martes, 25 de noviembre de 2014

Capítulo XXV



-¿Dejarte?- Neg√≥ con la cabeza.- No te estoy dejando. Simplemente te estoy dando el tiempo que no has sido capaz de pedirme.
Tragu√© saliva. ¿No ven√≠a a ser lo mismo?
-¿Entonces…?
-Entonces, creo que tenemos que darnos un tiempo. T√ļ necesitas reflexionar, y cerrar de una vez por todas, la herida que ese tal Marcos dej√≥ abierta. Y si una vez lo hayas hecho, seguimos queriendo estar juntos, perfecto.
-Aj√°.- Dije casi en un susurro.
-Igual tenemos que ir volviendo al instituto.
No respondí. Me limité a hacer un leve asentimiento de cabeza. No podía dejar de darle vueltas a lo que me había dicho.
Lo peor de todo, es que ten√≠a raz√≥n. Despu√©s de todo lo que hab√≠a estado pasando por mis pensamientos los √ļltimos d√≠as, tendr√≠a que haber sido yo la que le hubiese pedido un tiempo. Un par√©ntesis en nuestra relaci√≥n que me hubiese permitido centrarme en olvidar a Marcos de una vez por todas.
Dicen que una de las cosas más difíciles de dejar y olvidar son las drogas, una vez que te has enganchado. No podía decirlo con seguridad porque no tenía la experiencia, pero sinceramente, creo que esto estaba siendo el doble de difícil.
Cuando llegamos al instituto, me crucé con Jana, que estaba hablando con un chico que había repetido de su clase. Era amigo de Lucas, había estado con él varias veces. Se llamaba Nacho, y era muy majo.
-Hola.- Les saludé de pasada.
-Miriam, espera. Est√°bamos hablando de la fiesta de cumplea√Īos de Lucas.
Me volv√≠, y extra√Īada, no vi a Sam por ninguna parte. Suspir√© resignada y me volv√≠ hacia Jana.
-Creo que al final sí que me apunto.- Dije sin darle muchas vueltas. Necesitaba desconectar un día de todo. De Marcos, de Sam, de estudiar y del tipo misterioso de las llamadas y la carta.
-¡Qu√© bien!- Dijo con una gran sonrisa.- Me alegro de que quieras venir. Al final vamos a hacer la fiesta en la Playa Cari√Īo. Dan sol todo el d√≠a. Hemos tenido suerte.- Dijo sonriente.
-¿Qu√© vamos a hacer?- Pregunt√©, aunque pod√≠a hacerme una idea.
-Isa se va a encargar de las bebidas, con ayuda de su prima y de Nacho.- Dijo mir√°ndole.
-Tranquila que tambi√©n habr√° refrescos normales para ti, nena.- Dijo gui√Ī√°ndome un ojo.
-¿Qui√©n te dice que solo vaya a beber refrescos normales?- Repliqu√©.
Me miró con una sonrisa sorprendida.
-¿Acaso no va a ser as√≠?
-Nunca se sabe.- Dije en tono misterioso, con una sonrisa de suficiencia.
Jana se rió divertida.
-Manu iba a llevar unos altavoces que tiene. Los va a conectar a la furgoneta. Ya he preparado un pen-drive con las canciones que me han ido diciendo. Si a ti se te ocurre alguna, ya me dices.
-Est√° bien.
-Tambi√©n vamos a colocar globos de colores por la barandilla de la rampa, y por las rocas cercanas a donde nos vayamos a poner. Por √ļltimo, acondicionaremos un lugar de la playa para hacer una hoguera, a lo campamento de verano, para por la noche. No me acuerdo ahora mismo de qui√©n, pero alguien dijo que sab√≠a hacerlo.
-Tiene buena pinta.
Realmente tenía muy buena pinta. Seguro que a Lucas le encantaba.
-Pero anochece muy pronto. Enseguida nos vamos a quedar sin luz.
-Habíamos pensado en poner las largas de los coches apuntando hacia la playa.- Nacho se encogió de hombros.- No hay muchas más opciones.
