martes, 25 de noviembre de 2014

Capítulo XXV



-¿Dejarte?- Neg√≥ con la cabeza.- No te estoy dejando. Simplemente te estoy dando el tiempo que no has sido capaz de pedirme.
Tragu√© saliva. ¿No ven√≠a a ser lo mismo?
-¿Entonces…?
-Entonces, creo que tenemos que darnos un tiempo. T√ļ necesitas reflexionar, y cerrar de una vez por todas, la herida que ese tal Marcos dej√≥ abierta. Y si una vez lo hayas hecho, seguimos queriendo estar juntos, perfecto.
-Aj√°.- Dije casi en un susurro.
-Igual tenemos que ir volviendo al instituto.
No respondí. Me limité a hacer un leve asentimiento de cabeza. No podía dejar de darle vueltas a lo que me había dicho.
Lo peor de todo, es que ten√≠a raz√≥n. Despu√©s de todo lo que hab√≠a estado pasando por mis pensamientos los √ļltimos d√≠as, tendr√≠a que haber sido yo la que le hubiese pedido un tiempo. Un par√©ntesis en nuestra relaci√≥n que me hubiese permitido centrarme en olvidar a Marcos de una vez por todas.
Dicen que una de las cosas más difíciles de dejar y olvidar son las drogas, una vez que te has enganchado. No podía decirlo con seguridad porque no tenía la experiencia, pero sinceramente, creo que esto estaba siendo el doble de difícil.
Cuando llegamos al instituto, me crucé con Jana, que estaba hablando con un chico que había repetido de su clase. Era amigo de Lucas, había estado con él varias veces. Se llamaba Nacho, y era muy majo.
-Hola.- Les saludé de pasada.
-Miriam, espera. Est√°bamos hablando de la fiesta de cumplea√Īos de Lucas.
Me volv√≠, y extra√Īada, no vi a Sam por ninguna parte. Suspir√© resignada y me volv√≠ hacia Jana.
-Creo que al final sí que me apunto.- Dije sin darle muchas vueltas. Necesitaba desconectar un día de todo. De Marcos, de Sam, de estudiar y del tipo misterioso de las llamadas y la carta.
-¡Qu√© bien!- Dijo con una gran sonrisa.- Me alegro de que quieras venir. Al final vamos a hacer la fiesta en la Playa Cari√Īo. Dan sol todo el d√≠a. Hemos tenido suerte.- Dijo sonriente.
-¿Qu√© vamos a hacer?- Pregunt√©, aunque pod√≠a hacerme una idea.
-Isa se va a encargar de las bebidas, con ayuda de su prima y de Nacho.- Dijo mir√°ndole.
-Tranquila que tambi√©n habr√° refrescos normales para ti, nena.- Dijo gui√Ī√°ndome un ojo.
-¿Qui√©n te dice que solo vaya a beber refrescos normales?- Repliqu√©.
Me miró con una sonrisa sorprendida.
-¿Acaso no va a ser as√≠?
-Nunca se sabe.- Dije en tono misterioso, con una sonrisa de suficiencia.
Jana se rió divertida.
-Manu iba a llevar unos altavoces que tiene. Los va a conectar a la furgoneta. Ya he preparado un pen-drive con las canciones que me han ido diciendo. Si a ti se te ocurre alguna, ya me dices.
-Est√° bien.
-Tambi√©n vamos a colocar globos de colores por la barandilla de la rampa, y por las rocas cercanas a donde nos vayamos a poner. Por √ļltimo, acondicionaremos un lugar de la playa para hacer una hoguera, a lo campamento de verano, para por la noche. No me acuerdo ahora mismo de qui√©n, pero alguien dijo que sab√≠a hacerlo.
-Tiene buena pinta.
Realmente tenía muy buena pinta. Seguro que a Lucas le encantaba.
-Pero anochece muy pronto. Enseguida nos vamos a quedar sin luz.
-Habíamos pensado en poner las largas de los coches apuntando hacia la playa.- Nacho se encogió de hombros.- No hay muchas más opciones.
Sonaba un poco cutre, pero la idea estaba bastante bien, en general.
-¿Yo no hago nada?
-Yo creo que no hace falta.- Dijo Jana volviéndose hacia Nacho. Este se encogió de hombros.
-Yo igual. Creo que ya est√° todo.
-Vale. Si necesitáis cualquier cosa, ya me decís.
-Solo una cosa, Miriam…- Dijo Jana, con tono delicado. La mir√© extra√Īada. Por su expresi√≥n, supe que no me iba a decir nada bueno.
-¿Qu√© pasa?- Dije en tono desconfiado.
-Ser√≠a mejor que Sam no te acompa√Īase… Ya sabes que Lucas y √©l no son mejores amigos precisamente.- Dijo midiendo cuidadosamente cada palabra.
Suspiré. Por una parte me alivió que solo fuera eso. Por otra, volvieron a mi mente sus palabras de antes.
-Est√° bien.
Jana me miró con gesto sorprendido.
-Me alegro de que lo comprendas. Es que no creo que fuese buena idea, teniendo en cuenta lo que hizo Sam, y lo mal que se llevan y eso… Y como es el cumplea√Īos de Lucas, pues…
-Jana, ¿t√ļ sabes qu√© es lo que hizo Sam?- Me sorprendieron sus palabras. Hablaba como si supiese perfectamente por qu√© Lucas le odiaba. ¿Es qu√© todos lo sab√≠an menos yo?
Se volvió a mirarme.
-¿T√ļ no lo sabes?
Negué con la cabeza.
-¿Qu√© fue lo que hizo para que ahora se odien tanto?
Jana dudó unos segundos.
-Chicas, yo me voy yendo a clase.- Se despidió Nacho al comprobar que habíamos llegado a un punto de la conversación muy delicado.
Le despedimos sin mucho afán. Observé a Jana expectante, que desvió la mirada dándole vueltas al asunto.
-¿Y bien?
-Miriam, no creo que sea yo la que deba cont√°rtelo. No tiene nada que ver conmigo, y es algo demasiado serio para que te enteres por terceras personas. ¿Por qu√© no le pides a Sam que te lo cuente?
Iba a replicar, pero Jana tenía razón. No era a ella a quien debía pedir explicaciones.
En ese momento, son√≥ el timbre, y fuimos juntas a clase. Tocaba Ciencias de la tierra y Medioambiente. Era de las asignaturas m√°s f√°ciles de este curso. Me alegr√© de que tocase una clase m√°s relajada ahora. Seg√ļn c√≥mo ten√≠a la cabeza…
-¿Crees que si le digo a Lucas que me lo cuente me lo dir√°?
-Supongo.- Respondi√≥ Jana mientras el profesor nos daba la materia de hoy.- ¿Pero por qu√© no se lo preguntas a Sam?
Iba a responder, cuando vi que el profesor nos dirigía una mirada de reproche. Tal vez era mejor idea esperar al cambio de clase para hablar.
Cuando sonó el timbre, Jana se levantó casi de inmediato.
-Jana, Sam y yo… nos hemos dado un tiempo.- Dije seleccionando las palabras cuidadosamente.
Mi amiga abrió los ojos como platos. Se había parado en seco.
-¿Qu√© dices? ¿Enserio?- Parec√≠a francamente sorprendida.
Asent√≠. No sab√≠a qu√© m√°s a√Īadir.
-Hay cosas que no estaban yendo demasiado bien.
Pasaron unos segundos mientras Jana acababa de asimilarlo.
-Jo, qué pena. Hacíais muy buena pareja.- Dijo finalmente.
-Gracias.- Respondí, escueta.
El siguiente profesor, llegó antes de lo acostumbrado, y no pudimos hablar nada más. Además, la siguiente hora no teníamos la misma clase.
