miércoles, 18 de marzo de 2015

Capítulo XXXVIII



Abrí los ojos despacio. La cabeza me daba vueltas. Me sentía como si hubiese corrido una maratón y después hubiese estado bebiendo el resto del día.
Mir√© a mi alrededor y comprob√© extra√Īada que estaba en el interior de un tren en marcha.
Como impulsada por un resorte, me levant√© y vi que mi mochila estaba en la parte de arriba del asiento. Alguien deb√≠a de haberme tra√≠do cuando a√ļn estaba inconsciente. Realmente no recordaba nada de despu√©s del hospital.
Necesitaba hablar con Sara. ¿Habr√≠a sido ella quien me hab√≠a metido en el tren?
Todo esto era muy raro. Cogí la mochila con los nervios a flor de piel y rebusqué hasta encontrar mi móvil. Estaba apagado. Traté de encenderlo, pero la batería se le había acabado definitivamente.
Maldije mentalmente, y lo tiré al fondo de la mochila, desalentada.
-Menudo despertar tenemos, ¿no?
Levanté la mirada como quien acaba de oír un fantasma y me llevé una mano a la boca, abierta por la impresión.
-¡Daniel!
Le di un abrazo que estuve a punto de tirarle al suelo del √≠mpetu. O√≠ como soltaba una carcajada alegre y me abrazaba con cari√Īo.
-¿C√≥mo est√°s?- Pregunt√≥ tras unos segundos, retir√°ndose un poco.
-Yo… ¡Est√°s aqu√≠!- Not√© algunas miradas de los otros pasajeros centrarse en el extra√Īo reencuentro, pero no me importaba. No ahora.- Dios m√≠o. Est√°s bien.
-Ahora sí.- Me sonrió con esa característica sonrisa suya.
-No puedo creerlo. Est√°s aqu√≠.- Repet√≠ incr√©dula, con una expresi√≥n de sorpresa y alegr√≠a.- ¿Qu√© haces aqu√≠? Quiero decir, no sabes cu√°nto me alegro de verte, pero este es el tren a Galicia. Porque es el tren que va a Galicia, ¿no?- Pregunt√© repentinamente inquieta.
-Sí, vamos de camino a Galicia. Y vengo para cuidarte. Que si no a saber qué sería de ti.- Bromeó con una sonrisa de suficiencia.
-Pues ser√≠a la chica madura y responsable que siempre he sido.- Repuse en tono burl√≥n, aunque no pude evitar esbozar una sonrisa. Solt√≥ una alegre carcajada.- ¿Y tu familia?
-Ya he hablado con mis padres. No… quer√≠an que me fuera… Pero no hab√≠a m√°s opciones. Se pusieron muy contentos al verme bien de nuevo.
-Pero, ¿por qu√©? ¿Qu√© pas√≥ despu√©s de que me quedase inconsciente?
-Te quedaste sin fuerzas porque hab√≠as usado todas para despertarme. Gracias.- A√Īadi√≥.- Creo que a√ļn no te las hab√≠a dado.
-No las des. Te lo debía.
-No me deb√≠as nada, Miri.- Replic√≥ convencido. Hizo una pausa pensativo, y enseguida prosigui√≥ con la historia.- Sara entr√≥ en la sala y te sujet√≥ antes de que cayeras. Parec√≠a destrozada. Dijo mi nombre como si la doliese. Iba a preguntarla, pero entonces te apoy√≥ en el suelo con cuidado y se retir√≥, con los ojos llorosos. Me pidi√≥ que te cuidara. Y que te llevara a casa. Que era muy importante que no te dejara sola. Miriam, me dijo que est√°s en peligro. Hay alguien que quiere hacerte mucho da√Īo. Alguien que est√° buscando tu mayor debilidad para destruirte.
Me quedé mirándole boquiabierta y horrorizada.
-¿Por qu√©?
-No me lo dijo, y tampoco me dejó tiempo para preguntarla. Después de eso salió corriendo, diciendo que tenía que avisarle.
-¿Avisar a qui√©n?- Inquir√≠ con la voz temblorosa.
-No lo sé.
Me qued√© unos segundos asimilando lo que me acababa de decir. ¿Qu√© sab√≠a Sara que no me hab√≠a contado?
-Tengo que hablar con ella.- Decidí, finalmente. Lo dije con tono urgente, pero Daniel negó con la cabeza, con una mueca.
-Me temo que no va a ser posible. Llevo intentando contactar con ella desde que sali√≥ por esa puerta, pero es imposible. No coge el tel√©fono, y a√ļn no ha ido a casa ni nada. Jake tampoco sab√≠a nada de su paradero cuando habl√© con √©l.
-¿Crees que…?
-No lo creo. No parecía preocupada por sí misma cuando se fue, sino por otra persona. Aunque no sé quién es.
Asentí mordiéndome al labio.
-Daniel.
-Dime.
-Gracias.
-¿Por qu√©?
-Por todo.
*    *    *
Cuando llegamos a Galicia, estaba nublado, aunque por suerte no llovía. Daniel me cogió la mochila y se ofreció a llevarla, aunque naturalmente me negué.
-¿D√≥nde tienes intenci√≥n de quedarte?- Pregunt√©.- Podr√≠a hablar con mis padres si quieres, aunque no estoy segura de que vayan a dejarme.
-No te preocupes. Mientras dormías busqué un apartamento en el portátil para estar unos días. Y he visto que en un bar de la plaza necesitan camareros. Será algo muy temporal, pero de momento me valdrá.
-¿Hasta cu√°ndo durar√° esto?- Pregunt√©.- Adem√°s, tendr√°s que retomar las clases, ¿no?
-Bueno, a√ļn no estoy seguro de si voy a hacer bachiller.- Dijo encogi√©ndose de hombros. Y ya me he perdido muchas clases. Igual este a√Īo me limito a estudiar ingl√©s o algo as√≠, y hacer un m√≥dulo.
Daniel ten√≠a un a√Īo menos que yo, aunque no lo aparentaba. Seguramente si hubiese mentido sobre su edad, nadie se habr√≠a dado cuenta.
-Como quieras. Pero por mucho que dijera Sara, si no quieres, no tienes por qué quedarte.
-Lo sé.
Asent√≠ extra√Īamente aliviada.
Me acompa√Ī√≥ hasta mi casa, desde donde se fue en direcci√≥n a su futuro apartamento. Observ√© c√≥m os eiba hasta que dobl√≥ la esquina. Entonces yo tambi√©n ech√© a andar hacia la puerta. Me esperaba un mal rato.
Abrí la puerta con cuidado. Se oía la tele en el salón. Tomé aire y me dirigí hacia allí, sigilosamente.
-Buenas noches.- Saludé tímidamente a mis padres, que estaban sentados en el sofá, demasiado tranquilos. Les observé sorprendida.
-Estas castigada.- Dijo mi madre sin inmutarse.- Dos semanas sin salir. Me da igual lo mayor que seas, a√ļn eres menor de edad, y no puedes desaparecer un d√≠a entero por una bronca que hayas tenido con tu padre por una tonter√≠a. Y tienes suerte de que tu amiga Carla nos contase que hab√≠as dormido en su casa. Ahora sube a tu cuarto a dejar tus cosas y baja inmediatamente a cenar.
Perpleja, me di la vuelta hacia las escaleras. Luego no pude evitar sonre√≠r. Madre m√≠a, no sab√≠a c√≥mo agradec√©rselo a Carla. Y mis padres… En fin, me alegraba de que no se hubiesen preocupado en exceso. Era lo mejor para todos.
Cuando llegué arriba, me dejé caer en la cama. Me quedé unos minutos así, parada, examinando lo surrealista que era mi situación.
Finalmente, solté un suspiro y bajé a la cocina, donde estaban esperándome mis padres sentados en la mesa.
La cena fue bastante incómoda. Nadie dijo una palabra, aunque el sonido de la televisión hacía que el silencio fuese menos violento.
Cuando terminé recogí mis cosas y volví arriba.
Cog√≠ mi pijama y me cambi√© r√°pidamente. Ech√© a lavar toda la ropa que hab√≠a llevado a Madrid, y acto seguido me met√≠ en la cama. Se me iba a hacer raro volver al instituto al d√≠a siguiente despu√©s del extra√Īo fin de semana que hab√≠a pasado.
De pronto me acordé que no había cerrado la persiana de la ventana, y me levanté a cerrarla.
Entonces, alguien me tap√≥ r√°pidamente la boca para que no gritase, sin ning√ļn tipo de delicadeza. Iba a morderle para soltarme cuando reconoc√≠ a Daniel, que ten√≠a un dedo puesto sobre sus labios para indicarme que guardara silencio.
-Dios m√≠o, Daniel. ¿C√≥mo has entrado?
Miró la ventana y se encogió de hombros, aunque no parecía ni de lejos avergonzado.
-Quería asegurarme de que habías llegado bien.
-Si me dejaste en la puerta de casa.
-Ya. Pero no te vi entrar, y además, no te di las buenas noches.- Esbozó una sonrisa traviesa.- Buenas noches, Miriam.
-Eres increíble.- Dije más a modo de descripción que de cumplido. Pero el pareció tomárselo más como lo segundo, a juzgar por su expresión.- Buenas noches Daniel.
Antes de que pudiese hacer nada, descendió por el muro con la misma facilidad con que había subido y se alejó tranquilamente de la casa, ante mi mirada de incredulidad.
Sonreí divertida y esta vez sí cerré bien la ventana y la persiana.
*    *    *
Cuando por fin son√≥ el timbre que indicaba el fin de las clases, estaba que no pod√≠a m√°s. Sal√≠ casi corriendo al exterior, acompa√Īada de Ra√ļl.
-Ma√Īana nos vemos, ¿vale?- Me desped√≠ sonriente al ver a Daniel a unos metros, apoyado sobre un coche azul oscuro.
-Hasta ma√Īana, Miriam. No desaparezcas.- Brome√≥ Ra√ļl despidi√©ndose con la mano.
Puse los ojos en blanco y fui donde estaba Daniel esper√°ndome.
-¿Sabes? Lo que m√°s me gusta de todo lo que ha pasado es tener una excusa para no ir al instituto.
Le miré alzando una ceja.
-La verdad es que en parte te envidio. La ma√Īana se me ha hecho eterna.
-Y m√°s al pensar que estaba esper√°ndote yo fuera, ¿no?
-Pues no idiota.- Repliqué.
-Seguro.
-Daniel.- Dije seria. Creo que había llegado la hora de hablarle de Sam. Además, quién sabe. Puede que supiese cómo buscarle.- Hay algo de lo que quiero hablarte.
-Cuéntame.
-Se trata de Sam.- Comenc√©, ante su mirada atenta.- √Čl es un amigo de aqu√≠, de Galicia. Digamos que tambi√©n es especial. Resumiendo, hace tiempo que me enter√© de que es un √°ngel. Despu√©s desapareci√≥. Y con desaparecer quiero decir que se lo llevaron.
-¿C√≥mo ocurri√≥ con Jake?- Pregunt√≥, sin mostrar ning√ļn tipo de emoci√≥n en sus facciones.
-S√≠, a excepci√≥n de que la persona que se llev√≥ a Jake est√° muerta, ¿recuerdas? Bueno, claro que t√ļ entonces no estabas… Da igual, el caso es que Axel est√° muerto.- Afirm√© con seguridad.- Es de las pocas cosas que tengo claras de ese d√≠a.
Daniel parecía estar dándole vueltas.
-¿Hace cu√°nto que desapareci√≥?
-Muy poco. Menos de una semana. Supuestamente el sábado debía ir a por él, pero me temo que llegué tarde. Ya se habían ido.
-Probablemente nunca pretendieron que le encontraras ahí Miriam.- Afirmó convencido.
-¿Qu√© quieres decir?
-Desde luego, no son impacientes. Probablemente solo querían desequilibrarte y hacer que te sintieras mal, y te desestabilizaras mental y emocionalmente. Apuesto a que con todo esto solo tratan de volverte loca antes de que se venguen definitivamente de ti, como dijo Sara. Porque está claro que ambas cosas están relacionadas.
Me quedé unos segundos en silencio, tratando de decir algo para rebatirlo, pero sin ocurrírseme nada. Si había algo que me encantaba de contarle a Daniel mis problemas, es su capacidad para hacer que no me sintiera mal y para impedirme creer que yo tenía la culpa de algo.
-¿T√ļ crees?
-Estoy seguro. Pero ya va siendo hora de ser nosotros quien tomemos la iniciativa, ¿no crees?- Sonri√≥ malicioso.- Creo que se me est√° ocurriendo algo.
-¿De qu√© se trata?
-De momento t√ļ solo s√≠gueme el rollo, ¿vale? Puede que est√©n observ√°ndonos.
Puse gesto de no comprender, pero Daniel me rodeó con el brazo y soltó una carcajada despreocupada, como si estuviésemos manteniendo una conversación de adolescentes normal en lugar de hablar de su plan para contraatacar a quien quiera que quisiera vengarse de mí secuestrando a Sam.
-Te enviaron alg√ļn mensaje con su situaci√≥n para que acudieras a buscar a Sam, ¿me equivoc√≥?- Negu√© con la cabeza.- R√≠e como si te hubiese dicho algo gracioso.
Solté una carcajada seca que me salió terriblemente forzada, a juzgar por la expresión del rostro de Daniel al mirarme.
-Lo de ser actriz, hace tiempo que no lo practicas, ¿no?- Coment√≥ divertido.- Y ya es raro, teniendo en cuenta que no haces otra cosa que mentir √ļltimamente.
Sab√≠a perfectamente que no lo dijo a modo de insulto, pero me doli√≥ igualmente. Lo peor era darme cuenta de que ten√≠a raz√≥n, y que hac√≠a meses que no hac√≠a otra cosa que mentir, a mis padres, a mis amigos… A m√≠ misma.
-Eso es malo.
-¿El qu√©?- Inquiri√≥ distra√≠do, a√ļn rode√°ndome con el brazo.
-No dejar de mentir.- Puse una mueca.
-No tiene por qu√© serlo, si hay una buena raz√≥n. Adem√°s, si no les incumbe, ¿por qu√© habr√≠as de decirles la verdad? Al fin y al cabo, es asunto tuyo, ¿no?
Me encogí de hombros.
-Supongo que sí.
-¿Tienes alg√ļn examen esta semana?- Pregunt√≥ repentinamente, sorprendi√©ndome.
-S√≠, alguno tengo, ¿por qu√©?
-Bueno, pues esperamos al fin de semana.
-¿Esperar para qu√©? ¿Tu misterioso plan?- Pregunt√© en tono petulante.
Asintió con una sonrisa burlona. Luego se detuvo. Casi no me había dado cuenta de que ya habíamos llegado a la puerta de mi casa.
-Mi plan no es solo misterioso. Es un plan genial.- Detalló serio.
-Lo que t√ļ digas, genio. ¿Me piensas explicar en qu√© consiste?
Pareci√≥ pens√°rselo unos segundos, gan√°ndose un quejido acompa√Īado de un peque√Īo golpe en el brazo por mi parte. Sin embargo, solo consegu√≠ sacarle una sonrisa.
-Mejor que sea una sorpresa, ¿no?
-Me das miedo.
-¿No conf√≠as en m√≠?
-¿Tengo que responder a eso?
-Miriam.- Dijo mir√°ndome serio.
Su mirada result√≥ extra√Īamente intimidante. Se me congel√≥ la sonrisa y me di cuenta de que estaba hablando en serio. De verdad quer√≠a saber si me fiaba de √©l completamente.
-Confío en ti.
-Me alegra oír eso.- Sonrió con un leve alivio.- Porque creo que ya sé quién puede estar detrás de todo esto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario