domingo, 26 de octubre de 2014

Capítulo XX



Se le ensombreció el gesto de la cara.
-No creo que quieras saberlo.- Dijo serio.
Me quedé un par de segundos sin saber qué decir, descolocada por sus palabras y expresión.
-Sam, no voy a…
-Miriam, por favor. Es mejor que no lo sepas. No me obligues a cont√°rtelo.
Me quedé callada.
-Esto… Est√° bien.
La verdad, me fastidi√≥ que no me lo quisiera contar, pero si era su decisi√≥n…
Estuvimos un rato sin decir nada. Después, Sam trató de relajar el ambiente hablando de nuestro plan de Navidades de ir a ver a Imagine Dragons a Madrid.
-¿Te dije que ya tengo las entradas?
-¿Entradas de qu√©?
-Del concierto.- Le mir√© con gesto de duda.- El de Imagine Dragons de Madrid, ¿te acuerdas?
-¡Ah, vale!- Me re√≠.- Genial.
-Es el día 27 de Diciembre.
-Mm. ¿Tienes un calendario?
Cogió su Smartphone y puso el calendario de ese mes.
-Cae en viernes.
-Ya. Esos días estoy en mi pueblo.- Expliqué pensativa.
Me miró con los ojos muy abiertos.
-¿No vas a poder ir?
-¡Claro que s√≠!- Sonre√≠.- No me lo perder√≠a por nada.- Dije gui√Ī√°ndole un ojo.- Pero yo voy directamente desde mi pueblo. Est√° a una hora de Madrid ciudad.
-Ah, vale.- Se rió el también.
Seguimos hablando la tensión de hacía unos minutos.
*   *   *
-Me apetece un batido.- Dije al ver un puesto de helados y batidos a unos metros.
-A mí también me apetece uno.- Dijo Sam.
-¿De qu√© te lo vas a coger?
-De fresa. Me encanta el batido de fresa.- Dijo sin dudar.
-Yo amaba el batido de fresa cuando era peque√Īa. Pero al final acab√© cans√°ndome de √©l.- Expliqu√© ante su mirada divertida y atenta.- Yo me voy a pedir uno de vainilla.
Nos acercamos al puestecillo y pedimos los batidos. Sam pagó los dos, sin soltarme la mano, y ante mi insistencia en invitar yo.
-Despu√©s te invito yo.- Dije enfurru√Īada.
-Ya veremos.- Dijo divertido d√°ndome un beso.
Fuimos andando por todo el paseo de la costa, mientras tom√°bamos nuestros batidos.
Finalmente, cuando nos cansamos, nos sentamos en un banco de piedra que miraba al mar.
-Me encanta este sitio.- Dije embelesada mirando hacia la playa.
-A mí también. Hacía muchísimo tiempo que no venía.- Dijo, pensativo.
-Yo la √ļltima vez que vine, fue a final de curso, con mis padres y mi hermana. Pasamos el d√≠a en la ciudad y nos compraron una gata, como premio por las notas de ambas.
-No sabía que tuvieses una hermana.
-Hace mucho que no la veo. Est√° estudiando en Estados Unidos, de Erasmus, y pas√≥ todo el verano aqu√≠. Ella odia mi pueblo. La √ļltima vez que la vi fue a finales de verano, un par de semanas antes de que yo empezase las clases.            
-Ah. No lo sabía.
-Ya. Mis padres quieren que yo haga lo mismo, pero no s√© si yo ser√≠a capaz de pasar un a√Īo entero en otro pa√≠s, sin conocer a nadie.
-Ya. Tiene que ser duro, y m√°s teniendo aqu√≠ a tu familia, tus amigos…
-S√≠… Lo bueno es que mi hermana pudo llevarse a la gata.- Dije recordando el d√≠a en que me dieron la noticia.

*         *     *
-Buenas tardes, Miriam. ¿Qu√© tal el instituto?
-Muy bien. He sacado un 8 en el examen de matem√°ticas.- Dije contenta por mi nota.
-Genial.- Me felicitó mi madre.
-Gracias.
-Tenemos que decirte algo.
-¿Qu√© pasa?
-¿Te acuerdas de la beca que solicitamos para tu hermana en Estados Unidos?
-Sí, claro.
-Se la han concedido.
Abrí mucho los ojos.
-¡Eso es genial! ¿Ya lo sabe √Āngela?
-Sí. Está en su cuarto, llamando a Isa. Quería contárselo cuanto antes. Estaba muy emocionada.
En ese momento mi hermana bajaba las escaleras.
-¡Hola Miriam!- Salud√≥ muy alegre. Era una chica muy activa y sonriente, pero se notaba que hoy estaba m√°s contenta de lo normal.
-Hola. Ya me han dicho lo de la beca. Me alegro mucho por ti.
-¡Yo tambi√©n! Pero que sepas que Luna se viene conmigo.
Me quedé de piedra.
-¡Luna no se va a ir contigo!
-Ya he preguntado, y me dejan que me la lleve. Y no la pienso dejar aqu√≠. Adem√°s as√≠ me har√° algo de compa√Ī√≠a. ¡Y no me hagas recordarte lo del finde pasado!
Me sonroj√©. Me cost√≥ aceptar que se llevase a la gata. La hab√≠a cogido mucho cari√Īo, a pesar de que el fin de semana pasado se me olvidase ponerla comida. Recuerdo que cuando vino mi hermana me ech√≥ una bronca…
Puede que sí que fuese a estar mejor con ella.
*    *    *
-¿La dejaron llev√°rsela?
-S√≠. Adem√°s, no se fiaba de dejarla aqu√≠, y as√≠ le har√≠a compa√Ī√≠a.- Expliqu√©.
-¿Qu√© no se fiaba?
-El fin de semana anterior se me olvid√≥ echarla de comer, y mi hermana se molest√≥ bastante…- Expliqu√© avergonzada.
Sam soltó una carcajada.
-Que irresponsable.- Bromeó atrayéndome hacia su pecho y dándome un beso.
-Tonto.- Me quejé sonrojada.
Volvió a reírse.
Seguimos andando, de la mano. Me vino un fugaz recuerdo de cuando paseaba con Marcos por el pueblo, el río, siempre cogidos de la mano. Siempre juntos. O eso decía él entonces. Y ahora no tenía ni una foto de aquel entonces. No tenía más que mis recuerdos.
-¿Miriam?- Me deb√≠a de haber dicho algo y no le hab√≠a escuchado. Me sonroj√©.
-No te he o√≠do. ¿Qu√© dec√≠as?
-¿No me has o√≠do, o no me has escuchado?- Sonri√≥ burl√≥n, haciendo aumentar el color de mis mejillas.
-Perdona. Estaba pensando en otra cosa…
-¿En qu√© pensabas?
-Nada que valga la pena recordar.- Dije tratando de parecer animada.- ¿Nos hacemos una foto?
Me miró divertido.
-Si quieres.
Asentí y cogí mi móvil. Puse la cámara interior y nos juntamos más para la foto.
-Sonr√≠e, ¿eh?- Dije.
Hice varias fotos para elegir la que m√°s nos gustase.
-¿Y este inter√©s repentino por sacarnos una foto? ¿Tiene algo que ver con lo que estabas pensando?
-Tiene que ver con que me gusta guardar recuerdos de los buenos momentos.- Dije tratando de que sonase como si estuviese a la defensiva, aunque me salió más bien algo cursi.
-¿Y para eso te hace falta una foto?- Susurr√≥ acerc√°ndose mucho a mi cara.
Empecé a ponerme nerviosa. Siempre me pasaba cuando alguien se me acercaba tanto. Y más si era Sam.
-No.- Respondí sincera.- Solo me hace falta cerrar los ojos.
Lo √ļltimo que vi antes de que me besase fue su sonrisa.
*   *   *
-¿D√≥nde vamos a comer?- Pregunt√©. Acab√°bamos de llegar al centro y estaba agotada. Hab√≠amos andado mucho esta ma√Īana.
-Mm… No s√©. ¿Qu√© te apetece?
-Lo que t√ļ quieras.
-Algo que llene. Tengo mucha hambre.- Dijo pensativo.- Ya s√©. ¿Te apetece ir al Foster’s?
-¿Es el sitio este de comida americana?
Asintió.
-Sí. No está nada mal de precio y sirven raciones que están muy buenas y son bastante consistentes.
-Vale, como quieras. ¿Est√° lejos?
-Mm… A media hora de aqu√≠ andando.- Sent√≠ que me desvanec√≠a.
-¿Enserio?- Pregunt√© con desalentaci√≥n.
Sam se rió.
-Qu√© va. Est√° a cinco minutos. ¿Est√°s muy cansada t√ļ, no?
-Tonto.
-Sí, pero un tonto enamorado.
-Seguro.
-Me quieres.
