domingo, 21 de septiembre de 2014

Capítulo XVI



Estaba tumbada en la arena. Me incorporé. Me dolía todo el cuerpo, incluso los pulmones al respirar. Tosí un par de veces hasta que volví a respirar con normalidad.
Miré a mi alrededor. Estaba yo sola en toda la playa. Miré hacia el mar, y me quedé embelesada mirando el horizonte. Era un paisaje increíble.
Deb√≠a estar amaneciendo o atardeciendo, porque el cielo estaba de color anaranjado. El mar era una mezcla de azul y naranja, pero apenas se pod√≠a ver m√°s all√°, porque hab√≠a una extra√Īa niebla que cubr√≠a todo el horizonte. Esta era de color rosado, tambi√©n por el reflejo del sol. La niebla acababa unos metros por encima de la superficie, y a partir de ah√≠, se pod√≠a ver el cielo, desprovisto de nubes.
Pasaron unos minutos antes de que la sed me obligase a apartar la vista del hermoso paisaje.
Donde acababa la playa, había unos metros de hierba y después empezaba un frondoso bosque. Tal vez por ahí pudiese encontrar agua dulce.
Así, me adentré entre los enormes árboles en busca de algo de beber.
Ten√≠a una sensaci√≥n extra√Īa en el cuerpo. Me sent√≠a como m√°s ligera, m√°s libre. Y sin embargo, estaba atrapada en un extra√Īo lugar que no hab√≠a visto en mi vida, con una sed insoportable, y para colmo, yo sola.
Perdí la noción del tiempo. No sabía cuánto rato llevaba caminando cuando por fin oí el sonido de un arroyo en la lejanía.
Esperanzada, me dispuse a seguir la direcci√≥n en la que sonaba. Unos minutos despu√©s, ten√≠a ante m√≠ un peque√Īo riachuelo con un agua cristalina.
Apenas pensé un segundo en la posibilidad de que el agua no fuese potable, porque enseguida decidí probarla. Tenía demasiada sed.
Me arrodille junto al arroyo y recogí agua con las manos. Tragué sedienta.
El agua estaba realmente buena, as√≠ que no tard√© nada en seguir bebiendo. Cuando me hube saciado, me puse en pie otra vez. ¿D√≥nde narices estaba?
*   *   *
 -Miriam, despierta, por favor.- La voz de Sam sonaba rota, con un toque preocupado.
Poco a poco, abrí los ojos.
-Sam.- Sentí alivio al verle, aunque no tanto como habría esperado.
-Dios, estaba muy preocupado. ¿Est√°s bien?
Me ayudó a incorporarme un poco. Me encontraba mareada, y seguía teniendo mucha sed. Me picaba la garganta.
-¿Qu√© ha pasado?
-No lo sé. De repente fue como si te marearas. Caíste al agua. Primero creí que estabas fingiendo, así que no te tomé enserio, pero después tardabas en salir, y me metí a sacarte. Miriam, creí que te perdía a ti también.- Le tembló la voz.
Conmovida, le abracé, acariciándole el pelo.
-Sam.- Me miró fijamente con esos ojazos grises.- Te quiero.
Lo dije seria, pero cari√Īosa, tratando de que no me temblase la voz. Era la primera vez que me declaraba a un chico que no fuese… En fin. Prefer√≠a no pensarlo.
Sam me miró sorprendido. Entonces se le escapó una sonrisilla tonta y se inclinó hacia mí para besarme. Fue un beso suave, de amor.
-Yo también te quiero, reina.
Sonreí como una tonta y le acaricié la mejilla con la palma de la mano. Después le di un beso en los labios.
-Sam.- Susurr√©. Lo dije simplemente por el hecho de que me gustaba como sonaba. “Mi Sam”.
-Ven conmigo, reina. Quiero ense√Īarte algo.
¿Qu√© sorpresa tendr√≠a preparada ahora? De Sam pod√≠a esperar cualquier cosa, casi siempre buena.
Nos metimos en el cuarto de navegación y fuimos hacia el timón.
-Te voy a llevar a un sitio. Ya ver√°s como te gusta.
-Estoy segura.
Sonrió y me llevó las manos al timón. Después, se puso detrás de mí y lo agarró él también.
-¿Lista, capitana?
Me reí.

-Lista, capit√°n.
Navegamos durante bastante tiempo, aunque no estoy segura de cuánto aproximadamente. Poco a poco nos adentramos en un lugar de la costa apartado de la bahía. Era un golfo muy estrechito, pero largo. Menos mal que iba Sam conduciendo también, porque si no el barco se habría hundido antes de llegar.
Seg√ļn nos fuimos adentrando, se hizo m√°s ancho, hasta acabar en una especie de lago, de agua salada, por supuesto que terminaba en una playa de arena fin√≠sima.
-Vaya.- El lugar era realmente precioso. La playa era muy peque√Īa, y terminaba en una pared de roca, despu√©s de la cual no se pod√≠a ver nada m√°s, y por la cual bajaba una hermosa enredadera. Ten√≠a flores rosas en distintos puntos.
-¿Bajamos?
Asentí emocionada. Sam se encargó de dejar el barco asegurado, y bajamos a la arena, cargados con una cesta con la comida y unas toallas.
-¿C√≥mo conociste este sitio?
-Es una larga historia. Además, creo que hay otra cosa que urge más que me preguntes.- Sonrió melancólico.
De pronto recordé la razón principal de que hubiésemos quedado hoy.
-Sam, ¿qu√© eres? ¿Por qu√© te fuiste aquel d√≠a de repente?
Su expresión reflejaba que aunque sabía que era algo por lo que teníamos que pasar, esperaba que nunca llegase este momento. La hora de dar respuestas.
-No deber√≠a contarte esto. Al hacerlo, estoy poni√©ndonos en peligro a los dos.- Pareci√≥ dudar. ¿No ir√≠a a echarse atr√°s ahora, no? Sin embargo, enseguida retom√≥ la historia.- Pero me estoy enamorando de ti. Y ya hubo una vez que tuve que huir de la persona de la que estaba enamorado por lo mismo… No quiero que me pase eso contigo.
Me qued√© sin saber que decir. Se me empa√Īaron los ojos. Su voz sonaba tan sincera, tan limpia, que me conmovi√≥. Parec√≠a seguro de s√≠ mismo al hablar, pero sab√≠a que en el fondo, esto le costaba. Mucho. Y me impresionaba la claridad con la que era capaz de hablar dadas las circunstancias y teniendo en cuenta lo que ten√≠a que contarme.
-Sam, si no quieres…
Me interrumpió al posar su dedo índice suavemente en los labios. Me sonreía.
-Primero déjame explicártelo. Y si después quieres largarte, lo entenderé.
-Descuida.- Estaba segura de que eso no iba a pasar.
-Miriam, puede que esto ya te lo imagines, pero no soy… una persona normal.- Permanec√≠ impasible.- Puede que esto te asuste… Me asust√≥ incluso a m√≠ cuando me lo contaron.- Sonri√≥ melanc√≥lico.
-No voy a salir corriendo.- Aseguré en un intento de que no se preocupara.
-Miriam, soy… un √°ngel.
Mis alarmas se dispararon, a pesar de que ya me tem√≠a la respuesta. Y a pesar de lo que le hab√≠a dicho a Sam, dud√© si salir corriendo. ¿Por qu√© ten√≠a que pasarme esto otra vez? Parece que la historia se repet√≠a…
Por lo menos esta vez, √©l estaba siendo sincero desde el principio. Casi desde el principio…
-Sigue.
-Pero no soy como te imaginas. Un d√≠a s√≠ lo fui, pero despu√©s todo se estrope√≥… Hay cosas que a√ļn no puedo contarte, Miriam, pero lo importante que debes saber ahora es que te quiero, pero que si nos decidimos a intentarlo, no va a ser f√°cil. Y ante todo no va a ser seguro.
-¿Por qu√© no puedes cont√°rmelo todo todav√≠a? ¿Y qui√©n era esa persona que te dir√≠a qu√© pod√≠as contarme?
-Es dif√≠cil de explicar. Y respecto a esa persona… Es un hombre que siempre fue un padre para m√≠. No le conoces, pero √©l sabe mucho m√°s de ti de lo que puedes imaginar. Tal vez m√°s incluso que t√ļ.
-Me das miedo.- Dije medio enserio medio en broma.
Sonrió.
-Sé que suena raro. Pero no tienes de qué preocuparte. Es un hombre realmente bueno. A mí me ayudó mucho cuando más lo necesitaba. Supuestamente ahora vivo con él. Es mi tutor legal.
-¿Y tus padres?- Me di cuenta de lo que pod√≠a suponer esa pregunta despu√©s de formularla. Me mord√≠ el labio nerviosa.
Su rostro se ensombreció. Mierda.
-Mi padre desapareció hace ya mucho tiempo. Aunque en el fondo entiendo que quisiera irse. Y mi madre, si es que merece llamarse así, prefirió a mi hermano antes que a mí. Pero probablemente ambos estén ya muertos.- Se encogió de hombros.
Me quedé de piedra. Al final sí había sido mala idea preguntarle por su familia.
-Lo siento mucho.
-No lo sientas… De mi padre apenas tengo recuerdos, y mi madre era odiosa, por usar una palabra suave. Respecto a mi hermano, bueno… Supongo que es al que m√°s echo de menos. Estuvimos muy unidos los a√Īos que compartimos.
-¿Era de tu edad?
-Era un a√Īo mayor que yo, creo. Pero parec√≠a m√°s que eso. Era m√°s maduro y responsable.
-¿Cu√°ndo… os separaron?
-Creo que yo tendr√≠a unos 14 o 15 a√Īos. La cagu√© y nos puse en peligro a todos. Finalmente, mi madre opt√≥ por la opci√≥n f√°cil. Abandonarme a mi suerte. Por suerte el hombre del que te habl√© antes decidi√≥ hacerse cargo de m√≠.
-Vaya.- Estaba sin palabras.- ¿Y por qu√© dices que probablemente est√©n ambos muertos?
Me arrepentí nada más decirlo. Jope, qué poco tacto tenía. Me recriminé para mí.
-El hombre del que te habl√© antes me encontr√≥ a los dos d√≠as de que me hubiesen dejado tirado. Le cont√© lo que hab√≠a pasado, entre l√°grimas.- Admiti√≥ avergonzado.- Cuando acab√© mi relato, decidi√≥ ayudarnos. Mi madre hab√≠a optado por no… entregarme, a pesar del peligro que eso supon√≠a para ellos. En lugar de eso me dej√≥ solo. Pero este hombre sab√≠a que con eso no bastaba. Trat√≥ de avisarla, pero no le escuch√≥, y puso todo su empe√Īo en conseguir que le perdi√©semos la pista.
-Dios mío. Sam, lo siento mucho.
-No te preocupes. Lo super√© hace mucho tiempo. Y mi presente eres t√ļ.- Sonri√≥ acarici√°ndome la mejilla. Sin embargo yo no consegu√≠a quitarme la historia de la cabeza.
-Es increíble que hayas conseguido dejar atrás todo eso, y que sigas siendo como eres después de lo que te pasó.
-¿C√≥mo soy?
-Bueno, cari√Īoso, extrovertido… Normalmente, la gente, despu√©s de pasar por situaciones como esa, se cierra al resto del mundo.
-Gracias.- Dijo sonriendo.
-Enserio, creo que eres la persona m√°s fuerte que conozco.
Sam miró hacia otro sitio. Parecía incómodo.
-No todo es como parece…
-Ah, y también humilde. Haremos una fiesta el día que te encuentre un defecto.
Me sonrojé nada más decirlo, pero es que su historia me había dejado realmente impresionada.
-Dos cosas.- Comenzó
-¿Qu√©?
-T√ļ tampoco te quedas corta, en lo de fuerte, buena, cari√Īosa y humilde.- Me sonroj√©. Iba a hablar, pero antes de que pudiese decir nada, Sam continu√≥ hablando.- Y adem√°s, no soy tan bueno como parece. Como de he dicho, si pas√≥ lo que pas√≥, fue culpa m√≠a. La cagu√© mucho, y no solo puse en peligro a mi familia, sino que casi destrozo una vida…
Se calló antes de dar más detalles. Sin embargo una idea había empezado a rondar por mi cabeza.
¿Y si esto ten√≠a algo que ver con lo que me hab√≠a contado antes Lucas?

domingo, 14 de septiembre de 2014

Capítulo XV



Claro que era mentira. Sam es uno de los chicos m√°s buenos que conozco. M√°s que Lucas por lo menos…
Jam√°s habr√≠a hecho algo as√≠. Solo ten√≠a 14 a√Īos. Y adem√°s, aunque fuese verdad… que la hab√≠a dejado embarazada, nunca la habr√≠a dejado tirada en esa situaci√≥n. ¡Era Sam!
En todo el camino no pude dejar de pensar en ello. ¿Y si era verdad? Ten√≠a que pregunt√°rselo. No pod√≠a quedarme sin saber algo as√≠…
Pero, si era mentira… Quedar√≠a fatal si era una de las mentiras de Lucas.
No sabía qué hacer. Intentaría no pensarlo, y si surgía la ocasión se lo preguntaría.
Cuando llegué al puerto, Sam ya estaba allí esperándome.
-Buenos días.- Saludó sonriente.- Has venido.
-Buenos d√≠as.- Salud√©, a√ļn pensativa.
-¿Qu√© te pasa?
-¿Por qu√© me iba a pasar algo?
-Est√°s seria.
-Estoy bien.
Se encogió de hombros.
Sac√≥ un pa√Īuelo de su bolsillo. Era de color azul aguamar con estampado. Me lo ense√Ī√≥ y sonri√≥ travieso.
-¿Conf√≠as en m√≠?
Buena pregunta.
-Claro.
Se puso detr√°s de m√≠ sonriendo y me anud√≥ el pa√Īuelo tap√°ndome los ojos.
-¿Ves algo?
-No.- Respondí sincera.
-Bien.- Noté su aliento en mi oído.- Otra cosa.- Susurró.- Hazme un favor y sonríe.
Me qued√© callada un momento. No sab√≠a que responderle, pero cada vez estaba m√°s convencida de que lo que hab√≠a dicho Lucas no ten√≠a ning√ļn sentido.
Noté que me cogía de la mano y me daba dos vueltas.
-Sam, ¿d√≥nde vamos?
-Es una sorpresa.
Me llevó hacia delante lentamente. No me gustaba la sensación de ir con los ojos vendados. Me daba la sensación de que me iba a chocar.
-Cuidado ahora. Te voy a coger yo, ¿vale?
-¿C√≥mo…?
Entonces, me cogió en volandas, y yo, asustada, me agarré a su cuello para no caerme.
-Sam, esto no me gusta.- Sonrió pícaro.
-Un momento.
Not√© como que sub√≠amos unas escaleras. ¿D√≥nde est√°bamos?
Noté una sensación como de que el suelo se movía, pero lenta y controladamente.
-Espera aqu√≠. Ag√°rrate a esto si quieres.- Llev√≥ mis manos a una especie de barandilla.- No mires, ¿eh? Tardar√© poco.- Dijo soltando mis manos.
Dudosa, permanecí quieta donde me había indicado. Sin embargo, ahora tenía un buen presentimiento. Tenía ganas de ver lo que tramaba Sam.
Pasaron dos minutos sin que volviese. No aguantaba m√°s.
-¿Sam? ¿D√≥nde est√°s? Voy a mirar.
-¡No! Espera un segundo Miri. Conf√≠a en m√≠.
Su voz sonaba como debajo de mí.
-Sam, ¿d√≥nde…?
Me interrumpí al notar que me cogía las manos y me daba un beso en el cuello. Me derretí. De repente olvidé todo lo que me había dicho Lucas, y todo lo que había pasado con Marcos. Solo estábamos Sam y yo.
Sin que pudiese pronunciar una palabra, me quit√≥ el pa√Īuelo de los ojos.
Mir√© sin palabras el paisaje que ten√≠a delante. Hab√≠amos recorrido la peque√Īa bah√≠a del pueblo, y delante nuestro hab√≠an un precioso amanecer. El sol sal√≠a del mar, y la imagen era incre√≠ble.
-¿Te gusta?- Me susurr√≥ al o√≠do abraz√°ndome.
-Me encanta.- Me volví y le di un beso suave en los labios.
Me sonrió una vez nos separamos y volvió a inclinarse hacia mí, dándome un beso, esta vez más intenso.
Cogí su cuello con las manos, mientras él me acercaba más a su cuerpo cogiéndome de la cintura.
-Te echaba de menos.- Susurró.
-Y yo.- Admití.
-Ven conmigo. Te voy a ense√Īar esto.
Miré a mi alrededor. Estábamos en un barco de vela, aunque también tenía un motor en la parte trasera. Ahora estaba apagado.
Bajamos las escaleras. Llevaban a una peque√Īa sala con el tim√≥n y algunos trastos m√°s.
-¿Esto es tuyo?- Pregunt√© asombrada. De peque√Īa siempre hab√≠a so√Īado con tener un barco as√≠ para poder escaparme cuando no quisiese ver a nadie.
-Sí. Bueno, técnicamente es de mi padre, pero solo porque tiene que estar a nombre de un adulto. Cuando cumpla 18 será oficialmente mío.
-Ah.
Salimos del cuarto. La cubierta estaba impecable. Fui lentamente hasta la proa a seguir contemplando el amanecer.
-Es increíble.
Poco a poco, Sam se fue acercando y me abrazó de la cintura. Yo seguía agarrada a la barandilla observando el mar.
Empezaba a creer que esto era un sue√Īo. Demasiado perfecto para ser verdad.
De hecho, pronto se torcerían las cosas.
*   *   *
Est√°bamos tumbados en la cubierta, en unas toallas que hab√≠a sacado Sam,  cuando se me ocurri√≥ mirar la hora.
-Mierda. Ya casi es la hora de comer. Mis padres deben de estar preocupados. No les avis√© de que iba a pasar toda la ma√Īana fuera.
Me incorporé enseguida, pero Sam me cogió la mano. Sonrió.
-Diles que no comes en casa.
-Sam, no s√© si…
-Por favor.
Vacilé, pero sus preciosos ojos grises y su sonrisa perfecta acabaron de convencerme.
-No sé si me dejarán.- Esperaba que sí.
Me dio un beso en la mejilla mientras yo esperaba a que me cogiesen el teléfono.
-¿Diga?
-Mam√°, soy Miriam.
-¿D√≥nde est√°s? ¿Has madrugado mucho, no?
-S√≠, es que anoche qued√© con Jana para hacer una ruta. Ya estabais dormidos y no pude avisaros- Ment√≠.- Se est√° alargando la cosa, vamos a comer unos bocatas por aqu√≠, ¿vale?
Tardó dos segundos en contestar.
-Est√° bien. Pero si quieres salir esta noche, no vengas muy tarde luego. Pasadlo bien.
-Gracias, mam√°.
Colgué el teléfono.
-¿Por qu√© no le has dicho la verdad?- Pregunt√≥ con voz melosa abraz√°ndome.
Sonreí.
-No sé si esto le parecería buena idea.
-¿A ti te lo parece?- Pregunt√≥ sonriendo entre beso y beso.
-En absoluto.- Mentí sonriendo.
De repente, se apartó de mí como ofendido.
-¿Est√°s segura?- En cuanto vi que no estaba enfadado enserio, decid√≠ seguir con la broma.
-Claro. Siempre lo estoy.
-Muy bien. Como quieras.
Tardé dos segundos en reaccionar, y cuando quise darme cuenta, Sam me estaba cogiendo como un saco de patatas, y acercándome peligrosamente a la borda.
-¿√öltimas palabras?
-¡Sam Bossi, te lo advierto! ¡Como me tires, te juro que…!
Antes de poder terminar la frase estaba en el agua. ¡Joder que fr√≠a!
Me cost√≥ asimilar la situaci√≥n. ¡Me hab√≠a tirado! Mir√© hacia arriba. Sam estaba apoyado en la barandilla tratando de contener la risa.
-¡Imb√©cil! ¡Ya ver√°s cuando suba!
Traté de salpicarle, pero no llegué. Mientras tanto, él se reía de mí, sequito, en cubierta.
Nadando, fui a la parte de atr√°s, donde estaba la peque√Īa escalera para subir.
Sam me estaba esperando ahí.
-¿Y si no te dejo subir?- Brome√≥.
-Mira, no me toques m√°s las narices…- De repente me tambale√©.
Empecé a marearme.
-Sam, yo… No me encuentro muy bien.
Me tambaleé en la escalera.
-No voy a picar, Miri.- Dijo con tono vacilón.
-Sam enserio…
Entonces, perd√≠ el equilibrio, precipit√°ndome de nuevo al agua. Trat√© de moverme, pero de pronto ten√≠a las extremidades entumecidas. ¿Qu√© me estaba pasando?
Me quedaba sin aire. Intenté subir a respirar, pero en lugar de eso solo conseguí llenarme los pulmones de agua.
Cuando ya estaba a punto de perder el conocimiento, oí una voz demasiado familiar.
-Nunca te fíes de las apariencias. Mejor fíate de los amigos. Y no olvides que te quiero. No llores, princesa.
Busqué su mirada, pero me escocían los ojos por la sal.
No podía respirar. Me ahogaba. Pero eso ya no me preocupaba. Había perdido el conocimiento.