viernes, 10 de octubre de 2014

Capítulo XVIII



Me conmovió una vez más en el mismo día su tono sincero al decir que me quería.
-Yo también te quiero Sam.
*   *   *
Cuando llegué a casa, eran ya las siete de la tarde.
Fui al salón, pero mis padres no estaban. Habrían salido a dar un paseo.
Después fui a la cocina a coger algo de comer.
Me eché un cola cao y lo puse en una bandeja con unas galletas integrales. Cuando estuvo todo, llevé la bandeja al salón y me puse la tele.
Estaban echando mujeres y hombres y viceversa, y me qued√© vi√©ndolo entretenida. Normalmente nunca lo ve√≠a, porque mi madre le ten√≠a un asco tremendo al programa, pero ya que no estaba y no daban otra cosa…
Cuando me acab√© la leche y las galletas, lo met√≠ todo al lavavajillas y fui a darme una ducha. A√ļn no me hab√≠a quitado el salitre de mi “ca√≠da” al agua. Cuando termin√©, me cepill√© el pelo y me lo sequ√©. Despu√©s me puse mi pijama de snoopy.
Terminé de vestirme al tiempo que llegaban mis padres del paseo.
-¿Miriam? ¿Est√°s ya en casa?- La voz de mi padre son√≥ desde la planta de abajo.
-Sí, esperad, que ya bajo.
Recog√≠ el ba√Īo y baj√© corriendo las escaleras.
-¡Cu√°nto tiempo!- Apunt√≥ mi madre sarc√°stica.
-Ya.
-¿Qu√© tal te lo has pasado?
-Muy bien.- Respondí sincera.
-Me alegro. ¿Ya has cenado?
-No, pero he merendado hace nada y no tengo mucho hambre.
-Está bien. De todas formas ahora cuando vayamos a cenar papá y yo te llamamos para que vengas a tomarte algo de fruta y nos cuentas qué tal el día.
-Claro.
Asentí y de seguido subí a mi cuarto. Quería mirar una cosa
Encendí el ordenador y me metí en la página de hollister. Quería un pantalón corto de chándal que había visto en una foto de twitter.
De la que cargaba, puse una lista de reproducci√≥n de youtube. Sonaba la canci√≥n de “Oye ni√Īa”.
Volví a la página de hollister y busqué el pantalón. Cuando lo encontré miré a ver si estaba la talla y el color. Tardaba 5 días en llegar si se pedía por internet, así que comprobé la disponibilidad en tienda.
Me interrumpió una notificación del Skype. Me metí en la página. Era una petición de videollamada de Sam. Me hizo casi más ilusión de la que debería.
Antes de aceptar, me peiné un poco con los dedos. Cogí aire y acepté la videollamada.
Primero me vi a mí misma en el panelito de la esquina inferior izquierda. Después de unos segundos apareció Sam en el resto de la pantalla.
Estaba guapísimo. Como hace unas horas. Como siempre.
Se había cambiado, ahora llevaba una camiseta que debía usar para dormir, pero que le quedaba genial.
-¿C√≥mo est√°s, reina?- Pregunt√≥ despu√©s de comprobar que la conexi√≥n funcionaba correctamente.
-Cansada.- Sonreí. Sonrió.
-¿Te lo has pasado bien hoy?
Tardé un segundo en encontrar las palabras adecuadas.
-Un montón. Ha sido increíble.
Sam sonrió complacido.
-Me alegro.
-Y yo.
-Ya volveremos allí otro día. Si quieres.
-¡Claro que quiero!- Respond√≠ entusiasmada.
Sam se rió.
-¿Sabes? Eres la primera persona a la que le ense√Īo ese sitio.- Sus ojos grises brillaban.
Me conmovió su tono, y el hecho de que solo hubiese confiado en mí para compartir ese sitio. Su guarida. Su escondite secreto.
-Gracias por ense√Ī√°rmelo.
-No las des.
-Hay una cosa que no entiendo.- Comenc√©. Le hab√≠a estado dando vueltas desde hac√≠a un rato a la misma cuesti√≥n, y quer√≠a aprovechar el momento para pregunt√°rselo.- Si el hombre ese que te ayud√≥ tanto, sab√≠a tantas cosas del mundo de… los √°ngeles… ¿Por qu√© te ha dejado cont√°rmelo?
-¿Eso a qu√© viene?
-A ver, no es que me gustar√≠a que no me hubieses dicho nada, simplemente es que ya s√© que supuestamente ten√©is prohibido contarle nada a ning√ļn mortal. Al confiar en m√≠ te has puesto en peligro. Si los √°ngeles del Consejo te descubren…
Al otro lado de la cámara, comprobé como la duda y el asombro se apoderaban de su expresión, pero enseguida volvió a sonreír.
-Vaya. No sabía que supieses tanto del tema.
-Ya.- Esperé su respuesta.
-Miriam, t√ļ no eres del todo mortal, eso lo primero.- Era una buena raz√≥n. Era una Samyaza, ya lo hab√≠a comprobado.- Adem√°s, si fuese por los del Consejo, ya estar√≠a muerto. Un incumplimiento m√°s de la ley no va a cambiar mucho las cosas.
Me sorprendió la entereza y la seguridad con la que lo dijo.
-Ah.
Me sonrió.
-Me encanta esta canción.
Por los altavoces del ordenador sonaba la canci√≥n que estaba puesta en el iPod de Sam.  Enseguida reconoc√≠ la letra de “Tan solo un segundo”.
-A mí también.
Sonreí mientras veía que Sam subía el volumen y acercaba el iPod a su ordenador.
Yo también subí el volumen de mi ordenador y empecé a cantar la canción , primero suavemente, y luego fui subiendo el tono.
Sam se reía y me hacía los coros, desafinando un montón.
Cantamos el estribillo al unísono, entre risas.
Sam cantaba exagerando mucho los gestos, y yo empec√© a balancearme al son de la m√ļsica.
Estuvimos así cuatro canciones más, hasta que cansada, me tiré encima de la cama. Me dolía la tripa de la risa de ver a Sam cantando y bailando. Se le daba realmente mal. Y eso solo hacía que me gustase más.
Cuando me recuperé, volví a sentarme en la silla y miré la pantalla del ordenador. A otro lado, Sam, había ido a por un vaso de agua y estaba bebiendo.
Espere a que acabase para hablar.
-Ojalá estuvieses aquí conmigo.- Dije con voz melancólica.
-No s√© si a tus padres les har√≠a mucha gracia…- Brome√≥ arrugando la nariz.
Me reí.
-Yo tampoco. Pero qui√©n sabe. Igual les caer√≠as bien.- Le gui√Ī√© un ojo divertida.
-Eso no lo dudes.- Exclamó con expresión ofendida.
-Mm… Si t√ļ lo dices…
Sam me dirigió una mirada fulminante.
-Tonta.
-Una tonta enamorada.- Sonreí.
Nada más decirlo me arrepentí. Dios, qué raro había quedado eso. No sabía por qué lo había dicho. Bueno, en realidad sí. Porque era verdad.
-Oh.- Dijo mir√°ndome con una media sonrisa y los ojos brillantes.
Eso solo hizo aumentar el calor de mis mejillas.
-Igual deber√≠a irme…- Dije sonrojada.
-Quédate un rato más, anda.- Pidió sonriendo.- Que ya te estoy echando de menos.
Iba a contestar, cuando de repente, el rostro de Sam se ensombreci√≥. Acababa de empezar a sonar la canci√≥n de “Olvidarte”, de Felipe Santos.
Apenas hab√≠a sonado la primera frase de la canci√≥n, cuando cogi√≥ el iPod y la cambi√≥. Ten√≠a el ce√Īo fruncido.
-Hay canciones que no sé por qué sigo teniendo.- Explicó al ver mi expresión confundida. Tengo que actualizar la biblioteca musical.
-Ah.- El ambiente se hab√≠a puesto tenso de repente. En un intento por arreglar la situaci√≥n, contest√© a lo que me dijo antes Sam.- Esto… Yo tambi√©n te echo de menos.
Sam pareció relajarse un poco.
-Ma√Īana tengo que estudiar, y que arreglar unos asuntos. Si quieres el lunes te paso a buscar.
-Claro. Entonces, ¿hasta el lunes?
-Eso nunca se sabe.- Me gui√Ī√≥ un ojo.
Había algo diferente en su expresión.
-Bueno, pues… Hasta pronto.- Repuse.
-Hasta pronto.- Me sonrió.
Después de despedirnos, desconecté la cámara. Acto seguido, cerré la sesión del skype.
Segu√≠a abierto youtube y la p√°gina de hollister. Guard√© el enlace con el pantal√≥n para mirarlo mejor otro d√≠a, y cerr√© la pesta√Īa de youtube. Quer√≠a mirar otra cosa.
Me metí en el buscador de google y empecé a escribir.
“La isla de los √°ngeles ca√≠dos”
Hab√≠a varios resultados. Hab√≠a varios blogs, as√≠ que concret√© m√°s la b√ļsqueda. Lo busque como libro.
Había varios resultados. Me metí en la página de la biblioteca municipal.
Como había supuesto, no estaba. Me metí en varias páginas más, pero no lo encontré en ninguna.
Entonces recordé algo que había oído acerca del libro. Solo había unos pocos ejemplares en el mundo. Y ya sabía quién tenía uno de ellos.
O por lo menos lo sospechaba.
¿No hab√≠a dicho Sam que el hombre ese ten√≠a muchos conocimientos acerca del mundo de los √°ngeles y todas su leyes? √Čl ten√≠a que tener otro libro.

2 comentarios:

  1. Me encantan las novelas, por supuesto que me tomare el tiempo de leerla y te dire que me parece, gracias por pasarte a mi blog :) ya te sigo :D besos

    -Mare http://missmeoow.blogspot.mx/

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