Traté de atender lo máximo posible a las indicaciones del profesor de química, pero me resulto prácticamente imposible. Tenía la cabeza en otro sitio.
Nada más sonó el timbre, recogí mis cosas rápidamente, y salí del instituto.
-Miriam, espera.- Me llamó Jana cuando ya me estaba alejando.
Me volví sin mucho ánimo de hablar.
-Dime.
-Mi ni√Īa, solo quer√≠a decirte que siento mucho lo de Sam.- Dijo con expresi√≥n comprensiva y apenada.- No pienses en ello, ¿vale? No merece la pena comerse la cabeza con esas cosas.
-No te preocupes.- Dije con la voz rota.


Jana me dio un abrazo, acarici√°ndome el pelo.
-Enserio, no estés mal.
Entonces, una l√°grima cay√≥ por mi mejilla. Y despu√©s otra, y otra m√°s. Y en ese momento, liber√© todas las l√°grimas que llevaba d√≠as aguantando. Toda la tristeza y estr√©s contenido en los √ļltimos d√≠as. Y justo entonces comprend√≠ que no hab√≠a avanzado nada en mi objetivo de olvidar a Marcos. Porque por primera vez desde hac√≠a ya tiempo, me di cuenta de que a√ļn le quer√≠a. Por mucho que hubiera intentado convencerme de lo contrario.
-Cari√Īo…- Jana ten√≠a expresi√≥n de preocupaci√≥n, pero no dej√≥ de abrazarme.
Cuando por fin me hube calmado, nos separamos. Jana me colocó un mechón de pelo detrás de la oreja.
-Ese chico es tonto. Si al final tenía razón Lucas, y no merecía la pena.
Negué con la cabeza.
-No Jana. La que es tonta soy yo. Por creer que esto podía funcionar.
-¡Ni se te ocurra culparte de esto, nena!
Esbocé una sonrisa amarga.
-Créeme. No es tan malo como parece. Y creo que ya se lo que tengo que hacer ahora.
Me miró con pinta de no entender nada.
-¿Qu√© quieres decir?
-Tengo que irme. Te veo ma√Īana en la fiesta.
Jana se qued√≥ parada unos segundos. Despu√©s reaccion√≥, a√ļn extra√Īada.
-¡A las cuatro en la pasarela de la Playa Cari√Īo para empezar a prepararlo todo!- Grit√≥ mientras yo me alejaba.
Levanté el pulgar sin pararme para indicarle que lo había entendido.
Anduve r√°pido hasta llegar a mi casa. Estaba nerviosa.
Apenas hablé con mis padres durante la comida, y nada más acabar, les ayudé a recoger y me subí a mi cuarto.
Entonces me acordé de que no tenía móvil. Adiós a lo que había planeado.
Estuve unos segundos sin saber qué hacer a continuación.
Pensamientos sobre Marcos, y Sam, y el personaje misterioso, daban vueltas en mi cabeza. Por un momento se me pasó por la cabeza la idea de que hace unos meses no me habría podido imaginar nada de lo que me había pasado. Cuánto habían cambiado las cosas en tan poco tiempo.
Entonces vino una idea a mi mente. Pedirles el m√≥vil a mis padres ser√≠a in√ļtil, pero hab√≠a otra forma de llamar.
Cogí mi cartera, papel y boli y salí a la calle casi corriendo.
Miré a mi alrededor en busca de una cabina telefónica. Vi casi en la otra punta de la calle. Con paso rápido, anduve hacia allí.
Una vez en la cabina, marqu√© el n√ļmero de Sara, que me sab√≠a de memoria. Necesitaba pedirla el n√ļmero de Marcos. Solo lo ten√≠a en el m√≥vil, y no pod√≠a esperar m√°s.
-¿Diga?
-¡Hola! ¿C√≥mo est√°s?
-¿Miriam?
-Sí, soy yo.
-¡Cu√°nto tiempo! ¿Desde d√≥nde llamas?
-Es una  cabina telef√≥nica. Es una larga historia.- Me encog√≠ de hombros.
-Ah. ¿Qu√© tal por el Ferrol?
-Bueno. Ah√≠ vamos.- Sonre√≠. Decirle que estaba bien habr√≠a sido mentir bastante. No era precisamente la palabra que mejor defin√≠a mi estado actual.- ¿T√ļ c√≥mo est√°s?
-Muy bien. Echando de menos a Jake. Solo puedo verle los fines de semana. En un rato llega en el tren.
-Me alegro. Bueno, no te quería entretener mucho. Solo quería pedirte una cosa.
-Lo que quieras. ¿Qu√© pasa?
-Necesito el n√ļmero de m√≥vil de Marcos.- Dije en tono tranquilo.
Hubo un par de segundos de silencio. Incluso comprobé que la comunicación no se había cortado.
-¿Perd√≥n?
Suspiré. Sabía que Sara no aprobaría mi decisión, pero lo necesitaba. Y puede que no fuera lo correcto, pero era lo que me hacía falta en este momento.
-Tengo que hablar con él.
-No creo que sea buena idea.
-Yo tampoco. Pero tengo que hacerlo, Sara.
-No, no tienes por qu√©. Lim√≠tate a olvidarle. Es un cabr√≥n, no se merece que le llames. ¿Acaso te ha llamado √©l en todo este tiempo? ¿Te ha mandado un m√≠sero mensaje desde que te fuiste? ¿O tal vez est√° demasiado ocupado d√°ndose el lote con Julia?
Se me hizo un nudo en la garganta. Luché por qué las lágrimas no me inundasen. Hice un esfuerzo para seguir hablando con normalidad.
-En cualquier caso, eso es decisi√≥n m√≠a. As√≠ que, por favor, dame el n√ļmero de tel√©fono de Marcos.- Silencio. De nuevo pens√© que se hab√≠a ido.- ¿Sara?
Miré la pantallita de la cabina. Seguía corriendo el tiempo de la llamada.
Volv√≠ a llamarla sin respuesta. Ya iba a colgar extra√Īada, cuando Sara empez√≥ a dictar el n√ļmero. R√°pidamente, lo apunt√© en la hoja que hab√≠a sacado.
-Miriam, por √ļltima vez. De verdad que no creo que sea buena idea llamarle.
-Le voy a llamar.- Dije con tono firme.
Se oyó un suspiro resignado al otro lado de la línea.
-Como quieras. Pero si no te coge, prométeme que le olvidarás. Prométeme que no le darás más oportunidades. No se las merece, y tu tampoco mereces sufrir más. Esto ya es bastante
Cogí aire.
-Te lo prometo.
Otro suspiro.
-Ya me contar√°s. Suerte.
-Gracias por todo, Sara.
Nos despedimos, y colgué el teléfono. Todavía me quedaban monedas para una llamada más.
Se lo hab√≠a prometido a Sara. Una √ļltima llamada. Si no lo cog√≠a, le olvidar√≠a para siempre. Y en eso ella ten√≠a raz√≥n. No se merec√≠a m√°s que eso.
Pero, ¿y si lo cog√≠a?
Me imagino que si lo cog√≠a, hablar√≠amos de lo que ocurri√≥. ¿Le gritar√≠a? ¿Discutir√≠amos? En realidad, lo dudaba. Me imaginaba una conversaci√≥n tranquila, sin rencores, pero poniendo todas las cartas sobre la mesa.
Aunque muy en el fondo, dudaba mucho que eso pasase. Francamente, esperaba que colgase, como la otra vez.
Recordé el día en que creí verle estando con Carla. El muy imbécil me colgó antes de que diese el tercer pitido de establecimiento de llamada.
Volv√≠ a concentrarme en el papel con el n√ļmero apuntado.
Marqu√© el n√ļmero lentamente. Repas√© que hubiese escrito bien todos los d√≠gitos.
Una √ļltima vez, record√© sus ojos azules, su mirada brillante cuando me dec√≠a que me quer√≠a. La verdad, de todas sus mentiras, esa fue mi favorita.
Pero, ¿era posible que una persona mintiese tan bien?
Pronto lo descubriría.
Repas√© el n√ļmero una √ļltima vez, y le di al bot√≥n de llamar.
Guardé el aliento. La suerte estaba echada.
Una √ļltima prueba. Una √ļltima oportunidad. Eso es lo que quedaba.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Capítulo XXIV



Se te acabó el tiempo. Te encontré, y ya ha empezado la cuenta atrás. En menos de diez días, por fin me vengaré. Llevo meses esperando este momento. Te queda menos, mi querida Samyaza.
PD: Ninguna historia se vive dos veces. Cuidado con lo que quieres.
¿Qui√©n narices podr√≠a ser? No dejaba de darle vueltas, pero no se me ocurr√≠a nada.
Las palabras de la carta daban vueltas y m√°s vueltas en mi cabeza, pero no consegu√≠a terminar de encajarlas. Que yo recordase no le hab√≠a hecho demasiado mal a nadie √ļltimamente.
En todo caso a Axel, pero eso ya hab√≠a quedado descartado hac√≠a tiempo. √Čl estaba muerto, estaba casi segura de ello. No pod√≠a ser √©l, ¿verdad?
También podía ser una broma de muy mal gusto. No sé cómo puede haber gente a la que le gusten y diviertan este tipo de bromas, pero sé que las hay. Siempre me podía haber tocado ser víctima de una de estas bromas.
Pero, en caso de que fuese as√≠, ¿cu√°ndo iba a parar? Porque estaba empezando a darme muy mala espina el asunto. Un escalofr√≠o recorri√≥ mi cuerpo al pensarlo.
Pero no podía ser eso. No podía ser un sencillo adolescente aburrido al que se le había ocurrido vacilarme con una broma macabra para echarse unas risas. Sabía lo que era. Porque por mucho que hubiera intentado dejar atrás ese pasado no muy lejano, y corto, no dejaba de ser una Samyaza.
Volví a leer la carta por enésima vez. Estaba escrita a mano, con una caligrafía hermosa y muy cuidada. Por supuesto, no había firma, y tampoco fecha de escritura. Solo estaba el mensaje. Le di varias vueltas al papel en busca de alguna pista oculta, pero no vi nada. También volví a mirar dentro del sobre, pero con el mismo resultado.
Madre mía, me estaba rayando un montón con la tontería.
Despu√©s de pasar un par de minutos m√°s pensando en ello, finalmente decid√≠ apartar el sobre y ponerme de nuevo con los libros. Quer√≠a terminar de aprovechar la tarde, y me puse a escribir una redacci√≥n que nos hab√≠an mandado para lengua y literatura sobre las nuevas tecnolog√≠as. “Apasionante”, pens√© sarc√°sticamente sin √°nimos.
Cuando me faltaban un par de líneas para terminar, mi padre llamó a mi puerta.
-¿Est√°s ocupada?
-Estoy terminando una redacci√≥n para lengua. ¿Por?
-Era para hablar con Vero. Tienes que ponernos el Skype, y me imagino que t√ļ tambi√©n querr√°s saludarla. ¿Te falta mucho para acabar con eso?
-Qu√© va. Tardo un minuto. Enseguida bajo. Id encendiendo el ordenador de mientras si eso…
-Vale. Te esperamos en el salón.
Cerró la puerta y yo volví a concentrarme en acabar la conclusión. No era uno de mis trabajos más brillantes, pero hoy no me encontraba inspirada como para hacer algo mejor.
Guarde cuidadosamente la hoja en mi archivador azul y lo cerré.
Cuando terminé, bajé al salón, donde me esperaban mis padres sentados en el sofá.
-¿Ya terminaste?
Asentí con la cabeza.
-A ver.- Me acerqué al ordenador, ya encendido, que estaba sobre la mesita. Inicié sesión en la página. Tardó unos segundos en entrar.
-¿Ya est√° conectada?
Baj√© la lista de usuarios conectados. En efecto,  Vero estaba entre ellos. Asent√≠ a mi madre y me met√≠ en la conversaci√≥n con mi hermana. Enseguida recib√≠ una petici√≥n de video llamada por su parte.
Le di a aceptar y me senté en el sofá junto a mis padres.
En la pantalla, apareció una chica menuda, con grandes ojos verdes, como los míos, y cabello pelirrojo.
Mi hermana era guapísima. Y a los chicos también se lo parecía. Siempre se fijaban en ella, y como para no hacerlo.
Hoy se hab√≠a dejado el pelo suelto, cayendo en cascada sobre los hombros. Llevaba la blusa azul que la regal√© por su √ļltimo cumplea√Īos, y sobre sus rodillas estaba Luna.
-Buenas noches, familia.- Saludó animada.
-Buenas noches, Vero. ¿C√≥mo te va por los Estados Unidos?
-¡Perfect! Esto me encanta. Aunque os echo mucho de menos.- Dijo con gesto triste, aunque enseguida volvi√≥ a sonre√≠r.- Esta semana acabo los ex√°menes. ¡Estoy nerviosa!
-Suerte, cari√Īo.
-Miri, ¿t√ļ c√≥mo vas? ¿Se te est√° dando bien segundo?
-Sí.- Respondí sin mucho entusiasmo.- Yo también voy a estar de exámenes en breve.
-Mucha suerte, nena.
Por detr√°s de Vero apareci√≥ Adriana, su compa√Īera de habitaci√≥n. Era una chica muy responsable cuando se trataba de ex√°menes, pero seg√ļn mi hermana, se transformaba completamente cuando sal√≠an de la Universidad.
-Buenas.- Saludó con una sonrisa.
-Hola, Adriana. ¿C√≥mo est√°s?- Pregunt√≥ mi madre en tono amigable.
-Muy bien, se√Īora. Si me disculp√°is, yo me voy a poner a estudiar. Hasta otro d√≠a, familia de Vero.
Nos despedimos de ella, y Vero se puso los cascos y abrió un libro que no alcancé a distinguir de qué iba.
MI hermana nos estuvo contando muchas más cosas de su experiencia allí. Finalmente, desvió la mirada al reloj de aguja verde que había en la pared de su habitación.
-Bueno, familia. Yo me tengo que ir yendo, que me queda mucho que estudiar. Un besazo a todo. Pasadlo bien por el Ferrol por mí. Y suerte con las clases, hermanita.
-Sigue así, Vero. Mucha suerte.
-Suerte a ti también, linda. Ya hablaremos. Pásalo bien.
Vero se despidió con la mano una vez más y se desconectó.
-Bueno. Yo también me subo ya a mi cuarto.- Dije cerrando sesión del ordenador.
-Podías pasar más tiempo con nosotros.- Dijo mi padre así como quien no quiere la cosa.
-Otro d√≠a.- Dije a modo de disculpa. Me apetec√≠a estar un rato escuchando m√ļsica.
Se encogió de hombros, y subí las escaleras sin prisa. Cuando entré en mi cuarto, terminé de recoger las cosas de clase e hice la mochila del día siguiente. Después, encendí el ordenador.
Mientras cargaba, saqu√© mi neceser con los pintau√Īas y los extend√≠ por la mesa.
Me qued√© pensativa un momento. Finalmente me decant√© por pintarme las u√Īas de color azul cielo.
Empecé a pintarme la mano izquierda mientras terminaba de cargar el ordenador. Después, me metí en youtube y puse una lista de reproducción de Maldita Nerea.
Mientras sonaban las canciones, me pinté cuidadosamente la otra mano. Perfectas.
