miércoles, 25 de marzo de 2015

Capítulo XL



Cerr√© los ojos. Si iba a morir, no quer√≠a que fuera Daniel lo √ļltimo que viera.
Pasó un segundo. Dos.
-Estate quieto, Daniel, o te juro por lo que más quiero que lo lamentarás.- Dijo una voz masculina, suave y melosa. La reconocí enseguida, aunque sonaba más alterada que las otras veces que la había oído.
Permanecí inmóvil, creo que ni siquiera respiraba. La tensión de la escena parecía poder cortarse con un cuchillo.
-No, estate quieto t√ļ, Eneas.- Replic√≥ en un tono perfectamente medido. Sonaba demasiado tranquilo, no parec√≠a sorprenderle la llegada del antiguo compa√Īero de Axel.
A√ļn notaba el fr√≠o del metal contra la piel de mi garganta, pero Daniel hab√≠a aflojado la presi√≥n de sus brazos. Solo necesitaba que siguieran hablando unos segundos m√°s. Qui√©n sabe. Puede que con la distracci√≥n de su discusi√≥n pudiera salir corriendo y escapar.
-¿Por qu√© iba a hacer caso a un humano in√ļtil?
-Porque si la mato, acabo con tus planes, y todos estos meses de observaci√≥n y preparaci√≥n habr√°n sido en balde. ¿Me equivoco? No buscas una muerte r√°pida. Quieres que sufra, igual que sufriste t√ļ cuando acab√≥ con Axel.
Eneas apretó la mandíbula con fuerza.
-No tienes ni idea.- En contra de lo que hac√≠a habitualmente, Eneas parec√≠a a punto de saltar sobre Daniel enfurecido. Cerraba los pu√Īos con fuerza, como tratando de contenerse.
-No soy tan tonto como piensas. Ni tan inocente como Miriam.- No me mir√≥ al pronunciar mi nombre, pero no pude evitar estremecerme. Por un momento hab√≠a pensado que se hab√≠an olvidado de m√≠.- ¿Por qu√© tanto inter√©s por vengar la muerte de Axel? No quieres limitarte a matarla, que habr√≠a sido lo m√°s normal. Quieres algo m√°s original, m√°s elaborado, y much√≠simo m√°s peligroso. ¿Qu√© era Axel para ti?
Abrí los ojos como platos.
-¿Qu√© est√°s insinuando?- Eneas pronunci√≥ cada palabra muy lentamente, sin apartar la vista de Daniel. Su mirada era fulminante, tanto que me recorri√≥ un escalofr√≠o.
-Erais pareja, ¿verdad?- Afirm√≥ en tono convencido, sin m√°s rodeos. Su expresi√≥n no vari√≥ ni un √°pice. Me pregunt√© cu√°nto sab√≠a del mundo de los √°ngeles.
Tampoco es que yo supiera mucho, pero aparte de la leyenda de los √°ngeles ca√≠dos, conoc√≠a algunas normas. Y la homosexualidad estaba muy mal vista, y terminantemente prohibida, a√ļn en pleno siglo XXI, algo que me sorprendi√≥ bastante cuando me enter√©. Y eso solo agravaba la acusaci√≥n de Daniel.
Ahogué un grito cuando Eneas, sin previo aviso, se lanzó sobre nosotros con los ojos a punto de salírsele de sus órbitas.
-¡No sabes nada!
Entre gritos y maldiciones, tiró a Daniel al suelo, que me soltó de inmediato para defenderse.
Recibí un golpe en el hombro izquierdo, pero no tardé en conseguir escabullirme entre ambos.
Observé anonadada como Daniel se defendía como podía de los ataques de un Eneas enfurecido que había perdido completamente los papeles.
-¡Miriam!- La voz de Daniel son√≥ urgente al llamarme, y repentinamente cercana, opuesta a como hab√≠a sonado cuando me recriminaba apunt√°ndome con ese cuchillo.
Permanecí sin saber qué hacer, mirando angustiada como daban vueltas por la hierba entre golpes y patadas.
En un momento dado, uno de ellos lanzó una cuchillada, y vi el brillo de la sangre roja a la luz de la linterna que hacía rato que se había caído al suelo.
No distinguí a quién pertenecía, pero bastó para hacerme reaccionar.
Corrí hacia ellos tratando de confiar en mí misma. En ese momento, Eneas estaba sobre Daniel, con las manos ensangrentadas y puestas en torno al cuello del otro.
Sin pensarlo demasiado, le empujé con todas mis fuerzas, derribándole hacia un lado, para su sorpresa.
Soltó un improperio, pero enseguida le tuve encima, antes de poder defenderme.
Me lanz√≥ una mirada que me hizo sentir repentinamente peque√Īa y vulnerable. De pronto dese√© estar en mi casa, a salvo de todo esto.
Cogi√≥ una piedra de un tama√Īo considerable que hab√≠a en el suelo y la levant√≥ sobre su cabeza, en una pose terriblemente amenazadora.
Cerré los ojos atemorizada, pero Daniel fue más rápido, y consiguió inmovilizar a Eneas contra el suelo, obligándole a soltar la piedra.
Me incorporé con la espalda dolorida y la cabeza dándome vueltas. Me puse junto a Daniel a pesar de todo, para ayudarle con Eneas.
-Solo lo preguntar√© una vez.- Daniel volv√≠a a estar serio y pausado, aunque su respiraci√≥n estaba m√°s acelerada tras el esfuerzo f√≠sico. Apoyaba su cuchillo contra el cuello de Eneas, como hab√≠a hecho antes conmigo.- ¿D√≥nde est√° Samuel?
La pregunta me descoloc√≥ totalmente, si es que pod√≠a hacerlo m√°s de lo que ya estaba. ¿No se supon√≠a que me odiaba? Y que pensaba que Sam estaba mejor donde quiera que estuviese ahora.
El rostro de Eneas se ensombreció rápidamente, como si se hubiesen puesto las cartas sobre la mesa y hubiera descubierto que le había tocado una muy mala mano.
-Nunca la habrías matado.- Su tono era gélido.- Jamás habría pensado que un humano fuese capaz de idear algo así.
-Tu error, al igual que el de Axel en su momento, fue subestimar al oponente. Siempre vale m√°s prevenir que lamentar.
Me dol√≠a la cabeza. ¿Qu√© narices estaban diciendo?
-Sabias palabras. L√°stima que t√ļ cometas el mismo error a pesar de todo.
Antes de que nadie pudiese a√Īadir una palabra, Eneas se desvaneci√≥ en el aire, como si nunca hubiera estado ah√≠. Habr√≠a dudado de no ser porque a√ļn me dol√≠a el cuerpo entero de cuando me hab√≠a tirado al suelo.
-¡No!- Aull√≥ Daniel impotente, palpando con las manos el lugar donde hab√≠a estado Eneas hace unos segundos.- Es imposible.
-Daniel, ¿de qu√© va todo esto?
-Miriam.- Pareció verme por primera vez desde hacía mucho tiempo.- Siento mucho que hayas tenido que pasar por esto, y te prometo que no siento nada de lo que he dicho antes.
-¿Perd√≥n?- Le mir√© alucinando.
-Puede que hubiese sido mejor cont√°rtelo, pero pens√© que si t√ļ tambi√©n te lo cre√≠as, resultar√≠a m√°s convincente para Eneas.
-¿Qu√© quieres decir?
-Bueno, es verdad lo que he dicho de que Eneas te tiene reservado algo más poético que una muerte rápida a manos de alguien como yo. Y pensé que si le convencía de que iba a matarte, aparecería. Contaba con el factor sorpresa, así que tal vez podría averiguar algo más sobre sus planes y el paradero de Samuel. Además así nos aseguraríamos de que de verdad era él quien estaba detrás de todo esto.
Tard√© unos minutos en asimilarlo. Y me sent√≠ repentinamente est√ļpida. Madre m√≠a, me lo hab√≠a tragado entero, era incre√≠ble como hab√≠a conseguido enga√Īarme.
“Porque en el fondo tiene raz√≥n en todo lo que dijo”, pens√© desolada.
-Pues enhorabuena. Lo has conseguido. Nos has enga√Īado a los dos. ¿Est√°s satisfecho?
-Esto no debería haber terminado así. Nadie puede desaparecer de esa manera. Es imposible. Quiero decir, aun conociendo sus poderes.
-No s√© c√≥mo lo ha hecho, pero tampoco creo que tenga mucha importancia. Lo √ļnico que s√© ahora mismo es que tienes que volver a Madrid y olvidar todo esto de una vez por todas.- Respond√≠ fr√≠amente.
-¿Qu√© dices? Miriam, ya te he dicho que no pensaba nada de lo que te dije antes. Todo formaba parte del plan.- Me mir√≥ irritado.
-Primero, no soy idiota, y s√© perfectamente que muchas de las cosas que dijiste eran ciertas.- Antes de que pudiese replicar, alc√© un dedo para indicar que me dejase y continu√©.- Y segundo, no necesito tu ayuda. No necesito que me protejas, ni que idees planes est√ļpidos para intentar vencer a un √°ngel. Es in√ļtil. Simplemente no se puede.
-No digas eso, claro que se puede. Ya lo hiciste una vez.
-Y solo se tiene tanta suerte una vez en la vida. Porque fue cuestión de suerte. Olvídalo.
-No, claro que no. No voy a dejarte sola en esto.
-Ya estoy sola. Siempre lo he estado.- Repuse sin mirar a ning√ļn sitio en concreto.
-Eso no es cierto. Est√°n Sara y Jake, y yo, tus amigas de Galicia, tu familia…
-Y nadie sabe toda la verdad. No he sido capaz de contarle a nadie todos los detalles de la historia. Hay cosas que uno solo puede guardarse para sí. Es en esos casos cuando me gusta escribir. Una forma de desahogarse sin necesidad de apoyarse en nadie.
-No puedes estar hablando en serio, Miriam.
-Claro que hablo enserio. Daniel, me alegro de que hayas despertado, no s√© a√ļn por qu√© esta vez s√≠ consegu√≠ revivirte y las otras no, pero tampoco me importa demasiado. Lo √ļnico que s√© es que ten√≠as raz√≥n, y que no hago m√°s que ponerte en peligro. A ti y a cualquiera que trata de ayudarme. Es mejor que te vayas.
-No.- Su voz sonó rota.
-No quiero que te quedes, Daniel. ¿Es que no lo entiendes? No quiero volver a verte por aqu√≠. Por favor, vuelve a Madrid. Por favor.- Implor√© en tono urgente a la par que entristecido.
-Miriam.- Llam√≥, como una s√ļplica.
-Olvídalo. Olvídame.- Mi tono era firme. Daniel apretó la mandíbula, con impotencia.
Bajó la mirada, y di por terminada la conversación. Empecé a alejarme por el camino, pero de repente volvió a hablar, seco y triste.
-Nunca podré olvidarte.
Un escalofr√≠o me recorri√≥, era un extra√Īo d√©j√† vu. Era tan parecido a cuando me hab√≠a despedido de Marcos aquel d√≠a, justo antes de volver a Galicia.
Solo que esta vez era yo quien me alejaba caminando, tratando de no vacilar. Y había otra diferencia. Esta vez no lloré.
No paré de andar y recorrí a paso apresurado el camino por el que habíamos venido, en sentido contrario. Se me hizo eterno.
Cuando llegué a casa, abrí la puerta sigilosamente, y subí sin más dilación a mi habitación.
En todo el camino, no hab√≠a dejado de darle vueltas a lo sucedido. Era impresionante como Daniel hab√≠a actuado sin vacilar, y hab√≠a conseguido enga√Īar incluso a Eneas. Hab√≠a que admitir que su plan no era malo, aunque al final no sirviese de mucho.
Puede que Daniel no tuviera la culpa de nada, pero a√ļn as√≠, no me arrepent√≠a de haberle dicho que se fuera. Donde mejor estaba es lejos de m√≠. Eso lo ten√≠a claro.
Y era verdad que Sam tampoco estaría a salvo conmigo, pero donde seguro que no estaba bien, era en manos del psicópata de Eneas. Y ahora lo tenía más claro que nunca.
Ahora mismo echaba much√≠simo en falta sus adorables cartas de “Hazme un favor y sonr√≠e”. No s√© c√≥mo lo hac√≠a, pero siempre consegu√≠a sacarme una sonrisa. Eso me parec√≠a tan lejano en este momento…
Tenía que encontrarle. Si no recibía más pistas, las buscaría yo misma. Aunque no supiera dónde.
Tomé la determinación de que hasta que le encontrase, estaría buscando cualquier tipo de información en internet y los periódicos, buscaría también más datos sobre el mundo de los ángeles consultando distintas fuentes. Sabía que sería complicado hallar información verídica, pero no se me ocurría nada más, y desde luego, no podía quedarme de brazos cruzados.
Y mi misión comenzaba desde ya.
No iba a poder dormirme de todas formas, así que encendí mi ordenador para ponerme manos a la obra.
Iba a encontrarle. Sabía que era capaz de hacerlo.
Me met√≠ en el buscador y vacil√© unos instantes. Despu√©s decid√≠ comenzar por buscar el nombre completo de Sam, puede que alguien hubiese denunciado su desaparici√≥n, o que hubiese alguna noticia m√°s  o menos reciente relacionada con √©l.
*    *    *
Pasé semanas buscándole. Semanas de investigación y estudio del mundo de los ángeles combinado con el instituto, que ya estaba comenzando a robarme bastante tiempo por los exámenes de la primera evaluación. Y a eso había que sumarle las constantes preguntas de mis amigos sobre qué me pasaba para que apenas saliera por ahí.
Pero en ning√ļn momento me rend√≠. Cada d√≠a, estaba un poco m√°s cerca de conseguirlo, o por lo menos eso intentaba creer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario