miércoles, 1 de abril de 2015

Capítulo XLI



Y sin embargo, cuando llegaron las Navidades, me sent√≠a igual que al principio. O puede que peor. Notaba como si todo esto hubiese sido una in√ļtil p√©rdida de tiempo.
Durante todas estas semanas no hab√≠a dejado de investigar y buscar m√°s informaci√≥n, incluso hab√≠a vuelto cuatro veces m√°s a Doni√Īos, pero todo hab√≠a sido en vano. No ten√≠a ni la m√°s remota idea de cu√°l pod√≠a ser el paradero de Sam.
Cuando entré en clase, era, con diferencia, la chica más desalentada del curso. Todos estaban ya deseando que sonase el timbre que indicaba el inicio de las vacaciones, aunque no era algo que me preocupase demasiado ahora.
Hab√≠a sacado bien los ex√°menes, incre√≠blemente, pero a√ļn as√≠ no me esperaban unas Navidades muy prometedoras.
Ir√≠a a mi pueblo, como todos los a√Īos, aunque no estar√≠a demasiado all√≠, apenas dos semanas. Y no estaba muy segura de que me deparar√≠a para cuando llegara. Sara me hab√≠a dicho que Irene hab√≠a intentado dejarme en mal lugar de cara a los dem√°s, aunque por lo menos sab√≠a que ella y Jake, y Jessie tambi√©n, por lo que me hab√≠a contado, estaban conmigo.
De todas formas, ten√≠a que admitir que en realidad no era eso lo que me preocupaba ahora. En el fondo, me inquietaba bastante m√°s el momento en que volviese a ver a Marcos. ¿C√≥mo ser√≠a?
Sacud√≠ la cabeza contrariada. “Es un idiota·, repet√≠ para m√≠, tratando de asumirlo del todo.
-¿Nerviosa?- Marina se acerc√≥ a m√≠ con una gran sonrisa. Estas Navidades iba a irse a Par√≠s, y estaba muy ilusionada. La verdad, de cierta forma la envidiaba.
-No demasiado. ¿T√ļ?
-Much√≠simo. No veo la hora de bajar del avi√≥n.- Habl√≥ entusiasmada.- Aunque tampoco tengo mucho que envidarte, con los chicos que hay por all√≠, ¿eh?
Forcé una sonrisa. No me apetecía explicarla lo equivocada que estaba. Ahogué una carcajada sarcástica.
-Bueno. París en Navidad, con todo nevado debe de ser precioso. Me encantaría pasar las vacaciones en un sitio así.- O al menos pasarlas de turismo cultural en lugar de comiéndome la cabeza por mil y un problemas.
-La verdad es que sí. He visto algunas fotos que son increíbles.- Sonrió.
Ten√≠amos ingl√©s a primera, pero como era el √ļltimo d√≠a, nos pusieron una pel√≠cula en ingl√©s, aunque no s√© muy bien como se llamaba. Era un tanto aburrida.
Cada hora que pasaba, se me hac√≠a m√°s larga que la anterior. Al final, estuve mirando el reloj constantemente. Aunque era mucho peor en el caso de otros compa√Īeros, que tamborileaban nerviosos con los dedos sobre la mesa, o abr√≠an y cerraban los bol√≠grafos sin parar.
Y por fin sonó el esperado timbre.
Todo el mundo salió a mogollón, como si fuese la primera vez que veían la luz del sol en meses. Por el contrario, yo me quedé unos minutos recogiendo cuidadosamente los libros y los cuadernos, pensativa.
Esta tarde sal√≠a hacia el pueblo, pero me sent√≠a extra√Īamente tranquila. Es como si despu√©s de tanto tiempo esperando el momento de volver, lo hubiera idealizado tanto que ahora me parec√≠a un sue√Īo irreal y lejano.
Baj√© las escaleras ya casi vac√≠as, a excepci√≥n de los √ļltimos alumnos, que se hab√≠an quedado atr√°s por alg√ļn despiste, o alg√ļn desacuerdo con profesores.
Y por fin salí de nuevo a la calle. Ya estaba de vacaciones de Navidad. Siempre solía emocionarme ese momento.
Anduve con paso medido hacia mi casa. A√ļn ten√≠a que preparar el neceser y meterlo en la maleta, adem√°s de acabar de preparar una mochila con alg√ļn libro, los cargadores, la c√°mara, etc.
Mi madre me abrió acelerada.
-Venga, Miriam, que es tardísimo, y hay que preparar un montón de cosas.- Me apremió mientras subía a su habitación rápidamente.
-Voy.- Contesté malhumorada. Odiaba ir con prisas. Acababa de llegar y ya empezaba así.
Fui a mi cuarto y me dejé caer en la cama. Estaba agotada. Llevaba días sin poder dormir bien. Me quedé unos minutos mirando el techo, y pensando en todo lo acontecido en estos meses que habían parecido tan interminables.
Sam, las paranoias con Marcos, Jana y Lucas, Daniel…
-¡¿Qu√© haces todav√≠a as√≠?!- Exclam√≥ mi madre entrando de repente, sac√°ndome de mis enso√Īaciones.
-Perdón, es que estoy muy cansada.- Me justifiqué encogiéndome de hombros vagamente.
-No hagas el tonto, y ponte inmediatamente a acabar de organizarlo todo. Salimos en nada, ¿me has o√≠do?
-Ahora mismo lo hago.- Repuse resignada.
Cuando sali√≥ de mi cuarto, suspir√©. No solo estaba cansada por falta de sue√Īo. Estaba cansada de esperar algo que nunca llegar√≠a. Estaba cansada de pasarlo mal. Estaba cansada de todo.
Vaci√© la mochila que llev√© el d√≠a que quem√© la hoja en el muelle. Ten√≠a mil tonter√≠as, entre las cuales cay√≥ un √ļnico paquete de tabaco.
Tragué saliva, y me vinieron de golpe mil recuerdos de las primeras semanas que pasé aquí después de volver del pueblo. Se me formaba un nudo en la garganta solo de pensar lo mal que lo pasé.
Y repentinamente me entraron unas ganas terribles de fumar un cigarro. Abrí el paquete con una inevitable sensación de culpabilidad, pero sin poder contenerme, y no tardé en quedarme boquiabierta.
Donde antes hab√≠an estado los cigarros, ahora hab√≠a hermosas margaritas secas ocupando su lugar. Saqu√© una con delicadeza y la observ√© alucinando. ¿Qui√©n la habr√≠a puesto ah√≠?
Y entonces reparé en que en la cajetilla también había una nota. La saqué en ascuas y la desdoblé rápidamente. Estaba escrita con una bonita caligrafía que reconocí al instante.
Tu sonrisa es demasiado bonita para estropearla. Recuerda, hazme un favor y sonríe.
El corazón me latía rápido y lento al mismo tiempo, y pronto me quedé sin habla, con los ojos enrojecidos. No tardó en aparecer la primera lágrima.
Sin embargo, enseguida me sequ√© las mejillas con la manga y volv√≠ a cerrar la cajetilla de tabaco, con las margaritas y la nota en su interior. Decidida, abr√≠ un diminuto ba√ļl que guardaba en una estanter√≠a y ten√≠a un peque√Īo candado, y met√≠ dentro el paquete. Despu√©s volv√≠ a cerrarlo, y a dejarlo en su sitio, como si nunca hubiera pasado nada.
Tratando de contener las l√°grimas con todas mis fuerzas, empec√© a recoger mi cuarto y a guardar las √ļltimas cosas. Poco a poco, consegu√≠ dejar de pensarlo, casi sin darme cuenta, aunque lo agradec√≠a enormemente. Odiaba llorar. Me hac√≠a sentir desprotegida.
Mi madre volvió a pasar para meterme prisa una vez más antes de que por fin terminara de guardarlo todo. Después comimos un bocadillo que había preparado ella, y nos metimos en el coche. Empezaba el viaje de vuelta al lugar donde empezó todo.
*     *     *
La √ļltima vez que hab√≠a recorrido este camino, hab√≠a estado emocionad√≠sima ante la perspectiva de volver a ver a Marcos. Sin embargo ahora, cada vez que lo recordaba, me sent√≠a terriblemente tonta e infantil. Y no hac√≠a ni un a√Īo de aquello. A√ļn as√≠ parec√≠a haber pasado un milenio.
El viaje se me hizo más corto de lo habitual. Tal vez fuese porque tenía tantas cosas en qué pensar que no tuve tiempo para aburrirme.
Cuando llegu√© ya era de noche. Una hermosa luna creciente brillaba en el cielo, en el que se distingu√≠an f√°cilmente las estrellas a pesar de la √©poca del a√Īo.
-¡Hola!- Salud√≥ mi abuela saliendo a recibirnos, envuelta en su habitual toca de lana roja.- ¡Qu√© tarde hab√©is llegado! El abuelo y yo est√°bamos preocupados.
-Hola abuela.- Saludé dándola dos besos, con una sonrisa algo forzada.
Mis padres salieron del coche a saludarla, y la contaron cómo había ido el viaje, lo tarde que habíamos salido, mis notas, y mil cosas más. Mientras tanto, yo cogí mi maleta y la mochila y pasé al interior de la casa.
-¡Miriam! ¿C√≥mo est√°s?- Salud√≥ mi abuelo con expresi√≥n afable.- Ten√≠amos muchas ganas de que vinierais. ¿D√≥nde est√°n tus padres y la abuela?
-Muy bien, yo igual.- Sonre√≠ de nuevo.- Est√°n en el patio a√ļn, siguen con los saludos y sus respectivas historias.
-Voy a decirles que pasen, que se van a quedar helados ah√≠ fuera. Estos d√≠as est√° haciendo mucho fr√≠o. T√ļ si quieres sube a tu cuarto, pero tienes que enchufar la estufa, que en la planta de arriba corre mucho aire.
-Vale, gracias.- Asentí, y comencé a subir las escaleras.
Se me hizo muy extra√Īa la sensaci√≥n de volver a estar ah√≠. Casi volv√≠ a emocionarme al asomarme al balc√≥n, por el que hab√≠a bajado un par de veces, con ayuda de Marcos, que ya era todo un experto.
Me sent√© en la cama melanc√≥lica y sent√≠ una tremenda a√Īoranza del verano, con sus altas temperaturas, toda la gente alegre y animada recorriendo las calles, y sus inevitables e intensas historias. Cada verano tiene la suya. Pero esta las superaba a todas con creces.
Se o√≠an las voces animadas en la planta de bajo, y mi padre no tard√≥ en llamarme para que bajase a estar un rato con ellos, pero antes de bajar me entretuve mir√°ndome al espejo que ten√≠a tras la puerta. Sent√≠a que hab√≠a cambiado tant√≠simo del a√Īo pasado a este. Aunque el reflejo segu√≠a siendo de una chica menuda con un largu√≠simo pelo casta√Īo, solo que con los ojos m√°s apagados de c√≥mo acostumbraban a estar.
Baj√© al sal√≥n, donde estaban todos de reuni√≥n. Mi abuela charlaba entretenida de las √ļltimas nuevas acontecidas en el pueblo, mientras mis padres escuchaban atentos y mi abuelo comentaba algo de vez en cuando.
Me senté en el sofá con ellos y esperé paciente hasta que por fin dieron por terminada la conversación y decidieron que ya iba siendo hora de ir a cenar.
*     *     *
A√ļn no hab√≠a podido contactar con Sara desde entonces. Finalmente, hab√≠a terminado por restarle importancia, pero ahora que por fin hab√≠a venido, decid√≠ volver a llamarla, a ver si esta vez lo cog√≠a.
Y como siempre, saltó al contestador.
Esta situaci√≥n comenzaba a resultarme de lo m√°s inquietante. ¿Y si la hab√≠a ocurrido algo? Mi salida de Madrid hab√≠a sido realmente extra√Īa y misteriosa. Pero el √ļnico que sab√≠a la verdad era Daniel, y ya me hab√≠a jurado y perjurado que me hab√≠a contado todo lo que sab√≠a.
No sostuve ni por un momento la posibilidad de salir. No me apetec√≠a nada, estaba demasiado cansada, y ten√≠a demasiado miedo del rencuentro como para enfrentarme a ello ahora. Ya ver√≠a qu√© hac√≠a por la ma√Īana.
Me puse el pijama lentamente y me metí en las sábanas con un escalofrío. Sí que hacía fresco aquí.
Sin embargo, a pesar de que estaba que me caía de agotamiento, me encontraba desvelada, así que saqué una de las novelas que me había traído del bolso y comencé a leer.
No sé muy bien a qué hora cerraría el libro, pero lo que sí sé, es que después de hacerlo, me estuve otro rato bastante largo para conseguir dormirme.
Repasé mentalmente cuál sería mi plan para el día siguiente. Cuando acabase de prepararme, tenía que recoger toda mi habitación, y terminar de deshacer la maleta, que todavía no llevaba ni la mitad. Y si después me sobraba tiempo, saldría un rato a ver qué ocurría.

Me encontraba en medio de un frondoso bosque, con todo el cuerpo dolorido. Estaba sentada en el suelo, con un vestido que en su día debió ser muy bonito, pero ahora se encontraba raído y manchado de barro y verdín.
Poco a poco me incorporé para inspeccionar mi alrededor. Ahogué un grito cuando pisé una piedrecita punzante. También estaba descalza.
El claro estaba casi en tinieblas, parecía estar oscureciendo, o bien amaneciendo, no estaba segura. Solo un fino halo de luz se colaba por entre los árboles.
Y de repente oí un espeluznante grito humano de dolor. Sobresaltada tuve que contenerme para no soltar uno yo también.
Con paso inseguro, pero apresurado, me dispuse a seguir la dirección de la que provenía el ruido.
Tuve que cogerme las faldas del vestido para no pisarlo, no era el atuendo m√°s adecuado para dar un paseo por el bosque. Adem√°s se me iba enganchando por todas partes, y me hac√≠a da√Īo al andar.
Por fin llegué al claro, que no estaba demasiado lejos. Y entonces me quedé horrorizada.
Un chico con el cabello rubio apagado estaba agonizando en el suelo. Tenía una daga clavada en el medio de la espalda, justo entre dos hermosas alas diferentes a cualquiera que hubiera visto antes. Estas eran oscuras.
-¿Marcos?- Pregunt√©, en tono dudoso.
Y entonces volvi√≥ la cabeza con el que parec√≠a ser su √ļltimo aliento. Pero no me encontr√© con la esperada mirada azul mar que tan bien conoc√≠a. En su lugar hab√≠a unos ojos de un gris brillante que me miraban como queriendo decir algo. Los ojos de Sam. Aunque no pude o√≠r que quer√≠a decirme, antes de que pudiese hacer nada, se desplom√≥ sin fuerzas.

Me desperté sudando con una agobiante sensación de nerviosismo. Hacía mucho que no tenía esa pesadilla.
Era la misma que tuve en verano, la misma que me hizo despertar de madrugada e ir a aquel lago de entre las monta√Īas en el que me encontr√© a Marcos.
Sin embargo esta vez, no me limit√© a pensar que hab√≠a sido un simple sue√Īo. Era algo m√°s oscuro que eso, y conoc√≠a demasiado bien la condici√≥n de Sam y Marcos como para pensar que solo era un producto de mi imaginaci√≥n.
Sin embargo, ¿por qu√© ten√≠a las alas oscuras?
Volví a recostarme en la cama con las mantas casi hasta las orejas y traté de dormirme.
En más de una ocasión me planteé la posibilidad de levantarme y hacer algo de provecho, porque estaba totalmente desvelada, pero finalmente conseguí quedarme dormida.
A la ma√Īana siguiente ten√≠a un tremendo dolor de cabeza que me hizo quedarme en casa hasta por la tarde.
-¿C√≥mo est√°s, cari√Īo?- Pregunt√≥ mi madre tendi√©ndome una taza de chocolate que hab√≠a preparado para merendar.
-Mejor. Supongo que saldré en un rato.
-Me alegro. Aunque no se te ve demasiado emocionada con la idea, ¿no?
-Sí, supongo que sí. Al fin y al cabo voy a volver a ver a mis amigos.- Si es que de verdad eran mis amigos. No tardaría en comprobar si habían hecho caso a Irene.
-Bueno.- No pareció muy convencida con la explicación.- De todas formas ten cuidado, y si vuelves a encontrarte mal, ven inmediatamente a casa.
-Descuida.
Perdí unos minutos más limpiando bien la taza a conciencia cuando terminé el chocolate, y después cogí mi parka verde y salí de casa. Nada más atravesar la puerta, cogí mi móvil del bolsillo y llamé a Jake a ver dónde andaban.
-¿S√≠?
-Hola, Jake, soy Miriam.
-¡Miriam! ¿C√≥mo est√°s? Cu√°nto tiempo ha pasado desde la √ļltima vez.
-Y que lo digas. ¿D√≥nde est√°is? Ya he llegado.
-No sabía que vinieras hoy.- Dijo en tono de sorpresa.
-En realidad llegué ayer por la noche, pero estaba demasiado cansada para salir.
-Ah. Bueno, nosotros estamos en el polideportivo, íbamos a echar un partido contra Borja y estos. Vente.
Puse los ojos en blanco. La obsesi√≥n que ten√≠an con el f√ļtbol no es ni medio normal. Acababa resultando aburrido pasarse todos los d√≠as en el polideportivo.
-Muy bien. Ahora voy.
-Perfecto.
Colgué el teléfono y comencé a andar hacia donde me había indicado. Fui con paso rápido a causa del frío. La temperatura aquí era muchísimo más baja que en Galicia.
Cuando llegué, mis amigos estaban en torno al banquillo de uno de los campos. Con cierta timidez y nerviosismo, me acerqué a ellos.
-Hola chicos.- Esbocé una sonrisa amigable.
-¡Miriam!- Jessie, como siempre, me dio un enorme abrazo para saludarme.- Me alegro un mont√≥n de verte, no sab√≠amos si ibas a venir.
-Claro que s√≠.- Repuse alzando una ceja. Y antes de que pudiera a√Īadir algo m√°s, vi a Jake mirando hacia la puerta con el ce√Īo fruncido.
Fui saludando al resto con dos besos y por fin llegué hasta Jake.
-¿Pasa algo?
-No perdona.- Sonri√≥ amable y me dio dos besos.- Me alegro de verte, Miri. Se te empezaba a echar un poquito de menos.- Dijo en ton√≥ burl√≥n con un gui√Īo.
-Idiota.- Me re√≠.- ¿Y Sara?
Su expresión se tensó un poco, casi imperceptiblemente. Enseguida volvió a relajarse.
-Se ha ido hace un momento. No sé qué la habrá pasado.
De repente una nueva teoría me vino a la cabeza.
-¿Fue antes, o despu√©s de que t√ļ hablaras conmigo?
-No s√©, ¿a qu√© viene eso?
-Vamos, Jake.
-Fue después.- Respondió pensativo.
-Dijiste que ven√≠a, ¿no?
-No hizo falta. Fue ella quien me pregunt√≥ si eras t√ļ la que me hab√≠a llamado. La respond√≠ que s√≠, obviamente.
Apreté la mandíbula, aunque en el fondo ya me había esperado esa respuesta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario