martes, 20 de enero de 2015

Capítulo XXXI



Quedaba patente su estado de embriaguez por la expresi√≥n de su rostro y el tono con el que lo dijo. Mir√© a mi alrededor desalentada, pero la imagen de la carretera oscura extendi√©ndose a kil√≥metros solo me desanim√≥ a√ļn m√°s.
-¿Os pilla de paso Doni√Īos?- Pregunt√© finalmente, tratando de sonar indiferente y confiada.
-Si es para llevarte a ti, s√≠.- Dijo el chico que iba en el asiento de copiloto en un tono que no me gust√≥ nada.- ¿Por qu√© no subes?
-Gracias.- Respondí con voz seca, subiendo en la parte trasera del vehículo.
Como habr√≠a cabido de esperar, hab√≠a botellas de licores y refrescos apiladas en los asientos. Me hic√© un hueco peque√Īo y cerr√© la puerta tras de m√≠.
La canci√≥n de “Propuesta indecente” sonaba a todo volumen, casi haci√©ndome da√Īo en los o√≠dos. Adem√°s, un fuerte olor a alcohol estaba presente en el aire.
No me fij√© en quien, pero uno de ellos no tard√≥ en bajar la m√ļsica.
-¿Y qu√© hac√≠as t√ļ por aqu√≠ sola tan tarde, bonita?- Pregunt√≥ el conductor. Era un chico atractivo, con brillantes ojos verdes y un revoltoso pelo de color casta√Īo oscuro.
-Tuve que ir al hospital.- Respondí escueta. Lo que menos me apetecía, era darle explicaciones a un par de desconocidos.
-Bueno, no te preocupes, que todav√≠a queda mucha noche por delante.- Respondi√≥ en tono animado.- ¿Qu√© es lo que hay en Doni√Īos que es tan importante?
¿No pensaba dejar de hacer preguntas? Cambi√© de posici√≥n en el asiento nerviosa.
-Nada. Pero tengo que llegar ahí lo antes posible.- No había sonado muy convencible. Busqué una explicación mejor, pero no encontré gran cosa.
-Nosotros vamos a una fiesta que hay en la playa Cari√Īo, m√°s tarde, si quieres que te llevemos.- Dijo el otro chico, refiri√©ndose seguramente a la fiesta de Lucas. Este ten√≠a el pelo y los ojos casta√Īos, pero estaban enmarcados con unas pesta√Īas largu√≠simas, casi un poco femeninas, que destacaban su mirada alegre. Percib√≠ que me observaba por el espejo retrovisor.
-Ya estuve antes.- Dije sin entusiasmo.- Pero gracias.
-Vaya. Es una verdadera lástima.- Realmente pareció desanimado con mi respuesta.
-Sí.
Tardamos un par de minutos m√°s en llegar a Doni√Īos. La verdad, cre√≠a que estar√≠amos m√°s lejos. Con renovadas esperanzas, abr√≠ la puerta del coche.
-Muchas gracias por traerme, chicos. Ya nos veremos otro día, si eso.- Me despedí sin volverme siquiera.
No me dio tiempo a dar ni dos pasos, cuando uno me cogió con fuerza del brazo. Me volví sobresaltada.
-Qu√© r√°pido te vas, ¿no? Podr√≠as agradec√©rnoslo m√°s efusivamente. Hemos perdido unos preciosos minutos por el viajecito.- El brillo peligroso de sus ojos no hizo m√°s que inquietarme.
-Muchas gracias, de veras. Pero en serio que debo irme.- Traté de soltarme sin mucho éxito.
-Estas muy guapa, querida.- Dijo la otra voz, m√°s cerca de lo que habr√≠a esperado, haci√©ndome soltar un gritito asustado.- ¿No nos vas a decir tu nombre?
-Un amigo sabe que ven√≠a, me est√° esperando en la laguna, de verdad que tengo prisa…- Trat√© de alejarme, pero la presi√≥n de sus dedos era demasiado fuerte.- Me haces da√Īo.
-Lo siento.- Dijo con una sonrisa irritante acercándose más de lo que me habría gustado a mi rostro.
El otro chico también se acercó más, jugueteando con el dobladillo de mi vestido. Empecé a sentir miedo.
