domingo, 15 de marzo de 2015

Capítulo XXXVII



Caí derrotada en la cama. No tenía pijama, así que me quedé solo con la camiseta y doblé cuidadosamente el resto de la ropa sobre la silla. Con un escalofrío, me metí entre las sábanas, algo ásperas, pero terriblemente acogedoras y calentitas.
Me despert√≥ el sonido de unos golpes en la puerta, acompa√Īados por un grito de Sara.
A√ļn medio dormida, me incorpor√© sobre la cama.
-¡Miriam, como no me abras en cinco segundos, te juro que tirar√© la puerta abajo!- Estaba claramente alterada, deb√≠a de llevar ah√≠ un buen rato esperando.- Cinco…- Puse los ojos en blanco y sal√≠ de la cama r√°pidamente. Fui corriendo a la silla, donde estaba mi ropa.- Cuatro…- Me puse los pantalones lo m√°s r√°pido que pude.- Tres…- Me pein√© el pelo con los dedos.- Dos…- Me coloqu√© bien la ropa, mir√°ndome al peque√Īo espejo que hab√≠a en el servicio.- Uno…
Abrí la puerta de golpe, con una sonrisa burlona.
-Buenos días, Sarita.- Saludé en tono amistoso.
-¿¡Se puede saber qu√© hac√≠as!?- Me ri√Ī√≥ entrando en mi cuarto sin miramientos.- ¡Llevo media hora llam√°ndote!- Se dej√≥ caer encima de mi cama, con una expresi√≥n de exasperaci√≥n.
-Qué exagerada.- Repuse, con un rastro de duda, divertida.
Me dirigi√≥ una mirada asesina y se√Īal√≥ a fuera.
-Ha sido venir t√ļ y traerte el clima del norte. Fuera est√° cayendo el diluvio universal.- Coment√≥.
Sentí que se me caía el alma a los pies y abrí la ventana para comprobarlo. Efectivamente, estaba jarreando.
-¿Por qu√© t√ļ est√°s seca?
-Es lo que tiene vivir al lado y venir con paraguas.
-Tiene sentido.- Observé que, en efecto, había dejado el paraguas fuera, al lado de la puerta. La cerré y fui a sentarme junto a ella.
-¿Has estado bien en la habitaci√≥n?
-S√≠, es acogedora.- Respond√≠.- ¿Cu√°l es el plan para hoy?
-Podemos ir a desayunar a la cafetería de la esquina. Hacen unos chocolates con churros increíbles. Y después podemos ir al hospital. Ya sabes, a ver a Daniel.
-Sí.- Asentí rápidamente.- Dame cinco minutos para prepararme.
-¿Cinco?- Pregunt√≥ alzando una ceja.
-Mejor diez. Espérame aquí.
*    *    *
-Han sido 13.- Dijo Sara en cuanto sal√≠ del ba√Īo.
-Bueno, casi.
Dejé la toalla que había usado encima de la calefacción y me colgué la mochila al hombro.
-¿Vamos?- Pregunt√≥ Sara, ya con una mano en el picaporte.
-Vamos.
Nos despedimos del recepcionista, que era muy amable, y salimos fuera del motel. En efecto, llovía un montón, así que me agarré a Sara para meterme debajo de su paraguas. Fuimos con paso apresurado hasta la cafetería, que estaba casi vacía, supongo que en parte por el mal tiempo.
-Buenos días.- Saludo un chico joven que había detrás de la barra.
Saludamos y nos sentamos en una mesa de una esquina, algo apartada para poder hablar tranquilas.
-¿Qu√© le has dicho a tus padres?- Pregunt√© despu√©s de quitarme la cazadora, pesada a causa de la humedad.
-Nada.- Respondió encogiéndose de hombros.- En mi instituto hay un descontrol curioso con las ausencias. Además, mandé antes un mensaje con el móvil de mi madre diciendo que estaba mala. Ellos creen que sí que he ido.
-¿Y si te pillan?
-Mira qui√©n fue a hablar de enga√Īar a sus padres.- Replic√≥ en tono burl√≥n.- La que se viene a Madrid sin permiso porque sus padres la hab√≠an dicho que no pod√≠an venir hasta Navidad.
-Idiota.- Me quejé ante la falta de excusas.
Rió y pedimos dos chocolates con churros que no tardaron en aparecer.
-¿Hablaste con Jake?- Pregunt√©.
-Sí, me llamó anoche para darme las buenas noches.- Intentó sonar normal, pero le salió una inevitable y tonta sonrisa.- Dice que después del recreo me llama, que tiene un examen a segunda.
No pude evitar sonreír yo también. Eran tan tiernos. Me alegraba muchísimo por ellos, no me imaginaba una pareja mejor para ninguno de los dos.
-Genial. Tengo ganas de verle a él también.
-Y yo.
Me reí despreocupadamente y tomé un sorbo de mi taza de chocolate. Estaba muy bueno. Hacía mucho que no me tomaba uno.
-¿T√ļ has hablado con tus padres?
Negué con la cabeza.
-Tengo apagado el m√≥vil. Me quedaba muy poca bater√≠a, y a√ļn no s√© qu√© decirles. No hay mucha explicaci√≥n posible, ¿no?
Se encogió de hombros.
-No es justo para ellos no tener ni idea de tu paradero, Miri. Ya lo pasaron muy mal aquellas dos semanas de verano…- Dijo sin despegar la mirada de su chocolate, que estaba moviendo sin parar.
-¿Y qu√© hago? ¿Les digo la verdad? ¿Cu√°nto les cuento, Sara? No van a volver a confiar en m√≠ les diga lo que les diga. No esta vez.
-No digas eso, nena. Solo tienes que darles tiempo. Para entenderlo y para aceptarlo. Adem√°s, si no me equivoco, tu madre ya sabe parte de la historia, ¿no?
-No s√© hasta d√≥nde sabe mi madre, peo te aseguro que no lo sabe todo. Y no quiso decirle nada a mi padre en verano. Desde entonces es una especie de tema tab√ļ en mi familia. Y la verdad es que lo agradezco.
-Aunque en estos momentos…- A√Īadi√≥ en tono comprensivo.
-En estos momentos daría lo que fuera por ser normal.- Repuse secamente.
-Miriam…
Me levanté de la silla con un nudo en la garganta.
-Voy al ba√Īo un momento.
-Vale.- Respondi√≥ con expresi√≥n preocupada.- ¿Necesitas algo, o…?
-No, est√° todo bien.
Nada m√°s decirlo, estuve a punto de soltar una amarga carcajada al o√≠r lo rid√≠culo que sonaba teniendo en cuenta… bueno, c√≥mo estaba mi vida en estos momentos.
-De acuerdo.
Fui a los servicios, que estaban en la otra punta del establecimiento, dejando sola a Sara con su cara de preocupación y los dos chocolates.
Me mir√© al espejo. Se ve√≠a a una chica ojerosa y m√°s delgada de lo normal, con el pelo demasiado largo y mal peinado despu√©s de la r√°pida ducha en el ba√Īo del motel. Se ve√≠a una chica totalmente distinta a la que hab√≠a sido antes de este desastroso verano.
Mis padres deb√≠an de haber apreciado el cambio. Supongo que lo atribuir√≠an en parte a que estaba en √ļltimo curso, este a√Īo me jugaba mucho. Suspir√©. Sara ten√≠a raz√≥n, deb√≠a llamarles. Y sin embargo ten√≠a demasiado miedo de lo que pudieran decirme.
*    *    *
Sara mir√≥ nerviosa el ba√Īo. Acababa de entrar, ten√≠a unos minutos para hacer lo que la hab√≠an dicho. Y sin embargo vacil√≥.
Sab√≠a lo que pasar√≠a si no cumpl√≠a su palabra, pero traicionar as√≠ de descaradamente a Miriam, su mejor amiga, con todo lo que hab√≠a pasado ya… Era dif√≠cil.
Como si el destino se estuviese burlando cruelmente de ella, recibi√≥ un SMS en ese momento. De un n√ļmero desconocido. Con un nudo en la garganta lo abri√≥.
Por si acaso estabas dudando. Tal vez esto te ayude a decidirte.
Había dos archivos multimedia. Con los nervios a flor de piel, abrió el primero. Era una fotografía.
Sam se encontraba tirado sobre una silla, con aspecto demacrado. Parecía demasiado débil para moverse. Y había una daga de aspecto peligroso frente a él, apuntándolo. Como burlándose de él por estar atado.
En la segunda imagen, estaba Jake en la biblioteca, deb√≠a ser de la tarde anterior. Por un momento sinti√≥ que le daba un vuelco el coraz√≥n. ¡√Čl hab√≠a estado ah√≠!
Cerró rápidamente su móvil, y con una amarga mirada, sacó un botecito de su bolsillo. Era un diminuto frasco de vidrio transparente con un tapón de corcho. Lo sacó sin demasiada delicadeza y respiró hondo.
No volvió a vacilar. No quiso darse tiempo para dudar otra vez, porque sabía que si lo seguía pensando, acabaría por no hacerlo. Y entonces él lo sabría.
Vaci√≥ el contenido del frasco en la taza de Miriam y lo removi√≥ para que no se notase nada. Unos segundos despu√©s, sali√≥ del ba√Īo.
*    *    *
Cuando volví a la mesa, Sara parecía ligeramente alterada. Se lo atribuí a su preocupación por mí. No me alejaba demasiado de la verdadera causa.
-¿Vamos ya?
-¿No te lo acabas?- Pregunt√≥ alerta, se√Īalando la taza.
-Se me ha cerrado el estómago. Vamos a pagar ya, anda.
-Seguro que te sienta bien, con el tiempo que hace y eso.- Insistió.- Además, no se debe tirar la comida con lo cara que está.
-¿Pasa algo?- Pregunt√© alzando una ceja, extra√Īada.
-Qué va.- Negó rápidamente. Tal vez demasiado.
-De verdad que no me apetece. Pero no te preocupes, invito yo.
Sin que pudiese replicar, fui a la barra y pagué al camarero que asintió sonriente. Me dio las vueltas y después de despedirme, cogí a Sara del brazo, que parecía haberse quedado pillada, y la arrastre conmigo hacia fuera.
-¿Se puede saber qu√© te pasa?- Inquir√≠, abriendo el paraguas.
-Nada.- Respondió sin mirarme.
Iba a a√Īadir algo, pero la conoc√≠a lo suficiente bien como para saber que si no quer√≠a no me lo dir√≠a, y no hab√≠a nada que hacer.
Andamos en silencio hasta el metro, que no tardó en llegar. Había bastantes asientos libres, así que nos pusimos en una fila nosotras solas.
-¿No vas a hablar con nadie m√°s del pueblo? ¿Nadie m√°s sabe que has venido?- Pregunt√≥ finalmente Sara, rompiendo el silencio que nos envolv√≠a.
Negué con la cabeza.
-Ni falta que hace. Ya les veré cuando vuelva, no tengo prisa por eso. Ahora mismo urgen más otras cosas.
-Cierto.
Cuando llegamos al hospital, ya había amainado un poco, aunque el cielo seguía de un gris amenazador. Pasamos rápidamente al hospital, precavidas.
-¿C√≥mo est√°n los padres de Daniel?
Titubeó un momento.
-Su madre está fatal. Las veces que he hablado con ella, siempre tenía los ojos llorosos. Y su padre no deja verse demasiado. Pero tampoco debe estar pasando un buen momento.
Asentí, agradecida de que me hubiese dicho la verdad, y a la vez horrorizada por sentirme la culpable de eso.
Entonces el m√≥vil de Sara empez√≥ a sonar, con la canci√≥n de “Stay with me”.
Vi como se la torc√≠a el gesto y frunc√≠ el ce√Īo con preocupaci√≥n. Dej√≥ que sonara unos segundos m√°s y finalmente pareci√≥ decidirse, como con resignaci√≥n.
-Vete subiendo si quieres. Solo ser√° un momento, ¿vale?
-Claro, no hay problema.
Sub√≠ las escaleras con un extra√Īo nerviosismo hasta la planta en la que estaba Daniel. No tard√© en encontrar su habitaci√≥n esta vez.
Abrí la puerta lentamente y pasé al interior del cuarto.
De nuevo aquella austera habitación. Paredes de un blanco impoluto, con una horrible camilla en el centro, y un montón de aparatos a su alrededor. Y sobre la camilla estaba él.
La máquina que controlaba su pulso pitaba regularmente. Me acerqué despacio.
Le acaricié la mejilla tiernamente, con una expresión tremendamente triste. Le cogí la mano fuerte, como si no fuera soltarme nunca más y cerré los ojos. Con la otra mano, en un acto reflejo, agarré mi collar de piedra luna.
Había intentado hacer que despertara usando mi habilidad en numerosas ocasiones antes de volver a Galicia, pero era imposible. Recuerdo lo impotente que me había sentido.
A√ļn as√≠, dese√© con todas mis fuerzas que se despertara, una vez m√°s. Que volviera a llamarme fea con una est√ļpida sonrisa que era terriblemente contagiosa. Que volviera a fruncir el ce√Īo cada vez que jugaba al f√ļtbol. Que volviera a estar con nosotros.
Como un espejismo, noté que me agarraba la mano, muy suavemente, pero a la vez como si estuviese usando todas sus fuerzas para agarrarse a la vida de nuevo.
Estuve a punto de pegar un grito. Con un nudo en la garganta, noté que su mano volvía a quedarse inmóvil sobre la mía.
-Daniel.- Susurré en tono desesperado.
Volví a cerrar los ojos, pero no pasó nada. Era como si no consiguiese reunir las fuerzas suficientes.
Me quité el collar en un intento desesperado de canalizar mejor el poder, y se lo puse en el cuello. Cerré los ojos, respiré hondo, y puse una mano sobre el mismo.
Sus párpados se movieron ligeramente, pero apenas fue un segundo. Enseguida volvió a estar como antes.
Apreté los dientes y me subí sobre la camilla para poder llegar mejor. Me senté a horcajadas sobre él con cuidado para no apoyar demasiado peso, y puse ambas manos sobre el collar, que se apoyaba por debajo de su clavícula, en su pecho.
Centr√© mis pensamientos en una √ļnica imagen. Era la imagen de Daniel cuando le conoc√≠. Sonriente, algo callado por estar con gente con la que no acostumbraba a estar, pero a√ļn as√≠ sonriendo. Ten√≠a el pelo rubio corto y perfectamente peinado, y recuerdo que me llamaron la atenci√≥n sus ojos verdes. Fue de esas personas que desde que las ves la primera vez sabes que van a convertirse en alguien especial para ti.
Esta vez no me limit√© a desear que volviera en s√≠. Fue como si… lo exigiera, como si m√°s que un deseo fuese una necesidad. Como si no hubiese otra opci√≥n a que despertara. Cerr√© los ojos con fuerzas y respir√© hondo, sin dejar de pensar en √©l.
Por un momento me olvidé de que en cualquier momento podía entrar una enfermera por la puerta, o incluso la madre de Daniel. Me olvidé de todo menos de nosotros. Tenía que conseguirlo. Iba a conseguirlo. No me quedaba otra.
La puerta se abrió de golpe. Sin embargo, no me giré. Ni siquiera abrí los ojos. Fue como si no hubiese pasado nada.
-¡Miriam! ¡¿Qu√© narices haces?! ¡Estate quieta!- Era la voz de Sara, que alarmada cerr√≥ la puerta y avanz√≥ hacia nosotros para obligarme a bajar de la camilla. Pero no la dio tiempo.
Exhausta, observé como Daniel abría los ojos, esos hermosos ojos verde brillante. Y noté que me quedaba sin fuerzas. Fue como si me desvaneciera. Y ya no me quedaron fuerzas para comprobar si volvía a cerrarlos. Sara me sujetó antes de que me cayera al suelo.

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