Sonaba un poco cutre, pero la idea estaba bastante bien, en general.
-¿Yo no hago nada?
-Yo creo que no hace falta.- Dijo Jana volviéndose hacia Nacho. Este se encogió de hombros.
-Yo igual. Creo que ya est√° todo.
-Vale. Si necesitáis cualquier cosa, ya me decís.
-Solo una cosa, Miriam…- Dijo Jana, con tono delicado. La mir√© extra√Īada. Por su expresi√≥n, supe que no me iba a decir nada bueno.
-¿Qu√© pasa?- Dije en tono desconfiado.
-Ser√≠a mejor que Sam no te acompa√Īase… Ya sabes que Lucas y √©l no son mejores amigos precisamente.- Dijo midiendo cuidadosamente cada palabra.
Suspiré. Por una parte me alivió que solo fuera eso. Por otra, volvieron a mi mente sus palabras de antes.
-Est√° bien.
Jana me miró con gesto sorprendido.
-Me alegro de que lo comprendas. Es que no creo que fuese buena idea, teniendo en cuenta lo que hizo Sam, y lo mal que se llevan y eso… Y como es el cumplea√Īos de Lucas, pues…
-Jana, ¿t√ļ sabes qu√© es lo que hizo Sam?- Me sorprendieron sus palabras. Hablaba como si supiese perfectamente por qu√© Lucas le odiaba. ¿Es qu√© todos lo sab√≠an menos yo?
Se volvió a mirarme.
-¿T√ļ no lo sabes?
Negué con la cabeza.
-¿Qu√© fue lo que hizo para que ahora se odien tanto?
Jana dudó unos segundos.
-Chicas, yo me voy yendo a clase.- Se despidió Nacho al comprobar que habíamos llegado a un punto de la conversación muy delicado.
Le despedimos sin mucho afán. Observé a Jana expectante, que desvió la mirada dándole vueltas al asunto.
-¿Y bien?
-Miriam, no creo que sea yo la que deba cont√°rtelo. No tiene nada que ver conmigo, y es algo demasiado serio para que te enteres por terceras personas. ¿Por qu√© no le pides a Sam que te lo cuente?
Iba a replicar, pero Jana tenía razón. No era a ella a quien debía pedir explicaciones.
En ese momento, son√≥ el timbre, y fuimos juntas a clase. Tocaba Ciencias de la tierra y Medioambiente. Era de las asignaturas m√°s f√°ciles de este curso. Me alegr√© de que tocase una clase m√°s relajada ahora. Seg√ļn c√≥mo ten√≠a la cabeza…
-¿Crees que si le digo a Lucas que me lo cuente me lo dir√°?
-Supongo.- Respondi√≥ Jana mientras el profesor nos daba la materia de hoy.- ¿Pero por qu√© no se lo preguntas a Sam?
Iba a responder, cuando vi que el profesor nos dirigía una mirada de reproche. Tal vez era mejor idea esperar al cambio de clase para hablar.
Cuando sonó el timbre, Jana se levantó casi de inmediato.
-Jana, Sam y yo… nos hemos dado un tiempo.- Dije seleccionando las palabras cuidadosamente.
Mi amiga abrió los ojos como platos. Se había parado en seco.
-¿Qu√© dices? ¿Enserio?- Parec√≠a francamente sorprendida.
Asent√≠. No sab√≠a qu√© m√°s a√Īadir.
-Hay cosas que no estaban yendo demasiado bien.
Pasaron unos segundos mientras Jana acababa de asimilarlo.
-Jo, qué pena. Hacíais muy buena pareja.- Dijo finalmente.
-Gracias.- Respondí, escueta.
El siguiente profesor, llegó antes de lo acostumbrado, y no pudimos hablar nada más. Además, la siguiente hora no teníamos la misma clase.
Traté de atender lo máximo posible a las indicaciones del profesor de química, pero me resulto prácticamente imposible. Tenía la cabeza en otro sitio.
Nada más sonó el timbre, recogí mis cosas rápidamente, y salí del instituto.
-Miriam, espera.- Me llamó Jana cuando ya me estaba alejando.
Me volví sin mucho ánimo de hablar.
-Dime.
-Mi ni√Īa, solo quer√≠a decirte que siento mucho lo de Sam.- Dijo con expresi√≥n comprensiva y apenada.- No pienses en ello, ¿vale? No merece la pena comerse la cabeza con esas cosas.
-No te preocupes.- Dije con la voz rota.


Jana me dio un abrazo, acarici√°ndome el pelo.
-Enserio, no estés mal.
Entonces, una l√°grima cay√≥ por mi mejilla. Y despu√©s otra, y otra m√°s. Y en ese momento, liber√© todas las l√°grimas que llevaba d√≠as aguantando. Toda la tristeza y estr√©s contenido en los √ļltimos d√≠as. Y justo entonces comprend√≠ que no hab√≠a avanzado nada en mi objetivo de olvidar a Marcos. Porque por primera vez desde hac√≠a ya tiempo, me di cuenta de que a√ļn le quer√≠a. Por mucho que hubiera intentado convencerme de lo contrario.
-Cari√Īo…- Jana ten√≠a expresi√≥n de preocupaci√≥n, pero no dej√≥ de abrazarme.
Cuando por fin me hube calmado, nos separamos. Jana me colocó un mechón de pelo detrás de la oreja.
-Ese chico es tonto. Si al final tenía razón Lucas, y no merecía la pena.
Negué con la cabeza.
-No Jana. La que es tonta soy yo. Por creer que esto podía funcionar.
-¡Ni se te ocurra culparte de esto, nena!
Esbocé una sonrisa amarga.
-Créeme. No es tan malo como parece. Y creo que ya se lo que tengo que hacer ahora.
Me miró con pinta de no entender nada.
-¿Qu√© quieres decir?
-Tengo que irme. Te veo ma√Īana en la fiesta.
Jana se qued√≥ parada unos segundos. Despu√©s reaccion√≥, a√ļn extra√Īada.
-¡A las cuatro en la pasarela de la Playa Cari√Īo para empezar a prepararlo todo!- Grit√≥ mientras yo me alejaba.
Levanté el pulgar sin pararme para indicarle que lo había entendido.
Anduve r√°pido hasta llegar a mi casa. Estaba nerviosa.
Apenas hablé con mis padres durante la comida, y nada más acabar, les ayudé a recoger y me subí a mi cuarto.
Entonces me acordé de que no tenía móvil. Adiós a lo que había planeado.
Estuve unos segundos sin saber qué hacer a continuación.
Pensamientos sobre Marcos, y Sam, y el personaje misterioso, daban vueltas en mi cabeza. Por un momento se me pasó por la cabeza la idea de que hace unos meses no me habría podido imaginar nada de lo que me había pasado. Cuánto habían cambiado las cosas en tan poco tiempo.
Entonces vino una idea a mi mente. Pedirles el m√≥vil a mis padres ser√≠a in√ļtil, pero hab√≠a otra forma de llamar.
Cogí mi cartera, papel y boli y salí a la calle casi corriendo.
Miré a mi alrededor en busca de una cabina telefónica. Vi casi en la otra punta de la calle. Con paso rápido, anduve hacia allí.
Una vez en la cabina, marqu√© el n√ļmero de Sara, que me sab√≠a de memoria. Necesitaba pedirla el n√ļmero de Marcos. Solo lo ten√≠a en el m√≥vil, y no pod√≠a esperar m√°s.
-¿Diga?
-¡Hola! ¿C√≥mo est√°s?
-¿Miriam?
-Sí, soy yo.
-¡Cu√°nto tiempo! ¿Desde d√≥nde llamas?
-Es una  cabina telef√≥nica. Es una larga historia.- Me encog√≠ de hombros.
-Ah. ¿Qu√© tal por el Ferrol?
-Bueno. Ah√≠ vamos.- Sonre√≠. Decirle que estaba bien habr√≠a sido mentir bastante. No era precisamente la palabra que mejor defin√≠a mi estado actual.- ¿T√ļ c√≥mo est√°s?
-Muy bien. Echando de menos a Jake. Solo puedo verle los fines de semana. En un rato llega en el tren.
-Me alegro. Bueno, no te quería entretener mucho. Solo quería pedirte una cosa.
-Lo que quieras. ¿Qu√© pasa?
-Necesito el n√ļmero de m√≥vil de Marcos.- Dije en tono tranquilo.
Hubo un par de segundos de silencio. Incluso comprobé que la comunicación no se había cortado.
-¿Perd√≥n?
Suspiré. Sabía que Sara no aprobaría mi decisión, pero lo necesitaba. Y puede que no fuera lo correcto, pero era lo que me hacía falta en este momento.
-Tengo que hablar con él.
-No creo que sea buena idea.
-Yo tampoco. Pero tengo que hacerlo, Sara.
-No, no tienes por qu√©. Lim√≠tate a olvidarle. Es un cabr√≥n, no se merece que le llames. ¿Acaso te ha llamado √©l en todo este tiempo? ¿Te ha mandado un m√≠sero mensaje desde que te fuiste? ¿O tal vez est√° demasiado ocupado d√°ndose el lote con Julia?
Se me hizo un nudo en la garganta. Luché por qué las lágrimas no me inundasen. Hice un esfuerzo para seguir hablando con normalidad.
-En cualquier caso, eso es decisi√≥n m√≠a. As√≠ que, por favor, dame el n√ļmero de tel√©fono de Marcos.- Silencio. De nuevo pens√© que se hab√≠a ido.- ¿Sara?
Miré la pantallita de la cabina. Seguía corriendo el tiempo de la llamada.
Volv√≠ a llamarla sin respuesta. Ya iba a colgar extra√Īada, cuando Sara empez√≥ a dictar el n√ļmero. R√°pidamente, lo apunt√© en la hoja que hab√≠a sacado.
-Miriam, por √ļltima vez. De verdad que no creo que sea buena idea llamarle.
-Le voy a llamar.- Dije con tono firme.
Se oyó un suspiro resignado al otro lado de la línea.
-Como quieras. Pero si no te coge, prométeme que le olvidarás. Prométeme que no le darás más oportunidades. No se las merece, y tu tampoco mereces sufrir más. Esto ya es bastante
Cogí aire.
-Te lo prometo.
Otro suspiro.
-Ya me contar√°s. Suerte.
-Gracias por todo, Sara.
Nos despedimos, y colgué el teléfono. Todavía me quedaban monedas para una llamada más.
Se lo hab√≠a prometido a Sara. Una √ļltima llamada. Si no lo cog√≠a, le olvidar√≠a para siempre. Y en eso ella ten√≠a raz√≥n. No se merec√≠a m√°s que eso.
Pero, ¿y si lo cog√≠a?
Me imagino que si lo cog√≠a, hablar√≠amos de lo que ocurri√≥. ¿Le gritar√≠a? ¿Discutir√≠amos? En realidad, lo dudaba. Me imaginaba una conversaci√≥n tranquila, sin rencores, pero poniendo todas las cartas sobre la mesa.
Aunque muy en el fondo, dudaba mucho que eso pasase. Francamente, esperaba que colgase, como la otra vez.
Recordé el día en que creí verle estando con Carla. El muy imbécil me colgó antes de que diese el tercer pitido de establecimiento de llamada.
Volv√≠ a concentrarme en el papel con el n√ļmero apuntado.
Marqu√© el n√ļmero lentamente. Repas√© que hubiese escrito bien todos los d√≠gitos.
Una √ļltima vez, record√© sus ojos azules, su mirada brillante cuando me dec√≠a que me quer√≠a. La verdad, de todas sus mentiras, esa fue mi favorita.
Pero, ¿era posible que una persona mintiese tan bien?
Pronto lo descubriría.
Repas√© el n√ļmero una √ļltima vez, y le di al bot√≥n de llamar.
Guardé el aliento. La suerte estaba echada.
Una √ļltima prueba. Una √ļltima oportunidad. Eso es lo que quedaba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario