lunes, 2 de febrero de 2015

Capítulo XXXII



Dicen que cuando vas a morir, toda tu vida pasa por delante. Yo nunca me había planteado si sería así. Hasta ahora.
En los dos segundos del trascurso de mi caída hacia el lago, en la parte rocosa que sujetaba el altar y se extendía unos centímetros más allá, solo un pensamiento ocupó mi mente.
No pens√© en mi familia, ni en mis amigos. Ni siquiera dediqu√© un segundo a pensar en Sam. √önicamente me aferr√© al √ļltimo recuerdo bonito que viv√≠ con Marcos. Aquel d√≠a en el que nos reconciliamos despu√©s de todo un verano de mentiras y verdades, de amor y desamor. Aquel beso bajo la lluvia en la ciudad, uno de los besos m√°s sinceros y deseados que he dado en mi vida.
M√°s tarde, comprend√≠ que si no hab√≠a pasado toda mi vida por delante, es porque a√ļn me quedaba mucho por vivir. Un √°ngel se cruz√≥ en mi ca√≠da.
*     *     *
Conmocionada, not√© que alguien me cog√≠a en volandas en el √ļltimo momento, justo antes de chocar contra las rocas del lago. Levant√© la mirada sobrecogida.
Marcos, con expresi√≥n responsable, me abrazaba fuertemente contra su cuerpo. Pasaron unos segundos incre√≠bles  en los que el aire me golpeaba las mejillas, mientras sobrevol√°bamos las aguas negras a toda velocidad, hasta que me deposit√≥ suavemente en la orilla del lago.
Estaba frente a mí mirándome tranquilo.
Yo sentía todo lo contrario.
La visión de Marcos con sus impotentes alas blancas extendidas era impresionante. Como cada vez que las veía, me quedé prendada por su aspecto.
Eran de un blanco impoluto, compuestas por suaves plumas en perfecto estado. Desprend√≠an un halo de luz que aportaba un aire a√ļn m√°s sobrenatural a la escena.
Poco a poco, se fueron replegando, en un proceso espectacular. No pude apartar la mirada hasta que hubieron desaparecido por completo.
-Espero que alg√ļn d√≠a me perdones.- Habl√≥ por fin Marcos.
Le aguanté la mirada sin saber qué decir unos segundos, hasta que finalmente, Marcos se dio la vuelta con expresión apenada, aunque comprensiva.
-Espera.- Dije en tono tembloroso.
Se detuvo y se volvió a mirarme.
-¿Qu√© ocurre?
Como en un sue√Īo, me acerqu√© lentamente a √©l, como si me encontrase en un mundo de cristal, y cualquier movimiento brusco pudiera romperlo en mil pedazos.
No me detuve hasta encontrarme a pocos centímetros de su rostro.
Notaba su respiración, cada vez más entrecortada, junto a mi piel.
Muy despacio, levanté una mano dudosa, hasta apoyarla en su rostro. Noté que se me humedecían los ojos.
-Estás aquí.
Como si eso le hubiese dado nuevas esperanzas, Marcos esboz√≥ una peque√Īa sonrisa y me puso un mech√≥n de pelo detr√°s de la oreja.
-Estoy aquí. Siempre lo he estado.
Estaba paralizada, sobrepasada por todo lo que estaba ocurriendo. Era Marcos. Simplemente él. Y le tenía a pocos centímetros. Solo tenía que moverme un poco para juntar sus labios con los míos.
Marcos se acercó un poco, acortando la distancia entre nosotros, con cuidado, como a la espera de que yo le detuviese o le diese permiso para avanzar más.
-¡Samuel! ¡Sam! ¿Est√°s ah√≠?- Unos gritos me hicieron volverme repentinamente, rompiendo el momento al instante. Como si me despertara de un sue√Īo, me apart√© de Marcos deprisa.
Era Lucas. Sorprendida, le llamé.
-¡Lucas! ¡Estoy aqu√≠!- Avanc√© dos pasos en la direcci√≥n de los gritos.
Lucas apareció por el sendero, a unos ocho metros de donde nos encontrábamos.
-¡Miriam!- Pareci√≥ m√°s sorprendido que aliviado. Empez√≥ a avanzar a paso apresurado hacia aqu√≠.
-Lucas, no sabes cuánto me alegro de que estés bien.- Dije francamente, con un visible alivio en el rostro.
Me volv√≠ hacia Marcos,  con intenci√≥n de explicarle de qu√© iba esto, pero me qued√© de piedra.
No había nadie detrás de mí. Marcos había desaparecido sin dejar rastro, como si solo hubiera sido un espejismo, como si nunca hubiese estado ahí.
Notaba un enorme vacío en el pecho, como si Marcos al irse se hubiera llevado una parte muy importante de mí con él.
Si es que de verdad ha estado aqu√≠ en alg√ļn momento”- Dijo una irritante parte de mi subconsciente.
Claro que hab√≠a estado. ¡Me hab√≠a salvado la vida! Una vez m√°s.
-Miriam, ¿c√≥mo has llegado aqu√≠?- Lucas me toc√≥ el hombro, sac√°ndome bruscamente de mis pensamientos. Parec√≠a bastante acalorado.
-Haciendo autostop.- Respond√≠ en tono seco. No me apetec√≠a hablar del desagradable incidente que hab√≠a acontecido con los idiotas del BMW. Adem√°s, la extra√Īa sensaci√≥n de que Marcos se hubiese marchado, me imped√≠a pensar con claridad.
-Qu√© suerte. Yo ten√≠a pinchadas las ruedas de la moto. ¡Las dos! Alg√ļn imb√©cil que se aburre mucho.- Parec√≠a cabreado, aunque se estaba conteniendo.- Siento mucho no haber podido llegar antes. S√© que confiabas en m√≠, y que te he fallado…
-No me pidas perdón.- Repliqué con seguridad.- Hace un rato creí que os había perdido a los dos. No sabes cuánto me alegro de que te pinchasen las ruedas. Nada más irte, me di cuenta de la mala idea que era mandarte a ti solo aquí. Créeme, es mejor así.
Lucas pareció desconcertado. Y por primera vez, pareció reparar en mi desastroso aspecto. Su boca se entreabrió ligeramente en un gesto que indicaba su sorpresa mezclada con horror.
-¿Qu√© narices te ha pasado?
-Mi aspecto no es el de una chica que sale un s√°bado por la noche, ¿no?- Dije en tono sarc√°stico, para ganar tiempo mientras pensaba c√≥mo cont√°rselo.
Sin embargo, su mirada estaba ahora fija en mi mano. Dudosa, baj√© la mirada, acord√°ndome de pronto de que a√ļn sosten√≠a el pu√Īal.
-¿De d√≥nde has sacado eso?
Cogí aire. No sabía hasta donde podía contarle, para no involucrarle demasiado. Aunque cada vez estaba más segura de lo complicado que sería eso.
-Me lo encontr√©.- Respond√≠ escueta. Al ver su expresi√≥n, concret√© m√°s.- Cuando llegu√© aqu√≠, sub√≠ hasta ese altar de piedra.- Se√Īal√© su fina sombra a lo lejos.- All√≠ estaba la daga. No s√© muy bien por qu√© la cog√≠. Supongo que me hac√≠a sentirme m√°s segura, teniendo en cuenta que cre√≠a que Sam y t√ļ estabais desaparecidos.
-Miriam, cu√©ntame de una vez de qu√© va todo esto. Estoy perdi√©ndome la fiesta de mi cumplea√Īos, que Jana ha preparado con toda su ilusi√≥n, lo cual posiblemente me ocasione una bronca con ella.- Al ver mi expresi√≥n, se corrigi√≥ r√°pidamente.- No te estoy echando la culpa. S√© perfectamente que t√ļ no me has pedido nada y que si estoy aqu√≠ es porque he querido. Pero por lo menos, quiero saber el motivo de que hayas querido venir a Doni√Īos en plena noche a buscar a Sam. ¿Qu√© le ha ocurrido? ¿Y qu√© era ese resplandor?
Me quedé callada dos segundos, buscando una respuesta convincente.
-¿Resplandor?- Pregunt√© al final, confusa.
-Cuando me acercaba, hab√≠a un resplandor que iluminaba el cielo y el claro que hay justo aqu√≠. Justo donde estabas t√ļ. Y mientras me acercaba, de repente, comenz√≥ a apagarse. Y no me digas que no sabes de lo que te estoy hablando, Miriam. Basta de mentiras y secretos.
Sent√≠a esa horrible sensaci√≥n de que dijera lo que dijera, iba a empeorar la situaci√≥n. Pero ser√≠a a√ļn peor si estaba callada.
-Si te lo contara no me creerías.- Dije finalmente.
-Prueba.
Suspiré. Pude ver en su expresión un leve alivio al ver que ya me había rendido.
-Ni Sam ni yo somos personas normales.- Comenc√©.- Es algo… m√°s complicado y raro de lo que se es capaz de imaginar hasta que no lo vives. Digamos que tanto √©l como yo tenemos… ¿cualidades especiales?- La cara de Lucas reflejaba lo raro que le estaba sonando todo esto.- Ya s√© que suena raro, pero es la verdad.
-¿Cualidades especiales?
Me mord√≠ el labio. ¿Se lo dec√≠a?
-Sí.
-¿A qu√© te refieres?
-Sam es un √°ngel. Y yo soy una Samyaza, una persona con poderes especiales.
Lucas me miró como si estuviese loca.
-Miriam, ¿qu√© narices me est√°s contando?- Parec√≠a cabreado.- Conf√≠o en ti, vengo hasta aqu√≠, y t√ļ me tomas el pelo con cuentos de √°ngeles. ¿De qu√© va esto?
-Lucas, es la verdad. Te lo puedo demostrar.- Dije nerviosa.
-Muy bien. ¡Demu√©stramelo! Esto es de locos.
-Espera.- Busqué apresurada el cierre de mi colgante, mientras pensaba qué podía hacer exactamente para mostrarle lo que era capaz de hacer.- Pero por favor, tienes que guardarme el secreto.
Soltó una amarga carcajada.
-Muy bien, te guardar√© el secreto. Pero hazme caso, y ve a un especialista. Tu… T√ļ no est√°s bien.- Dijo en un tono terriblemente fr√≠o y distante.
Me quedé mirándole helada mientras se marchaba por donde había venido, quedándome una vez más sola en medio de la oscuridad del claro.
*    *    *
Por fin, me metí debajo del chorro de agua caliente. Menudo paseíto hasta llegar a casa.
Me negaba a hacer autostop de nuevo, y tampoco quería llamar a nadie para que viniese a buscarme. Bastante había tenido con lo que me había dicho Lucas, así que me había tocado hacer todo el camino andando, orientándome a base de carteles.
Cuando había llegado a casa, por suerte mis padres estaban dormidos, así que me había ahorrado tener que dar explicaciones de mi aspecto. Y la bronca por llegar una hora después del toque de queda.
Estuve en la ducha hasta que empezaron a arrugarse mis dedos. Después, me envolví en una toalla limpia, y volví a mi cuarto.
Ten√≠a la cabeza a reventar. Qu√© noche. Y encima, no hab√≠a conseguido nada. Mi √ļnico objetivo de hoy, rescatar a Sam, hab√≠a resultado fallido. Si bien, hab√≠a empeorado la situaci√≥n haciendo que Lucas pensase que estaba loca.
Suspir√© resignada mientras me pon√≠a un pijama de cuadros con una suave camiseta de color verde oscuro. No pod√≠a culparle, tampoco. Al fin y al cabo, su reacci√≥n era perfectamente comprensible. Le acababa de soltar… bueno, parte del secreto del mundo de los √°ngeles. Era normal que se pusiese as√≠.
Supongo que si no me lo hab√≠a esperado, era en parte porque a las pocas personas “normales” que se lo hab√≠a confiado, hab√≠an tenido reacciones amables y comprensivas. Jake al principio no se lo cre√≠a, pero al final, arriesg√≥ su vida por ello. Y Sara y Daniel, desde que se enteraron me hab√≠an ayudado un mont√≥n con este tema. Sobre todo Daniel…
Me sentía mal por llevar tanto tiempo sin preguntar por él. Me prometí que al día siguiente llamaría a Sara para preguntarle cómo estaba. Era un fastidio vivir tan lejos del hospital en que estaba ingresado.
Cuando terminé de vestirme, me metí en la cama para tratar de dormirme. Ya era tarde, y tal vez dormir me ayudaría a dar con una posible solución para el problema de que Sam estuviese desaparecido.
Sin embargo, tras dar mil y una vueltas en la cama, me rend√≠ y encend√≠ mi ordenador. Cog√≠ mis cascos y los conect√©, mientras sonaba “Photograph”, de Ed Sheeran. La letra era un tanto deprimente en estos momentos, pero me encantaba esta canci√≥n. Era tan… Real.

Loving can hurt
Loving can hurt sometimes
But it's the only thing that I know
And when it gets hard
You know it can get hard sometimes
It is the only thing that makes us feel alive

We keep this love in a photograph
We made these memories for ourselves
Where our eyes are never closing
Hearts are never broken
And times are forever frozen still

So you can keep me inside the pocket
Of your ripped jeans
Holding me closer till our eyes meet
You won't ever be alone
Wait for me to come home

[…]

Un ruido me sacó bruscamente de la letra. Había sido como si alguien se hubiese golpeado con mi ventana.
Sobresaltada, me incorporé rápidamente. Estaba abierta.
Inquieta, me asomé en busca de algo sospechoso, y finalmente la cerré desconfiada. Un recuerdo vino entonces a mi mente.
“-Est√°s aqu√≠.- Le dije emocionada, con los ojos h√ļmedos.
-Estoy aqu√≠. Siempre lo he estado.- Respondi√≥ en tono sincero”.

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