miércoles, 15 de abril de 2015

Capítulo XLIV



-Miriam.- Eneas me salud√≥ con una desagradable sonrisa y un movimiento leve de la cabeza. Despu√©s se gir√≥ hacia Sam, con una mueca.- Y el √°ngel traidor. Demasiado d√©bil e insistente para hacer nada √ļtil.
-No tienes ning√ļn derecho a hablarle as√≠.- Salt√©, tratando de sonar fr√≠a y controlada. Sam, a mi lado, apretaba los pu√Īos, tenso.
-Vaya, vaya.- Comentó volviéndose de nuevo hacia mí.- Veo que por mucho que te ocurra, no pierdes ese carácter tan insolente.
-¿Qu√© le has hecho a Sara?- Pregunt√© ignor√°ndole.
-Y como siempre, tan entregada a los dem√°s.- A√Īadi√≥ dando unos pasos hacia donde est√°bamos y dejando a Sara ah√≠ tirada, como si ni siquiera estuviese ah√≠.- Tu querida amiga, te traicion√≥.- Dijo, con seriedad.- Me informaba en todo momento de todos y cada uno de tus movimientos, lo que llorabas, lo que sent√≠as…
-Sara no me traicionó.
-¿Me est√°s llamando mentiroso, Miriam? Vamos, que ya nos conocemos, y sabes que no soy de esos. Aunque si lo prefieres puedo decirte algunas de las cosas que me confes√≥. Mas he de decirte, que si estuviera en tu lugar, optar√≠a por evitar que el √°ngel traidor se enterase de algunos detalles. Ya sabes, por el bien de vuestra relaci√≥n.
-Sara no me traicionó.- Repetí, evitando mirar a Sam, que me dirigió una mirada de duda.- No lo considero traición cuando no hay más opciones.
-Siempre hay opción de elegir.- Constató con firmeza.
-¿Y cu√°l es la otra opci√≥n que le diste? ¿Desobedecerte y matar a todos sus seres queridos? Porque no creo que tuviese total libertad para elegir. Ya nos conocemos, y t√ļ eres m√°s de imponer tu postura, guste o no.- Le dirig√≠ una mirada fulminante, que no tard√≥ en ser correspondida.
-Deja que nos llevemos a Sara y no habrá problemas.- Fue Sam quien habló por fin, sin un ápice de compasión en su rostro.
-¿¡Me est√°s amenazando!?- Eneas solt√≥ una sonora carcajada.- Realmente rid√≠culo. ¿Qu√© podr√≠ais hacerme vosotros, un √°ngel ca√≠do que ni si quiera puede usar sus poderes plenamente, y una Samyaza totalmente desentrenada?
-¿Piensas ponerme a prueba?- Inquiri√≥ con tono de gravedad.
Yo me moví inquieta en mi sitio, asustada ante el cariz que estaba tomando la conversación.
-No hace falta que vayas de farol, traidor.  S√© perfectamente que no tienes ni la mitad de fuerza que tendr√≠as en condiciones normales. ¿De verdad pretendes conseguir algo con esto?
Mir√© a Sam con el ce√Īo fruncido. ¿Por qu√© dec√≠a que estaba tan d√©bil?
Abrí la boca para decir algo, pero de repente, Sam salió a una velocidad inimaginable hacia Eneas, que increíblemente, ya estaba fuera de su alcance.
-No puedes tocarme un pelo.- Eneas clavaba una mirada mortífera en los ojos de Sam, que le miraba casi jadeando de cansancio.
Sin embargo, en vez de contestarle, Sam se agachó sobre Sara, que seguía tirada en el suelo.
-Tiene pulso.- Informó mirándome serio.
Cuando le oí, solté el aire que no sabía que había estado conteniendo.
-¿Por qu√© Sara?- Ahora me dirig√≠a a Eneas, que nos observaba con una expresi√≥n indescifrable.
-En realidad, no fue m√°s que una desafortunada casualidad para tu amiga. Ya sabes. En ocasiones se est√° en el lugar equivocado en el momento equivocado, y eso puede cambiarlo todo.
-No es justo.
-¿Qui√©n dice que la vida lo sea? Tampoco fue justo que Axel acabase muerto.- A pesar de sus intentos de parecer impasible, entrev√≠ un gesto de dolor que atravesaba su rostro,  como cada vez que le nombraba.
-Yo no le maté.- Me defendí.
-Claro que le mataste. Por culpa de tu est√ļpido intento de salvar a tus amigos.
-No fue solo un intento. De hecho les salvé.- Repuse.
Me dirigió una mirada fulminante, mientras Sam seguía inclinado sobre Sara, tratando de hacerla reaccionar.
