miércoles, 25 de marzo de 2015

Capítulo XL



Cerr√© los ojos. Si iba a morir, no quer√≠a que fuera Daniel lo √ļltimo que viera.
Pasó un segundo. Dos.
-Estate quieto, Daniel, o te juro por lo que más quiero que lo lamentarás.- Dijo una voz masculina, suave y melosa. La reconocí enseguida, aunque sonaba más alterada que las otras veces que la había oído.
Permanecí inmóvil, creo que ni siquiera respiraba. La tensión de la escena parecía poder cortarse con un cuchillo.
-No, estate quieto t√ļ, Eneas.- Replic√≥ en un tono perfectamente medido. Sonaba demasiado tranquilo, no parec√≠a sorprenderle la llegada del antiguo compa√Īero de Axel.
A√ļn notaba el fr√≠o del metal contra la piel de mi garganta, pero Daniel hab√≠a aflojado la presi√≥n de sus brazos. Solo necesitaba que siguieran hablando unos segundos m√°s. Qui√©n sabe. Puede que con la distracci√≥n de su discusi√≥n pudiera salir corriendo y escapar.
-¿Por qu√© iba a hacer caso a un humano in√ļtil?
-Porque si la mato, acabo con tus planes, y todos estos meses de observaci√≥n y preparaci√≥n habr√°n sido en balde. ¿Me equivoco? No buscas una muerte r√°pida. Quieres que sufra, igual que sufriste t√ļ cuando acab√≥ con Axel.
Eneas apretó la mandíbula con fuerza.
-No tienes ni idea.- En contra de lo que hac√≠a habitualmente, Eneas parec√≠a a punto de saltar sobre Daniel enfurecido. Cerraba los pu√Īos con fuerza, como tratando de contenerse.
-No soy tan tonto como piensas. Ni tan inocente como Miriam.- No me mir√≥ al pronunciar mi nombre, pero no pude evitar estremecerme. Por un momento hab√≠a pensado que se hab√≠an olvidado de m√≠.- ¿Por qu√© tanto inter√©s por vengar la muerte de Axel? No quieres limitarte a matarla, que habr√≠a sido lo m√°s normal. Quieres algo m√°s original, m√°s elaborado, y much√≠simo m√°s peligroso. ¿Qu√© era Axel para ti?
Abrí los ojos como platos.
-¿Qu√© est√°s insinuando?- Eneas pronunci√≥ cada palabra muy lentamente, sin apartar la vista de Daniel. Su mirada era fulminante, tanto que me recorri√≥ un escalofr√≠o.
-Erais pareja, ¿verdad?- Afirm√≥ en tono convencido, sin m√°s rodeos. Su expresi√≥n no vari√≥ ni un √°pice. Me pregunt√© cu√°nto sab√≠a del mundo de los √°ngeles.
Tampoco es que yo supiera mucho, pero aparte de la leyenda de los √°ngeles ca√≠dos, conoc√≠a algunas normas. Y la homosexualidad estaba muy mal vista, y terminantemente prohibida, a√ļn en pleno siglo XXI, algo que me sorprendi√≥ bastante cuando me enter√©. Y eso solo agravaba la acusaci√≥n de Daniel.
Ahogué un grito cuando Eneas, sin previo aviso, se lanzó sobre nosotros con los ojos a punto de salírsele de sus órbitas.
-¡No sabes nada!
Entre gritos y maldiciones, tiró a Daniel al suelo, que me soltó de inmediato para defenderse.
Recibí un golpe en el hombro izquierdo, pero no tardé en conseguir escabullirme entre ambos.
Observé anonadada como Daniel se defendía como podía de los ataques de un Eneas enfurecido que había perdido completamente los papeles.
-¡Miriam!- La voz de Daniel son√≥ urgente al llamarme, y repentinamente cercana, opuesta a como hab√≠a sonado cuando me recriminaba apunt√°ndome con ese cuchillo.
Permanecí sin saber qué hacer, mirando angustiada como daban vueltas por la hierba entre golpes y patadas.
En un momento dado, uno de ellos lanzó una cuchillada, y vi el brillo de la sangre roja a la luz de la linterna que hacía rato que se había caído al suelo.
No distinguí a quién pertenecía, pero bastó para hacerme reaccionar.
Corrí hacia ellos tratando de confiar en mí misma. En ese momento, Eneas estaba sobre Daniel, con las manos ensangrentadas y puestas en torno al cuello del otro.
Sin pensarlo demasiado, le empujé con todas mis fuerzas, derribándole hacia un lado, para su sorpresa.
Soltó un improperio, pero enseguida le tuve encima, antes de poder defenderme.
Me lanz√≥ una mirada que me hizo sentir repentinamente peque√Īa y vulnerable. De pronto dese√© estar en mi casa, a salvo de todo esto.
Cogi√≥ una piedra de un tama√Īo considerable que hab√≠a en el suelo y la levant√≥ sobre su cabeza, en una pose terriblemente amenazadora.
Cerré los ojos atemorizada, pero Daniel fue más rápido, y consiguió inmovilizar a Eneas contra el suelo, obligándole a soltar la piedra.
Me incorporé con la espalda dolorida y la cabeza dándome vueltas. Me puse junto a Daniel a pesar de todo, para ayudarle con Eneas.
-Solo lo preguntar√© una vez.- Daniel volv√≠a a estar serio y pausado, aunque su respiraci√≥n estaba m√°s acelerada tras el esfuerzo f√≠sico. Apoyaba su cuchillo contra el cuello de Eneas, como hab√≠a hecho antes conmigo.- ¿D√≥nde est√° Samuel?
La pregunta me descoloc√≥ totalmente, si es que pod√≠a hacerlo m√°s de lo que ya estaba. ¿No se supon√≠a que me odiaba? Y que pensaba que Sam estaba mejor donde quiera que estuviese ahora.
El rostro de Eneas se ensombreció rápidamente, como si se hubiesen puesto las cartas sobre la mesa y hubiera descubierto que le había tocado una muy mala mano.
-Nunca la habrías matado.- Su tono era gélido.- Jamás habría pensado que un humano fuese capaz de idear algo así.
-Tu error, al igual que el de Axel en su momento, fue subestimar al oponente. Siempre vale m√°s prevenir que lamentar.
Me dol√≠a la cabeza. ¿Qu√© narices estaban diciendo?
-Sabias palabras. L√°stima que t√ļ cometas el mismo error a pesar de todo.
Antes de que nadie pudiese a√Īadir una palabra, Eneas se desvaneci√≥ en el aire, como si nunca hubiera estado ah√≠. Habr√≠a dudado de no ser porque a√ļn me dol√≠a el cuerpo entero de cuando me hab√≠a tirado al suelo.
-¡No!- Aull√≥ Daniel impotente, palpando con las manos el lugar donde hab√≠a estado Eneas hace unos segundos.- Es imposible.
-Daniel, ¿de qu√© va todo esto?
-Miriam.- Pareció verme por primera vez desde hacía mucho tiempo.- Siento mucho que hayas tenido que pasar por esto, y te prometo que no siento nada de lo que he dicho antes.
-¿Perd√≥n?- Le mir√© alucinando.
-Puede que hubiese sido mejor cont√°rtelo, pero pens√© que si t√ļ tambi√©n te lo cre√≠as, resultar√≠a m√°s convincente para Eneas.
-¿Qu√© quieres decir?
-Bueno, es verdad lo que he dicho de que Eneas te tiene reservado algo más poético que una muerte rápida a manos de alguien como yo. Y pensé que si le convencía de que iba a matarte, aparecería. Contaba con el factor sorpresa, así que tal vez podría averiguar algo más sobre sus planes y el paradero de Samuel. Además así nos aseguraríamos de que de verdad era él quien estaba detrás de todo esto.
Tard√© unos minutos en asimilarlo. Y me sent√≠ repentinamente est√ļpida. Madre m√≠a, me lo hab√≠a tragado entero, era incre√≠ble como hab√≠a conseguido enga√Īarme.
“Porque en el fondo tiene raz√≥n en todo lo que dijo”, pens√© desolada.
-Pues enhorabuena. Lo has conseguido. Nos has enga√Īado a los dos. ¿Est√°s satisfecho?
-Esto no debería haber terminado así. Nadie puede desaparecer de esa manera. Es imposible. Quiero decir, aun conociendo sus poderes.
-No s√© c√≥mo lo ha hecho, pero tampoco creo que tenga mucha importancia. Lo √ļnico que s√© ahora mismo es que tienes que volver a Madrid y olvidar todo esto de una vez por todas.- Respond√≠ fr√≠amente.
-¿Qu√© dices? Miriam, ya te he dicho que no pensaba nada de lo que te dije antes. Todo formaba parte del plan.- Me mir√≥ irritado.
-Primero, no soy idiota, y s√© perfectamente que muchas de las cosas que dijiste eran ciertas.- Antes de que pudiese replicar, alc√© un dedo para indicar que me dejase y continu√©.- Y segundo, no necesito tu ayuda. No necesito que me protejas, ni que idees planes est√ļpidos para intentar vencer a un √°ngel. Es in√ļtil. Simplemente no se puede.
-No digas eso, claro que se puede. Ya lo hiciste una vez.
-Y solo se tiene tanta suerte una vez en la vida. Porque fue cuestión de suerte. Olvídalo.
-No, claro que no. No voy a dejarte sola en esto.
-Ya estoy sola. Siempre lo he estado.- Repuse sin mirar a ning√ļn sitio en concreto.
-Eso no es cierto. Est√°n Sara y Jake, y yo, tus amigas de Galicia, tu familia…
-Y nadie sabe toda la verdad. No he sido capaz de contarle a nadie todos los detalles de la historia. Hay cosas que uno solo puede guardarse para sí. Es en esos casos cuando me gusta escribir. Una forma de desahogarse sin necesidad de apoyarse en nadie.
-No puedes estar hablando en serio, Miriam.
-Claro que hablo enserio. Daniel, me alegro de que hayas despertado, no s√© a√ļn por qu√© esta vez s√≠ consegu√≠ revivirte y las otras no, pero tampoco me importa demasiado. Lo √ļnico que s√© es que ten√≠as raz√≥n, y que no hago m√°s que ponerte en peligro. A ti y a cualquiera que trata de ayudarme. Es mejor que te vayas.
-No.- Su voz sonó rota.
-No quiero que te quedes, Daniel. ¿Es que no lo entiendes? No quiero volver a verte por aqu√≠. Por favor, vuelve a Madrid. Por favor.- Implor√© en tono urgente a la par que entristecido.
-Miriam.- Llam√≥, como una s√ļplica.
-Olvídalo. Olvídame.- Mi tono era firme. Daniel apretó la mandíbula, con impotencia.
Bajó la mirada, y di por terminada la conversación. Empecé a alejarme por el camino, pero de repente volvió a hablar, seco y triste.
-Nunca podré olvidarte.
Un escalofr√≠o me recorri√≥, era un extra√Īo d√©j√† vu. Era tan parecido a cuando me hab√≠a despedido de Marcos aquel d√≠a, justo antes de volver a Galicia.
Solo que esta vez era yo quien me alejaba caminando, tratando de no vacilar. Y había otra diferencia. Esta vez no lloré.
No paré de andar y recorrí a paso apresurado el camino por el que habíamos venido, en sentido contrario. Se me hizo eterno.
Cuando llegué a casa, abrí la puerta sigilosamente, y subí sin más dilación a mi habitación.
En todo el camino, no hab√≠a dejado de darle vueltas a lo sucedido. Era impresionante como Daniel hab√≠a actuado sin vacilar, y hab√≠a conseguido enga√Īar incluso a Eneas. Hab√≠a que admitir que su plan no era malo, aunque al final no sirviese de mucho.
Puede que Daniel no tuviera la culpa de nada, pero a√ļn as√≠, no me arrepent√≠a de haberle dicho que se fuera. Donde mejor estaba es lejos de m√≠. Eso lo ten√≠a claro.
Y era verdad que Sam tampoco estaría a salvo conmigo, pero donde seguro que no estaba bien, era en manos del psicópata de Eneas. Y ahora lo tenía más claro que nunca.
Ahora mismo echaba much√≠simo en falta sus adorables cartas de “Hazme un favor y sonr√≠e”. No s√© c√≥mo lo hac√≠a, pero siempre consegu√≠a sacarme una sonrisa. Eso me parec√≠a tan lejano en este momento…
Tenía que encontrarle. Si no recibía más pistas, las buscaría yo misma. Aunque no supiera dónde.
Tomé la determinación de que hasta que le encontrase, estaría buscando cualquier tipo de información en internet y los periódicos, buscaría también más datos sobre el mundo de los ángeles consultando distintas fuentes. Sabía que sería complicado hallar información verídica, pero no se me ocurría nada más, y desde luego, no podía quedarme de brazos cruzados.
Y mi misión comenzaba desde ya.
No iba a poder dormirme de todas formas, así que encendí mi ordenador para ponerme manos a la obra.
Iba a encontrarle. Sabía que era capaz de hacerlo.
Me met√≠ en el buscador y vacil√© unos instantes. Despu√©s decid√≠ comenzar por buscar el nombre completo de Sam, puede que alguien hubiese denunciado su desaparici√≥n, o que hubiese alguna noticia m√°s  o menos reciente relacionada con √©l.
*    *    *
Pasé semanas buscándole. Semanas de investigación y estudio del mundo de los ángeles combinado con el instituto, que ya estaba comenzando a robarme bastante tiempo por los exámenes de la primera evaluación. Y a eso había que sumarle las constantes preguntas de mis amigos sobre qué me pasaba para que apenas saliera por ahí.
Pero en ning√ļn momento me rend√≠. Cada d√≠a, estaba un poco m√°s cerca de conseguirlo, o por lo menos eso intentaba creer.

domingo, 22 de marzo de 2015

Capítulo XXXIX



-¿Qu√© quieres decir con eso? ¿De qui√©n se trata?- Pregunt√© repentinamente alterada. Supongo que en ning√ļn momento hab√≠a confiado totalmente en la posibilidad de resolver el rompecabezas.
-Bueno, Axel no actuaba solo, ¿cierto? Y si no me equivoco, su querido e inseparable amigo Eneas sigue vivo, y puede que con mucha sed de venganza.
Me tap√© la boca abierta con la mano. ¿C√≥mo pod√≠a no haberme dado cuenta? Claro que me sonaba la voz. ¡Era √©l! Dios, hab√≠a estado tan cerca. Me sent√≠ enormemente tonta por no haber sido capaz de descifrarlo antes.
-Claro. Definitivamente, soy idiota.- Afirmé en tono resignado.
Daniel soltó una carcajada.
-No te comas la cabeza con eso. Es mucho más difícil pensar con claridad cuando estás metido de lleno en el asunto. Cuesta pensar con perspectiva.- Explicó paciente, complacido consigo mismo por haber hallado la respuesta.
-Si t√ļ lo dices.- Me encog√≠ de hombros. Luego mir√© a nuestro alrededor de nuevo.- ¿De verdad crees que pueden estar observ√°ndonos ahora?
-La verdad, no lo veo probable. Pero no creo que haya sido tan terrible ir abrazada conmigo, ¿no?- Me gui√Ī√≥ un ojo con una sonrisa torcida.
-¡Daniel!
-Luego hablamos. No me eches demasiado de menos.
Me quedé mirándole incrédula, con una sonrisa divertida, muy a mi pesar.
-Miriam.- Me llam√≥ una √ļltima vez, justo antes de que abriese la puerta de casa.- No se lo cuentes a nadie, ¿vale? No es seguro.
-No lo dudes.
*    *    *
Nada más terminar de cenar el viernes por la noche, subí a mi cuarto. Quería intentar hablar con Sara una vez más. Llevaba llamándola toda la semana.
Cog√≠ el m√≥vil y marqu√© el n√ļmero sin demasiadas esperanzas.
Casi me dio algo cuando oí su voz débil al otro lado de la línea.
-¿Hola?
-¡Sara! Estaba preocupad√≠sima por ti. ¿Qu√© pas√≥? ¡Te he llamado mil veces!- Empec√© a hablar atropelladamente, aliviada de o√≠rla por fin.
-Lo siento, nena.- Su voz sonaba m√°s apagada de lo habitual. Algo no iba nada bien.
-¿Pero por qu√© has estado tan desaparecida?- Inquir√≠ al ver que no a√Īad√≠a nada m√°s.
-No ha sido nada. Los exámenes me han ocupado casi todo el tiempo, y desconecté el móvil para estar al cien por cien en clase. No hay más.
No me creí ni una palabra. Sin embargo, en vez de insistirla, me mordí el labio, dudosa.
-Vaya.
-¿Est√° Daniel contigo, no?- Pregunt√≥, en un tono que parec√≠a m√°s de obligaci√≥n que porque la importara.
-S√≠. Hoy vamos a ir a la laguna de Doni√Īos, que es donde supuestamente deb√≠ ir a buscar a Sam ese d√≠a. Dice que tiene un plan para solucionar todo esto.- Suspir√©. No es que no confiara en √©l, simplemente, ve√≠a demasiado lejano y complicado que esto pudiera solucionarse.
-¿Ah s√≠?- Su voz son√≥ repentinamente seca, aunque adquiri√≥ un matiz de inter√©s.- ¿Qu√© piensan tus padres de eso?
-Bueno, no lo saben. En realidad estoy castigada dos semanas, pero no puedo esperar más para esto. Vamos a ir esta noche, cuando ellos estén durmiendo.
-Ya. Bueno, pues suerte con el plan de Daniel.- A√Īadi√≥ r√°pidamente, con tono urgente.
-Gracias.- Respondí sorprendida por la impaciencia que parecía tener por colgar de pronto.
-Adiós.- Se despidió.
-Ya hablare…- Me cort√© a mitad de la palabra, interrumpida por el pitido que indicaba que Sara ya hab√≠a colgado el auricular. Frunc√≠ el ce√Īo preocupada, pero no hice nada. En lugar de eso, me limit√© a guardar el m√≥vil en mi bolsillo.
Mientras mis padres se iban a dormir, esper√© paciente leyendo una novela que me hab√≠a regalado mi madre hac√≠a poco. Se llamaba “M√≠rame y dispara”, y la verdad, me estaba gustando bastante, aunque hoy no consegu√≠a centrarme ni de lejos en la lectura.
Cuando por fin pasaron a darme las buenas noches, cerré el libro y me acabé de preparar. Conté hasta treinta, y abrí sigilosamente la puerta de mi habitación.
Baje las escaleras sin hacer el más mínimo ruido. Cuando salí, Daniel ya estaba esperándome fuera, apoyado en una farola de la calle, con un aire misterioso.
-¿Qu√© tal el examen?- Pregunt√≥.
-La verdad, no tengo ni idea. La mitad de las cosas las he sacado por deducci√≥n. Pero casi que no quiero hablar de eso ahora. ¿Vas a contarme ya tu plan?
Primero Daniel había querido que lo lleváramos a cabo el sábado, pero después de estar en ascuas toda la semana, me había negado a esperar un solo día más. Quedamos en que sería el viernes cuando haríamos aquello que tenía entre manos, aunque esperamos a que fuera de noche para salir.
Negó con la cabeza. Parecía irritantemente complacido ante mi impaciencia.
-Est√°s disfrutando con esto, ¿verdad?
-No te imaginas cu√°nto.- Repuso con una sonrisa.- Al fin y al cabo, llevo meses tirado en una camilla sin hacer nada.
-Cuando estabas ah√≠… ¿Te enterabas de algo de lo que suced√≠a a tu alrededor?
-Recuerdo partes sueltas. Sé que parece raro, pero supongo que el mío no era un caso corriente.
-No suena tan raro. Dicen que le pasa a mucha gente cuando est√° en coma. ¿Qu√© opinaban los m√©dicos de que te fueras de Madrid tan pronto?
-No lo sé, aunque supongo que no estén del todo conformes con la decisión.
-¿¡Perd√≥n!? ¿Te has escapado del hospital, Daniel?
-Apuesto a que t√ļ tambi√©n lo has hecho alguna vez.
Iba a replicar, pero enseguida me vino el recuerdo de aquel no tan lejano ataque de ansiedad. Me mordí el labio irritada.
-Pero no despu√©s de haber estado tan grave. ¡Daniel, hace dos d√≠as no sab√≠a si ibas a ponerte bien!
-Pero ahora ya lo estoy. Esto se acab√≥, Miriam. Quedarme en el hospital habr√≠a supuesto una absurda p√©rdida de tiempo que solo te habr√≠a puesto en peligro, ¿no lo entiendes?
-¡El que no lo entiende eres t√ļ, no puedes jugar as√≠ con tu salud! Y no creo que suponga gran diferencia que me vayas a buscar a la salida del colegio.
Al oír las palabras dichas en voz alta, me mordí el labio. Había sonado mejor en mi cabeza. Daniel ni se dignó a mirarme.
-Pues yo creo que sí supone una clara diferencia. Y es que te hundas, o no, que sigas viva.- Repuso finalmente.
-Lo que t√ļ digas.- Suspir√© a modo de rendici√≥n, aunque ni de lejos compart√≠a su pensamiento.- Cu√©ntame tu plan.- Volv√≠ a insistir.
-A√ļn no.
Me volv√≠ a quejar, indignada, pero √©l se sigui√≥ negando, divertido, durante todo el trayecto. Cuando llegamos a Doni√Īos, ya deb√≠a ser tard√≠simo. Menos mal que al d√≠a siguiente no hab√≠a clase.
-¿D√≥nde fue?
-Siguiendo el camino.- Dije sin dejar de andar. Por suerte hoy habíamos recordado traer linternas. Nos iban a hacer falta.- Después se llega a un lago, que fue donde supuestamente estaría Sam.
Asintió ensimismado y me siguió, perdido en sus pensamientos.
Por fin llegamos al claro. Esta vez, no había luna, por lo que todo cobraba un aire más oscuro y tétrico. Y eso que ya era difícil.
-Es aqu√≠, ¿no?
-S√≠.- Un escalofr√≠o me recorri√≥ al recordar la √ļltima vez que estuve aqu√≠. ¿Qu√© habr√≠a sido de la daga? No recordaba que ocurri√≥ con ella.
Noté como se me ponía la piel de gallina al recordar el momento en que sobrevolé el lago, con Marcos sujetándome con fuerza, aunque a la vez con delicadeza, como si tuviese miedo de romperme. Fueron unos instantes tan irreales, a la vez que mágicos e increíbles.
Daniel me sobresalt√≥ de repente, sacando un cuchillo de cocina de un tama√Īo considerable del interior de su cazadora.
-Llevaba mucho esperando este momento.- Su voz sonaba de repente bien medida, pero con un aire que me hacía estremecerme inquieta.
-¿Qu√© quieres decir? ¿Por qu√© has tra√≠do esto?- Retroced√≠ un par de pasos, incapaz de pensar con claridad.
Acarició el filo del cuchillo suavemente, con una sonrisa que jamás había visto en él, y que resultaba un tanto espeluznante.
-¿Tanto te sorprende? La verdad, te recordaba m√°s inteligente, Miriam. Nunca habr√≠a dicho que enga√Īarte me resultar√≠a tan sencillo. As√≠ hasta pierde su gracia.- A√Īadi√≥ en tono de fastidio, aunque sin perder su horrible sonrisa.
-No puede ser.- Negu√© convencida.- T√ļ no eres as√≠. No puede ser.- Repet√≠.
Soltó una carcajada burlona.
-Ese es tu peque√Īo gran fallo, Miriam. Conf√≠as demasiado en las personas. As√≠ te va.- Se encogi√≥ de hombros, como si lo sintiera. De pronto me entraron unas ganas tremendas de patearle la cara hasta quitarle esa est√ļpida sonrisa de la cara.
-¿Qu√© me est√°s diciendo, Daniel? ¿Que eras t√ļ? ¿Que desde que despertaste me has estado enga√Īando?- Pregunt√© con voz rota. No pod√≠a creerlo. Me negaba a pensar que eso fuera una posibilidad realmente.
-Vaya, veo que me vas siguiendo.- Por un momento apretó la mandíbula, pero enseguida retomó su anterior expresión.
-Pero, ¿por qu√©? ¿Por qu√© hacer algo as√≠? ¿Por qu√© aqu√≠?- Pregunt√©, sin verle ning√ļn tipo de sentido a nada de lo que me estaba diciendo.
-Desde que me rechazaste en aquella habitaci√≥n en la que nos encerr√≥ Axel, en verano, he planeado como vengarme.- Le mir√© incr√©dula,  a punto de replicar, pero enseguida continu√≥.- Y despu√©s, cuando por tu culpa me qued√© inconsciente, debati√©ndome entre la vida y la muerte, t√ļ no lloraste por m√≠. No lloraste por haber estado a punto de matarme. Lloraste porque tu amado Marcos se li√≥ con otra chica. Lo cual ciertamente no me extra√Īa lo m√°s m√≠nimo.
-No puedes pensar eso.- Me tembl√≥ la voz y me di cuenta de que ten√≠a las mejillas h√ļmedas. Por un momento agradec√≠ la oscuridad que nos envolv√≠a. No quer√≠a que me viera llorar. No despu√©s de lo que me hab√≠a dicho.
-¿Acaso es mentira algo de lo que te he dicho?- Inquiri√≥ alzando una d√©cima la voz.
Apenas podía hablar. Sentía un enorme nudo en la garganta que no me dejaba pronunciar una palabra.
-Lo siento.
Pareció que por un momento el dolor atravesaba su expresión, iluminada por el haz de mi linterna, aunque probablemente solo lo hubiera imaginado.
-No es cierto. No es verdad en absoluto. T√ļ no sientes nada por nadie m√°s que por ti. Eres una ego√≠sta, Miriam, lo √ļnico que te doli√≥ de este verano fue no haber ganado, como haces de costumbre. Y que el chico del que te hab√≠as encaprichado prefiriese a otra.
Me quedé perpleja, sin habla, durante unos segundos. Cuando reaccioné, me sentí repentinamente furiosa con Daniel, que me observaba sin un ápice de compasión.
-Puede que sea raz√≥n que todo es culpa m√≠a, pero no tienes ning√ļn derecho a hablarme as√≠. ¡Ninguno! Y t√ļ s√≠ que eres un ego√≠sta. Un ego√≠sta y un orgulloso. Rechazarte fue la mejor decisi√≥n que pude tomar. ¡Y te equivocas! Te aseguro que s√≠ llor√© por ti, llor√© porque sent√≠a que no merec√≠as lo que hab√≠a pasado, pero si hay algo de lo que me arrepiento es de todas y cada una de las l√°grimas que derram√© por ti.- Complet√© mi peque√Īo arrebato con un empuj√≥n que pretendi√≥ ser fuerte, aunque apenas logr√© desplazarle.
Apret√© los pu√Īos, dispuesta a marcharme por donde hab√≠a venido, pero la voz de Daniel me detuvo.
-Eres una mentirosa. Y la verdad, compadezco a ese pobre Sam. Lo mejor que pudo hacer es desaparecer, no me extra√Īa que no te dijese donde iba. Y ciertamente me alegro por √©l, seguro que donde quiera que est√©, est√° mejor que contigo.
Eso ya fue demasiado. Sin pensarlo, me lancé contra él enfadada golpeándole con todas mis fuerzas. Las linternas cayeron al suelo, así que dejé de ver a Daniel, perdiendo por completo el control de sus movimientos.
Me sujet√≥ con fuerza las mu√Īecas, de repente, y trat√© de darle una patada. Cuando por fin alcanc√© su pierna, solt√≥ un grito de dolor, que no lament√© en absoluto.
Me cogi√≥ por detr√°s tap√°ndome la boca para que dejase de gritar, pero le mord√≠ el brazo con intenci√≥n de que me soltara, aunque se limit√≥ a gru√Īir, y me inmoviliz√≥ en el suelo.
De pronto noté el frío del metal junto a mi cuello, y supe que se había acabado. Aunque al menos me alegraba de haber luchado hasta el final.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Capítulo XXXVIII



Abrí los ojos despacio. La cabeza me daba vueltas. Me sentía como si hubiese corrido una maratón y después hubiese estado bebiendo el resto del día.
Mir√© a mi alrededor y comprob√© extra√Īada que estaba en el interior de un tren en marcha.
Como impulsada por un resorte, me levant√© y vi que mi mochila estaba en la parte de arriba del asiento. Alguien deb√≠a de haberme tra√≠do cuando a√ļn estaba inconsciente. Realmente no recordaba nada de despu√©s del hospital.
Necesitaba hablar con Sara. ¿Habr√≠a sido ella quien me hab√≠a metido en el tren?
Todo esto era muy raro. Cogí la mochila con los nervios a flor de piel y rebusqué hasta encontrar mi móvil. Estaba apagado. Traté de encenderlo, pero la batería se le había acabado definitivamente.
Maldije mentalmente, y lo tiré al fondo de la mochila, desalentada.
-Menudo despertar tenemos, ¿no?
Levanté la mirada como quien acaba de oír un fantasma y me llevé una mano a la boca, abierta por la impresión.
-¡Daniel!
Le di un abrazo que estuve a punto de tirarle al suelo del √≠mpetu. O√≠ como soltaba una carcajada alegre y me abrazaba con cari√Īo.
-¿C√≥mo est√°s?- Pregunt√≥ tras unos segundos, retir√°ndose un poco.
-Yo… ¡Est√°s aqu√≠!- Not√© algunas miradas de los otros pasajeros centrarse en el extra√Īo reencuentro, pero no me importaba. No ahora.- Dios m√≠o. Est√°s bien.
-Ahora sí.- Me sonrió con esa característica sonrisa suya.
-No puedo creerlo. Est√°s aqu√≠.- Repet√≠ incr√©dula, con una expresi√≥n de sorpresa y alegr√≠a.- ¿Qu√© haces aqu√≠? Quiero decir, no sabes cu√°nto me alegro de verte, pero este es el tren a Galicia. Porque es el tren que va a Galicia, ¿no?- Pregunt√© repentinamente inquieta.
-Sí, vamos de camino a Galicia. Y vengo para cuidarte. Que si no a saber qué sería de ti.- Bromeó con una sonrisa de suficiencia.
-Pues ser√≠a la chica madura y responsable que siempre he sido.- Repuse en tono burl√≥n, aunque no pude evitar esbozar una sonrisa. Solt√≥ una alegre carcajada.- ¿Y tu familia?
-Ya he hablado con mis padres. No… quer√≠an que me fuera… Pero no hab√≠a m√°s opciones. Se pusieron muy contentos al verme bien de nuevo.
-Pero, ¿por qu√©? ¿Qu√© pas√≥ despu√©s de que me quedase inconsciente?
-Te quedaste sin fuerzas porque hab√≠as usado todas para despertarme. Gracias.- A√Īadi√≥.- Creo que a√ļn no te las hab√≠a dado.
-No las des. Te lo debía.
-No me deb√≠as nada, Miri.- Replic√≥ convencido. Hizo una pausa pensativo, y enseguida prosigui√≥ con la historia.- Sara entr√≥ en la sala y te sujet√≥ antes de que cayeras. Parec√≠a destrozada. Dijo mi nombre como si la doliese. Iba a preguntarla, pero entonces te apoy√≥ en el suelo con cuidado y se retir√≥, con los ojos llorosos. Me pidi√≥ que te cuidara. Y que te llevara a casa. Que era muy importante que no te dejara sola. Miriam, me dijo que est√°s en peligro. Hay alguien que quiere hacerte mucho da√Īo. Alguien que est√° buscando tu mayor debilidad para destruirte.
Me quedé mirándole boquiabierta y horrorizada.
-¿Por qu√©?
-No me lo dijo, y tampoco me dejó tiempo para preguntarla. Después de eso salió corriendo, diciendo que tenía que avisarle.
-¿Avisar a qui√©n?- Inquir√≠ con la voz temblorosa.
-No lo sé.
Me qued√© unos segundos asimilando lo que me acababa de decir. ¿Qu√© sab√≠a Sara que no me hab√≠a contado?
-Tengo que hablar con ella.- Decidí, finalmente. Lo dije con tono urgente, pero Daniel negó con la cabeza, con una mueca.
-Me temo que no va a ser posible. Llevo intentando contactar con ella desde que sali√≥ por esa puerta, pero es imposible. No coge el tel√©fono, y a√ļn no ha ido a casa ni nada. Jake tampoco sab√≠a nada de su paradero cuando habl√© con √©l.
-¿Crees que…?
-No lo creo. No parecía preocupada por sí misma cuando se fue, sino por otra persona. Aunque no sé quién es.
Asentí mordiéndome al labio.
-Daniel.
-Dime.
-Gracias.
-¿Por qu√©?
-Por todo.
*    *    *
Cuando llegamos a Galicia, estaba nublado, aunque por suerte no llovía. Daniel me cogió la mochila y se ofreció a llevarla, aunque naturalmente me negué.
-¿D√≥nde tienes intenci√≥n de quedarte?- Pregunt√©.- Podr√≠a hablar con mis padres si quieres, aunque no estoy segura de que vayan a dejarme.
-No te preocupes. Mientras dormías busqué un apartamento en el portátil para estar unos días. Y he visto que en un bar de la plaza necesitan camareros. Será algo muy temporal, pero de momento me valdrá.
-¿Hasta cu√°ndo durar√° esto?- Pregunt√©.- Adem√°s, tendr√°s que retomar las clases, ¿no?
-Bueno, a√ļn no estoy seguro de si voy a hacer bachiller.- Dijo encogi√©ndose de hombros. Y ya me he perdido muchas clases. Igual este a√Īo me limito a estudiar ingl√©s o algo as√≠, y hacer un m√≥dulo.
Daniel ten√≠a un a√Īo menos que yo, aunque no lo aparentaba. Seguramente si hubiese mentido sobre su edad, nadie se habr√≠a dado cuenta.
-Como quieras. Pero por mucho que dijera Sara, si no quieres, no tienes por qué quedarte.
-Lo sé.
Asent√≠ extra√Īamente aliviada.
Me acompa√Ī√≥ hasta mi casa, desde donde se fue en direcci√≥n a su futuro apartamento. Observ√© c√≥m os eiba hasta que dobl√≥ la esquina. Entonces yo tambi√©n ech√© a andar hacia la puerta. Me esperaba un mal rato.
Abrí la puerta con cuidado. Se oía la tele en el salón. Tomé aire y me dirigí hacia allí, sigilosamente.
-Buenas noches.- Saludé tímidamente a mis padres, que estaban sentados en el sofá, demasiado tranquilos. Les observé sorprendida.
-Estas castigada.- Dijo mi madre sin inmutarse.- Dos semanas sin salir. Me da igual lo mayor que seas, a√ļn eres menor de edad, y no puedes desaparecer un d√≠a entero por una bronca que hayas tenido con tu padre por una tonter√≠a. Y tienes suerte de que tu amiga Carla nos contase que hab√≠as dormido en su casa. Ahora sube a tu cuarto a dejar tus cosas y baja inmediatamente a cenar.
Perpleja, me di la vuelta hacia las escaleras. Luego no pude evitar sonre√≠r. Madre m√≠a, no sab√≠a c√≥mo agradec√©rselo a Carla. Y mis padres… En fin, me alegraba de que no se hubiesen preocupado en exceso. Era lo mejor para todos.
Cuando llegué arriba, me dejé caer en la cama. Me quedé unos minutos así, parada, examinando lo surrealista que era mi situación.
Finalmente, solté un suspiro y bajé a la cocina, donde estaban esperándome mis padres sentados en la mesa.
La cena fue bastante incómoda. Nadie dijo una palabra, aunque el sonido de la televisión hacía que el silencio fuese menos violento.
Cuando terminé recogí mis cosas y volví arriba.
Cog√≠ mi pijama y me cambi√© r√°pidamente. Ech√© a lavar toda la ropa que hab√≠a llevado a Madrid, y acto seguido me met√≠ en la cama. Se me iba a hacer raro volver al instituto al d√≠a siguiente despu√©s del extra√Īo fin de semana que hab√≠a pasado.
De pronto me acordé que no había cerrado la persiana de la ventana, y me levanté a cerrarla.
Entonces, alguien me tap√≥ r√°pidamente la boca para que no gritase, sin ning√ļn tipo de delicadeza. Iba a morderle para soltarme cuando reconoc√≠ a Daniel, que ten√≠a un dedo puesto sobre sus labios para indicarme que guardara silencio.
-Dios m√≠o, Daniel. ¿C√≥mo has entrado?
Miró la ventana y se encogió de hombros, aunque no parecía ni de lejos avergonzado.
-Quería asegurarme de que habías llegado bien.
-Si me dejaste en la puerta de casa.
-Ya. Pero no te vi entrar, y además, no te di las buenas noches.- Esbozó una sonrisa traviesa.- Buenas noches, Miriam.
-Eres increíble.- Dije más a modo de descripción que de cumplido. Pero el pareció tomárselo más como lo segundo, a juzgar por su expresión.- Buenas noches Daniel.
Antes de que pudiese hacer nada, descendió por el muro con la misma facilidad con que había subido y se alejó tranquilamente de la casa, ante mi mirada de incredulidad.
Sonreí divertida y esta vez sí cerré bien la ventana y la persiana.
*    *    *
Cuando por fin son√≥ el timbre que indicaba el fin de las clases, estaba que no pod√≠a m√°s. Sal√≠ casi corriendo al exterior, acompa√Īada de Ra√ļl.
-Ma√Īana nos vemos, ¿vale?- Me desped√≠ sonriente al ver a Daniel a unos metros, apoyado sobre un coche azul oscuro.
-Hasta ma√Īana, Miriam. No desaparezcas.- Brome√≥ Ra√ļl despidi√©ndose con la mano.
Puse los ojos en blanco y fui donde estaba Daniel esper√°ndome.
-¿Sabes? Lo que m√°s me gusta de todo lo que ha pasado es tener una excusa para no ir al instituto.
Le miré alzando una ceja.
-La verdad es que en parte te envidio. La ma√Īana se me ha hecho eterna.
-Y m√°s al pensar que estaba esper√°ndote yo fuera, ¿no?
-Pues no idiota.- Repliqué.
-Seguro.
-Daniel.- Dije seria. Creo que había llegado la hora de hablarle de Sam. Además, quién sabe. Puede que supiese cómo buscarle.- Hay algo de lo que quiero hablarte.
-Cuéntame.
-Se trata de Sam.- Comenc√©, ante su mirada atenta.- √Čl es un amigo de aqu√≠, de Galicia. Digamos que tambi√©n es especial. Resumiendo, hace tiempo que me enter√© de que es un √°ngel. Despu√©s desapareci√≥. Y con desaparecer quiero decir que se lo llevaron.
-¿C√≥mo ocurri√≥ con Jake?- Pregunt√≥, sin mostrar ning√ļn tipo de emoci√≥n en sus facciones.
-S√≠, a excepci√≥n de que la persona que se llev√≥ a Jake est√° muerta, ¿recuerdas? Bueno, claro que t√ļ entonces no estabas… Da igual, el caso es que Axel est√° muerto.- Afirm√© con seguridad.- Es de las pocas cosas que tengo claras de ese d√≠a.
Daniel parecía estar dándole vueltas.
-¿Hace cu√°nto que desapareci√≥?
-Muy poco. Menos de una semana. Supuestamente el sábado debía ir a por él, pero me temo que llegué tarde. Ya se habían ido.
-Probablemente nunca pretendieron que le encontraras ahí Miriam.- Afirmó convencido.
-¿Qu√© quieres decir?
-Desde luego, no son impacientes. Probablemente solo querían desequilibrarte y hacer que te sintieras mal, y te desestabilizaras mental y emocionalmente. Apuesto a que con todo esto solo tratan de volverte loca antes de que se venguen definitivamente de ti, como dijo Sara. Porque está claro que ambas cosas están relacionadas.
Me quedé unos segundos en silencio, tratando de decir algo para rebatirlo, pero sin ocurrírseme nada. Si había algo que me encantaba de contarle a Daniel mis problemas, es su capacidad para hacer que no me sintiera mal y para impedirme creer que yo tenía la culpa de algo.
-¿T√ļ crees?
-Estoy seguro. Pero ya va siendo hora de ser nosotros quien tomemos la iniciativa, ¿no crees?- Sonri√≥ malicioso.- Creo que se me est√° ocurriendo algo.
-¿De qu√© se trata?
-De momento t√ļ solo s√≠gueme el rollo, ¿vale? Puede que est√©n observ√°ndonos.
Puse gesto de no comprender, pero Daniel me rodeó con el brazo y soltó una carcajada despreocupada, como si estuviésemos manteniendo una conversación de adolescentes normal en lugar de hablar de su plan para contraatacar a quien quiera que quisiera vengarse de mí secuestrando a Sam.
-Te enviaron alg√ļn mensaje con su situaci√≥n para que acudieras a buscar a Sam, ¿me equivoc√≥?- Negu√© con la cabeza.- R√≠e como si te hubiese dicho algo gracioso.
Solté una carcajada seca que me salió terriblemente forzada, a juzgar por la expresión del rostro de Daniel al mirarme.
-Lo de ser actriz, hace tiempo que no lo practicas, ¿no?- Coment√≥ divertido.- Y ya es raro, teniendo en cuenta que no haces otra cosa que mentir √ļltimamente.
Sab√≠a perfectamente que no lo dijo a modo de insulto, pero me doli√≥ igualmente. Lo peor era darme cuenta de que ten√≠a raz√≥n, y que hac√≠a meses que no hac√≠a otra cosa que mentir, a mis padres, a mis amigos… A m√≠ misma.
-Eso es malo.
-¿El qu√©?- Inquiri√≥ distra√≠do, a√ļn rode√°ndome con el brazo.
-No dejar de mentir.- Puse una mueca.
-No tiene por qu√© serlo, si hay una buena raz√≥n. Adem√°s, si no les incumbe, ¿por qu√© habr√≠as de decirles la verdad? Al fin y al cabo, es asunto tuyo, ¿no?
Me encogí de hombros.
-Supongo que sí.
-¿Tienes alg√ļn examen esta semana?- Pregunt√≥ repentinamente, sorprendi√©ndome.
-S√≠, alguno tengo, ¿por qu√©?
-Bueno, pues esperamos al fin de semana.
-¿Esperar para qu√©? ¿Tu misterioso plan?- Pregunt√© en tono petulante.
Asintió con una sonrisa burlona. Luego se detuvo. Casi no me había dado cuenta de que ya habíamos llegado a la puerta de mi casa.
-Mi plan no es solo misterioso. Es un plan genial.- Detalló serio.
-Lo que t√ļ digas, genio. ¿Me piensas explicar en qu√© consiste?
Pareci√≥ pens√°rselo unos segundos, gan√°ndose un quejido acompa√Īado de un peque√Īo golpe en el brazo por mi parte. Sin embargo, solo consegu√≠ sacarle una sonrisa.
-Mejor que sea una sorpresa, ¿no?
-Me das miedo.
-¿No conf√≠as en m√≠?
-¿Tengo que responder a eso?
-Miriam.- Dijo mir√°ndome serio.
Su mirada result√≥ extra√Īamente intimidante. Se me congel√≥ la sonrisa y me di cuenta de que estaba hablando en serio. De verdad quer√≠a saber si me fiaba de √©l completamente.
-Confío en ti.
-Me alegra oír eso.- Sonrió con un leve alivio.- Porque creo que ya sé quién puede estar detrás de todo esto.