-¿Por qu√© no te sueltas un poquito?- Susurr√≥ en un tono que no me gust√≥ nada.
Notaba que el coraz√≥n me lat√≠a con fuerza. No recordaba haberme enfrentado nunca a una situaci√≥n as√≠, y menos en tales circunstancias. ¡La vida de dos personas pod√≠a estar dependiendo de m√≠!
Sam, que hab√≠a sido tan bueno conmigo… Y Lucas, que a pesar de todo, estaba ah√≠, ayud√°ndome, en vez de bebiendo y riendo en su propia fiesta.
Por un momento, pasó por mi mente, un pensamiento de Marcos. Seguramente, él estaba en alguna fiesta, puede que enrollándose con alguna chica preciosa con curvas perfectas.
Y yo estaba con dos idiotas que no me dejaban en paz y me imped√≠an tratar de ayudar a las dos personas que m√°s me hab√≠an apoyado las √ļltimas semanas.
Ojal√° se fueran a la mierda.
*   *   *
De repente, como empujados por un destello luminoso, ambos salieron despedidos a una velocidad inhumana. Cayeron al suelo aturdidos.
Probablemente deber√≠a haberme sentido… ¿conmocionada? ¿Asustada? Sin embargo ten√≠a una extra√Īa sensaci√≥n que era como de poder.
Noté algo y bajé la mirada. El collar que me dio aquel anciano de la tienda ardía con fuerza, pero sin llegar a abrasarme la piel. Lo observé sin palabras.
Los dos chicos me miraron con expresi√≥n aterrorizada, parec√≠an verme de verdad por primera vez. Ambos salieron corriendo hacia el coche y se fueron sin dejar rastro. Cuando arrancaron, no se molestaron en volver a poner la m√ļsica.
No sentía ninguna lástima por ellos. Se tenían bien merecido el susto que se habían pegado, pensé, con una sonrisa de suficiencia.
Las llamas blancas del collar eran hipn√≥ticas. Ni siquiera sab√≠a por qu√© me lo hab√≠a puesto, pero ahora realmente me alegraba. Era de piedra luna. Y yo a√ļn era una Samyaza.
Y esta fue una de las pocas veces que me alegré de estar metida tan de lleno en el mundo de los ángeles.
Tardé un par de segundos más en reaccionar, los mismos que tardaron las llamas del collar en apagarse.
Lo toqué con cautela suavemente, con la punta de los dedos. La piedra estaba cálida, y la superficie estaba agradablemente suave. Había elegido la mitad blanca, que me colgaba hasta la clavícula.

¿Sabr√≠a el anciano lo que supon√≠a entreg√°rmelo? Menuda duda. Claro que lo sabr√≠a. Seguramente lo hubiera hecho por eso.
De repente, como empujada por un resorte, eché a andar hacia el camino. Había perdido demasiado tiempo por la tontería. No solo les empujaba a la boca del lobo, sino que luego me entretenía a la hora de tratar ayudarles.
Estaba demasiado oscuro todo. No ve√≠a por donde iba, ni donde pisaba, y ni siquiera estaba segura de que este fuera el camino que deb√≠a seguir. Me plante√© la posibilidad de gritar sus nombres a la espera de una respuesta, pero me arriesgaba a que me respondiera alguien… no deseado.
A tientas, cogí una piedra del suelo. Era una piedra rugosa que estaba manchada de barro por la parte por la que había estado apoyada en el suelo.
Me puse una mano encima del colgante y cerré los ojos. Había llegado la hora de volver a practicar con mis poderes. Me concentré mientras pensaba en la imagen del sol, resplandeciente y cálido, que iluminaba todo.
Entonces, como por arte de magia, la piedra se iluminó, inundando con su poderosa luz de color blanco un par de metros a la redonda.
Satisfecha, proseguí mi camino, con cuidado, o al menos lo intenté. Nada más dar dos pasos, me tambaleé, mareada.
Recuper√© la estabilidad enseguida, apoy√°ndome en uno de los √°rboles de un lado del camino. Estaba agotada, hab√≠a perdido la poca pr√°ctica que ten√≠a haciendo… bueno, cosas relacionadas con mi don, y eso me hab√≠a afectado bastante.
Cuando me recuper√© un poco, prosegu√≠ mi camino, dando gracias de que la piedra a√ļn no se hubiese apagado.
Con el √ļnico pensamiento de que ten√≠a que salvar a Lucas y a Sam, anduve con paso apresurado a trav√©s de la oscuridad, por el estrecho sendero que me conduc√≠a directamente hacia el peligro. No hab√≠a podido salvar a Daniel en su momento, y tampoco hab√≠a podido evitar esta situaci√≥n, pero esta vez s√≠ iba a conseguirlo.
Casi no me di cuenta de que había llegado al final del camino. Contemplé ensimismada el increíble paisaje.
Un lago inmenso se extendía a mis pies, con aguas negras como la noche, y sereno como la muerte. Empezaba a vislumbrar algunas estrellas que brillaban con fuerza en el cielo, y aportaban algo de claridad a la imagen.
Miré de un lado para otro. El camino se bifurcaba en otros dos, que iban por ambos lados del lago. Y al final de este, había una especie de altar de piedra, donde vi algo que brillaba.
Nada más verlo, cogí al azar uno de los caminos, y corrí por este hasta alcanzarlo. Me escocían los ojos. Tenía un mal presentimiento sobre este lugar, y la soledad que lo envolvía todo.
Cuando llegué al pie del altar, ralenticé el paso, casi hasta detenerme. Unos abruptos escalones de piedra conducían hasta lo alto de este.
Con mucho cuidado, y apoyándome en una pared de piedra que había al otro lado del altar, subí hasta el final, con pasos temblorosos. Tragué saliva petrificada.
“Demasiado tarde”
Las palabras me golpearon como una maza. Estaban escritas con sangre en el centro del altar, con letras grandes y claras. Un hermoso y espeluznante pu√Īal con el mango de plata sin brillo, y hoja oscura y ennegrecida por la sangre complementaba el mensaje, a√Īadi√©ndole gravedad al asunto.
En la punta del mango, una piedra preciosa del color del hielo brillaba con fuerza, destacando sobre el resto de elementos.
Mentalmente, traté de tranquilizarme. Sin embargo, en mi interior, una parte de mí gritaba. Había vuelto a fallar. Era demasiado tarde.
Ca√≠ de rodillas al suelo del altar, sin fuerzas. No me preocup√≥ haber ca√≠do casi al agua, justo debajo de un saliente del altar, ni golpearme con fuerza las rodillas, lo que probablemente me har√≠a unos buenos moratones, sino incluso sangre, y tampoco me preocup√≥ haberme manchado las manos con la sangre del suelo. Lo √ļnico que me preocupaba en aquel momento era el hecho de que lo hubiese fastidiado todo. ¿C√≥mo pod√≠a haber sido tan tonta?
Cog√≠ al pu√Īal, con los ojos inundados por las l√°grimas. Entre lamentos, acarici√© la hoja, que ten√≠a el fr√≠o caracter√≠stico del metal, que hizo que un hilillo de sangre manase de mi mano izquierda.
Sin embargo, no me doli√≥. Ni tampoco las rodillas. Ni siquiera me dol√≠a la cabeza, como habr√≠a sido normal teniendo en cuenta las circunstancias. Solo sent√≠a fr√≠o. M√°s fr√≠o que nunca. Un fr√≠o envolvente que me hac√≠a sentirme a√ļn m√°s sola, y m√°s peque√Īa, en medio de aquel oscuro paisaje, a juego con el negro de mi vestido.
Cogí la piedra luminosa y la observé unos instantes. Y entonces, sin previo aviso, la lancé al lago, como si de pronto hubiese empezado a arder.
Entre lamentos y reproches, me incorpor√©, sin ver nada, pero sabiendo perfectamente donde pisaba. Observ√© indiferente como la √ļnica luz que hab√≠a en kil√≥metros a la redonda se hund√≠a en el lago, cada vez m√°s profundamente.
Y en un acto desesperado, sin nada m√°s a lo que aferrarme, empu√Ī√© con fuerza el pu√Īal.
Se amoldaba perfectamente a la forma de mi mano, como si estuviese hecho para m√≠. La empu√Īadora era suave y confortable, todo lo contrario que el letal filo que la continuaba.
Di dos pasos hacia delante, hasta situarme en el borde del altar.
Cogí aire.
Un recuerdo cada vez m√°s lejano vino a mi cabeza. Sam abraz√°ndome en aquella playa secreta que me ense√Ī√≥ el d√≠a del barco. Uno de los mejores d√≠as de mi vida.
Despu√©s, mis pensamientos pasaron a Jana y las dem√°s chicas. Todas siempre tan cari√Īosas… Y ahora me parec√≠an terriblemente inocentes e ingenuas, a pesar de todo.
Apoy√© el pu√Īal en mi pecho, sujet√°ndolo con ambas manos. Cerr√© los ojos.
Recordé a Jake y a Sara. Sus expresiones de enamorados aquel día que les pillé besándose en el bosque. Cuánto me había alegrado por ellos entonces. Eran de las personas que más me habían apoyado siempre, y no podía imaginarme mejor pareja que la que ellos formaban.
También pensé en Daniel. Cuánto me había ayudado este verano, a pesar de habernos conocido hacía tan poco. Era de esas personas que enseguida te hacían coger confianza, que te escuchan y te apoyan a pesar de haber hablado tan poco antes. De esas pocas personas que valen la pena.
Y yo le hab√≠a decepcionado. Ese est√ļpido “coma” en el que estaba por mi culpa.
Más lágrimas cayeron por mis mejillas. Sentía un inmenso nudo en la garganta. Tenía los ojos cerrados con fuerza, no quería ver ni siquiera las estrellas. No quería ver nada.
Y por √ļltimo, pens√© en Marcos. Y a pesar de mis pensamientos contrapuestos, el coraz√≥n se me aceler√≥, como cada vez que le pensaba.
Recordé sus rasgos angulosos, su mirada intensa cada vez que me decía que me quería.
Apreté la mandíbula.
La imagen de su sonrisa vino a mi mente como un lejano recuerdo, combinada con esos preciosos ojos azul mar.
Agarr√© con m√°s fuerza el pu√Īal.
Y pens√© una √ļltima vez en c√≥mo me sent√≠a cada vez que me rozaba, cada vez que se inclinaba hacia m√≠ para besarme. Su olor, la forma de su cuerpo… Como al m√°s m√≠nimo roce me echaba a temblar.
“Puedes olvidar mi nombre y todo lo que dije, pero nunca olvidar√°s c√≥mo te hice sentir”
Con una insoportable sensaci√≥n de rabia y a√Īoranza totalmente injustificada, separ√© el pu√Īal de mi piel para coger impulso, lanzando un grito desesperado.
-Miriam.
Sobresaltada, abr√≠ los ojos. La oscuridad segu√≠a cubri√©ndolo todo. Sin embargo, esa voz…
Ante m√≠, como en un sue√Īo, estaba el chico que hab√≠a protagonizado tantos sue√Īos y pesadillas los √ļltimos meses. Ese chico que no consegu√≠a que saliera de mi mente por mucho que lo intentara. El chico por el que estaba metida en todo esto, y sin embargo con el que hab√≠a vivido los momentos m√°s felices de mi vida.
-Marcos.
Tenía una piedra igual a la mía, que brillaba con fuerza y nos iluminaba con su halo de luz.
Y √©l… √Čl segu√≠a tan perfecto como siempre.

Ten√≠a el pelo m√°s largo que la √ļltima vez que le vi, y le ca√≠a en doradas ondas hasta taparle casi al completo la nuca. Sin embargo, no le tapaba la cara, en la que mostraba una incre√≠ble serenidad y… ¿parec√≠a eso cari√Īo? Desech√© ese pensamiento en seguida. No pod√≠a seguir mont√°ndome pel√≠culas.
Sus ojos buscaron los míos, con esa intensa mirada azul mar. Me les quedé mirando embelesada.
Entonces reparé en el aspecto que debía tener. Llevaba toda la noche dando tumbos como una muerta, con el vestido y las medias rasgados, y manchados de barro y sangre, y mis pelos no debían diferenciarse mucho de los de un puercoespín, y no quería ni imaginarme cómo debía tener el maquillaje.
-Tenía ganas de verte.- Dijo en ese tono sincero y meloso con el que me hablaba cuando sabía que estaba molesta por algo.
Me quedé sin saber qué decir. Había imaginado mil veces cómo sería este momento. El momento de volver a verle. Y ahora que llegaba no sabía qué decir, cómo actuar. Solo supe quedarme mirándole como una tonta.
Dio un paso hacia delante, estirando la mano.
-No te acerques.- Dije en una voz increíblemente fría, con un tono que no admitía réplica.
Marcos puso una expresi√≥n dolida, como si en vez de decirle que se parase le hubiese clavado el pu√Īal. Pero en vez de responderle, apart√© la mirada, distante.
-Sé que estás molesta. De hecho sé que molesta es poco.- Vaciló. Marcos nunca vacilaba.- Y sé perfectamente cuánto me merezco todo lo que ha pasado.
Dio otro paso.
-Estate quieto.- Dije con tono ahogado.- No eres real. No puedes serlo.- Sacudí la cabeza.
-Miriam, todo esto es m√°s real que nunca. Es normal que esto… te supere. Pero t√ļ eres fuerte. Lo s√©.- Los ojos le brillaban con fuerza, mientras hablaba con m√°s confianza que nunca.- Igual que s√© que te quiero. Y que besar a Julia aquel d√≠a fue el peor error de mi vida.
Dio un √ļltimo paso, situ√°ndose a la distancia suficiente como para poder tocarme.
-No puede ser.- Dije con un hilo de voz. No me encontraba bien.
-Miriam, necesito que me creas. S√© lo raro que suena teniendo en cuenta… bueno, las circunstancias. Pero si hay algo que tengo claro es lo que siento por ti.
Estiró el brazo hacia mí, haciéndome retroceder asustada, ante su mirada de alarma.
Y entonces caí. No me había dado cuenta de que estaba en el borde del altar, y caí.

jueves, 8 de enero de 2015

Capítulo XXX



Se me hizo un nudo en la garganta. Ahora s√≠ lo recordaba. Lo que en su momento pens√© que hab√≠a dicho como efecto secundario por el alcohol… ¿resultaba que era verdad?
No podía ser. Sam no era capaz de hacer eso.
Ten√≠a la sensaci√≥n de que la situaci√≥n me superaba. Marcos se liaba con otra porque “le hab√≠an enga√Īado”, conoc√≠a a un chico maj√≠simo, pero que al final me dejaba porque no hab√≠a olvidado a√ļn a Marcos, le secuestraban por mi culpa, y ahora encima, me enteraba de que hab√≠a dejado embarazada a la hermana de un viejo amigo que me ayud√≥ a medio superar la ruptura con Marcos.
Sentí que me desvanecía.
-¿¡Miriam!? ¿Est√°s bien?- Pregunt√≥ Sam en tono alarmado.
Noté que hiperventilaba. Seguía corriendo el tiempo. Tenía que encontrar a Sam. Si no lo hacía ahora perdería la oportunidad. Porque por muy capullo que hubiera podido ser en el pasado, si estaba en peligro era culpa mía, y tenía que ayudarle.
Sin embargo, el c√ļmulo de cosas que hab√≠an acontecido los √ļltimos meses era demasiado para m√≠. Not√© que me faltaba el aire.
Entonces, distinguí una pluma negra brillante en el suelo, bastante grande. Era muy parecida a la que encontré en su día en aquel callejón sin salida.
La recogí tratando de recuperar el aliento. Me manché las manos con algo. Solté la pluma alarmada.
-¡Miriam! ¡¿Qu√© te pasa?!
Me miré las manos. Estaban machadas de una sustancia escarlata, muy oscura, casi negra.
-Es sangre.
No podía más.
-Lucas, tenemos que encontrar a Sam. ¡Hay que encontrarle ya! √Čl… ¡√Čl est√° en peligro! ¡Y es por mi culpa! Tienes que ayudarme, por favor.
-Tienes que tranquilizarte, Miriam. Todo está bien.- La preocupación del rostro de Lucas era patente. Me puso una mano en el hombro, como gesto tranquilizador.
-No, nada est√° bien. ¡Es sangre, Lucas! ¡¿Entiendes lo que eso significa?!- Me empec√© a marear, y not√© como un sudor fr√≠o me recorr√≠a.- ¡Qu√© se trata de Sam!
El coraz√≥n me iba a mil por hora. Pod√≠a percibir la preocupaci√≥n en la mirada de Sam, pero en ese momento me preocup√≥ m√°s la falta de aire. Y de pronto not√© que me desvanec√≠a. Lo √ļltimo que recuerdo fue gritar el nombre de Sam con la esperanza de que apareciera.
*    *    *
Tenía un sabor de boca raro, y me encontraba adormecida cuando me desperté. Estaba en una habitación blanca, y enseguida empecé a distinguir a Lucas, que estaba al lado de mí. Me encontraba tumbada en una camilla de hospital, aunque no recordaba qué hacía aquí.
Observé a mi alrededor. Las paredes eran blancas impolutas, y había algunos aparatos médicos en la sala, aunque ninguno se estaba usando. Lucas estaba sentado en una silla al lado mío, y tenía la cara entre las manos. Parecía preocupado. Me incorporé un poco, captando su atención al instante.
-Lucas. ¿Qu√© ha ocurrido?- Dije mientras me incorporaba lentamente, como mareada.
Una expresión aliviada enseguida se apoderó de su rostro.
-Has sufrido un ataque de ansiedad. Pero solo has estado desmayada un cuarto de hora. Acaban de dejarte aquí hace un momento.
-¿Un ataque de ansiedad?
Qué oportuna soy. No había momento mejor para perder el conocimiento que cuando la vida de alguien dependía de mí. Me mordí el labio reprochándomelo mentalmente, a pesar de que sabía que no había forma de evitar esas cosas.
-Sí, ya sabes. Por los nervios y eso. Pasa cuando una situación nos supera.- Me dirigió una mirada significativa.- Como te estaba pasando a ti.
-Sé lo que es un ataque de ansiedad.- Repliqué dirigiéndole una mirada de burla.
-Por si acaso.- Respondió escueto.
Me fij√© en que Lucas a√ļn llevaba el casco bajo el brazo. Eso acab√≥ de hacerme reaccionar. Mientras hab√≠a estado inconsciente, la cuenta atr√°s para Sam segu√≠a corriendo. De nuevo, los nervios se apoderaron de m√≠.
-¿D√≥nde est√° Sam? Por favor Lucas, dime que le encontraste.- Dije, a√ļn sabiendo que no era as√≠.- Ten√≠amos que salvarle. O al menos yo ten√≠a que hacerlo. ¿D√≥nde est√°?
-Miriam, te dio un ataque de ansiedad en plena noche llegando a Doni√Īos. Te traje inmediatamente al hospital, y apenas han pasado veinte minutos desde entonces. No he podido volver a buscar a tu querido Sam.
Trat√© de encontrar algo que echarle en cara, pero lo peor de todo era saber que la √ļnica que ten√≠a la culpa aqu√≠ era yo. En realidad, Lucas se hab√≠a portado fenomenal conmigo. Y m√°s que eso deber√≠a darle las gracias.
-Siento que te estés perdiendo la fiesta por estar conmigo.- Dije mientras pensaba qué hacer a continuación.
-No te preocupes. Para eso estamos, ¿recuerdas?- Dijo con un brillo melanc√≥lico en su mirada.
-Muchas gracias por todo.- Entonces me vino una idea. Le mir√© dudosa.- ¿Te puedo pedir una cosa m√°s?
-Sí, claro.- Respondió.
-Antes, quiero hacerte una pregunta.- Asinti√≥.- ¿Sabes cu√°l es el procedimiento en estos casos?
-¿Si tienes una ataque de ansiedad, quieres decir? ¿O si desaparece alguien?
-Me refería a lo primero.
-Me imagino que hablar√°n contigo y existe la posibilidad de que te hagan unas preguntas  o te concierten una cita con el psic√≥logo. Estas cosas tienen su peligro, y son procesos meramente mentales. Querr√°n asegurarse de que no te vuelve a pasar. Puede que te pregunten qu√© hac√≠as cuando te desmayaste. Y c√≥mo era tu d√≠a a d√≠a en las √ļltimas semanas, puede que incluso meses.
-O sea, que todav√≠a me queda un rato…- Dije con resignaci√≥n. Me lo hab√≠a temido.
-Me imagino que sí.- Dijo encogiéndose de hombros.- Pero no te preocupes, que no me importa esperarte. Todavía nos queda mucha noche por delante.
-No.- Dije r√°pidamente. Enseguida se lo expliqu√©, al ver su expresi√≥n de desconcierto.- Quiero decir, no puedes quedarte aqu√≠. Eso es lo que quer√≠a decirte. A m√≠ dudo mucho que me dejen salir a√ļn de aqu√≠, por mucho que trate de convencerles de que ya estoy bien, pero Sam no tiene tanto tiempo. Te lo agradecer√≠a mucho, si pudieras volver a Doni√Īos a comprobar si… est√° ah√≠… O si hay alguna pista sobre √©l. Necesito encontrarle.- Baj√© la mirada.
Sabía la enemistad que les unía, pero no me quedaba otra opción que pedírselo. Por supuesto, si se negaba, no podría recriminarle nada, pero no perdía nada por intentarlo. A cada minuto que pasaba disminuían sus posibilidades.
-Imagino que es importante para ti…- Dijo tras unos segundos, resignado. Me encog√≠ de hombros.- Est√° bien. Ir√©. Pero tienes que prometerme que despu√©s de esto, le encuentre o no, disfrutar√°s de la noche.
-Claro, te lo prometo.- Dije con un sentido alivio, sin pens√°rmelo ni un segundo. Solo esperaba estar haciendo lo correcto con esto.
-Eso espero.- Suspir√≥.- Volver√© lo antes posible, espero que acompa√Īado.
-Suerte.- Me levanté un poco y le di un beso de agradecimiento en la mejilla.
Un momento, ¿se hab√≠a sonrojado? Me re√≠ interiormente al percibir su alteraci√≥n.
-Igualmente.- Respondió con voz ronca.
Empezó a andar con paso seguro hacia la puerta. Antes de cerrarla tras de sí, me hizo un gesto de confianza. Realmente creía en sus posibilidades. Resultaba confortable saberlo.
Observé a Lucas salir por la puerta de la habitación a paso ligero, sin demasiado ánimo.
Lamentaba haber tenido que pedirle algo as√≠, pero yo no pod√≠a moverme de aqu√≠, y seg√ļn pasaba el tiempo, m√°s probabilidades hab√≠a de que Sam estuviese… Bueno, de que no estuviese bien.
Entonces vino a mi cabeza otro pensamiento, que asimilé horrorizada.
Al enviar a Lucas le había metido completamente en esto. No solo le privaba de su fiesta, sino que encima le enviaba a la boca del lobo para salvar a un chico al que odiaba.
Ya no solo se trataba de Sam. Ahora Lucas tambi√©n estaba en peligro. ¿Qu√© ocurrir√≠a cuando quien quiera que hubiese estado llam√°ndome descubriese que era √©l quien hab√≠a acudido a su llamada? Adem√°s, en sus mensajes dec√≠a claramente que de la que quer√≠a vengarse es de m√≠. No le valdr√≠a con que le hubiese enviado a √©l. Estaba segura.
Me levant√© r√°pidamente de la cama, y corr√≠ hacia la ventana. Sam parec√≠a no haber salido a√ļn.
Me maldije mentalmente. ¿C√≥mo pod√≠a haber sido tan ingenua? No hac√≠a m√°s que poner en peligro a las personas que trataban de ayudarme. S√≠ es que soy tonta.
Ten√≠a que salir de aqu√≠. A√ļn iba vestida con mi ropa, aunque se me hab√≠a hecho una carrera en las medias. Ignorando ese peque√Īo detalle, corr√≠ hacia la puerta, sin pararme ni a buscar mi bolso, pero me par√© en seco, casi d√°ndome de bruces con una enfermera.
-Usted debe ser Miriam Mart√≠n, ¿me equivoco?- Pregunt√≥ tras un breve vistazo. Era una chica con el pelo anaranjado, muy bajita y delgada y con unos ojazos azul aguamar. Sin embargo, su expresi√≥n era estricta.
-Sí, soy yo.
-Bien. Queríamos hablar un momento con usted, antes de darle el alta. Solo será un momento.
-Me imagino que no puedo decir que no, ¿me equivoco?- Dije con un patente nerviosismo.
-Me temo que no. Pero descuide, no ser√° demasiado.
Resignada, volví a sentarme en la camilla, reparando en que además, había pretendido salir estando descalza. Qué desastre. La enfermera, se sentó enfrente de mí.
