalena para comérmela por el camino pero mi madre me llamó cuando iba a salir por la puerta.
-Miriam, tómate el zumo por lo menos. No puedes ir a clase desayunando tan poco, no es bueno.
-Mam√°, voy a llegar tarde…
-Miriam, tómate el zumo.- Intervino mi padre serio.
Refunfu√Īando, tom√© el zumo de naranja que me hab√≠a hecho mi madre. Cuando termin√© llev√© el vaso al lavavajillas y cog√≠ mi mochila.
-¿Puedo irme ya?
-Llévate la magdalena.- Decidió mi madre tras unos segundos asegurándose de que todo estaba en orden.
-Vale. Adiós mamá. Adiós papá.
Me despedí de mis padres y salí a la calle.
Casi no reconocí a Jana. Estaba apoyada en una farola enfrente de mi casa.
-Hola Miriam.- Saludó sonriendo al verme.
Tardé unos segundos en reaccionar. Iba vestida con una camisa de chico algo arrugada y unos vaqueros que la estaban grandes. Tenía el pelo algo enredado, aunque se notaba que había tratado que no se notase peinándolo con los dedos. Además, tenía cara de fantasma. Estaba algo pálida, y llevaba pintada la raya negra en el ojo, aunque se le había corrido un poco en el derecho. Los labios estaban de color rosa fuerte, y también se había pintado sombra. También intentó darle algo de color a sus mejillas con colorete, pero no había dado muy buen resultado.
-Jana.
No parecía la misma de hacía una semana.
-¿Pasa algo?- Me miraba extra√Īada.
-Est√°s de co√Īa, ¿no?- Pregunt√© algo sorprendida a√ļn. Llevas d√≠as sin dar se√Īales de vida. ¿Qu√© te ha pasado? ¿Has estado con Lucas? Estaba muy preocupada por ti.
Suspir√≥ resignada. Ya se esperaba que tendr√≠a que enfrentarse a esas preguntas, pero no resultaba agradable hablar de lo ocurrido en los √ļltimos d√≠as.
-Como te conté, quedé con Lucas. Estuvimos hablando, fuimos a una discoteca, bailamos y bebimos más de la cuenta. Me quedé a dormir en un local a las afueras, con él. Tengo esos recuerdos algo borrosos.
La miraba sin poder creérmelo. No me habría esperado eso de Jana.
-Jana, est√°s mal. ¿C√≥mo pudiste hacer eso?
-Ya s√© que suena fatal, pero no es tan malo… Quiero a Lucas.
-Jana, no sabes lo que dices.
-Joder, no empieces otra vez, ¿quieres? S√© perfectamente lo que digo, por lo menos mejor que t√ļ. No eres la m√°s indicada para dar consejos, teniendo en cuenta tu historia con Marcos.
La miré helada. Sus palabras me cayeron como un cazo de agua fría. Lo más triste era que tenía razón.
-Yo…
-Lo siento Miriam. No quer√≠a decir eso.- Se disculp√≥ Jana frunciendo el ce√Īo.
-No te preocupes. Tienes raz√≥n. No voy a juzgar m√°s, lo prometo. ¿Me sigues contando?
Dudó un momento, pero finalmente asintió y empezó a hablar de nuevo.
-Cuando me desperté tenía un dolor de cabeza que pensaba que me iba a morir, y no sabía ni donde estaba. Pero entonces vi a Lucas. Miriam, me trató como a una princesa. Es más bueno de lo que parece, y no hicimos nada que yo no quise.- Se sonrojó. Decidí no preguntar.
-¿Has estado todo el tiempo con √©l?
Suspiró.
-S√≠. Cuando me despert√© era ya la tarde del lunes, pero no me encontraba demasiado bien. Me qued√© con Lucas y otro amigo suyo que estaba all√≠. Miriam, no me hicieron nada malo. Se limitaron a cuidarme, fui yo la que quise quedarme. Al d√≠a siguiente me encontraba mejor, pero me despert√© tarde, y ya no iba a llegar al instituto de todos modos, as√≠ que me qued√© con ellos. Pero hoy me despert√© pronto para que me diese tiempo a venir.- Me miraba seria, atenta de mi reacci√≥n.- Necesito tu ayuda, Miri. Tienes que cubrirme delante de mis padres, diles que estaba en tu casa. Y a los profesores… No s√©, dig√°mosles que estaba mala, nunca he hecho pellas, no llamar√°n a mis padres para comprobar si es verdad.
La miré sin poder creerme lo que me estaba contando. Estaba irreconocible.
Hace una semana, no habría podido imaginar que Jana iba a acabar así. Antes no es que fuese la hija perfecta, pero era la más responsable de mis amigas. Lucas la estaba cambiando por completo.
Como a ti Marcos…
Y ahora me ped√≠a que la ayudase. Me mord√≠ el labio. Ella sola se lo hab√≠a buscado. La dije que no se acercase demasiado a Lucas. A saber lo que pod√≠a haberla pasado si se quedase un poco m√°s… No ten√≠a ni idea de qui√©n era el amigo de Lucas del que me hab√≠a hablado Jana, pero seguro que no era nada bueno.
-Jo-der.
-Ya sé que te pareceré una irresponsable y una tonta, pero es que es la primera vez que me enamoro.
Sus palabras solo ayudaron a confundir m√°s mis pensamientos.