De la que se secaban, me puse a buscar frases. No sab√≠a muy bien por qu√©, pero me encantaba leer frases cortas de amor y de la vida. Me gustaba sentirme identificada con ellas. Aunque √ļltimamente siempre que lo hac√≠a terminaba deprimida, pero no s√©, me apetec√≠a.
Ya sé que suena como una tontería, pero además, me ayudaba a aclarar mis ideas. Las frases me ayudaban a entender qué sentía en ese momento.
Hubo un momento en el que me cansé de la lista de reproducción y cambié a una variada con recomendaciones de lo que me gustaba escuchar.
Sonaba la canci√≥n de “Thank you” de MKTO cuando se complet√≥ la b√ļsqueda de frases. Quer√≠a editar una foto que ten√≠a con Sam, para poner una frase debajo.
Ojeé rápidamente algunos de los posts de la página.
“Si vas enserio, d√≠melo para no fallarte. Si no, d√≠melo para divertirme”
“Romper a llorar viendo viejas fotos, viendo como un error puede cambiarlo todo”
“No me arrepiento de nada, simplemente hay cosas que no volver√≠a a hacer”
Todas las que llamaron mi atención me recordaban a Marcos. Sacudí la cabeza tratando de alejarle de mis pensamientos.
Segu√≠ leyendo frases de amor para poner en mi foto con Sam, pero ninguna me acababa de convencer. Las √ļnicas con las que me sent√≠a identificada, eran demasiado sosas o no ten√≠an mucho que ver con √©l.
Después de un rato sin dar con ninguna buena, decidí ponerme a editar la foto.
Era una foto en la que salíamos abrazados, sentados en un prado. La iba a poner en un collage con otra en la que salíamos en la misma postura, pero esta vez besándonos.
Hab√≠a decidido regal√°rsela por su cumplea√Īos, el 29 de noviembre. Ya era la semana que viene.
Sin embargo, se me hizo inc√≥modo, no era una sensaci√≥n agradable preparar el regalo. Me vino a la cabeza el recuerdo del fin de semana, cuando “discutimos” por lo de Marcos…
Hoy no había hablado con él.
Me promet√≠ que ma√Īana hablar√≠a con √©l y aclarar√≠a todo lo que se hab√≠a quedado suelto el otro d√≠a. Sam era lo mejor que me hab√≠a pasado desde hac√≠a tiempo.
*    *    *
No vi a Sam en toda la ma√Īana. Fui a buscarle en el recreo, pero Jaime, un chico de su clase, me dijo que ya hab√≠a salido.
Había pensado en buscarle a la salida, pero Fátima me paró de camino.
-Buenos días, Miriam.
-Buenos d√≠as.- Salud√© con gesto impaciente. ¿Ahora que quer√≠a? ¿No ten√≠a suficiente con quitarme el m√≥vil?
-Ya vino tu padre a por tu tel√©fono. No s√© qu√© te habr√°n dicho en casa, pero espero que lo de ayer no vuelva a repetirse, se√Īorita. La pr√≥xima vez las represalias no ser√°n tan generosas, no lo olvide.
-Claro.
“Si hab√≠a sido una tonter√≠a. Cu√°ntas vueltas le estaba dando la t√≠a… Ya son ganas de fastidiar”
-Que tengas un buen día.- Dijo, en mi opinión con un toque sarcástico, cuando yo ya había empezado a alejarme.
-Adiós.- Dije secamente.
Bajé corriendo las escaleras hasta llegar a la puerta principal. Miré a mi alrededor, pero estaba abarrotado todo. Sin embargo, no había ni rastro de Sam.
¿Por qu√© me daba la sensaci√≥n de que me estaba evitando…?
*    *    *
El jueves confirmé mis sospechas. El día anterior habíamos estado en un grupo de gente en el recreo, y a pesar de que traté de hablar con él a solas varias veces, siempre tenía preparada alguna excusa.
Hoy fui directamente a su clase y le llamé a solas. Me miró distraído, sin inmutarse.
-Dime.- Dijo secamente, sin mirarme a los ojos.
-¿Podemos hablar fuera?
-Iba a ir con Javi y unos amigos a tomar algo a la cafetería.- Respondió rápidamente.
-¿Se puede saber qu√© te pasa?
-¿Por qu√© lo dices?- Ten√≠a la mirada fija en el reloj de la pared. Era exasperante.
-Ni me hablas, ni me miras desde hace d√≠as. ¿Por qu√© est√°s as√≠?
-¿Hace falta que te lo explique?- Dijo en un tono sarc√°stico y despectivo que no me gust√≥ nada.
-Claro que hace falta.- Respondí en tono cortante.
-Muy bien.- Dijo.- Salgamos fuera.
Observé como echaba a andar con paso decidido hacia el exterior del instituto. Enseguida eché a andar rápidamente detrás de él.
Cuando salimos fuera, nos sentamos en un banco que había debajo de un roble enorme.
Le miré a los ojos. Por primera vez en todo el día, él me miró a mí.
Le aguanté la mirada unos segundos.
-¿Me vas a decir qu√© te pasa?- Pregunt√© finalmente, intentando sonar confiada.
Sam desvió la mirada un segundo, pero enseguida volvió a centrarse en mí.
-Ahora sí.
-¿Y bien?
Pasaron dos segundos antes de que empezase a hablar.
-Mira, Miriam, ni t√ļ ni yo somos tontos. Y ambos sabemos lo peligroso que puede ser… lo nuestro.- Comenz√≥ a contar, en tono claro y seguro.
-¿Y?- Pregunt√© sin saber muy bien a d√≥nde quer√≠a llegar. Eso ya lo hab√≠amos hablado hac√≠a tiempo, ¿no?
-Le he estado dando vueltas desde el s√°bado, y… ¿realmente vale la pena? ¿Vale la pena correr estos riesgos por algo de lo que ni siquiera nosotros mismos estamos seguros?
-¿Qu√© quieres decir con eso?- Tragu√© saliva.
-No vale la pena arriesgarse por lo que no vale la pena tener.- Dijo finalmente, con tono gélido, sin inmutarse.
Sus palabras calaron en mí como un cazo de agua helada. Por fin comprendí por qué me llevaba esquivando toda la semana. Por qué estaba tan frío conmigo.
-¿Eso es lo que significo para ti?- Pregunt√© con la voz rota. Sent√≠ que me escoc√≠an los ojos.
Sam esbozó una sonrisa triste.
-¿Y qu√© significo yo para ti, Miriam? ¿Significo lo mismo que signific√≥ un d√≠a ese Marcos? Sinceramente, no lo creo. Ni t√ļ le has olvidado, ni yo estoy dispuesto a ser tu segundo plato.
Entonces entendí de qué iba esto. Tenía que ver con lo que dijo el anciano de la tienda de los collares, y también con lo que le respondí cuando me preguntó con Marcos.
Me maldije a mí misma mentalmente por no haber sido capaz de dar una respuesta convincente.
-T√ļ no eres mi segundo plato.- Replique. Sin embargo, en vez de sonar calmada, como era mi intenci√≥n, me tembl√≥ la voz.
-¿Est√°s segura?- Pregunt√≥ con una media sonrisa melanc√≥lica.- Porque desde luego, yo no lo estoy. Yo hace tiempo que super√© mi √ļltima relaci√≥n. Pero no puedo decir lo mismo de ti. Miriam, me gustas mucho. Pero esto ha dejado de tener sentido. Si es que alguna vez lo tuvo.
Por sus palabras, y su forma de decirlas, comprendí que llevaba tiempo pensando en cómo decírmelo, y cuándo hacerlo.
Me sequé los ojos con la manga. No había más vueltas que darle al asunto. Sam ya había tomado su decisión, y a mí solo me quedaba aceptarla y tratar de comprender sus motivos.
-¿Me est√°s dejando?- Pregunt√© por fin, con expresi√≥n seria, pero ya calmada.