-Bien, Miriam. ¿Puedes contarme qu√© es lo √ļltimo que recuerdas estar haciendo antes de despertar en esta habitaci√≥n?
-Disculpe, ¿puede decirme que hospital es?
-S√≠, claro. Estamos en el de Juan Cardona. ¿Por qu√©, desea hablar con alguien? Si quiere, podemos dejarla usar el tel√©fono de la planta baja, no hay ning√ļn problema.
-Sí, por favor.- Dije con renovadas esperanzas.
-Muy bien, la acompa√Īo.
Seguí a la enfermera hasta el ascensor. Fue un trayecto un tanto incómodo. Una vez llegamos a la planta baja, las cabinas de teléfono estaban justo enfrente.
-Tienes dos minutos. ¿Tienes monedas?
Asentí rápidamente. Pareció conforme.
La enfermera se alejó en dirección al mostrador a comentar algo con la chica que estaba allí. Yo me volví hacia el teléfono.
Iba a marcar, cuando me di cuenta de que no ten√≠a ni idea de c√≥mo era el n√ļmero de Lucas. Mierda. Nerviosa, me volv√≠ hacia el mostrador. Estaba algo alejado, pero pod√≠an vigilarme perfectamente desde all√≠. Me gir√© hacia la puerta, que estaba en la direcci√≥n contraria, a unos diez metros de m√≠.
Calculé mentalmente las posibilidades que había de conseguir salir antes de que me descubriesen. La verdad, eran muy limitadas, pero si no lo conseguía, seguiría siendo mejor que si ni siquiera lo intentaba y no volvía a ver ni a Sam ni a Lucas.
Esperé a un momento en el que ambas estaban riéndose de alguna broma que habrían dicho o hecho, y lo más sigilosamente que pude, salí al exterior.
Nada m√°s pisar la  calle, ech√© a correr para alejarme del hospital.
Mir√© a mi alrededor card√≠aca. ¿Y ahora qu√© diablos pod√≠a hacer?
Me giré para echar un vistazo más al hospital, a tiempo para ver a la enfermera saliendo y girando la cabeza de un lado para otro. Sin pensármelo dos veces, salí a la carretera y eché a andar sin rumbo fijo con paso apresurado.
No me detuve hasta haber avanzado un buen trecho. Entonces, llegué a un punto de desesperación, en el que me limité a sentarme en el arcén a regodearme en mi propia desgracia. Tal vez sí me habría venido bien esa sesión de psicología.
Enseguida empec√© a tiritar con fuerza. Mi vestido corto y veraniego no era el mejor atuendo para una fr√≠a noche de finales de oto√Īo.
A lo lejos, son√≥ el sonido de una canci√≥n de reggaet√≥n, que probablemente proven√≠a de un  coche con la m√ļsica a todo volumen. Probablemente estaba llena de adolescentes salidos y borrachos que iban o ven√≠an de una fiesta.
Sin embargo…
Nunca había hecho algo así, pero dadas las circunstancias no tenía muchas más opciones.
Me levanté rápido y me alisé el vestido. Después, me coloqué las medias, tratando de dejar la carrera que me había hecho donde menos se viera, y me frote la parte de debajo de los ojos con las manos. Seguramente estuviesen tremendamente oscurecidos por la mezcla de maquillaje y lágrimas, a pesar de que hacía tiempo que compraba las pinturas resistentes al agua.
Por √ļltimo, trat√© de peinarme con los dedos unos segundos antes de que avistase el coche.
Era un BMW de color negro brillante, cuya matr√≠cula indicaba su m√°s que reciente compra. Por el aspecto que ten√≠a, apostaba a que era de alg√ļn chico pijo cuyos padres hab√≠an pagado una millonada por el veh√≠culo.
Tragué saliva, y me metí un poco en la carretera, estirando el brazo con el dedo pulgar alzado. Me habría sonrojado de no ser por el frío que me recorría de arriba abajo.
El coche fren√≥ en seco frente a m√≠, dej√°ndome ver a dos chicos de unos veinte a√Īos con aspecto animado. El que iba en el lado del conductor, baj√≥ la ventanilla deteni√©ndose a mi lado.
-¿Te llevamos a alg√ļn sitio, nena?