jueves, 24 de julio de 2014

Capítulo XII



-Tengo que irme.- Susurré.
Jana se volvi√≥ a mirarme extra√Īada, pero antes de que pudiese abrir la boca, me levant√© r√°pidamente.
-Me encuentro mal. Tengo que ir al ba√Īo.- Me disculp√© casi sin mirar al profesor, recorriendo la clase en unas d√©cimas de segundo.
No oí lo que dijo a continuación. Ya estaba fuera.
Lo m√°s probable es que saliese alguien. Puede que el profesor, o puede que alg√ļn alumno para ver como estaba, pero ten√≠a poco tiempo.
Crucé el pasillo rápidamente y me asomé al aula de enfrente por la ventana e la puerta. Solo un par de chicos de primera fila repararon en mí. Por suerte, la profesora de filosofía estaba muy ocupada corrigiendo un ejercicio.
Recorrí la clase entera con la mirada, pero no cabía duda. No estaba. Permanecí unos segundos quieta, sin apartar la mirada del aula, pero Sam seguía sin aparecer.
-¡Miriam!- Llam√≥ Marina desde el otro lado del pasillo.- ¿Qu√© est√°s haciendo?
Suspir√© resignada. Una √ļltima mirada al sitio vac√≠o de Sam, y me volv√≠ hacia Marina, que me miraba extra√Īada.
-Perdona. Tenía que comprobar una cosa.
-Miri, ¿est√°s bien?
Buena pregunta. Lástima que ni yo misma supiese la respuesta. Pero como en tantas otras miles de veces, me limité a suspirar resignada, de nuevo.
-Claro. ¿Te importar√≠a decir…?
-
-No te preocupes. Si quieres podemos decir que has vomitado. As√≠ podr√°s irte a casa, si quieres… No tienes buen aspecto.- Propuso con expresi√≥n preocupada.
Lo pens√© un momento. No era tan mala idea…
Sin embargo, no tardé mucho en descartarla. Solo serviría para preocupar innecesariamente a mis padres, y además Sam todavía podía aparecer. Era mejor esperar.
-No hace falta. Estoy bien. Solo necesito que me cubras.
-Descuida.
-Gracias.- La abrac√©. Menos mal que hab√≠a mandado salir a Marina, y pod√≠a confiar en ella…- ¿Volvemos a clase?
-Claro.
Cuando entramos en clase, escuché lo que le contaba Marina al profesor sin mucho interés. Estaba pendiente de otras cosas.
-Es de Sam, ¿no?- Pregunt√≥ Jana.
Dudé un momento. Finalmente asentí con la cabeza.
-No le he visto en todo el día. Ayer cuando quedamos estaba muy raro.
-¿C√≥mo raro?
-A ver, al principio estuvimos muy bien, me lo pas√© genial. Sin embargo, luego recibi√≥ una extra√Īa llamada telef√≥nica y se fue corriendo. Se le cay√≥ una carta, y fui a buscarle, pero solo encontr√© unas plumas negras.
-¿C√≥mo que solo encontraste unas plumas negras? ¿Qu√© tiene que ver eso con Sam?
-No lo s√©. Vi que se met√≠a en un callej√≥n sin salida. Pero me retras√©, y cuando alcanc√© el callej√≥n, hab√≠a desaparecido. Acababa en una valla que lo separaba de una explanada junto al mar. Pero era imposible que la hubiese saltado. Era muy alta, y dif√≠cil de trepar. Seguramente se meti√≥ en un edificio de por ah√≠… Pero no s√©. Adem√°s las plumas ten√≠an algo que llam√≥ mi atenci√≥n… Las recog√≠ y las llev√© a casa.
-¡¿Qu√© hiciste qu√©?! ¡Esas plumas pueden tener de todo! No deber√≠as haberlas cogido. Cuando llegues a casa van a oler fatal, ya ver√°s.
Me mordí el labio. Tenía razón Jana.
Ella suspiró y volvió a centrarse en un problema de mates.
Observ√© el clavel con detenimiento. ¿Cu√°ndo lo habr√≠a dejado Sam ah√≠?  Era alguien muy especial. Me gustaba mucho ese chico. ¿D√≥nde se hab√≠a metido?
Cuando se fue el d√≠a anterior estaba muy raro. ¿Qui√©n le habr√≠a llamado? ¿Habr√≠a sido el misterioso personaje que me amenaz√≥ a m√≠?
Me recorrió un escalofrío. Intenté apartar esos pensamientos de mi cabeza, y volví a concentrarme yo también en los ejercicios de Mates.
Al día siguiente tampoco apareció. Esta vez no hubo flores, ni notas. No podía dejar de mirar a la clase de enfrente, pero Sam seguía sin aparecer.
¿Qu√© le habr√≠a pasado? Era muy raro todo…
Intenté convencerme de que no pasaba nada, que lo más probable era que se hubiese puesto malo, o cualquier otra cosa sin importancia.
Sí, sería eso.
Intent√© no pensar m√°s en ello durante la tarde del jueves, pero era in√ļtil. ¿A qui√©n pretend√≠a enga√Īar?
Algo había pasado. Y tenía que ver con la llamada telefónica que recibió justo antes de despedirnos. Estaba segura.
Para evitar pensarlo mucho, cogí el móvil y me puse a revisar los WhatsApp.
Ten√≠a mensajes de varios grupos, y uno de una conversaci√≥n privada. Esperanzada, me met√≠ para ver el mensaje, pero Pero enseguida comprob√© que el mensaje no era de ese chico de ojos grises que √ļltimamente no pod√≠a quitarme de la cabeza.
El mensaje era de Carla. Me decía que si quedábamos para tomar un llaollao y hablábamos. Lo pensé un momento. Me vendría bien quedar con ella. Además, podría ayudarme a aclarar mis ideas. Carla siempre daba muy buenos consejos.
Por mí genial. Quedamos ahí en 20 minutos?
Enseguida asinti√≥, y fui a arreglarme para salir. Me puse una camisa vaquera sin mangas y un pantal√≥n blanco corto. Me calc√© mis sandalias marrones y por √ļltimo me peine un poco. Lista.
Bajé al salón para decir que me iba. Mis padres también iban a salir enseguida, así que no me dijeron nada.
Cuando salí de casa habían pasado 10 minutos. Me tendría que dar prisa si no quería llegar tarde. El llaollao estaba a un par de calles de la mía.
Por el camino estuve pensando cuándo podría volver a ir a hacer surf. Este fin de semana habían dado buenas olas, pero me habían mandado un montón de deberes. La parte buena es que así estaría ocupada todo el tiempo.
Cuando llegué al llaollao comprobé el reloj. Llegaba dos minutos tarde, pero Carla no estaba todavía por ahí.
Me senté una mesa de fuera antes de que la ocuparan. En estas fechas el llaollao estaba siempre lleno.
Con la mirada, recorr√≠ el establecimiento para asegurarme de que Carla a√ļn no estaba. Siempre sol√≠a llegar un par de minutos antes de la hora.
Pas√≥ un rato y ella segu√≠a sin aparecer. Un tanto preocupada y un tanto enfadada por la tardanza, fui al ba√Īo. Ten√≠a pensado esperar a que llegase ella para que no nos quitasen la mesa, pero en vista de que esto podr√≠a alargarse demasiado, me levant√©, cinco segundos antes de que una pareja corriese a ocupar la mesa antes de que alguien se les adelantase.
Suspiré resignada. Nos tocaría tomar el llaollao fuera del establecimiento, ya que no había más mesas desocupadas. Si es que al final venía.
Cuando salí del servicio, había un grupo de ingleses pidiendo su llaollao. Pero no fue eso lo que llamó mi atención. Al otro lado de la calle, distinguí a un chico rubio que estaba de espaldas.
Me quedé sin habla. No podía ser.
El chico se encontraba mirando el escaparate de una tienda de inform√°tica. Pasaron dos segundos antes de que reaccionase.
El chico era alto, delgado, pero fuerte, y ten√≠a un pelo rubio igual que el que aquel d√≠a encontr√© en mi desv√°n. Solo conoc√≠a a dos personas con ese pelo, y teniendo en cuenta que una deb√≠a estar atrapada en el mundo de los √°ngeles por su falta, este solo pod√≠a ser…
Ahora s√≠ que me qued√© sin respiraci√≥n.  A solo diez metros se encontraba el chico que durante tantos d√≠as hab√≠a estado atorment√°ndome en mi cabeza.
Le reconocer√≠a en cualquier lado, aunque ten√≠a el pelo algo m√°s largo, y la tez m√°s bronceada que la √ļltima vez que le vi. Y su mirada parec√≠a m√°s triste.
Pero enseguida supe a qui√©n pertenec√≠an esos ojos azules. Era el mismo chico al que se lo hab√≠a entregado todo, ¿a cambio de qu√©? Una infidelidad. Un amigo en coma.
Era Marcos. A pesar de todo, el corazón se me aceleró al verle. Parecía que él no había reparado en mí, y echó a caminar en dirección al paseo marítimo.
Por un momento me olvidé de Sam, de Carla, de Jana y de todo. Solo quería alcanzar a Marcos para exigirle una explicación. Una explicación que en su momento no quise escuchar.
Atravesé el grupo de ingleses en más tiempo del que hubiera querido. Cuando conseguí salir por la puerta, Marcos ya se había alejado demasiado, aunque seguía distinguiéndole.
Pero de repente choqué con otra persona.
-¡Ey! Siento la tardanza, pero tampoco es para que me pegues.- Se quej√≥ Carla.
-¿D√≥nde te hab√≠as metido?- No dej√© tiempo para que respondiera.- Bueno, ¿sabes qu√©? Olv√≠dalo. Ahora tengo que irme.
Busqué con la mirada a Marcos, pero no le encontré.
-Miriam, ¿est√°s bien? ¿Ha pasado algo?
No contesté. En lugar de eso, la ignoré y eché a andar en la dirección en la que se había ido Marcos, con la esperanza de distinguir su cabellera rubia entre la gente.
Entonces, noté que Carla me cogía del brazo.
-Bueno, ya está bien. Cuéntame ahora mismo qué pasa.
Segu√≠ busc√°ndole con la mirada, pero era in√ļtil. Ya le hab√≠a perdido.
-Es Marcos.
-¿Marcos? ¿Tu ex?- La dirig√≠ una mirada significativa que entendi√≥ r√°pidamente.- ¿Pero qu√© ha pasado? ¿Te ha llamado, o alguien te ha dicho algo de √©l, o qu√©?
-Ha venido. Estaba en la acera de enfrente cuando te esperaba. Pero despu√©s le perd√≠ de vista…
La desesperación e impotencia debían de ser casi palpables en mi voz, porque Carla enseguida me abrazó, comprensiva.
-Tranquila…
-Carla, necesito una explicaci√≥n. Nunca lleg√≥ a d√°rmela. Yo… necesito saber qu√© pas√≥.
-Tranquila. La tendr√°s. Te prometo que la tendr√°s. Pero ahora tienes que tranquilizarte. ¿Est√°s segura de que era √©l?^
-¡Claro que estoy segura! Le reconocer√≠a en cualquier parte.
-Miriam, no grites. Tranquilízate.- Repitió.- Respira hondo y relájate. Cuando estés mejor le llamas al móvil y habláis. Si es verdad que está en Galicia, quedáis para tomar algo y hablar, y si no, pues lo aclaráis por teléfono, o esperas a que volváis a veros.
Me alegraba de estar con Carla en momentos como ese. Hice lo que me dijo, pero la pedí que se quedase conmigo cuando le llamase. Asintió enseguida.
-Estoy nerviosa.
-Es normal. Vas a volver a hablar con √©l despu√©s de tanto tiempo…
-Supongo que s√≠…
-Miriam, ¿puedo preguntarte una cosa antes de que llames?
-Claro.
-¿Qu√© pasa con Sam?
Lo pens√© unos segundos. Hac√≠a rato que me hab√≠a olvidado completamente de √©l. Y ahora que volv√≠a a pensar en √©l, no ten√≠a nada que ver con la sensaci√≥n que experimentaba al pensar en Marcos. ¿Qu√© se supone que quer√≠a decir todo esto?
-No lo s√©…
-Pues creo que yo me voy haciendo una idea…- Suspir√≥ ante mi mirada sorprendida.- ¿Sabes que los ojos no te brillan igual cuando hablas de Sam que cuando hablas de Marcos? Adivina con qui√©n de ellos te brillan m√°s.
Lo sabía. Sabía perfectamente la respuesta.
Sin contestar, marqu√© un n√ļmero que hac√≠a muchas semanas que no marcaba.
-Voy a llamarle.
Carla asintió y le di al botón de llamar.