-Mira de lo que les ha servido. Ahora acabar√© con todos ellos, mientras t√ļ me ves. Y te dejar√© a ti para el final, cuando te hayas vuelto loca por perder a todas las personas a las que quieres.
-Yo no maté a Axel.- Esto estaba empezando a ser surrealista. Eneas no estaba bien de la cabeza.
-Al hacer explotar todos sus hechizos, acabaste con su poder. Todo el trabajo de a√Īos. No se trata de algo sentimental, es una cuesti√≥n f√≠sica. Depend√≠a de ellos inconscientemente, y pronto se qued√≥ sin fuerzas para seguir viviendo.
Le mir√© anonadada. ¿Pero c√≥mo sab√≠a que no ment√≠a? Sin embargo, hab√≠a algo en su expresi√≥n que me dijo que dec√≠a la verdad.
-No quería matarle.
-¿Crees que eso arregla algo?
Me quedé callada, sin saber qué decir. Simplemente creía que Axel ya no estaba, no me había parado a pensar cómo le había afectado lo que yo hice aquel día.
-¿Y por qu√© tomarse tantas molestias en vengarse? ¿Por qu√© no te limitaste a acabar conmigo?- Inquir√≠ finalmente, mientras Sam me miraba atento, con gesto de preocupaci√≥n.
-Quiero que pases lo que pas√© yo. Axel era la √ļnica persona que ten√≠a en el mundo. Quiero que experimentes esa soledad antes de morir. Porque no dudes que morir√°s. Yo mismo te matar√©.- Su tono era tan fr√≠o y lejano que no parec√≠a estar hablando sobre la muerte de la persona con la que estaba.
-¿Y eso te servir√° para quedarte tranquilo? Luego el monstruo soy yo.- Habl√≥ Sam en tono sarc√°stico, dirigi√©ndole una mirada de desprecio.
-Cállate.- Me dio un escalofrío solo de ver cómo le observaba, como si fuese una abominación.- Tal vez te interesaría saber que mientras estás por aquí perdiendo el tiempo, un grupo de cazadores vienen hacia aquí para acabar contigo de una vez por todas. Les di el aviso hace un rato.
Por unos segundos, un inquietante silencio nos envolvió, mientras Sam se ponía en pie algo alterado y yo miraba a uno y a otro nerviosa.
-Mientes.
-Di lo que quieras, √°ngel traidor, pero en el fondo sabes que mis palabras son ciertas. Tienes los minutos contados.
Noté que se me formaba un nudo en la garganta. Había leído la leyenda de la isla de los ángeles caídos, y sabía que no se andaban con miramientos con los que eran como Sam. Si le encontraban no habría vuelta atrás.
-Sam.- Se volvi√≥ a mirarme extra√Īado. Parec√≠a que le hab√≠a interrumpido en lo que fuera a decir.- ¿Y si no miente?
-Me duele la poca confianza que tenéis en mi palabra.- Habló en plural, pero sus ojos estaban clavados en mí. Eneas parecía estar divirtiéndose con la situación.
-No voy a dejarte sola, Miriam.- Sam sin embargo, parecía no notar su presencia.
-Por favor, si me aprecias, aunque sea un poco, vete. Huye antes de que vengan. No podr√≠a soportar que t√ļ tambi√©n murieses por mi culpa.
-Precisamente porque te aprecio no voy a dejarte sola.- Su mirada era como una s√ļplica de que le dejara permanecer conmigo.
-Realmente enternecedor. Lástima que vaya a durar tan poco.- Comentó Eneas, con la misma emoción que si estuviese hablando de una telenovela.
-Sam.- Le miré como si pudiese convencerle con solo hacer eso.- Por lo que peor lo he pasado durante este tiempo, ha sido por la idea de que te pudiese haber pasado algo por mi culpa. Por favor, no me vuelvas a hacer pasar por eso.- Susurré, para que Eneas no nos oyera.
Sam apretó la mandíbula impotente. Y supe que tal vez por primera vez, me haría caso en esto.
-En cuanto pueda volveré contigo.- Aunque su expresión daba a entender lo poco de acuerdo que estaba con la idea, en el fondo tenía que entenderlo. Tenía que saber que era lo mejor para los dos.- Lo prometo.
-Prometo que estaré bien hasta entonces.- Respondí con una sonrisa triste.
Sam hizo un amago de acercarse más a mí, pero pareció arrepentirse, porque echó a andar hacia los árboles.
-¿D√≥nde te crees que vas?- Inquiri√≥ Eneas con tono grave.
Sam y yo nos volvimos hacia él como un resorte. Había sido una estupidez pensar que podría irse así como así.
Sin embargo, Sam, en lugar de contestar, siguió andando, como si no hubiese dicho nada. Temerosa me volví hacia Eneas, que le miraba con expresión enfurecida.
-¡Detente!
Esta vez, Sam ni se dignó a volverse, ante mi creciente incredulidad mezclada con preocupación. Eneas dio un par de pasos hacia nosotros, con la ira grabada en el rostro.
-Déjale marcharse, por favor. Ya ha sufrido más que suficiente en su vida.- Le imploré a Eneas, casi en un susurro.
-Ni√Īa tonta. ¿De verdad crees que voy a haberme tomado tantos esfuerzos para compadecerme en el √ļltimo momento?- Sin embargo, pareci√≥ pens√°rselo mejor en el √ļltimo momento.- Muy bien. Te dar√© una alternativa.
Suspiré aliviada, mientras Sam se detenía justo antes de salir del claro, mirándonos dudoso.
-¿Qu√© alternativa?
-O Sam o el resto de personas a las que quieres. La decisi√≥n es tuya. Si√©ntete afortunada, no es habitual que de m√°s de una opci√≥n. ¿Eliges salvar al √°ngel?
Sentí que se me caía el alma a los pies. Eneas, a solo unos pocos metros de mí, me observaba malicioso. Tragué saliva, pero evité volverme hacia Sam. No podía pedirme que eligiera. Tenía sus vidas en mis manos.
Por unos segundos, permanecí así, cerrando los ojos mientras se libraba una batalla interna por tomar una decisión. Aunque en el fondo sabía qué quería.
-Muy bien. Lo imaginaba.- Su desagradable sonrisa se hizo un poco más amplia, y comenzó a preparar a toda velocidad una especia de bola de energía que se disponía a lanzar hacia Sam, que le observaba impasible.
Quise decirle que corriera, pero no me salían las palabras. Quise insultar a Eneas, pero no me funcionaba la voz. Quise gritar cuando terminó de prepararla, justo en el segundo en el que iba a lanzarla, pero en lugar de ello, me tiré sobre Eneas con todas mis fuerzas, estando a punto de derribarle.
Y a partir de ahí todo ocurrió muy rápido, lo veía todo como si fuese una película.
La bola de energía salió disparada hacia los árboles, aunque no llegó a alcanzar a nadie. Aliviada, apenas tuve tiempo de respirar, antes de que Eneas se me sacudiese de encima.
-¡Samuel, corre!- Grit√© con todas mis fuerzas, haci√©ndole reaccionar por fin. Y pude comprobar aliviada que hu√≠a por el sendero m√°s all√° de nuestro alcance.
Entonces, Eneas me dio una brusca sacudida en el brazo, obligándome a volverme hacia él.
-Decisión equivocada, Miriam.- Me daban escalofríos de mirarle.- Te espero donde todo terminó, o bien donde todo empezó, como quieras verlo. Yo me daría prisa.
Y sin a√Īadir nada m√°s, desapareci√≥, llev√°ndose consigo el cuerpo inerte de Sara que estaba en el suelo, y dej√°ndome con la palabra en la boca.
Me palp√© el bolsillo interno de mi cazadora militar. La daga que encontr√© en Doni√Īos segu√≠a ah√≠.
Por un momento me plante√© esa posibilidad. Acabar con esto de una vez. Al fin y al cabo, todo se deb√≠a a m√≠. Si yo estaba muerta, ¿qu√© sentido ten√≠a acabar con mi familia y amigos? Eneas solo quer√≠a hacerlo para da√Īarme a m√≠.
Hab√≠a desaparecido, era obvio que no ten√≠a ning√ļn tipo de herramienta para plantarle cara, estaba completamente sola, y Sara estaba inconsciente por meterla en esto. Y en pocos minutos tambi√©n estar√≠a muerta.
Le di varias vueltas a la daga con las manos. La hoja era tan fina que me hice sangre sin querer en un dedo. Aunque estaba demasiado conmocionada para sentir ning√ļn tipo de dolor.
Apret√© el pu√Īo con fuerza. La daga reluc√≠a con la poca luz que pasaba entre los √°rboles. Su visi√≥n resultaba casi hipn√≥tica, ten√≠a como un aire m√°gico. Aunque no me extra√Īaba demasiado.
Cerré los ojos. Después de todo lo que había ocurrido se me habían agotado las lágrimas. Aunque lo prefería. Odiaba llorar. Y odiaría morir llorando.
Por un momento me olvidé de la promesa que le había hecho a Sam de que estaría bien hasta que volviera. Me olvidé de todos, y a la vez, no pensaba en otra cosa que en todos a los que quería cuando apoyé la daga contra mi pecho.
Al menos no tenía miedo. No más del que podría tener de un osito de peluche. Me reconfortaba saber que al menos moriría siendo valiente.

2 comentarios: