lunes, 6 de octubre de 2014

Capítulo XVII



Por un momento pensé en preguntárselo. Decirle que podía confiar en mí, y que aunque eso fuese verdad, me quedaría a oír sus razones, y a dejarle explicarse.
-Miriam, quer√≠a darte las gracias.- Dijo interrumpiendo el hilo de mis pensamientos.- Por confiar en m√≠… Por los cumplidos, y tambi√©n por no salir corriendo. Y por dejarme explicarme en vez de atosigarme a preguntas cuando te dije lo de… bueno, lo de que soy un √°ngel.
Cualquier posibilidad que hubiese de que le preguntase se extinguió. Sam tenía razón. Era mejor no atosigarle a preguntas. Apreciaba mucho su sinceridad, y en agradecimiento lo mínimo que podía hacer era darle tiempo para decidir qué más podía contarme y cuándo.
-No las des. Gracias a ti por contármelo.- Pensé en lo diferentes que habrían sido las cosas con Marcos si me hubiese dicho la verdad desde el principio. Jake nunca se habría metido, y nunca habríamos acabado metidos en ese lío.
Ojalá hubiese confiado más en mí.
Pero prefería no pensar en eso. Mi presente es el chico de ojos grises que había sentado frente a mí.
Sam me sonreía. Se inclinó para darme un beso en los labios.
-No sabes cuánto me alegro de haberte conocido. Me estás haciendo ver las cosas de otra forma. Y resulta agradable.- Me cogió un mechón de pelo entre los dedos y jugueteó con él.
Correspondí con otra sonrisa, pero mi estómago rompió el momento mágico.
-Perdón.- Me disculpé sonrojada.- Es que desayuné muy temprano con esto de venir pronto a ver la puesta de sol.- Me reí cohibida.
-No te preocupes. A ver si te gusta lo que he preparado.- Sonrió pícaro.
Abrió la cesta y sacó unos sándwiches vegetales, un recipiente con tortilla de patata, y un bol con fresas.
-Tiene buena pinta.- Y además yo me moría de hambre.
Sonrió complacido.
-Bon apetit, mademoiselle.
Me reí y tomé uno de los sándwiches vegetales. Sam me imitó, y después pareció recordar algo.
-Mierda, me he dejado las coca colas en el barco.- Maldijo con el ce√Īo fruncido.- Ahora vengo. Tardar√© solo dos minutos.
-Vale, te espero aquí.
-Puedes ir comiendo si quieres.
Iba a decirle que le esperaba, pero mi est√≥mago volvi√≥ a gru√Īir y me encog√≠ de hombros.
-Est√° bien.
Le vi marcharse hacia el barco y subir por la escalerilla. Después desapareció en el interior del cuarto del timón.
Me concentré en mi sándwich. Tomé un bocado. Estaba muy bueno. Para cuando volvió Sam ya me había tomado más de medio.
-Toma tu coca cola, reina.
-Gracias.- Le sonreí.
Comimos mientras habl√°bamos de temas intrascendentes. Fue una comida muy agradable. Adem√°s todo estaba muy bueno, incluso las fresas aunque a√ļn no est√°bamos en temporada.
Cuando terminamos, le ayudé a recoger todo y fuimos a dejarlo al barco. Las toallas sin embargo, las dejamos en la playa.
Cuando volvimos, nos tumbamos en las toallas. Pero empezaba a hacer mucho calor, así que enseguida nos cansamos.
-Pens√© que har√≠a m√°s fresco. Si no habr√≠a tra√≠do ba√Īadores.- Dijo Sam con el ce√Īo fruncido.
-No pasa nada. Pero igual estar√≠amos mejor a la sombra…
-Se me ocurre algo mejor.- Me gui√Ī√≥ un ojo.- ¿Conf√≠as en m√≠?
-¿Tengo que contestar a eso?- Brome√©.
-Ahora verás.- Me cogió como si fuese un saco de patatas y me llevó hacia el mar.
Mis gritos solo consiguieron sacarle una carcajada.
-Qu√© llorica eres.- Se burl√≥ dej√°ndome de nuevo en la arena.- Conf√≠a en m√≠, ¿vale?
-Despu√©s de esto no s√© qu√© decirte…- Me mir√≥ serio.- Vale, vale.
Sonri√≥ y sac√≥ de su bolillo el pa√Īuelo con el que me hab√≠a tapado antes los ojos. ¿Qu√© sorpresa me iba a dar ahora?
-Estate quieta.- Dijo anud√°ndome el pa√Īuelo en torno a los ojos.- ¿Ves algo?
-No.- Respondí sincera. No veía absolutamente nada.
-Genial.
Me cogió de la mano y me hizo dar un par de vueltas. Después me condujo por la arena.
-¿D√≥nde vamos?
-Cuidado. Agacha la cabeza y ve despacio.- Indicó.
-Sam, a ver dónde me metes.
-Te va a gustar, ya ver√°s.
-Si t√ļ lo dices…
Seguí sus indicaciones apoyándome en él y tratando de seguirle, a pesar de que no veía nada.
-Ya puedes ponerte normal. Casi estamos.
Andamos un par de pasos m√°s y nos detuvimos.
-¿Hemos llegado?- Pregunt√© impaciente.
-S√≠.- Me quit√≥ el pa√Īuelo de los ojos absorto y me envolvi√≥ con un brazo.
Estábamos en el interior de una cueva, no demasiado grande, pero muy acogedora. Sam cogió un mechero que había en un rincón y encendió una por una, una hilera de velitas que había por las paredes de la cueva.
A la luz de las velas, pude distinguir un trozo de playa con arena fin√≠sima, que terminaba en un suelo de rocas lisas. Las rocas a su vez terminaban en un peque√Īo lago formado por las aguas que entraban por una abertura que hab√≠a en la roca, que daba directamente al oc√©ano. Hab√≠a un espacio entre la superficie del agua y la roca a trav√©s del cual se pod√≠a ir al otro lado casi sin dificultad.
En la cueva hab√≠a en un lateral una estanter√≠a con libros. Tambi√©n hab√≠a un ba√ļl peque√Īo de madera con adornos dorados.
En otro lado, había unos cojines y unas mantas, apilados encima de una silla plegable.
-Vaya. ¿Has tra√≠do t√ļ todo esto?
Asintió con la cabeza ensimismado.
-Cuando mi madre y mi hermano desaparecieron, record√© que de peque√Īo hab√≠a visto el t√ļnel de piedra que da a la playa que has visto antes. Necesitaba un lugar para esconderme, estaba muy asustado. Entonces decid√≠ adentrarme en el t√ļnel a ver qu√© encontraba. Lo m√°s probable era que no tuviese salida, pero no ten√≠a muchas m√°s opciones. Ya hab√≠a pensado mil cosas y ninguna me hab√≠a valido.
-Madre m√≠a, no me puedo creer que tuvieses que vivir todo eso cuando eras ni√Īo. Debi√≥ de ser horrible.- Realmente estaba impresionada.
Sonrió comprensivo.
-Lo fue.- Se quedó pensativo unos instantes.- El caso es que alquilé una barca cutre en el embarcadero. Antes se la dejaban a cualquiera. Cuando la tuve, remé casi hasta el agotamiento hasta la playa de antes. La barca tenía una grieta en un lateral cuando llegué. No sabía manejarla demasiado bien entre las rocas.
-Ya.
-Despu√©s descubr√≠ esta cueva al d√≠a siguiente. Me escond√≠ aqu√≠ hasta que la sed me oblig√≥ a volver al pueblo a por provisiones. Cuando volv√≠ con cosas que hab√≠a mangado del supermercado, estuve aqu√≠ otra semana m√°s. Fue la segunda vez que fui al pueblo a por provisiones cuando encontr√© al hombre del que te habl√© antes. Y el resto… viene a ser lo que te cont√© antes.
-¿C√≥mo encontraste a ese hombre?
-Le hab√≠a robado la cartera.- Admiti√≥ avergonzado.- Me pill√≥ por sorpresa en un banco del parque cuando miraba las fotos que ten√≠a ah√≠ guardadas. Una era de una isla tan hermosa como extra√Īa. Fue la que m√°s me impresion√≥.
-¿Qu√© te dijo cuando te vio con su cartera?
-No se lo tom√≥ tan mal como esperaba. √Čl es un veterano en lo sobrenatural, y de alguna manera sinti√≥ que yo no era una persona normal.
-Menos mal que le encontraste…
-S√≠… Pero no quiero hablar de eso ahora.
-¿De qu√© quieres hablar?- Pregunt√© con una sonrisa traviesa mientras le cog√≠a de la mano donde estaban las mantas. Me sent√© y le indiqu√© que se sentase a mi lado.
-Mejor no hablemos.
Al segundo, estábamos besándonos. Se separó un poco de mí, pero no llegó a apartarse más de cinco centímetros. Sonreía mirándome a los ojos.
Correspondí a su sonrisa y volví a recorrer los centímetros que nos separaban, juntándome a Sam en un nuevo beso.
√Čl me cogi√≥ de la cintura, mientras yo entrelazaba los dedos en su pelo.
Me cogió haciendo que me quedase sentada sobre él, sin despegar sus labios de los míos. Pero cuando sus manos empezaron a bajar por mi espalda hasta el límite, me puse nerviosa y me separé de él.
-Sam, quizá deberíamos irnos.
Me miró entre sorprendido y fastidiado.
-Espera un poco, Miri.
Me sigui√≥ dando besos. Intercalaba besos cortos en los labios con otros m√°s largos, sin soltar en ning√ļn momento mi cintura.
Yo correspond√≠, aunque en mi interior hab√≠a algo que no estaba bien. ¿Por qu√© no pod√≠a simplemente dejarme llevar?
Nos movimos hasta estar tumbados, yo encima de √©l, sin despegar en ning√ļn momento mis labios de los suyos.
-Sam, enserio, van a preocuparse. Deberíamos irnos.
En vez de escucharme, nos incorporamos de nuevo, mientras él me daba besos en el cuello.
Con eso consiguió derretirme, y correspondí a su beso mientras me abrazaba a su cuello.
Finalmente, Sam volvió a bajar poco a poco las manos, pero entonces le detuve.
-Se ha hecho tarde. Tenemos que irnos.- Dije en un tono que no admitía réplica.
Esta vez no esperé la respuesta. En lugar de eso, me levanté rápidamente, lo que me hizo tambalearme, y me di la vuelta mirando la salida de la cueva.
-Est√° bien. Perdona. V√°monos.- Dijo Sam entre sorprendido y avergonzado.
Salimos de la cueva en un incómodo silencio.
-Entonces, ¿quieres volver ya al pueblo?- Pregunt√≥ Sam.
Asentí con la cabeza.
-Ya es tarde. Y llevo todo el día fuera.
-Est√° bien.
Iba a echar a andar cuando me detuvo Sam cogiéndome del brazo.
-Miriam, espera.
Dudosa, me detuve a la espera de que soltase lo que quisiera decirme.
Me cogi√≥ las dos manos, situ√°ndose enfrente de m√≠, y me mir√≥ fijamente a los ojos. Estaba serio, pero su gesto era cari√Īoso.
-Solo quiero decirte que te quiero. Que no pienses que solo te estoy utilizando para echar un polvo…- Desvi√≥ un segundo la mirada, nervioso.- A partir de ahora marcar√°s t√ļ el ritmo.- Par√≥ un segundo mirando hacia el mar. Entonces me volvi√≥ a mirar a los ojos, algo m√°s seguro de s√≠ mismo.- Bueno que de todas formas, me imagino que despu√©s de lo que te he contado ya te imaginar√°s que esto va enserio… Te quiero mucho reina.

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