s√°bado, 11 de abril de 2015

Capítulo XLII



Una voz conocida me hizo volverme de golpe, seria.
-Buenas tardes.- Saludó Irene con ese característico tonito irritante suyo.- Anda, si has venido.- Comentó centrando su mirada en mí.
-S√≠, he venido.- Repuse sin ning√ļn tipo de emoci√≥n en la voz.
-Debe ser por eso que Marcos no ha querido quedar esta tarde.- Dijo como quien no quiere la cosa, dejándome alucinada. Bueno, a mí y a la mitad del resto de la gente.
-O también puede ser porque ya se había vuelto a cansar de ti.- Repliqué en el mismo tono pausado.
Me dirigió una mirada fulminante, pero enseguida relajó su expresión y soltó una falsísima carcajada.
-No te piques, Miriam. No debes tomártelo a malas, simplemente deberías asumir que pasa de ti y punto.- Me dieron ganas de soltarla una bofetada para quitarle esa cruel sonrisa de la cara.
-Descuida.
Me di la vuelta en redondo para darle la espalda, y seguí hablando con Jake, para decepción de Irene.
-No la hagas ni caso.- Murmuró sin quitarla ojo de encima, con expresión de desagrado.
-No lo hago. Aunque en el fondo tiene razón.
-No digas tonter√≠as. Claro que no la tiene. Es m√°s, ¿escuchar√≠as un consejo m√≠o?
-Deléitame.
-Llama a Marcos. Acaba con esto. Habla con él y poned de una vez por todas las cartas sobre la mesa. No sé que le habrá pasado a Sara, ni que habrá hecho que Marcos hiciera aquello. No sé nada. Solo sé que cuando Marcos te miraba en verano, lo hacía con amor, o al menos cuando creía que nadie le observaba.
-Cre√≠ que t√ļ tambi√©n estabas molesto con √©l.
-Y es así. Esto lo digo por ti, no solo por él. Creo que es lo mejor para los dos.
Asentí, pensativa.
-¿Est√° aqu√≠?
-Sí. Ayer estuvimos con él jugando al pádel.
-Vale. Aunque mejor voy a buscarle a su casa. No quiero arriesgarme a que me cuelgue. Al fin y al cabo, es lo que he estado haciendo yo todos estos meses.
-Es lo mejor.
Iba a irme de inmediato a casa de Marcos, pero antes me gir√© una √ļltima vez dudosa. Iba a decir algo, pero finalmente volv√≠ a cerrar la boca y mir√© a Jake, que me observaba como anim√°ndome a hacerlo.
-Gracias.
-No las des.
Sonreí y esta vez sí me fui sin mirar otra vez atrás, ni pensármelo dos veces. Corría el riesgo de que si hacía eso, no sería capaz de seguir andando.
Traté de centrar mi mente en otra cosa por el camino. No quería arrepentirme antes de haber llegado.
Intenté distraerme centrando mis pensamientos en el recuerdo de una buena ola, cuando iba a hacer surf por Galicia. Hacía mucho que no lo hacía. Un día tendría que volver.
Me recordé remando con todas mis fuerzas para superar la dura rompiente, hasta que por fin terminó la serie y pude aprovechar para terminar de entrar. Mientras esperaba a que viniese una nueva serie, me senté sobre la tabla con la mirada clavada en el horizonte. Y entonces vi la ola.
Empecé a darme la vuelta, sin precipitarme, me daba tiempo de sobra. Después remé, primero lentamente, y luego con más fuerza, cuando la ola llegó hasta la cola de la tabla.
Y en cuestión de unos pocos segundos, ya estaba sobre la ola. Cuando noté que me arrastraba, apoyé las manos a la altura de mi pecho y me incorporé rápidamente, de un salto.
Notaba la brisa marina golpeándome en la cara y despeinándome, mientras me mantenía inclinada para guardar el equilibrio.
Hice fuerza con la pierna izquierda, me giré un poco, y comencé a bordear la pared de la ola. Un giro, dos, era increíble la sensación.
Y de pronto, me salí de la ola y caí de bruces al agua, siendo arrastrada por otra ola que venía por detrás. Di un par de vueltas bajo el agua y por fin pude sacar la cabeza. Y de nuevo tocaba repetir el proceso.
Era como una metáfora de lo que es la vida. Cuesta esfuerzo, y a veces es duro llegar donde queremos, pero al mismo tiempo, cuánto más difícil es, más lo disfrutamos, y suele ser mejor. Pero ni lo bueno ni lo malo dura para siempre, así que hay que aprovechar los buenos momentos mientras duren, y tratar de que no se te escapen antes de tiempo.
Y casi sin darme cuenta llegué al portal de Marcos.
Había surtido efecto mi plan de distracción, pero ahora que estaba aquí, no tenía ni idea de qué iba a decirle.
Cogí aire y apreté el timbre, con los nervios a flor de piel.
Los segundos que transcurrieron hasta que oí pasos al otro lado de la puerta se me hicieron eternos. Casi estuve a punto de dar media vuelta e irme por donde había venido.
Finalmente, oí como desechaban la llave desde dentro y se abría la puerta.
-Miriam.- Dijo en un tono levemente sorprendido.
Se me había hecho un nudo en la garganta que casi me impedía hablar. Me maldije a mí misma mentalmente, aunque no sirvió de mucho. Se supone que es él quien tendría que estar nervioso, pensando en cómo disculparse, ya no para arreglar las cosas, que era más bien imposible, sino para conseguir que dejase de odiarle. Y sin embargo, era yo la que temblaba como una tonta sin saber qué decir.
Deber√≠a de haber sonado fuerte, decidida. Como si nada de esto me hubiese hecho demasiado da√Īo como para seguir adelante con la misma fuerza. Sin embargo apenas consegu√≠ saludarle sin balbucear.
-Marcos. Cu√°nto tiempo.
En realidad, no sab√≠a si cuando le vi en el lago de Doni√Īos hab√≠a sido real. Pero recordaba perfectamente la √ļltima vez que le vi en verano, justo antes de volver a Galicia. Hoy hac√≠an cuatro meses justos desde aquello. Aunque lo recordaba como si hubiese sido ayer.
-Supongo que sí. Pero tengo la sensación de que se me ha hecho mucho más largo de lo que en realidad ha sido.
Su tono era cansado y desalentado, y no pude evitar fruncir el ce√Īo extra√Īada.
No tenía su habitual brillo en la mirada, ni tampoco esa característica sonrisa en el rostro. Sin embargo sí tenía unas profundas ojeras bajo los ojos. Parecía llevar días sin dormir, y tenía el pelo rubio más largo de lo habitual, que le caía despeinado sobre la frente. Iba vestido con unos vaqueros y una sudadera vieja, y no tenía pinta de tener la más mínima intención de salir de su casa.
-¿Est√°s bien?- Pregunt√© preocupada, mordi√©ndome el labio.
Se volvi√≥ a mirarme con gesto sorprendido, y enseguida me arrepent√≠ de haberlo dicho. ¿C√≥mo pod√≠a haberme rendido tan pronto? Se supone que estaba enfadada con √©l. De hecho, lo estaba.
-Mejor de lo que merezco, supongo.- Respondió con una amarga sonrisa.
Me costó no quedarme mirándole con la boca abierta. Este no era mi Marcos, era una versión apagada del chico que había sido.
-¿Qu√© ha pasado?
-¿Y qu√© no ha pasado?- Se encogi√≥ de hombros.- Olv√≠dalo. La verdad no s√© ni c√≥mo puedes mirarme a la cara.
Buena pregunta.
-Supongo que yo tampoco lo s√©.- Respond√≠ autom√°ticamente, sin pensarlo. Y en contra de lo que habr√≠a cabido de esperar, agach√≥ la cabeza y guard√≥ silencio, apesadumbrado. Eso solo consigui√≥ que me cabrease m√°s.- Lo arriesgo todo por ti, miento a mi familia, a mis amigos, me pongo en peligro a m√≠ y a las personas que quiero por ti. Solo por ti.- Solt√© como tratando de hacerle reaccionar. Segu√≠a sin mirarme.- ¿Y t√ļ qu√© haces a cambio? ¡Enrollarte con la primera chica que se te pone por delante! Bueno, si es que solo fue con ella.- Hab√≠a ido subiendo mi tono de voz casi sin darme cuenta. Volv√≠ a bajarlo al darme cuenta de que hab√≠a una se√Īora mir√°ndonos desde la otra acera.- ¿¡No piensas decir nada!?
-Tienes razón.- Apretó la mandíbula y me aguantó la mirada. Pero no dijo nada más. Simplemente eso. Se limitó a darme la razón.
-Eres un imbécil. No sé ni para qué he venido.
Me di la vuelta de golpe y comenc√© a alejarme por la calle a paso apresurado, con unas ganas irremediables de pegar pu√Īetazos a una pared.
Y de repente paré en seco cuando noté que me agarraba el brazo con fuerza.
-Miriam.- Repitió.
-¡D√©jame!- Le espet√©, y trat√© de soltarme golpe√°ndole enfadada.
-Esc√ļchame por favor.- Implor√≥, mir√°ndome a los ojos, como si pudiese convencerme solo con esa mirada azul mar.- Tienes raz√≥n en todo lo que has dicho. Confiaste en m√≠, y decidiste apostar por esto. No sabes lo miserable que me sent√≠ todos y cada uno de los minutos que sucedieron a ese d√≠a.- Trag√≥ saliva, aflojando la presi√≥n de su mano sobre mi brazo.- Las dos semanas que estuve fuera, este verano, me llevaron a una casa de mi t√≠o Axel en la playa. Fue all√≠ donde conoc√≠ a Julia. Axel me hab√≠a convencido de que si dejaba que lo nuestro continuase morir√≠as. Para ser precisos, te matar√≠an. Y a m√≠ tambi√©n. Por eso lo intent√© con Julia. Ella tambi√©n es un √°ngel, amiga de la familia, fue precisamente Axel quien me la present√≥. Y por un momento cre√≠ que pod√≠a funcionar. Que pod√≠a olvidarte. Pero fue solo un momento. No tard√© en darme cuenta de que por Julia no sent√≠a ni la mitad de lo que siento por ti. Por eso volv√≠.
Me costaba seguir respirando con normalidad. Hice un tremendo esfuerzo por hacer que las palabras me salieran sin vacilar.
-¿Y qu√© pas√≥ despu√©s? ¿Por qu√© volvi√≥ Julia?
-Fue un plan de mi t√≠o para separarnos definitivamente. Y ten√≠a que ser ese d√≠a, le gusta darle ese toque po√©tico a sus cosas.- El anterior cari√Īo hab√≠a sido sustituido por tristeza cada vez que hablaba de su t√≠o.- Fue √©l quien la llam√≥, y lo prepar√≥ todo para que llegase nada m√°s terminar la batalla.
-Eso no te justifica.
-¿Sab√≠as que Eneas es un experto en pociones y elixires? En un principio, fue uno de los motivos por los que Axel comenz√≥ a pedirle ayuda. Ese d√≠a tambi√©n lo hizo.- Tom√≥ aire, con la mirada clavada en mis ojos.- Me dieron una sustancia muy extra√Īa, pero no supe qu√© era hasta ese momento. Era un alucin√≥geno, pero no estaba cogido al azar. Lo prepar√≥ espec√≠ficamente para que te viera morir. Para que creyese que estabas muerta.
Me quedé de piedra unos instantes.
-Un alucinógeno.
Asintió.