-Lo que t√ļ digas.
-Sabes que sí.
Me abrazó por detrás y me dio un beso en el cuello, lo que acabó de derretirme.
-Sí, lo sé.- Dije dándole un beso.
Andamos de la mano hasta llegar al Foster’s. Cuando llegamos, hab√≠a una familia para pedir mesa, pero no estaba tan lleno como esperaba. A√ļn quedaban varias mesas libres, cosa rara un s√°bado al mediod√≠a.
Esperamos pacientes en la cola hasta que le dieran su mesa a la familia, y pedimos una mesa para dos, sin soltarnos la mano.
Un camarero muy simpático, nos condujo hasta una mesa de un rincón, un sitio tranquilo para hablar. Le dimos las gracias y nos sentamos.
Ojeé la carta.
-¿Qu√© vas a pedir?- Pregunt√© sin levantar la vista del men√ļ.
-Mm… Podemos pedir algo para compartir si quieres.
-A  m√≠ me apetecen aros de cebolla.
-Vale. ¿Te apetecen…?
Interrumpió el sonido de mi móvil.
-Pide los aros de cebolla y lo que quieras. No sé, algo de pollo. Enseguida vengo.- Me disculpé.
Era una llamada privada. Tenía un mal presentimiento. De aquí no podía salir nada bueno. Antes de cogerlo, recé porque fuese una broma telefónica.
-¿S√≠?
-Buenas tardes Miriam.- Dijo una voz melosa.- Cuánto tiempo. Tenía ganas de hablar contigo otra vez.- Un escalofrío recorrió mi cuerpo.
-¿Qui√©n eres?- La voz me sonaba mucho, pero no acertaba a decir qui√©n era.
-Me duele que no te acuerdes de mí, querida. Con todo lo que hemos pasado juntos. Pero no te preocupes. Muy pronto lo recordarás todo. Yo mismo me encargaré de ello.- Su voz adquirió un matiz de amenaza.
Empec√© a asustarme. ¿Qui√©n narices era? La voz era suave, aterciopelada, de un hombre joven. Parec√≠a sereno, aunque ten√≠a pinta de tener mucho rencor acumulado que estaba deseando soltar. Y eso solo me asustaba m√°s.
-Dígame quién es.
-Muy pronto, Miriam, muy pronto. Cada vez estoy m√°s cerca, y te dar√© donde m√°s te duele. Como hiciste t√ļ conmigo aquel d√≠a de verano.
-¿Qu√©? ¿Qui√©n es? ¿Oiga?
Sonaron unos pitidos. Hab√≠a colgado. ¿Qui√©n narices ser√≠a? Ten√≠a un mal presentimiento. Algo muy malo iba a pasar, y no iba a hacerse esperar.

viernes, 17 de octubre de 2014

Capítulo XIX



¿C√≥mo pod√≠a conseguir el libro? Tal vez si se lo dec√≠a a Sam, √©l me lo consiguiese… Se lo dir√≠a el lunes en el instituto. Y hasta entonces, a esperar.
*   *   *
No volví a acordarme del libro hasta el jueves. En el recreo de ese día, esperé a Sam en la puerta, como llevaba haciendo toda la semana.
-Buenos días.- Le saludé con una sonrisa nada más verle.
-Buenos d√≠as.- Me salud√≥ con un beso suave en los labios. √öltimamente siempre me saludaba as√≠. ¿Eso quer√≠a decir que ya √©ramos oficialmente novios?
-¿Qu√© tal las clases?
-Aburridas. Además te echaba de menos.- Sonreía.
Me reí. Esto era demasiado perfecto. Sam era demasiado perfecto.
-Yo a ti también. Me encantaría pasar contigo cada segundo de cada minuto de cada hora.- Me brillaban los ojos.
-Te quiero, reina.
Puede que para una persona de fuera, nuestras conversaciones sean de lo más cursis y empalagosas, pero para mí era lo más bonito e increíble del mundo. Cuando estaba con Sam me sentía como en una nube. Ojalá esto nunca acabase.
-Tengo que pedirte un favor.- Dije volviendo a recordar el tema del libro.
-Dime.
-¿Sabes cu√°l es el libro de “La isla de los √°ngeles ca√≠dos”?
Me miró sorprendido.
-S√≠, claro. ¿Por?
-Vi un ejemplar hace ya tiempo, pero ya no… tengo acceso a √©l.- Expliqu√©.- Me gustar√≠a volver a leerlo, esta vez no como si fuese una novela de ficci√≥n, sino conociendo desde el principio en qu√© consiste en realidad.
Sam permaneció pensativo unos segundos.
-Abel tiene uno.- Dijo finalmente.
-¿Qui√©n es Abel?
-Abel es el hombre del que te hablé el otro día.
-Ah. ¿Y crees que √©l me lo dejar√°?
-No s√©, Miriam… ¿Para qu√© lo quieres? Es un libro muy valioso, a m√≠ nunca me dejaba sacarlo de su casa, cuando me mandaba estudiarlo.
-¿Te mandaba estudiarlo?
-Sí, bueno. Cuando me ayudó, una de las partes de ello, fue informarme sobre lo que era, y todo eso.
-Ah. Vaya…
-De todas formas yo se lo pedir√©, pero me extra√Īar√≠a mucho que accediese a dej√°rselo a alguien que ni siquiera conoce en persona.
-Ya.
-Francamente, me parece muy raro que hubiese alguien que te prestase el otro ejemplar que leíste.
Me sonrojé.
-En realidad, no me lo prestaron, exactamente.
Sam me miró con gesto de duda, pero enseguida soltó una carcajada.
-Que mala Miriam. Anda que robar el libro…
-¡No lo rob√©!- Me defend√≠.- Despu√©s lo devolv√≠…
Bueno, m√°s bien, me lo quit√≥ Marcos… Record√© el d√≠a en que lo descubri√≥ en mi cuarto. Ese d√≠a me sent√≠ fatal por estropearlo todo. Si supiese c√≥mo iban a acabar las cosas, no me habr√≠a remordido tanto la conciencia.
Sam volvió a reírse.
-¿Lo devolviste, o descubrieron que te lo hab√≠as llevado?
¿C√≥mo lo sab√≠a?
-Bueno, yo…- Balbuce√©.
-Tranquila, no tienes que darme explicaciones.
Se inclinó a darme un beso suave en los labios. Cuando se separó de mí, yo ya estaba visiblemente más relajada.
-¿Tienes algo que estudiar para el finde que viene? Osea, este no, el siguiente.
-Tengo un examen de bioqu√≠mica esa semana, ¿por?
-Hab√≠a pensado que pod√≠amos ir a pasar el s√°bado a la capital. No s√©, dar una vuelta por el centro, comer algo por ah√≠, ir al cine…- Sonri√≥ contento de haber captado mi atenci√≥n.
-Estaría genial.- Dije sin pensar en los exámenes, ni en el transporte.
-Perfecto. 
-Tenía ganas de ir a la capital.
-Me alegro de que te apetezca.
-¿Cu√°nto se tarda en llegar all√≠? Quiero decir, ¿c√≥mo pensamos ir?- Dije recordando que ninguno de los dos ten√≠amos carn√© de conducir ni coche.
-Tres cuartos de hora en tren. No es mucho. Y adem√°s el billete es muy barato.
Problema resuelto.
-¿Y cada cu√°nto pasan los trenes?
-Podemos coger el de las 12 del mediodía para ir, y para volver, pasan trenes hasta las 11 y media, siendo fin de semana.
-Lo tienes todo controlado, ¿eh?- Dije con una mezcla de burla y asombro.
Me gui√Ī√≥ un ojo.
-No lo dudes.
Reí.
-Muy bien. Consultar√© mi agenda, y si tengo un hueco…- Brome√©.
-Oh, entonces d√©jalo.- Me interrumpi√≥ Sam.- Tambi√©n hab√≠a pensado en dec√≠rselo a una chica de mi clase, as√≠ que si t√ļ no vas a poder…
-Tonto.- Le golpeé suave en el brazo. Sam se rió.
-Encima de que empezaste t√ļ…- Se quej√≥ divertido.
Y entre bromas, tocó el timbre que anunciaba el nuevo comienzo de las clases
*   *   *
Me había costado convencer a mis padres para que me dejasen ir a la capital en tren, y con exámenes a la vista, pero después de insistir mucho lo había conseguido.
Me desperté con tiempo para poder prepararme sin prisas.
Despu√©s de ducharme, fui al armario para decidir qu√© ponerme. Empezaba a hacer fr√≠o, pero hac√≠a sol, as√≠ que me puse mi falda de vuelo granate con unas medias negras trasl√ļcidas debajo. Me calc√© unas bailarinas, y de parte de arriba me puse una camiseta de tirantes y un jersey corto blanco.
Cuando termin√© de vestirme, fui al ba√Īo a peinarme. Me cepill√© bien el pelo, y ya que me sobraba tiempo, con las planchas me hice unos tirabuzones en la parte delantera.
Por √ļltimo, me pint√© la raya del ojo, y me puse un poco de r√≠mel. Lista.
Cog√≠ mi bolso peque√Īo negro y met√≠ dentro la cartera, el iPod con los cascos, y el m√≥vil.
Cuando baj√© a la planta de abajo, mis padres a√ļn no hab√≠an ido a desayunar. Alguien estaba duch√°ndose en el ba√Īo, y  me imagino que el otro seguir√≠a durmiendo.
No tenía demasiada hambre, así que solo me tomé un vaso de descafeinado con dos galletas.
Cuando fui a lavarme los dientes, me crucé con mi padre en el pasillo.
-Qu√© guapa te has puesto, ¿no?
-Gracias.
-¿Ya te vas?
-S√≠, voy un segundo al ba√Īo y salgo.
-Ten cuidado, ¿eh?
-S√≠, s√≠. ¿Vosotros qu√© vais a hacer?
-Supongo que iremos a comer por ah√≠. Despu√©s iremos a dar un paseo por la playa. ¿Seguro que no quieres quedarte?
- Seguro. No te preocupes.
Mi padre se encogió de hombros, y yo seguí mi camino.
*   *   *
Cuando llegué a las estaciones, Sam estaba de espaldas, mirando un tablón con los horarios de los trenes.
Me acerqué silenciosamente hasta estar a unos pocos centímetros de su espalda, y le tapé los ojos con las manos.
-Buenos días, Miriam.- Dijo con voz suave al segundo.
Me cogió las manos y se dio la vuelta.
-Buenos días.- Saludé.
-¿C√≥mo est√°s?
-Bien. Tenía ganas de lo de hoy.- Dije contenta.
-Yo también.- Admitió, sonriente.
De la mano, compramos los tickets y pasamos a la estaci√≥n. Todav√≠a quedaban unos minutos para que saliese el tren, as√≠ que aprovechamos para comprar unas chocolatinas para el viaje y una botellita de agua peque√Īa.
Cuando subimos al tren, a√ļn quedaban cinco minutos.
-¿Sabes? Est√°s guap√≠sima.- Dijo Sam cuando nos sentamos.
Sonrojada, sonreí.
-Gracias.
Me rodeó con el brazo y apoyé la cabeza en su hombro.
-Cuéntame algo de ti.- Pedí.
-Mm. ¿Qu√© quieres que te cuente?
-No s√©. ¿C√≥mo era tu hermano?
Su expresión reflejaba melancolía. Empezó a hablar mientras miraba por la ventanilla. El tren estaba arrancando.
-Era el típico chico que os encanta a las chicas. Guapo, atlético, listo y simpático. Yo siempre quise ser como él. Era mi modelo a seguir.
-Vaya.- Me impresionó la admiración con la que hablaba de él.- Entonces os parecíais.- Sonreí.
Sam rió.
-Ojalá. Me gustaría verle, saber qué ha sido de él.
-Ya… Lo entiendo.
-Espero que est√© bien. Quiero decir, la √ļltima vez que le vi, estaba huyendo con mi madre para salvarse. No podr√≠a soportar que le hubiesen hecho algo para vengarse de mi error.
-¿Y tu madre?
-Mi madre… No la guardo rencor, entiendo que quisiese proteger al menos a uno de sus hijos al ver que no podr√≠a salvar a los dos, pero no siento l√°stima por ella. Quiero decir, ella no se preocup√≥ por m√≠ en su momento, y yo no me preocupo por lo que la haya podido pasar.
Sonaba cruel, pero en el fondo supongo que era justo. No sé que habría hecho yo en su lugar. Probablemente rendirme.
-Ah.
-No hace falta que sientas lástima por mí.- Dijo como si me leyese el pensamiento. En el fondo merezco todo lo que pasó.
-No digas eso.- Dije con expresi√≥n sorprendida. ¿C√≥mo pod√≠a pensarlo siquiera?
-Cr√©eme si te digo que s√≠. Adem√°s, hay personas que lo pasaron a√ļn peor entonces, por mi culpa.
Me quedé pensativa. Prefería no imaginar a qué se refería, aunque no podía evitar pensar en la posibilidad de que Lucas tuviese algo de razón.
-Sam, ¿qu√© es eso tan terrible que has hecho?- Pregunt√© por fin.