domingo, 22 de marzo de 2015

Capítulo XXXIX



-¿Qu√© quieres decir con eso? ¿De qui√©n se trata?- Pregunt√© repentinamente alterada. Supongo que en ning√ļn momento hab√≠a confiado totalmente en la posibilidad de resolver el rompecabezas.
-Bueno, Axel no actuaba solo, ¿cierto? Y si no me equivoco, su querido e inseparable amigo Eneas sigue vivo, y puede que con mucha sed de venganza.
Me tap√© la boca abierta con la mano. ¿C√≥mo pod√≠a no haberme dado cuenta? Claro que me sonaba la voz. ¡Era √©l! Dios, hab√≠a estado tan cerca. Me sent√≠ enormemente tonta por no haber sido capaz de descifrarlo antes.
-Claro. Definitivamente, soy idiota.- Afirmé en tono resignado.
Daniel soltó una carcajada.
-No te comas la cabeza con eso. Es mucho más difícil pensar con claridad cuando estás metido de lleno en el asunto. Cuesta pensar con perspectiva.- Explicó paciente, complacido consigo mismo por haber hallado la respuesta.
-Si t√ļ lo dices.- Me encog√≠ de hombros. Luego mir√© a nuestro alrededor de nuevo.- ¿De verdad crees que pueden estar observ√°ndonos ahora?
-La verdad, no lo veo probable. Pero no creo que haya sido tan terrible ir abrazada conmigo, ¿no?- Me gui√Ī√≥ un ojo con una sonrisa torcida.
-¡Daniel!
-Luego hablamos. No me eches demasiado de menos.
Me quedé mirándole incrédula, con una sonrisa divertida, muy a mi pesar.
-Miriam.- Me llam√≥ una √ļltima vez, justo antes de que abriese la puerta de casa.- No se lo cuentes a nadie, ¿vale? No es seguro.
-No lo dudes.
*    *    *
Nada más terminar de cenar el viernes por la noche, subí a mi cuarto. Quería intentar hablar con Sara una vez más. Llevaba llamándola toda la semana.
Cog√≠ el m√≥vil y marqu√© el n√ļmero sin demasiadas esperanzas.
Casi me dio algo cuando oí su voz débil al otro lado de la línea.
-¿Hola?
-¡Sara! Estaba preocupad√≠sima por ti. ¿Qu√© pas√≥? ¡Te he llamado mil veces!- Empec√© a hablar atropelladamente, aliviada de o√≠rla por fin.
-Lo siento, nena.- Su voz sonaba m√°s apagada de lo habitual. Algo no iba nada bien.
-¿Pero por qu√© has estado tan desaparecida?- Inquir√≠ al ver que no a√Īad√≠a nada m√°s.
-No ha sido nada. Los exámenes me han ocupado casi todo el tiempo, y desconecté el móvil para estar al cien por cien en clase. No hay más.
No me creí ni una palabra. Sin embargo, en vez de insistirla, me mordí el labio, dudosa.
-Vaya.
-¿Est√° Daniel contigo, no?- Pregunt√≥, en un tono que parec√≠a m√°s de obligaci√≥n que porque la importara.
-S√≠. Hoy vamos a ir a la laguna de Doni√Īos, que es donde supuestamente deb√≠ ir a buscar a Sam ese d√≠a. Dice que tiene un plan para solucionar todo esto.- Suspir√©. No es que no confiara en √©l, simplemente, ve√≠a demasiado lejano y complicado que esto pudiera solucionarse.
-¿Ah s√≠?- Su voz son√≥ repentinamente seca, aunque adquiri√≥ un matiz de inter√©s.- ¿Qu√© piensan tus padres de eso?
-Bueno, no lo saben. En realidad estoy castigada dos semanas, pero no puedo esperar más para esto. Vamos a ir esta noche, cuando ellos estén durmiendo.
-Ya. Bueno, pues suerte con el plan de Daniel.- A√Īadi√≥ r√°pidamente, con tono urgente.
-Gracias.- Respondí sorprendida por la impaciencia que parecía tener por colgar de pronto.
-Adiós.- Se despidió.
-Ya hablare…- Me cort√© a mitad de la palabra, interrumpida por el pitido que indicaba que Sara ya hab√≠a colgado el auricular. Frunc√≠ el ce√Īo preocupada, pero no hice nada. En lugar de eso, me limit√© a guardar el m√≥vil en mi bolsillo.
Mientras mis padres se iban a dormir, esper√© paciente leyendo una novela que me hab√≠a regalado mi madre hac√≠a poco. Se llamaba “M√≠rame y dispara”, y la verdad, me estaba gustando bastante, aunque hoy no consegu√≠a centrarme ni de lejos en la lectura.
Cuando por fin pasaron a darme las buenas noches, cerré el libro y me acabé de preparar. Conté hasta treinta, y abrí sigilosamente la puerta de mi habitación.
Baje las escaleras sin hacer el más mínimo ruido. Cuando salí, Daniel ya estaba esperándome fuera, apoyado en una farola de la calle, con un aire misterioso.
-¿Qu√© tal el examen?- Pregunt√≥.
-La verdad, no tengo ni idea. La mitad de las cosas las he sacado por deducci√≥n. Pero casi que no quiero hablar de eso ahora. ¿Vas a contarme ya tu plan?
Primero Daniel había querido que lo lleváramos a cabo el sábado, pero después de estar en ascuas toda la semana, me había negado a esperar un solo día más. Quedamos en que sería el viernes cuando haríamos aquello que tenía entre manos, aunque esperamos a que fuera de noche para salir.
Negó con la cabeza. Parecía irritantemente complacido ante mi impaciencia.
-Est√°s disfrutando con esto, ¿verdad?
-No te imaginas cu√°nto.- Repuso con una sonrisa.- Al fin y al cabo, llevo meses tirado en una camilla sin hacer nada.
-Cuando estabas ah√≠… ¿Te enterabas de algo de lo que suced√≠a a tu alrededor?
-Recuerdo partes sueltas. Sé que parece raro, pero supongo que el mío no era un caso corriente.
-No suena tan raro. Dicen que le pasa a mucha gente cuando est√° en coma. ¿Qu√© opinaban los m√©dicos de que te fueras de Madrid tan pronto?
-No lo sé, aunque supongo que no estén del todo conformes con la decisión.
-¿¡Perd√≥n!? ¿Te has escapado del hospital, Daniel?
-Apuesto a que t√ļ tambi√©n lo has hecho alguna vez.
Iba a replicar, pero enseguida me vino el recuerdo de aquel no tan lejano ataque de ansiedad. Me mordí el labio irritada.
-Pero no despu√©s de haber estado tan grave. ¡Daniel, hace dos d√≠as no sab√≠a si ibas a ponerte bien!
-Pero ahora ya lo estoy. Esto se acab√≥, Miriam. Quedarme en el hospital habr√≠a supuesto una absurda p√©rdida de tiempo que solo te habr√≠a puesto en peligro, ¿no lo entiendes?
-¡El que no lo entiende eres t√ļ, no puedes jugar as√≠ con tu salud! Y no creo que suponga gran diferencia que me vayas a buscar a la salida del colegio.
Al oír las palabras dichas en voz alta, me mordí el labio. Había sonado mejor en mi cabeza. Daniel ni se dignó a mirarme.
-Pues yo creo que sí supone una clara diferencia. Y es que te hundas, o no, que sigas viva.- Repuso finalmente.
-Lo que t√ļ digas.- Suspir√© a modo de rendici√≥n, aunque ni de lejos compart√≠a su pensamiento.- Cu√©ntame tu plan.- Volv√≠ a insistir.
-A√ļn no.
Me volv√≠ a quejar, indignada, pero √©l se sigui√≥ negando, divertido, durante todo el trayecto. Cuando llegamos a Doni√Īos, ya deb√≠a ser tard√≠simo. Menos mal que al d√≠a siguiente no hab√≠a clase.
-¿D√≥nde fue?
-Siguiendo el camino.- Dije sin dejar de andar. Por suerte hoy habíamos recordado traer linternas. Nos iban a hacer falta.- Después se llega a un lago, que fue donde supuestamente estaría Sam.
Asintió ensimismado y me siguió, perdido en sus pensamientos.
Por fin llegamos al claro. Esta vez, no había luna, por lo que todo cobraba un aire más oscuro y tétrico. Y eso que ya era difícil.
-Es aqu√≠, ¿no?
-S√≠.- Un escalofr√≠o me recorri√≥ al recordar la √ļltima vez que estuve aqu√≠. ¿Qu√© habr√≠a sido de la daga? No recordaba que ocurri√≥ con ella.
Noté como se me ponía la piel de gallina al recordar el momento en que sobrevolé el lago, con Marcos sujetándome con fuerza, aunque a la vez con delicadeza, como si tuviese miedo de romperme. Fueron unos instantes tan irreales, a la vez que mágicos e increíbles.
Daniel me sobresalt√≥ de repente, sacando un cuchillo de cocina de un tama√Īo considerable del interior de su cazadora.
-Llevaba mucho esperando este momento.- Su voz sonaba de repente bien medida, pero con un aire que me hacía estremecerme inquieta.
-¿Qu√© quieres decir? ¿Por qu√© has tra√≠do esto?- Retroced√≠ un par de pasos, incapaz de pensar con claridad.
Acarició el filo del cuchillo suavemente, con una sonrisa que jamás había visto en él, y que resultaba un tanto espeluznante.
-¿Tanto te sorprende? La verdad, te recordaba m√°s inteligente, Miriam. Nunca habr√≠a dicho que enga√Īarte me resultar√≠a tan sencillo. As√≠ hasta pierde su gracia.- A√Īadi√≥ en tono de fastidio, aunque sin perder su horrible sonrisa.
-No puede ser.- Negu√© convencida.- T√ļ no eres as√≠. No puede ser.- Repet√≠.
Soltó una carcajada burlona.
-Ese es tu peque√Īo gran fallo, Miriam. Conf√≠as demasiado en las personas. As√≠ te va.- Se encogi√≥ de hombros, como si lo sintiera. De pronto me entraron unas ganas tremendas de patearle la cara hasta quitarle esa est√ļpida sonrisa de la cara.
-¿Qu√© me est√°s diciendo, Daniel? ¿Que eras t√ļ? ¿Que desde que despertaste me has estado enga√Īando?- Pregunt√© con voz rota. No pod√≠a creerlo. Me negaba a pensar que eso fuera una posibilidad realmente.
-Vaya, veo que me vas siguiendo.- Por un momento apretó la mandíbula, pero enseguida retomó su anterior expresión.
-Pero, ¿por qu√©? ¿Por qu√© hacer algo as√≠? ¿Por qu√© aqu√≠?- Pregunt√©, sin verle ning√ļn tipo de sentido a nada de lo que me estaba diciendo.
-Desde que me rechazaste en aquella habitaci√≥n en la que nos encerr√≥ Axel, en verano, he planeado como vengarme.- Le mir√© incr√©dula,  a punto de replicar, pero enseguida continu√≥.- Y despu√©s, cuando por tu culpa me qued√© inconsciente, debati√©ndome entre la vida y la muerte, t√ļ no lloraste por m√≠. No lloraste por haber estado a punto de matarme. Lloraste porque tu amado Marcos se li√≥ con otra chica. Lo cual ciertamente no me extra√Īa lo m√°s m√≠nimo.
-No puedes pensar eso.- Me tembl√≥ la voz y me di cuenta de que ten√≠a las mejillas h√ļmedas. Por un momento agradec√≠ la oscuridad que nos envolv√≠a. No quer√≠a que me viera llorar. No despu√©s de lo que me hab√≠a dicho.
-¿Acaso es mentira algo de lo que te he dicho?- Inquiri√≥ alzando una d√©cima la voz.
Apenas podía hablar. Sentía un enorme nudo en la garganta que no me dejaba pronunciar una palabra.
-Lo siento.
Pareció que por un momento el dolor atravesaba su expresión, iluminada por el haz de mi linterna, aunque probablemente solo lo hubiera imaginado.
-No es cierto. No es verdad en absoluto. T√ļ no sientes nada por nadie m√°s que por ti. Eres una ego√≠sta, Miriam, lo √ļnico que te doli√≥ de este verano fue no haber ganado, como haces de costumbre. Y que el chico del que te hab√≠as encaprichado prefiriese a otra.
Me quedé perpleja, sin habla, durante unos segundos. Cuando reaccioné, me sentí repentinamente furiosa con Daniel, que me observaba sin un ápice de compasión.
-Puede que sea raz√≥n que todo es culpa m√≠a, pero no tienes ning√ļn derecho a hablarme as√≠. ¡Ninguno! Y t√ļ s√≠ que eres un ego√≠sta. Un ego√≠sta y un orgulloso. Rechazarte fue la mejor decisi√≥n que pude tomar. ¡Y te equivocas! Te aseguro que s√≠ llor√© por ti, llor√© porque sent√≠a que no merec√≠as lo que hab√≠a pasado, pero si hay algo de lo que me arrepiento es de todas y cada una de las l√°grimas que derram√© por ti.- Complet√© mi peque√Īo arrebato con un empuj√≥n que pretendi√≥ ser fuerte, aunque apenas logr√© desplazarle.
Apret√© los pu√Īos, dispuesta a marcharme por donde hab√≠a venido, pero la voz de Daniel me detuvo.
-Eres una mentirosa. Y la verdad, compadezco a ese pobre Sam. Lo mejor que pudo hacer es desaparecer, no me extra√Īa que no te dijese donde iba. Y ciertamente me alegro por √©l, seguro que donde quiera que est√©, est√° mejor que contigo.
Eso ya fue demasiado. Sin pensarlo, me lancé contra él enfadada golpeándole con todas mis fuerzas. Las linternas cayeron al suelo, así que dejé de ver a Daniel, perdiendo por completo el control de sus movimientos.
Me sujet√≥ con fuerza las mu√Īecas, de repente, y trat√© de darle una patada. Cuando por fin alcanc√© su pierna, solt√≥ un grito de dolor, que no lament√© en absoluto.
Me cogi√≥ por detr√°s tap√°ndome la boca para que dejase de gritar, pero le mord√≠ el brazo con intenci√≥n de que me soltara, aunque se limit√≥ a gru√Īir, y me inmoviliz√≥ en el suelo.
De pronto noté el frío del metal junto a mi cuello, y supe que se había acabado. Aunque al menos me alegraba de haber luchado hasta el final.

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