-Te vi caer al suelo sin fuerzas con mis propios ojos. Era incapaz de pensar. Solo sent√≠a como si se me hubiese desgarrado algo en el interior, algo imposible de reparar. Y entonces lleg√≥ Julia.- Hizo una peque√Īa pausa, evaluando mi expresi√≥n.- Me bes√≥ y no opuse resistencia. Estaba demasiado conmocionado como para darme cuenta de lo que estaba haciendo. Acababa de verte morir. Y antes de que me diese tiempo a reaccionar, apareciste. Fue entonces cuando me di cuenta de todo y comenc√© a sentirme como un idiota.
Me quedé unos minutos en silencio, asimilando todo lo que acababa de contarme. Estaba comenzando a sentir una profunda lástima por él, pero seguía teniendo un atisbo de duda.
-Marcos, por favor, no me mientas. No lo soportaría.
-Nunca he hablado m√°s enserio. De hecho t√ļ misma has estado tomando de los elixires de Eneas sin darte cuenta. No lo supe hasta que reviviste a Daniel.
-¿Qu√© quieres decir?
-Eneas te estaba suministrando sin que te dieras cuenta unas pociones que te inhibían los poderes lo suficiente para impedirte despertarle. Claro, cuando estabas en Galicia no suponías una amenaza, así que dejó de hacerlo. Y cuando viniste a Madrid, trató de llevarlo a cabo por otros medios, pero parece que no le funcionó. Por eso lo conseguiste.
Todo parec√≠a una locura. Y sin embargo, algo en √©l, no s√© si fue su tono sincero y resuelto, o su mirada, me hizo estar segura de que no ment√≠a. Todo me daba vueltas. Lo que me hab√≠a tenido obsesionada, y tanto me hab√≠a hecho sufrir estos meses simplemente era un vulgar enga√Īo de Axel.
-¿Por qu√© me cuentas todo esto ahora? ¿Por qu√© has esperado tanto?- Inquir√≠.
-Porque si hay algo de lo que dijo Axel que era verdad es que estando contigo te pon√≠a en peligro. Y no soportar√≠a hacerte m√°s da√Īo, Miriam. Es por lo mismo por lo que me fui aquellas dos semanas de verano. Para tratar de olvidarte.
-¿Qu√© ha cambiado?
-Que he comprendido que nunca podré olvidarte. Apenas aguanté dos semanas así. Enseguida dejé de poder soportarlo, y fui a Galicia para asegurarme de que estabas bien. Nadie quería decirme una palabra de ti. Desde entonces, he ido a menudo para comprobar cómo estabas, para protegerte. Un día estuviste a punto de pillarme, cuando estabas con esa amiga tuya, Carla.
-Lo recuerdo.- Me limité a decir, haciendo un esfuerzo por aguantarle la mirada.
-Sin embargo despu√©s las cosas volvieron a complicarse. De nuevo hab√≠a movimiento en el mundo de los √°ngeles, y tuve que andarme m√°s con ojo. Pero me promet√≠ que si yo no pod√≠a olvidarte, al menos tratar√≠a de que t√ļ si pudieras. Me promet√≠ que solo si te segu√≠a interesando cuando volvieras te contar√≠a todo lo que acabo de decirte.
-¿Y ahora ya has decidido que me sigue interesando?
-Has venido. Y no soportaba estar un segundo m√°s fingiendo ser lo que no soy.
-Aquel d√≠a, en Doni√Īos, eras t√ļ de verdad, ¿no?
-Sí. Era yo. Y estuve a punto de traicionar mi promesa completamente. Cuando apareció tu amigo no pude evitar odiarle y darle gracias al mismo tiempo.
-¿Por qu√©?- No me refer√≠a a lo de Lucas. M√°s bien estaba preguntando que por qu√© hab√≠a hecho todo esto, por qu√© se hab√≠a permitido sufrir por m√≠ cuando pod√≠a tener a la chica que quisiera, probablemente una que no implicase ning√ļn tipo de peligro.
-Porque te quiero. Nunca he dejado de hacerlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario