lunes, 9 de marzo de 2015

Capítulo XXXVI



Llegué a la puerta de hospital más tarde de lo que había planeado. Tuve que hacer un transbordo y me equivoqué de línea, así que luego tardé un buen rato en volver a encontrarme.
Sin embargo, cuando llegu√© no vi a Sara por ning√ļn sitio.
Di varias vueltas en torno a la puerta, y también pasé a dentro y a los servicios a ver si estaba, pero no aparecía. Finalmente me apoyé en una columna del exterior y me limité a esperar.
Nerviosa, fui observando cómo iba y venía la gente, sin perder detalle por si alguna de esas personas era Sara. Pero nada, no venía.
Dirig√≠ varias veces la mirada al reloj del parqu√≠metro que hab√≠a a mi lado. Ya eran las tres  y media de la tarde.
Traté de volver a hacer funcionar mi móvil, pero se había apagado definitivamente. Después de un rato, decidí que sería mejor buscar a Daniel por mi cuenta. Ya hablaría con Sara más tarde.
Pas√© al hospital con una creciente inquietud, y me dirig√≠ al mostrador, donde una se√Īora con el pelo rubio muy clarito, probablemente te√Īido, me observaba detr√°s de unas gafas de pasta de color marr√≥n.
-Buenos días.- Saludé.- Estaba buscando a un paciente. Le ingresaron hace unos meses.
-Buenos d√≠as. ¿Es familiar?- Pregunt√≥ en tono mec√°nico.
-No exactamente, soy una amiga suya. Le ingresaron por un coma como a finales de agosto.
-Dígame el nombre del paciente, por favor.
-Daniel Carrasco.
Buscó en su ordenador durante lo que me pareció una eternidad. Empecé a tamborilear con los dedos en el mostrador, cuando por fin levantó la fría mirada de la pantalla y volvió a dirigirse a mí.
-Las visitas acaban dentro de media hora. Dígame su nombre para registrarla.
-Miriam Martínez.- La mostré el DNI, que estuvo estudiando durante unos segundos.
-Vale.- Me dio un papelito con mi nombre, el de Daniel, y su n√ļmero de habitaci√≥n.
-Gracias.- Respondí alejándome.
Mientras sub√≠a en el ascensor a la planta en la que estaba, me qued√© pensando un poco en Daniel. Recordaba sus hermosos ojos verdes, que me miraban en aquella habitaci√≥n, cuando Axel nos encerr√≥. Tambi√©n sonre√≠ al recordar su ce√Īo fruncido cuando jugaba al f√ļtbol.

-Estabas muy serio antes.- Comenté mientras andaba a su lado.
-Odio perder.- Respondi√≥ encogi√©ndose de hombros.- Por eso siempre te gano.- A√Īadi√≥ con una sonrisa de suficiencia, gan√°ndose un pu√Īetazo leve en el brazo por mi parte, acompa√Īado de una sonrisa.

No estaba tan nerviosa como habría esperado. Más bien estaba triste. Triste por volver a verle y que él ni siquiera fuese a notarlo.
Recorrí el pasillo sin cruzarme por nadie, y por fin llegué a la puerta tras la que estaría Daniel, tumbado en una camilla de hospital, y conectado a un montón de máquinas que no conseguían curarle.
Respiré hondo y giré el picaporte de la habitación 102.
Tragué saliva al pasar. En la habitación solo estaba él, tumbado bajo una sábana de color blanco impoluto. Me acerqué lentamente, como si temiera despertarle, aunque en realidad es lo que más ilusión me haría en este momento.
Fue como si me golpearan, cuando por fin le vi lo suficiente cerca como para tocarle, bajo esos cables y aparatos, con la tez de un blanco enfermizo, y tan indefenso como un ni√Īo.
Poco a poco, estiré el brazo para tocarle, muy despacio. Le rocé la mejilla suavemente.
Me vino de repente un recuerdo del verano.

Era noche cerrada, pero las calles estaban m√°s animadas de lo habitual. Hoy hab√≠a encierro nocturno, y mis amigos estaban en una calle de encima de la plaza, detr√°s de la barrera. A pesar de lo poco que me gustaba esto, decid√≠ salir, a√ļn sabiendo que no iba a pasar un pie fuera del recinto protegido mientras siguiese habiendo animales por las calles.
Cuando llegu√©, todos estaban ah√≠. Leo, Jessie, Sara, Paula, Fran… Daniel tambi√©n hab√≠a ido. Y por supuesto Marcos, aunque desde hac√≠a unos d√≠as se le ve√≠a serio, y se hab√≠a apartado unos metros para hacer una llamada.
Me acerqué y les saludé sin demasiado entusiasmo. Me senté con Paula en el escalón de un portal. Total, no iba a correr, así que mejor era esperar sentada.
El primer toro no tardó en pasar. Suspiré viendo como parte de mis amigos salían corriendo al recorrido. No entendía como podía gustarles algo así. En fin.
Daniel se acercó a mí.
-¿No corres?
-No me gusta demasiado.- Me excusé encogiéndome de hombros.
-Te da miedo.- Comentó sorprendido.
-No es cierto.- Repliqué con una mueca.
-¿Ah, no?
Me cogió la mano justo antes de que el toro apareciese por la esquina para dar la siguiente vuelta. Entonces todo fue muy rápido, y antes de que pudiese darme cuenta, me encontraba dentro del recorrido, a todo correr y cogida de la mano de Daniel.
Por supuesto, él corría más que yo, pero acompasaba su paso al mío, entre risas ante mis maldiciones y quejas. Finalmente yo también dejé escapar una carcajada, cuando por fin llegamos de nuevo a la barrera.
-Tampoco ha sido para tanto.- Dijo con una sonrisa torcida.
Me le qued√© mirando como si acabase de decir que ma√Īana el cielo se volver√≠a fucsia, y el volvi√≥ a re√≠rse.
-Eres…- Busqu√© una palabra para definirle, pero en ese momento lleg√≥ mi primo peque√Īo.
-Hola Miriam. Dicen mis padres que vayas un momento, est√°n en el bar de la calle de abajo.
Miré a Daniel que me sonrió, indicándome que fuera. Asentí con otra sonrisa.

-Te echo de menos.- Le dije en un susurro.- Ojal√° pudiese volver atr√°s.
Dicen que los mejores recuerdos son a la vez los más tristes, porque sabes que nunca volverás a vivirlos. Sentí una leve punzada en el pecho al pensarlo.
Me qued√© mirando a Daniel un rato, mientras pensaba en la √ļltima vez que le hab√≠a visto “despierto”, en aquella azotea, hace lo que parec√≠an mil a√Īos.
Entonces se abrió la puerta de golpe, sobresaltándome.
-¡Miriam!- Exclam√≥ Sara mostrando gran alivio.
Dejé que me abrazara, contenta de verla.
-¿D√≥nde estabas? Estaba preocupada.- Pregunt√© separ√°ndome un poco.
-Lo siento mucho. Mis padres, que son muy pesados.- Respondi√≥ escueta, encogi√©ndose de hombros.- Bueno, cu√©ntame, ¿qu√© tal? ¿Qu√© es de tu vida?
-¿La verdad?- Solt√© un suspiro deprimente.- Echa una mierda. Y metida en un mill√≥n de l√≠os y alguno m√°s.
Sara esbozó una mueca.
-Muy pesimista me vienes, ¿no?
-¿C√≥mo voy a estar?- Dirig√≠ una mirada a Daniel, casi involuntariamente.
-Ya.- Me dirigió una mirada de comprensión.- Es duro mirarle y pensar que hace nada estaba haciendo el idiota con estos. Sonriendo, como si esto no fuera a pasar.
-Es duro.- Asentí.- No sabes lo que le echo de menos.
-Puedo hacerme una idea.
Nos quedamos un rato en silencio, observándole, cada una perdida en sus propios pensamientos. Finalmente fui yo quien rompió el silencio.
-¿Qu√© es de Jake? Como no me contestaba cuando le llam√©.
-Dejó literatura, y en nada tiene los exámenes. Me imagino que esté estudiando en la biblioteca, dice que en su casa le resulta imposible.
-Ah.- Casi me result√≥ extra√Īo que el motivo fuese tan… normal.
Volv√≠ a quedarme mirando a Daniel, en un envolvente silencio. Sara se acerc√≥ a m√≠ y me acarici√≥ el pelo, cari√Īosa. Su mirada dejaba entrever l√°stima.
-Se va a poner bien, Miri. Y estoy segura de que cuando despierte, se pondrá mucho más contento si te ve sonreír.
-Ojalá sea así.
-Estoy segura. Eres muy importante para √©l.- Me llam√≥ la atenci√≥n que usara el presente sin vacilar. Resultaba bastante… reconfortante, saber que ella de verdad cre√≠a que esto ten√≠a arreglo.
-¿Sabes? Cada vez que le recuerdo… Las cosas que hac√≠a y dec√≠a, su sonrisa. Me da por sonre√≠r a m√≠ tambi√©n. Y al momento me siento como si estuviese cayendo por un precipicio sin fin y me entran unas ganas terribles de llorar al pensar que puede que no vuelva a vivir ning√ļn recuerdo m√°s con √©l.- Me cort√© de pronto al o√≠rlo en voz alta. Hab√≠a sonado tan… sin esperanza.
-No digas eso.- Exclam√≥ Sara mir√°ndome a los ojos con gravedad.- Es una tonter√≠a. Cuando despierte, vivir√©is m√°s recuerdos y mejores. Todos lo haremos. Recuerda que la vida es como una monta√Īa rusa. Hay veces que se est√° arriba y veces que se est√° abajo. Y toca vivirlo todo, pero nada es eterno. Ni lo bueno, ni lo malo.
Me qued√© callada, pensando en lo que acababa de decir. Me encantaba cuando a Sara la entraba el pronto profundo. Siempre me hac√≠a replantearme algunas cosas, pero resultaba… interesante.
-Tienes razón.
Me acerqué de nuevo a Daniel y le sonreí con una sentida emoción. Le coloqué un mechón de pelo, que ya empezaba a caer por la frente, y cerré los ojos. El truco de la vida, consistía en seguir avanzando, aunque sea un mal momento.
-¿Por qu√© no vamos a tomar algo al 40 caf√© y hablamos? Luego podemos volver a verle, o ma√Īana. Pero habr√° que ver qu√© vas a hacer. Y digo yo que tendr√°s que hablar con tus padres en alg√ļn momento.
Asentí, abriendo los ojos lentamente. Y por un momento, incluso Daniel pareció sonreír, aunque solo fuese por una centésima de segundo. Y a pesar de que probablemente me lo hubiera imaginado, me sirvió para tener un poquito de esperanza.
*    *    *
Sara se quedó con una expresión que reflejaba una mezcla de terror y asombro cuando se dio cuenta de quién era el chico.
-Estaba en Galicia.- Murmuró.
-Y ahora está aquí, a buen recaudo. Pero créeme. Ha tenido suerte. Si le hubiera cogido otro ya estaría muerto. Yo le reservo un papel más importante en esta historia.- Esbozó una maligna sonrisa que la hizo estremecerse.
-¿Por qu√© haces esto?
-¿Cu√°ntas veces has de pregunt√°rmelo, querida?- Pregunt√≥, con una leve exasperaci√≥n.- Por venganza. Al final todo se resume en eso, por mucho que queramos creer en el perd√≥n.
-No es verdad.
-T√ļ, como siempre, defendiendo a la humanidad.- Coment√≥ con una pizca de diversi√≥n.- En fin, no quiero entretenerte mucho m√°s. No es bueno que hagamos esperar demasiado a la protagonista de esta historia. Pero quer√≠a que te hicieras una idea de que mi poder va m√°s all√° de lo que puedas imaginarte, as√≠ que m√°s te vale no decirle una palabra a tu querida Miriam de esto. Por nada de lo que te diga. Recu√©rdalo, o tu error lo pagar√©is todos, sin que suponga el m√°s m√≠nimo esfuerzo por mi parte.- Su tono era grave, y su mirada letal. Sara se qued√≥ callada, sin poder pronunciar una palabra.- Ahora vete.
*    *    *
-Adoro esta canción.- Comenté nada más entrar en el 40 café.- Love me like you do. El videoclip es de 50 sombras de Grey.- Comenté distraída.
-Fui a verla la semana pasada.- Dijo Sara.- Est√° bien, pensaba que iba a ser m√°s… No s√©. Traum√°tica.- Solt√≥ una suave carcajada.- En realidad, es bastante rom√°ntica. Las miradas de Christian y Anastasia son… Incre√≠bles. Lo hacen realmente bien.
Me encogí de hombros.
-Yo no la he visto.
Nos sentamos en una mesa que daba a un ventanal desde el que se veía la Gran Vía. Ya estaba empezando a oscurecer, cada vez se hacía antes de noche, y cada vez había menos gente. Al fin y al cabo, al día siguiente era lunes, aunque fuese a ser un lunes algo especial para mí.
-Sara, quer√≠a preguntarte algo.- Tom√© aire. Llevaba mucho tiempo con la incertidumbre, pero por fin hab√≠a llegado el momento de saberlo.- Cuando volv√≠ a El Ferrol, ¿qu√© ocurri√≥ con Marcos?- Enseguida me apresur√© a explicarme.- Quiero decir, ¿se le vio afectado de alg√ļn modo por lo que ocurri√≥? ¿Volviste a verle con Julia? Necesito saber qu√© pas√≥ despu√©s.
Sara pareció sorprendida con la pregunta. Vaciló un momento.
-Miriam, Marcos desapareci√≥. Despu√©s de irte t√ļ, no tard√≥ en irse. Y no, no le volvimos a ver con Julia. Pero si te sirve de algo, las pocas veces que le vimos despu√©s de aquello… No era el mismo. Se le ve√≠a destrozado.- Abr√≠ la boca incr√©dula.- Se lo injusto y rid√≠culo que suena, pero lo cierto es que lo pas√≥ mal. Con lo cual no estoy pretendiendo excusarle, ni mucho menos. Tiene toda la culpa de lo que ocurri√≥.
Dud√© por un momento si contarle lo de la laguna, cuando supuestamente deb√≠a salvar a Sam, pero en su lugar solo encontr√© una daga. Finalmente decid√≠ call√°rmelo. En realidad no ten√≠a mayor importancia, ¿no? Y no quer√≠a que me tomase m√°s por loca.
-¿Y los dem√°s? ¿Qu√© piensan de lo que le pas√≥ a Daniel?- Pregunt√©.
-No saben mucho. Solo que tuvieron que ingresarle, pero sabes que no tienen confianza con la familia, y ni Jake ni yo hemos demostrado saber nada del tema. No queríamos contar nada de más.
-Está bien.- Asentí.- Es lo mejor que podíais hacer.
-Miri, una cosa.- A√Īadi√≥.- Creo que deber√≠as saber que Irene intent√≥ ponerte de guarra para arriba diciendo que te hab√≠as enrollado con Daniel y Marcos la misma semana, entre otras cosas. Por supuesto, nadie lo tom√≥ enserio, y Jessie se puso a defenderte echa una furia.- A√Īadi√≥.
-No puedo creerlo.- No pude evitar reírme ante un problema tan sencillo, tan de adolescente. Puede que en otras circunstancias hubiese sido un mundo, pero ahora lo veía algo tan insignificante.- Esa chica es de lo que no hay.
-Y que lo digas. Me gustaría haberla visto a ella en tu situación. A ver qué hubiera hecho.- Pareció aliviada de que me lo hubiera tomado tan bien.
Seguimos hablando de un montón de cosas, yo la estuve contando lo mal que lo había pasado estos meses, con la impotencia de estar tan lejos, sin poder hacer nada para remediar lo que había estropeado. Pero cuando comencé a hablarla de Sam noté que se puso rígida.
-¿Le quieres?- Inquiri√≥ cuando termin√©.
-Ciertamente, no lo sé. Lo que sí que sé, es que esto no debería haberle ocurrido, no ha hecho nada malo. Más que estar con la persona equivocada.- Dije amargamente.
-No digas tonterías.- Dijo, muy seria.- Conseguiremos salvarle de quien quiera que lo tenga. Te lo prometo.
Asentí perdida en mis pensamientos. Mientras tanto, Sara sacó su Ipad mini del bolso.
-Y ahora estaría bien que pensáramos dónde puedes quedarte. En mi casa no creo que sea buena idea, a no ser que quieras que tus padres se enteren, claro. Pero en cuanto pongas un pie en el umbral mi madre se pondrá histérica, eso tenlo claro.- Dijo en tono de disculpa.
-No pasa nada. Tengo dinero, aunque no demasiado.
-Perfecto. Hay un hostal bastante acogedor en mi misma calle. Puedes quedarte ah√≠ esta noche y ma√Īana por la ma√Īana te voy a buscar.
-Tienes clase.- Repliqué sin convencimiento.
-T√ļ tambi√©n.- Repuso sin dudar.
-Pero yo soy la loca, ¿recuerdas?
-Seamos locas juntas.
No pude evitar sonreír.
-Seámoslo.- Asentí finalmente, dando gracias mentalmente por tener una amiga así.
*    *    *
Sara acababa de salir del hostal, donde me había dejado. Había estado un par de veces, y no estaba mal para el precio. Esperaba que pasase bien la noche.
Apenas había torcido la esquina cuando sonó su móvil.
Trag√≥ saliva nerviosa al ver la pantalla. N√ļmero desconocido. Aunque sab√≠a perfectamente qui√©n era.
-Buenas noches, Sara. ¿C√≥mo ha ido la tarde?
-Ha mejorado.- Respondió en el tono más seco y borde que sabía poner.
-Me alegra. Aunque espero que no hayas olvidado nuestro trato.- Dijo con su caracter√≠stico tono meloso.- Cu√©ntame todo lo que siente y preocupa a nuestra peque√Īa Miriam.

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