jueves, 8 de enero de 2015

Capítulo XXX



Se me hizo un nudo en la garganta. Ahora s√≠ lo recordaba. Lo que en su momento pens√© que hab√≠a dicho como efecto secundario por el alcohol… ¿resultaba que era verdad?
No podía ser. Sam no era capaz de hacer eso.
Ten√≠a la sensaci√≥n de que la situaci√≥n me superaba. Marcos se liaba con otra porque “le hab√≠an enga√Īado”, conoc√≠a a un chico maj√≠simo, pero que al final me dejaba porque no hab√≠a olvidado a√ļn a Marcos, le secuestraban por mi culpa, y ahora encima, me enteraba de que hab√≠a dejado embarazada a la hermana de un viejo amigo que me ayud√≥ a medio superar la ruptura con Marcos.
Sentí que me desvanecía.
-¿¡Miriam!? ¿Est√°s bien?- Pregunt√≥ Sam en tono alarmado.
Noté que hiperventilaba. Seguía corriendo el tiempo. Tenía que encontrar a Sam. Si no lo hacía ahora perdería la oportunidad. Porque por muy capullo que hubiera podido ser en el pasado, si estaba en peligro era culpa mía, y tenía que ayudarle.
Sin embargo, el c√ļmulo de cosas que hab√≠an acontecido los √ļltimos meses era demasiado para m√≠. Not√© que me faltaba el aire.
Entonces, distinguí una pluma negra brillante en el suelo, bastante grande. Era muy parecida a la que encontré en su día en aquel callejón sin salida.
La recogí tratando de recuperar el aliento. Me manché las manos con algo. Solté la pluma alarmada.
-¡Miriam! ¡¿Qu√© te pasa?!
Me miré las manos. Estaban machadas de una sustancia escarlata, muy oscura, casi negra.
-Es sangre.
No podía más.
-Lucas, tenemos que encontrar a Sam. ¡Hay que encontrarle ya! √Čl… ¡√Čl est√° en peligro! ¡Y es por mi culpa! Tienes que ayudarme, por favor.
-Tienes que tranquilizarte, Miriam. Todo está bien.- La preocupación del rostro de Lucas era patente. Me puso una mano en el hombro, como gesto tranquilizador.
-No, nada est√° bien. ¡Es sangre, Lucas! ¡¿Entiendes lo que eso significa?!- Me empec√© a marear, y not√© como un sudor fr√≠o me recorr√≠a.- ¡Qu√© se trata de Sam!
El coraz√≥n me iba a mil por hora. Pod√≠a percibir la preocupaci√≥n en la mirada de Sam, pero en ese momento me preocup√≥ m√°s la falta de aire. Y de pronto not√© que me desvanec√≠a. Lo √ļltimo que recuerdo fue gritar el nombre de Sam con la esperanza de que apareciera.
*    *    *
Tenía un sabor de boca raro, y me encontraba adormecida cuando me desperté. Estaba en una habitación blanca, y enseguida empecé a distinguir a Lucas, que estaba al lado de mí. Me encontraba tumbada en una camilla de hospital, aunque no recordaba qué hacía aquí.
Observé a mi alrededor. Las paredes eran blancas impolutas, y había algunos aparatos médicos en la sala, aunque ninguno se estaba usando. Lucas estaba sentado en una silla al lado mío, y tenía la cara entre las manos. Parecía preocupado. Me incorporé un poco, captando su atención al instante.
-Lucas. ¿Qu√© ha ocurrido?- Dije mientras me incorporaba lentamente, como mareada.
Una expresión aliviada enseguida se apoderó de su rostro.
-Has sufrido un ataque de ansiedad. Pero solo has estado desmayada un cuarto de hora. Acaban de dejarte aquí hace un momento.
-¿Un ataque de ansiedad?
Qué oportuna soy. No había momento mejor para perder el conocimiento que cuando la vida de alguien dependía de mí. Me mordí el labio reprochándomelo mentalmente, a pesar de que sabía que no había forma de evitar esas cosas.
-Sí, ya sabes. Por los nervios y eso. Pasa cuando una situación nos supera.- Me dirigió una mirada significativa.- Como te estaba pasando a ti.
-Sé lo que es un ataque de ansiedad.- Repliqué dirigiéndole una mirada de burla.
-Por si acaso.- Respondió escueto.
Me fij√© en que Lucas a√ļn llevaba el casco bajo el brazo. Eso acab√≥ de hacerme reaccionar. Mientras hab√≠a estado inconsciente, la cuenta atr√°s para Sam segu√≠a corriendo. De nuevo, los nervios se apoderaron de m√≠.
-¿D√≥nde est√° Sam? Por favor Lucas, dime que le encontraste.- Dije, a√ļn sabiendo que no era as√≠.- Ten√≠amos que salvarle. O al menos yo ten√≠a que hacerlo. ¿D√≥nde est√°?
-Miriam, te dio un ataque de ansiedad en plena noche llegando a Doni√Īos. Te traje inmediatamente al hospital, y apenas han pasado veinte minutos desde entonces. No he podido volver a buscar a tu querido Sam.
Trat√© de encontrar algo que echarle en cara, pero lo peor de todo era saber que la √ļnica que ten√≠a la culpa aqu√≠ era yo. En realidad, Lucas se hab√≠a portado fenomenal conmigo. Y m√°s que eso deber√≠a darle las gracias.
-Siento que te estés perdiendo la fiesta por estar conmigo.- Dije mientras pensaba qué hacer a continuación.
-No te preocupes. Para eso estamos, ¿recuerdas?- Dijo con un brillo melanc√≥lico en su mirada.
-Muchas gracias por todo.- Entonces me vino una idea. Le mir√© dudosa.- ¿Te puedo pedir una cosa m√°s?
-Sí, claro.- Respondió.
-Antes, quiero hacerte una pregunta.- Asinti√≥.- ¿Sabes cu√°l es el procedimiento en estos casos?
-¿Si tienes una ataque de ansiedad, quieres decir? ¿O si desaparece alguien?
-Me refería a lo primero.
-Me imagino que hablar√°n contigo y existe la posibilidad de que te hagan unas preguntas  o te concierten una cita con el psic√≥logo. Estas cosas tienen su peligro, y son procesos meramente mentales. Querr√°n asegurarse de que no te vuelve a pasar. Puede que te pregunten qu√© hac√≠as cuando te desmayaste. Y c√≥mo era tu d√≠a a d√≠a en las √ļltimas semanas, puede que incluso meses.
-O sea, que todav√≠a me queda un rato…- Dije con resignaci√≥n. Me lo hab√≠a temido.
-Me imagino que sí.- Dijo encogiéndose de hombros.- Pero no te preocupes, que no me importa esperarte. Todavía nos queda mucha noche por delante.
-No.- Dije r√°pidamente. Enseguida se lo expliqu√©, al ver su expresi√≥n de desconcierto.- Quiero decir, no puedes quedarte aqu√≠. Eso es lo que quer√≠a decirte. A m√≠ dudo mucho que me dejen salir a√ļn de aqu√≠, por mucho que trate de convencerles de que ya estoy bien, pero Sam no tiene tanto tiempo. Te lo agradecer√≠a mucho, si pudieras volver a Doni√Īos a comprobar si… est√° ah√≠… O si hay alguna pista sobre √©l. Necesito encontrarle.- Baj√© la mirada.
Sabía la enemistad que les unía, pero no me quedaba otra opción que pedírselo. Por supuesto, si se negaba, no podría recriminarle nada, pero no perdía nada por intentarlo. A cada minuto que pasaba disminuían sus posibilidades.
-Imagino que es importante para ti…- Dijo tras unos segundos, resignado. Me encog√≠ de hombros.- Est√° bien. Ir√©. Pero tienes que prometerme que despu√©s de esto, le encuentre o no, disfrutar√°s de la noche.
-Claro, te lo prometo.- Dije con un sentido alivio, sin pens√°rmelo ni un segundo. Solo esperaba estar haciendo lo correcto con esto.
-Eso espero.- Suspir√≥.- Volver√© lo antes posible, espero que acompa√Īado.
-Suerte.- Me levanté un poco y le di un beso de agradecimiento en la mejilla.
Un momento, ¿se hab√≠a sonrojado? Me re√≠ interiormente al percibir su alteraci√≥n.
-Igualmente.- Respondió con voz ronca.
Empezó a andar con paso seguro hacia la puerta. Antes de cerrarla tras de sí, me hizo un gesto de confianza. Realmente creía en sus posibilidades. Resultaba confortable saberlo.
Observé a Lucas salir por la puerta de la habitación a paso ligero, sin demasiado ánimo.
Lamentaba haber tenido que pedirle algo as√≠, pero yo no pod√≠a moverme de aqu√≠, y seg√ļn pasaba el tiempo, m√°s probabilidades hab√≠a de que Sam estuviese… Bueno, de que no estuviese bien.
Entonces vino a mi cabeza otro pensamiento, que asimilé horrorizada.
Al enviar a Lucas le había metido completamente en esto. No solo le privaba de su fiesta, sino que encima le enviaba a la boca del lobo para salvar a un chico al que odiaba.
Ya no solo se trataba de Sam. Ahora Lucas tambi√©n estaba en peligro. ¿Qu√© ocurrir√≠a cuando quien quiera que hubiese estado llam√°ndome descubriese que era √©l quien hab√≠a acudido a su llamada? Adem√°s, en sus mensajes dec√≠a claramente que de la que quer√≠a vengarse es de m√≠. No le valdr√≠a con que le hubiese enviado a √©l. Estaba segura.
Me levant√© r√°pidamente de la cama, y corr√≠ hacia la ventana. Sam parec√≠a no haber salido a√ļn.
Me maldije mentalmente. ¿C√≥mo pod√≠a haber sido tan ingenua? No hac√≠a m√°s que poner en peligro a las personas que trataban de ayudarme. S√≠ es que soy tonta.
Ten√≠a que salir de aqu√≠. A√ļn iba vestida con mi ropa, aunque se me hab√≠a hecho una carrera en las medias. Ignorando ese peque√Īo detalle, corr√≠ hacia la puerta, sin pararme ni a buscar mi bolso, pero me par√© en seco, casi d√°ndome de bruces con una enfermera.
-Usted debe ser Miriam Mart√≠n, ¿me equivoco?- Pregunt√≥ tras un breve vistazo. Era una chica con el pelo anaranjado, muy bajita y delgada y con unos ojazos azul aguamar. Sin embargo, su expresi√≥n era estricta.
-Sí, soy yo.
-Bien. Queríamos hablar un momento con usted, antes de darle el alta. Solo será un momento.
-Me imagino que no puedo decir que no, ¿me equivoco?- Dije con un patente nerviosismo.
-Me temo que no. Pero descuide, no ser√° demasiado.
Resignada, volví a sentarme en la camilla, reparando en que además, había pretendido salir estando descalza. Qué desastre. La enfermera, se sentó enfrente de mí.
-Bien, Miriam. ¿Puedes contarme qu√© es lo √ļltimo que recuerdas estar haciendo antes de despertar en esta habitaci√≥n?
-Disculpe, ¿puede decirme que hospital es?
-S√≠, claro. Estamos en el de Juan Cardona. ¿Por qu√©, desea hablar con alguien? Si quiere, podemos dejarla usar el tel√©fono de la planta baja, no hay ning√ļn problema.
-Sí, por favor.- Dije con renovadas esperanzas.
-Muy bien, la acompa√Īo.
Seguí a la enfermera hasta el ascensor. Fue un trayecto un tanto incómodo. Una vez llegamos a la planta baja, las cabinas de teléfono estaban justo enfrente.
-Tienes dos minutos. ¿Tienes monedas?
Asentí rápidamente. Pareció conforme.
La enfermera se alejó en dirección al mostrador a comentar algo con la chica que estaba allí. Yo me volví hacia el teléfono.
Iba a marcar, cuando me di cuenta de que no ten√≠a ni idea de c√≥mo era el n√ļmero de Lucas. Mierda. Nerviosa, me volv√≠ hacia el mostrador. Estaba algo alejado, pero pod√≠an vigilarme perfectamente desde all√≠. Me gir√© hacia la puerta, que estaba en la direcci√≥n contraria, a unos diez metros de m√≠.
Calculé mentalmente las posibilidades que había de conseguir salir antes de que me descubriesen. La verdad, eran muy limitadas, pero si no lo conseguía, seguiría siendo mejor que si ni siquiera lo intentaba y no volvía a ver ni a Sam ni a Lucas.
Esperé a un momento en el que ambas estaban riéndose de alguna broma que habrían dicho o hecho, y lo más sigilosamente que pude, salí al exterior.
Nada m√°s pisar la  calle, ech√© a correr para alejarme del hospital.
Mir√© a mi alrededor card√≠aca. ¿Y ahora qu√© diablos pod√≠a hacer?
Me giré para echar un vistazo más al hospital, a tiempo para ver a la enfermera saliendo y girando la cabeza de un lado para otro. Sin pensármelo dos veces, salí a la carretera y eché a andar sin rumbo fijo con paso apresurado.
No me detuve hasta haber avanzado un buen trecho. Entonces, llegué a un punto de desesperación, en el que me limité a sentarme en el arcén a regodearme en mi propia desgracia. Tal vez sí me habría venido bien esa sesión de psicología.
Enseguida empec√© a tiritar con fuerza. Mi vestido corto y veraniego no era el mejor atuendo para una fr√≠a noche de finales de oto√Īo.
A lo lejos, son√≥ el sonido de una canci√≥n de reggaet√≥n, que probablemente proven√≠a de un  coche con la m√ļsica a todo volumen. Probablemente estaba llena de adolescentes salidos y borrachos que iban o ven√≠an de una fiesta.
Sin embargo…
Nunca había hecho algo así, pero dadas las circunstancias no tenía muchas más opciones.
Me levanté rápido y me alisé el vestido. Después, me coloqué las medias, tratando de dejar la carrera que me había hecho donde menos se viera, y me frote la parte de debajo de los ojos con las manos. Seguramente estuviesen tremendamente oscurecidos por la mezcla de maquillaje y lágrimas, a pesar de que hacía tiempo que compraba las pinturas resistentes al agua.
Por √ļltimo, trat√© de peinarme con los dedos unos segundos antes de que avistase el coche.
Era un BMW de color negro brillante, cuya matr√≠cula indicaba su m√°s que reciente compra. Por el aspecto que ten√≠a, apostaba a que era de alg√ļn chico pijo cuyos padres hab√≠an pagado una millonada por el veh√≠culo.
Tragué saliva, y me metí un poco en la carretera, estirando el brazo con el dedo pulgar alzado. Me habría sonrojado de no ser por el frío que me recorría de arriba abajo.
El coche fren√≥ en seco frente a m√≠, dej√°ndome ver a dos chicos de unos veinte a√Īos con aspecto animado. El que iba en el lado del conductor, baj√≥ la ventanilla deteni√©ndose a mi lado.
-¿Te llevamos a alg√ļn sitio, nena?



10 comentarios:

  1. no conocia tu blog lo he encaontrado de casualidad
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    desde ya soy tu seguidora 34
    besos te espero en
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    1. Muchísimas gracias, me alegro de que te guste, un beso, ahora mismo me paso linda ^^

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  2. Est√° emocionante tu novela. Escribes genial. Un beso grande :))
    http://unapromesadeazucar.blogspot.com.es/

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    1. Me alegro de que te guste, muchísimas gracias por leerme, un beso linda (: Ahora mismo me paso por tu bloog

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  3. Great blog. I followy you. Pls follow back? :)
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    1. Thank you, dear (:
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