Enamorada. Qu√© me hablasen a m√≠ de lo que es estar enamorada… Joder. Esto era culpa m√≠a. Si no la hubiese hablado de Lucas… Tal vez si no fuese por m√≠ no se habr√≠an conocido.
Enamorada…
-Joder.- Repetí.
Jana me miraba suplicante, pero me limité a comprobar la hora.
-Como no entremos ya, vamos a llegar tarde.
De la que hablábamos habíamos llegado al instituto.
-Claro.
Entramos en un silencio inc√≥modo. Jana pas√≥ al ba√Īo para arreglarse un poco m√°s, y yo fui directamente a clase.
No paraba de darle vueltas a las palabras de Jana. Tal vez estaba equivocada. Puede que Lucas también esté enamorado. Puede que lo suyo sí funcionase, y de todas formas, yo no era quién para impedirles que lo intentasen.
Además, si estaban así era culpa mía. Lo mínimo que podía hacer es ayudar a Jana con lo de sus padres y los profesores. Suspiré resignada.
Justo en ese momento, Jana entró en clase. Hubo unos dos segundos de silencio antes de que la gente volviese a retomar sus conversaciones, aunque hubo algunos que se acercaron a ella para preguntarla cómo estaba.
Era la primera vez que Jana faltaba dos días seguidos a clase.
Por suerte para ella, el profesor apenas tard√≥ un minuto en entrar despu√©s de que lo hiciese ella, as√≠ que los compa√Īeros preocupados por Jana, tuvieron que aplazar su sesi√≥n de preguntas para el siguiente cambio de clase.
Me senté en mi sitio malhumorada. No me gustaba cómo había empezado el día. Además, seguía sin saber nada de Sam.
Jana vino hacia mí seria. Se sentó en su silla y abrió sus libros sin mirarme. El ambiente era tenso entre nosotras. No cruzamos una palabra en toda la clase.
Cuando tocó el timbre, me levanté de mi silla y me dirigí a una esquina de la clase, para comprobar mi móvil a ver si tenía noticias de Sam. No le había visto entrar en su clase, aunque había estado atenta a ver quién pasaba al aula de enfrente. Tenía un mal presentimiento.
Además así tenía una excusa para alejarme de Jana.
Esperé pacientemente a que se encendiese mi móvil. Metí el código pin y me conecté a internet.
Nada. Ni un WhatsApp, ni un mensaje directo en twitter, ni nada. Tampoco me hab√≠a llamado ni mandado ning√ļn SMS. Decepcionada, apagu√© el m√≥vil y volv√≠ a guardarlo en el bolsillo, un momento antes de que entrase la profesora de qu√≠mica.
El tiempo que faltaba para que sonase el timbre que anunciaba el recreo, se me hizo eterno. Jana y yo apenas habl√°bamos, y parec√≠a que los profesores se hab√≠an puesto de acuerdo para ense√Īar hoy las cosas m√°s aburridas del temario.
Cuando por fin sonó el timbre, todos salieron disparados fuera de clase.
Salí afuera. Vi cómo Jana se alejaba. Esto no podía seguir así.
-Jana, espera.
Se volvi√≥ hacia m√≠ con el ce√Īo fruncido y expresi√≥n sorprendida. Enseguida recobr√≥ su expresi√≥n tranquila.
-¿Qu√© pasa?
-Te voy a cubrir delante de los profesores y los padres, siento lo que paso antes, pero tienes que prometerme que vas a tener cuidado con lo que haces a partir de ahora.- Solté, casi sin respirar.
Se quedó callada un momento.
-Muchísimas gracias, Miriam.- Sonrió y me abrazó.
Suspiré. Era mejor así, estaba segura.
Estuvimos hablando de Lucas y ella durante todo el recreo. Al principio me resultaba raro relacionar al Lucas de sus historias con el chico malo que hab√≠a sido mi mejor amigo las √ļltimas semanas, pero poco a poco descubr√≠ que de verdad estaba enamorada. Los ojos la brillaban al hablar de √©l. Se la ve√≠a contenta.
-Creo que lo haremos pronto…- A√Īadi√≥ sonroj√°ndose.
Tardé dos segundos en comprender de qué hablaba, y cuando lo hice no pude ocultar mi sorpresa.
-¡¿A√ļn no te ha llevado a la cama?!
-¡Miriam!- Sus mejillas estaban al rojo vivo.
Miré a mi alrededor. Varios chicos de primero de la ESO me miraban, algunos como si estuviesen viendo un extraterrestre y otros con una sonrisa pícara.
-Perdón.- Me disculpé. Ahora a mí también me ardían las mejillas.
Negó con la cabeza y me llevó a un lugar más apartado para hablar tranquilas del tema, lejos de los chicos de primero.
O√≠mos un silbido procedente del lugar en el que se encontraban. Un chico rubio de ojos casta√Īos me gui√Ī√≥ un ojo.
¡Le sacaba cuatro a√Īos! Genial. Ahora me iban a conocer como la salida de segundo de bachiller.
Jana negó con la cabeza de nuevo, pero volvió a empezar a hablar.
-No. El d√≠a que nos encontrasteis Sam y t√ļ en el callej√≥n fue el d√≠a que m√°s llegamos.
-¿En serio?- La mir√© sin poder cre√©rmelo.- ¿Lucas no ha intentado nada m√°s estos d√≠as?
-No… Me deja que sea yo la que decida hasta donde llegamos.
Jope. A Lucas también le había dado fuerte con Jana. Nunca había oído que llevase cuatro días con la misma tía y no lo hubiesen hecho.
El timbre sonó dejándome con la palabra en la boca. Los pasillos se abarrotaron de gente y tuvimos que aplazar la conversación para otro momento.
Entré en clase, seguida de Jana. El profesor de Mates llegó enseguida, así que no nos dio tiempo ni a abrir la boca. La gente acabó de sentarse y el profesor marcó lo ejercicios que teníamos que hacer para la clase de hoy.
Saqué el libro de la mochila. El cuaderno me le había dejado en el pupitre el día anterior.
Me sobresalt√© al tocar unas hojas en el pupitre. Extra√Īada mir√© al interior.

Sorprendida, saqué un clavel rosa del pupitre con una sonrisa en la boca.
Lo miré. Era muy bonito.
Ignorando al profesor, los ejercicios que nos hab√≠an mandado, y al resto de mis compa√Īeros, segu√≠ observando el clavel con una sonrisa tonta.
Emocionada, comprobé que tenía una nota atada al tallo. Sin dejar de sonreír, cogí el papelito y leí una frase que empezaba a ser algo habitual, pero de la que sabía que nunca me cansaría.
Hazme un favor y sonríe

miércoles, 11 de junio de 2014

Capítulo X



Extra√Īada, me met√≠ en registro, y abr√≠ los ojos como platos al ver dos de Jana y una de Lucas. ¡No me lo pod√≠a creer! ¿C√≥mo pod√≠a tener tan mala suerte?
Eran de hacía diez minutos.
Maldici√©ndome por no haber cargado el m√≥vil la noche anterior, marqu√© el n√ļmero de Jana. Escuch√© como saltaba el contestador.
Con el ce√Īo fruncido decid√≠ dejarla un mensaje.
-Hola Jana. ¿Qu√© pasa? ¿Por qu√© no viniste a clase? Ll√°mame cuando puedas. Estoy preocupada. Un beso, y ll√°mame, ¿eh?
Lo envi√©. No sol√≠a grabar mensajes en el contestador. Me sent√≠a tonta hablando con la vocecita met√°lica del tel√©fono, pero ya no sab√≠a qu√© hacer. ¿D√≥nde se hab√≠a metido?
Llamé también a Lucas, pero dio el mismo resultado. Resignada, dejé el móvil a un lado y decidí hacer los deberes mientras esperaba noticias suyas.
Pasaron varios minutos y mi móvil seguía sin sonar. Intenté concentrarme sin mucho éxito en las derivadas, pero me distraía constantemente y desviaba la mirada a mi móvil.
Después de más tiempo del que me hubiera gustado, conseguí terminar los deberes de mates. Solo me quedaban los deberes de física. Hoy no nos habían mandado nada más.
Abr√≠ el cuaderno desganada y empec√© a leer el enunciado del primer problema. ¿C√≥mo que movimiento arm√≥nico simple? Jope, era imposible concentrarse.
Releí el problema dos veces más, pero nada. Prefería la química.
Iba a leerlo por cuarta vez, cuando mi móvil empezó a vibrar.
Rápidamente, lo cogí y miré la pantalla esperanzada.
No era Jana.                                                            
-Hola.
-Hola, Miriam.- Salud√≥ Sam alegremente.- ¿C√≥mo est√°s?
-Bien. Igual que esta ma√Īana. ¿T√ļ?
Rió.
-Bien. ¿Tienes planes para esta tarde?
-Mm… Aparte de terminar los deberes, nada.
-Genial. ¿Te apetece ir a merendar al Starbucks?
Primero pens√© en decirle que no. Est√°bamos a Martes, y todav√≠a ten√≠a que terminar los deberes y que estudiar. Adem√°s, si llamaba Jana…
-No s√©, Sam…
-Venga, vamos. Y el fin de semana te lo compenso.- Su voz son√≥ misteriosa al decir la √ļltima frase.
Lo pensé otra vez. Podía acabar los deberes cuando volviese, y si me quedaba en casa, no dejaría de estar preocupada por el teléfono. Necesitaba desconectar un rato, cuando volviese ya me encargaría de lo otro.
-Est√° bien. Pero no estaremos demasiado tiempo, ¿eh?
-Claro.- Sonri√≥ al otro lado de la l√≠nea.- ¿Quedamos en la calle San Diego en media hora?
Miré el reloj. Eran las cuatro y media.
-Est√° bien. Luego nos vemos, Sam. Un beso.
-Otro, hasta ahora.
Cuando colgué el teléfono estaba más alegre que hacía un rato. Hablar con Sam me ponía de buen humor.
Dejé el teléfono en la mesa. Se tardaba un cuarto de hora en llegar allí desde mi casa. Tenía que darme prisa para prepararme.
Abr√≠ el armario. No me cambi√©, pero cog√≠ una chaqueta beige para no pasar fr√≠o. Despu√©s cog√≠ mi bolso marr√≥n y met√≠ dentro la cartera y el m√≥vil. Por √ļltimo, me fui al ba√Īo a maquillarme un poco.
·   ·    ·
Llegué unos minutos después de que diesen las cinco. Fui a paso rápido hacia el chico de ojos grises que me esperaba apoyado en un muro.
-Perdona.- Me inclin√© para darle dos besos.- No me daba casi tiempo…- Me interrump√≠ cuando mis labios chocaron con los suyos.
Primero permanecí así unos segundos, pero después me aparté. Le miré con una ceja levantada.
-Perdona.- Se disculpó él, aunque no se le veía muy arrepentido.
-¿Lo sientes?
Por primera vez desde que le conocía, el que se sonrojó fue él. Sonreí divertida.
-No, no lo siento. Lo que quiero decir…
Le interrump√≠ juntando mis labios con los suyos. Estaba segura de que me gustaba. Y pod√≠a salir bien, ¿no?
Cuando me separ√© de √©l, me miraba entre confundido y cari√Īoso.
-Tengo hambre. ¿Pasamos?- Propuse sonriendo.
Antes de que dijese nada, le cogí la mano y tiré de él hacia el interior del Starbucks de enfrente.
Nos sentamos en una mesa del piso de arriba, al lado de la ventana.
-Mm… Quiero un frappuccino de caramelo.- Dije tras observar la carta un rato.- ¿T√ļ?
-Uno de fresa.- Dijo sin pens√°rselo mucho.
Mientras nos lo tra√≠an discutimos sobre si la chica de al lado se parec√≠a o no a una actriz que hab√≠a dejado el cine el a√Īo pasado. Se daban un aire, pero estaba convencida de que no. Pero Sam segu√≠a insistiendo.
Cuando vino el camarero, nos sirvió las bebidas, muy amable.
-Gracias.- Sonreí.
Cuando se fue, observé a Sam, que me miraba serio.
-¿Qu√© pasa?
-Nada…
-Te pasa algo.- Insistí.- De repente te has puesto serio.
-No es nada…- Le aguant√© la mirada, ahora yo tambi√©n seria. ¿Se hab√≠a enfadado?- Pero al camarero le gustas. Te estaba mirando el escote.
No pude evitar soltar una carcajada divertida. Era eso.
-¿Sam Bossi se ha puesto celoso?- Pregunt√© divertida.
-¿Yo? ¿Celoso? No me pongo celoso. Estoy perfectamente. Aqu√≠, bebiendo mi frappuccino de fresa, sin estar nada celoso.
Re√≠ de nuevo, mientras le observaba beber su bebida, a√ļn serio.
-¿Me dejas probar?
Se encogió de hombros y me acercó el vaso.
-No, así no.
Me mir√≥ extra√Īado, pero yo le bes√© impidi√©ndole decir nada. Cuando me separ√© de √©l, ya se le notaba menos tenso.
-Muy rico. Le tendré que decir al camarero que él también me traiga un poco.- Bromeé.
-Muy graciosa.- Se burló.
Negué con la cabeza divertida y probé mi bebida. Mm. Estaba muy dulce, me encantaba el frappu de caramelo.
Seguimos hablando tranquilamente, sin m√°s incidentes. Cuando acabamos las bebidas, pagamos y salimos del Starbucks cogidos de la mano.
Echamos a andar en dirección al puerto. Me encantaba estar con Sam.
-¿Te gusta el mar?- Pregunt√≥ de repente.
-S√≠, supongo.- Contest√© tras pensarlo unos segundos.- Hago surf desde peque√Īa, aunque cada vez voy menos. Mi padre antes ten√≠a un barco, pero desde que lo vendi√≥ no suele acercarse mucho al puerto. Y a mi madre la da p√°nico el agua. Es de un pueblo cerca de Madrid, y no se f√≠a del mar.
-¿Haces surf?- Parec√≠a sorprendido.
-¿Tanto te extra√Īa?- Brome√©.- S√≠, hago surf. El padre de una amiga nos empez√≥ a ense√Īar ella y a m√≠ a los 10 a√Īos. Despu√©s mis padres me compraron la tabla, y ya voy muchas veces por mi cuenta.
-Vaya.
-¿T√ļ lo has probado?
-Alguna vez. Pero no s√©… No se me da demasiado bien.
-Ah.- Me qued√© un poco decepcionada. Me habr√≠a gustado ir a hacer surf con √©l alg√ļn d√≠a. Seguro que nos lo pasar√≠amos muy bien…
-Prefiero hacer piragua.
-¿Piragua?- Me sorprend√≠ un poco, aunque tampoco era tan raro. Ten√≠a brazos fuertes, probablemente de remar.
-Aj√°.- Asinti√≥.- Un d√≠a tenemos que alquilar una barca y dar una vuelta por la bah√≠a.- Propuso gui√Ī√°ndome un ojo.
Lo pens√©. Sam y yo, solos en una barca en medio de la bah√≠a, abrazados y meci√©ndonos con las olas… S√≠, me gustaba la idea.
-Ya lo pensar√©…- Brome√©.- No s√© si fiarme de ti…
Se hizo el ofendido.
-Muy bien. Vete con tu amigo el camarero. Ya me buscaré yo a alguna rubia que esté buena para que se venga conmigo a dar un paseo en barca.
Solté una carcajada.
-Te prefiero a ti.
Me puse de puntillas y le di un beso suave en los labios.
-Yo también te prefiero a ti antes que a cualquier otra rubia que esté buena.- Me susurró al oído, abrazándome.
Sonreí.
-Más te vale, Sam Bossi.- Le miré a los ojos seria, pero después volví a inclinarme para besarle.
Cuando nos separamos, me entraron un mont√≥n de ganas de decirle que le quer√≠a. ¿Se lo dec√≠a? Ser√≠a la primera vez que le dec√≠a “te quiero” a un chico que no fuese Marcos.
Alejé esos pensamientos de mi cabeza. Los ojos de Sam brillaban con fuerza. Me encantaban esos ojos grises. Decidido. Se lo decía.
-Sam, yo… Creo que…
Me interrumpi√≥ el sonido del m√≥vil de Sam. El estribillo de “Propuesta indecente” de Romeo Santos sonaba a todo volumen en su Smartphone azul.
-Perdona, Miriam.
-Nada
Observ√© impaciente c√≥mo contestaba a la llamada, mientras maldec√≠a a quien quiera que le hab√≠a llamado. Jope, ¿no ten√≠a otro momento?
-Hola… S√≠ soy yo… Espera un momento…- Se volvi√≥ hacia m√≠.- Ahora vuelvo.
Le seguí con la mirada mientras se alejaba en dirección a la playa. Se detuvo unos pasos más allá, lo suficientemente lejos para que nadie le oyese.
Estaba nerviosa. ¿Y si √©l no me quer√≠a a m√≠? ¿Y si se echaba para atr√°s por ir tan r√°pido?
Saqué esos pensamientos de mi cabeza. Si no se lo decía, sabía que luego me arrepentiría. Ya me había pasado más veces, aunque no con lo mismo, y no quería cagarla también con Sam.
Colgó el teléfono. Observé atenta cómo se acercaba hacia mí. Abrí la boca para hablar, pero él se me adelantó.
-Miriam, tengo que irme. Ya hablaremos, ¿eh?
-Yo…- Empec√© desconcertada, pero me call√© al verle alejarse sin tan siquiera mirarme. Frunc√≠ el ce√Īo extra√Īada.
Joder. Se había ido. Así sin más.
Me sent√≠a fatal. Joder. ¿Por qu√© se hab√≠a ido?
Supongo que ser√≠a por la llamada telef√≥nica. ¿Qui√©n ser√≠a? Preocupada segu√≠ a Sam con la mirada.
Después de unos segundos, decidí irme. Malhumorada, di un paso, pero entonces vi una carta que había en el suelo.
La recog√≠. Era un sobre amarillento y viejo. Ten√≠a un aroma extra√Īo. Le di varias vueltas. No pon√≠a qui√©n lo enviaba, pero pon√≠a que era para Sam Bossi.
Le busqu√© con la mirada. ¿Le buscaba para d√°rselo?
Primero pensé en esperar al día siguiente en el instituto, pero luego decidí que podía ser importante.
No te enga√Īes, lo que quieres es tener una excusa para verle”.
No muy segura de mi decisión, salí corriendo en la dirección que le había visto marcharse. Maldije al semáforo en rojo, mientras golpeaba el suelo impacientemente con el pie. Cuando se puso verde, seguí corriendo por la calle por la que le había visto.
Seguro que ya le había perdido. Mierda. No le veía.
Miré a mi alrededor buscándole con la mirada. Nada.
Iba a marcharme cuando le vi torcer hacia un callejón a la izquierda al fondo de la calle.
Con nuevas energías, seguí corriendo para alcanzarle. Ya casi estaba.
Estuve a punto de chocarme con una se√Īora que paseaba a su perro. Escuch√© alg√ļn que otro insulto por parte de la se√Īora, pero segu√≠ andando r√°pido. Joder, ya estaba cansada.
Venga Miriam, que ya falta poco”. Ech√© una √ļltima carrera para llegar al callej√≥n, pero cuando estaba llegando, sali√≥ apresuradamente un chico del conservatorio, y a √©l no consegu√≠ esquivarle. Chocamos, y los papeles y partituras que llevaba en la mano cayeron al suelo. Por lo menos consigui√≥ aguantar el viol√≠n que llevaba a la espalda.
-Perdona, lo siento mucho. Es que voy con prisa…- Me disculp√© mirando al callej√≥n con el ce√Īo fruncido.
-No es nada.
A rega√Īadientes, le ayud√© a recoger sus papeles. Cuando acabamos, le di las partituras que ten√≠a en la mano.
-Gracias.- Sonrió
-No es nada.
-Espera, este quédatelo.
Me dio un papelito en el que había apuntado su twitter.
-Soy √Āngel.
-Yo Miriam.
-M√©tete en mi twitter y hablamos, ¿vale?
-Claro.
Observe alejarse algo sorpendida al chico del violín.
Después de unos segundos, reaccioné y seguí andando hacia el callejón, ahora con más cuidado.
Cuando llegu√© √©l ya no estaba. Mierda. ¿D√≥nde se hab√≠a metido?
El callej√≥n no ten√≠a salida. Acababa en una valla que daba a un pol√≠gono justo al lado del mar. ¿Y Sam?
Fui hasta el final del callejón. Nada.
Iba a marcharme cuando distingu√≠ una extra√Īa pluma en el suelo.
¿Era de cuervo? No creo. Era negra brillante, s√≠, pero ten√≠a algo especial.
Sin saber muy bien por qué, la cogí junto a la carta y empecé a andar hacia casa.

miércoles, 4 de junio de 2014

Capítulo IX



Volv√≠ a fruncir el ce√Īo preocupada. No me fiaba ni un pelo de Lucas. A saber qu√© hab√≠a hecho ahora para volver a utilizar a Jana.
-Cuéntamelo.- Respondí fríamente.
-√Čl…- Hizo una peque√Īa pausa.- Me ha llamado para disculparse hace un rato. Despu√©s de dejarme una orqu√≠dea en el buz√≥n. Menos mal que lo vi yo antes que mis padres...- Par√≥ de nuevo. Esto tambi√©n estaba siendo dif√≠cil para ella.- No s√© c√≥mo descubri√≥ d√≥nde viv√≠a, ni mis flores favoritas. Pero quiero darle la oportunidad de explicarse.
Abr√≠ los ojos como platos. Demasiado parecido a lo que hab√≠a hecho Sam. ¿Qu√© pasaba? No dije nada en unos segundos, mientras trataba de asimilar lo que me hab√≠a contado.
Adem√°s, tambi√©n me extra√Ī√≥ el hecho de que Lucas se tomase tantas molestias por un polvo. Cuando una chica pasaba de √©l, no la sol√≠a perseguir o regalar flores.
-¿Est√°s segura de que era Lucas?- Pregunt√© a√ļn sin poder cre√©rmelo.
-Claro que estoy segura.
-Le vas a perdonar.- No era una pregunta. De todas formas, empezaba a creer que me había equivocado con él.
-No sé lo que va a pasar. Pero por muy capullo que sea, me gusta. Y creo que yo también le gusto a él. Y sé que no te parece bien, pero es lo que hay.
-Ya.- Suspir√©. Ten√≠a derecho a darle una oportunidad, y yo no era qui√©n para impedirlo. Lucas hab√≠a sido mi mejor amigo en las √ļltimas semanas, mi punto de apoyo. Entend√≠a perfectamente que a Jana le gustase.
Además, había pasado lo mismo con Sam y conmigo. Lucas me decía que no era de fiar, pero yo no le hacía caso. Simplemente porque me gustaba. Era normal que a Jana le pasase lo mismo.
-Lo siento Miriam.- Se disculpó.
-No te preocupes, linda. Est√° bien. Si quieres quedar con √©l, hazlo. Pero ma√Īana en el instituto me lo cuentas todo, ¿eh?- Respond√≠.
-Claro.- Sonrió al otro lado de la línea, aliviada porque lo aceptase.- Gracias Miriam.
-Ya… Cuelga antes de que me arrepienta.- Brome√©. Se ri√≥.
-Hasta ma√Īana. Un beso.
-Otro. Ma√Īana nos vemos.
Corté la llamada resignada. Sabía que de todas maneras, aunque la hubiese dicho que no lo hiciese, no me habría hecho caso.
Mejor así. Por lo menos me enteraría de lo que habían hablado y en qué habían quedado. De la otra forma, no me contaría nada.
Volv√≠ a centrarme en la pantalla del ordenador, y descargu√© el ebook de “Bajo la misma estrella”. Tambi√©n me baj√© la colecci√≥n entera de “Juego de tronos” y de “Buenos d√≠as, princesa”. Ya que me pon√≠a…
Cuando terminé, me eché en la cama y me puse a leer. No me apetecía salir en lo que quedaba de tarde.
A la ma√Īana siguiente, me despert√© unos minutos antes de que sonase el despertador. Mi m√≥vil estaba sonando. Qu√© raro.
Me levant√© a rega√Īadientes y lo cog√≠. Era un n√ļmero privado. Titube√© unos segundos, pero luego vino a mi cabeza el recuerdo de aquel chico rubio de ojos azules, y pens√© que tal vez fuese √©l. Me empec√© a poner nerviosa. ¿Ser√≠a √©l de verdad?
Al final, deslicé el dedo por la pantalla del Smartphone para contestar a la llamada.
-¿Hola? ¿Qui√©n es?
-¡Zorra de mierda! ¡Me voy a vengar de todos vosotros por arruinarme la vida! ¡Te juro que os vais a arrepentir!
-¿Perd√≥n?- Contest√© alarmada. Si pretend√≠a asustarme, lo estaba consiguiendo.- Oiga, ¿qui√©n es? Si es una broma, yo no…
El misterioso personaje, empezó a reír.
-Ya te gustar√≠a que fuera una broma.- Hizo una pausa y volvi√≥ a ponerse serio.- Dos semanas. Me quedan dos semanas para regresar. Disfruta lo que te queda, Miriam, porque cuando yo llegue, te aseguro que t√ļ y tu novio Marquitos os vais a arrepentir de todo lo que hab√©is hecho.
Helada, no me mov√≠ hasta unos segundos despu√©s de que el extra√Īo personaje cortase la llamada.
Dej√© caer el tel√©fono encima de la mesa, y me sent√© en la cama, a√ļn sorprendida.
Pasaron unos minutos antes de que acabase de asimilarlo. ¿Qui√©n pod√≠a ser? Desde luego, la voz de Marcos no era. Adem√°s el misterioso personaje tambi√©n le hab√≠a mencionado a √©l. ¿Y Axel?
Enseguida lo descart√©. Axel estaba fatal cuando le vi por √ļltima vez. Adem√°s, se hab√≠a desvivido por proteger a su sobrino. ¿Por qu√© iba a amenazarle ahora? Aunque tal vez estaba resentido por haberse puesto de mi lado el d√≠a de la pelea.
A√ļn as√≠, dudaba mucho que hubiese sido Axel. No pueden cambiar tanto los sentimientos de una persona en tan poco tiempo. ¿No?
Pero entonces, ¿qui√©n pod√≠a haber sido? De lo que s√≠ estaba segura era de que era alguien que sab√≠a lo que era Marcos. Alguien que nos conoc√≠a a los dos. Pero, ¿qui√©n?
Puede que fuese un miembro del consejo de √°ngeles. Pero, sinceramente, me extra√Īaba que se hubiese llevado la relaci√≥n que tuvimos Marcos y yo a lo personal. Tampoco les habr√≠a afectado tanto, ¿no?
Intenté no pensarlo, pero no conseguía sacar de mi cabeza la misteriosa llamada. Después de un rato, rebusqué en mi mochila hasta encontrar lo que quería.
Abrí la ventana y me senté en el alféizar. Ya estaba amaneciendo.
·   ·   ·
Cuando se consumió el cigarro, lo tire a la basura, eché colonia a mi cuarto y cerré la ventana. Listo.
Con la cabeza a√ļn hecha un l√≠o, me met√≠ en la ducha a ver si me despejaba. Despu√©s, me vest√≠ con unos leggins negros y una sudadera de coca cola. Cuando acab√©, baj√© a desayunar. Mis padres todav√≠a no hab√≠an bajado.
Cuando sal√≠ de casa, a√ļn faltaba mucho para que empezasen las clases, pero quer√≠a que me diese tiempo a hablar las cosas con Jana antes de que empezasen. Si no iba a poder concentrarme en las materias.
Me puse los cascos por el camino. Se escuchaba la canci√≥n de “Te entrego mi coraz√≥n”. Mientras sonaba la letra, no pude evitar pensar en Marcos. ¿Le olvidar√≠a alg√ļn d√≠a? Puede que no…
-Hola, Miriam.
Me volv√≠ extra√Īada. Me sorprend√≠ un poco al ver a Sam.
-Hola.
-¿Qu√© tal la ma√Īana?
Bajó del long y se lo puso debajo del brazo para ir conmigo.
-Bueno…- Respond√≠ pensativa. No pod√≠a sacarme de la cabeza la extra√Īa llamada telef√≥nica.
-¿Y eso?
-Supongo que ser√° porque es lunes…
-Mm… Hazme un favor y sonr√≠e.- Me gui√Ī√≥ un ojo.
Reí. Me gustaba estar con él. Cuando paré, me miraba fijamente.
-¿Qu√© pasa?
-¿Ves?
-¿El qu√©?
-Estás mucho más guapa cuando sonríes.
Me sonrojé. Ahora fue él el que empezó a reír.
-Qué malo.- Me quejé, muy lejos de pensarlo.
El resto del camino hacia el instituto, también estuvimos riéndonos. Me estuvo contando anécdotas sobre el campamento al que fue el verano pasado. Tenía pinta de ser divertido.
Yo nunca hab√≠a ido de campamento… Todos los veranos pasaba la mayor parte en el pueblo, y si hab√≠a suerte, √≠bamos a Barcelona, a una urbanizaci√≥n de las afueras en la que mis padres ten√≠an un piso.
Cuando llegamos al instituto quedaba un cuarto de hora antes de que empezasen las clases. Supongo que Jana ya estaría aquí. Siempre solía llegar con tiempo a clase.
-¿Vamos a los bancos de detr√°s del polideportivo hasta que empiece?- Propuso Sam.
Ten√≠a ganas de ir con √©l, pero lo primero es lo primero. Ten√≠a que aclarar con Jana todo lo que hab√≠a pasado √ļltimamente con Lucas.
-No puedo.- Me disculp√©.- Tengo que ir a clase. Hab√≠a quedado con una amiga…
-Vale, no te preocupes. Luego nos vemos, Miriam.- Sonrió.
-Hasta luego.
Empec√© a echarle de menos nada m√°s perderle de vista. ¿Me estaba enamorando?
Suspir√©. La √ļltima vez no hab√≠a salido bien parada con lo de enamorarme.
Pero tenía el presentimiento de que con Sam iba a ser muy diferente. Me alegraba de que ahora fuésemos más poco a poco, pero echaba de menos sus besos. Recordé aquella tarde en la playa. Fue una de las mejores tardes de mi vida.
Estaba pensando en ello cuando entré en clase.
Estaba casi vac√≠a. Solo estaban Juan, el m√°s listo de clase, y Katia, una chica que hab√≠a venido nueva y que era muy maja. Salud√© al entrar. Katia sonri√≥, y Juan se limit√≥ a levantar la cabeza. Extra√Īada, mir√© el sitio vac√≠o de Jana. Tendr√≠a que esperarla un poco.
Para hacer tiempo, fui a la peque√Īa biblioteca que ten√≠amos al fondo de la clase y cog√≠ un libro. No hab√≠a demasiados, as√≠ que al final cog√≠ “50 leguas de viaje submarino”. Mi t√≠a siempre me insist√≠a en que lo leyese, y ya que no ten√≠a otra cosa que hacer, empec√© a leer el libro de Julio Verne.
Fue entrando gente. Nerviosa, levant√© la mirada del libro unas mil veces. ¿Por qu√© no hab√≠a llegado a√ļn Jana? Estaba empezando a preocuparme.
Entr√≥ tambi√©n Ra√ļl, que se acerc√≥ a mi mesa. Hablamos un poco, pero yo no perd√≠a de vista la puerta.
-Miriam, ¿pasa algo?- Pregunt√≥ extra√Īado.
-No, nada. ¿Por?
-Porque te he contado que me voy a unir a una banda yihadista y te has limitado a asentir.
-Perdona.- Me sonroj√©. Deb√≠a de parecerle una tonta.- Es que hab√≠a quedado con Jana… Me ten√≠a que decir una cosa muy importante.
Entonces sonó el timbre que anunciaba el comienzo de las clases.
-Pues me parece que llega tarde.- Anunci√≥ Ra√ļl a modo de despedida.
No contesté. Estaba demasiado ocupada pensando dónde narices se había metido Jana. Nunca llegaba tarde a clase. Nunca.
¿Y si Lucas la hab√≠a hecho algo?
Enseguida apart√© ese pensamiento de mi cabeza. Lucas no le har√≠a algo as√≠. ¡Hasta le hab√≠a regalado una flor! Adem√°s, siempre exist√≠a la posibilidad de que se hubiese quedado dormida. ¿No?
Preocupada, no dej√© de mirar la puerta en toda la ma√Īana. Encima se me hab√≠a gastado la bater√≠a del m√≥vil, as√≠ que tendr√≠a que esperar para llamarla.
Cuando son√≥ el timbre que anunciaba el final de las clases, no me mov√≠ de mi sitio. ¿D√≥nde se hab√≠a metido Jana?
Resignada, me levanté de mi asiento y recogí los libros desanimada.
No recib√≠ noticias de Jana en toda la tarde. Cargu√© el m√≥vil y la llam√© unas mil veces, pero lo ten√≠a apagado. ¿La habr√≠a pasado algo?
Cuando me met√≠ en la cama eran m√°s de las once, pero no pod√≠a dormirme. Entre la llamada de esta ma√Īana, y la desaparici√≥n de Jana, ten√≠a la cabeza hecha un l√≠o.
Después de dar un millón de vueltas en la cama, decidí llamar a Lucas. Lo que menos me apetecía en estos momentos, era hablar con él, pero necesitaba saber qué le había pasado a Jana.
Marqu√© el n√ļmero nerviosa. ¿Qu√© se supone que iba a decirle? ¿Y si lo negaba todo?
No tuve la oportunidad de descubrirlo. √Čl tambi√©n ten√≠a el m√≥vil apagado.
Después de un tiempo que se me hizo interminable, por fin me dormí.
A la ma√Īana siguiente volvi√≥ a despertarme el sonido de mi m√≥vil. Asustada, lo cog√≠ de la mesilla. ¿Y si era otra vez el misterioso personaje?

Respiré aliviada. Solo era un SMS.
Lo abrí, con curiosidad. Era de Sam.
“Buenos d√≠as princesa. Te paso a buscar?”
No pude evitar que me saliese una sonrisa tonta al leerlo. Era mon√≠simo. Casi ni record√© a Marcos al leerlo. Casi…
Sin embargo, sin dejar de sonre√≠r, escrib√≠ la respuesta. Solo le puse un “vale” y un emoticono de un lacasito sonriente. Le di a enviar. Me gustaba empezar as√≠ el d√≠a. Me promet√≠ a m√≠ misma que hoy nada me lo estropear√≠a.
Contenta, hoy me vest√≠ con un pantal√≥n rosa fosforito corto, y una camiseta blanca con cuello de barca y l√≠neas de colores. Me calc√© mis zapatillas rosas, y me hice un mo√Īo.
Cuando salí a la calle, ya me estaba esperando Sam.
-Hola…
Antes de que pudiese acabar, me lancé a sus brazos y le besé. Primero se sorprendió, pero luego respondió al beso. Contenta, me separé sonriendo.
-Buenos días.
-S√≠ que son buenos, s√≠…
Me reí.
De camino al instituto, fuimos cogidos de la mano. Yo hablaba sin parar sonriendo, y él me respondía, también contento.
No dej√© de sonre√≠r hasta que entr√© en clase. Sam me acompa√Ī√≥ hasta la puerta y despu√©s desapareci√≥ en direcci√≥n al laboratorio.
Fui hacia mi sitio. La silla de al lado estaba vacía. Hoy Jana tampoco había venido.
Primero frunc√≠ el ce√Īo preocupada, pero luego decid√≠ no pensarlo.
Supongo que fue lo mejor. No apareci√≥ por all√≠ en toda la ma√Īana.
Despu√©s de las clases, me qued√© hablando con Marina sobre el trabajo que nos hab√≠an mandado de historia. ¡Odio historia! Sin embargo, a Marina se le daba muy bien, e iba a ayudarme con el trabajo.
-Bueno, nos vemos ma√Īana y ya lo hablamos, ¿vale?- Pregunt√≥ despidi√©ndose. Su novio la esperaba en un coche aparcado enfrente de nosotras.
-Claro. P√°salo bien con Ricky.- La gui√Ī√© un ojo.
-Lo intentaremos.- Se rió.
Observ√© como sub√≠a en el Toyota negro y me alej√© en la otra direcci√≥n. Me hubiera gustado que me acompa√Īase Sam…
Cuando llegué a casa, saludé a mis padres y subí a mi cuarto. Se me había acabado la batería del móvil y se me había apagado.
Después de pasarme un rato buscando el cargador, que estaba tirado al otro lado de la cama, lo enchufé y encendí el móvil. Esperé pacientemente a que me pidiera el código pin y lo metí.
Cuando acab√≥ de encenderse, comprob√© que ten√≠a tres llamadas perdidas. Qu√© raro. ¿Y si eran del misterioso personaje que me llam√≥ ayer?