jueves, 16 de abril de 2015

Capítulo XLV



Aunque, ¿realmente estaba actuando como una valiente? ¿Una valiente se limitar√≠a a morir en lugar de seguir luchando por lo que quer√≠a, a seguir luchando por lo que merec√≠a?
-Miriam.- No le había oído llegar, pero me giré de golpe cuando oí la voz de Marcos justo detrás de mí.
Me estaba mirando fijamente, muy serio. Sin poder evitarlo, me sonroj√© al recordar el beso de antes. ¿Cu√°nto habr√≠a presenciado de mi encuentro con Sam?
-¿C√≥mo me has encontrado?- Baj√© la daga cuidadosamente, sin dejar de mirarle.
-Nunca te he perdido.- Nada más decirlo se tensó, advirtiendo el doble sentido que podían tener las palabras.
-Marcos, siento lo que ha pasado antes.- Me disculpé sin poder evitar sentirme del todo incómoda.- No ha sido justo.
-No, Miriam, yo lo siento. Cre√≠ que t√ļ tampoco me hab√≠as olvidado.- Me mov√≠ nerviosa. Sin embargo, √©l no pareci√≥ darse cuenta.-  No se me ocurri√≥ ni por un momento pensar que pudiera haber alguien m√°s. Lo siento.
Me quedé por un momento sin saber qué decir.
-Eso no es así.
-¿T√ļ le quieres?
Sabía lo que implicaba la pregunta. Si le decía que sí, se alejaría, lo veía en su expresión, aunque no era nada típico de él rendirse así sin más.
Pero si le dec√≠a que no, le estar√≠a diciendo que a√ļn ten√≠a una oportunidad. Estar√≠a dej√°ndole ver que yo tampoco le hab√≠a olvidado a √©l, estar√≠a volviendo a abrir esa herida.
Adem√°s, quer√≠a a Sam, ¿no? Puede que no como mi futuro marido, pero estaba segura de que le quer√≠a, era de esas personas que en poco tiempo se convierten en alguien indispensable. Y era quien m√°s me hab√≠a ayudado durante el oto√Īo. Marcos ni se hab√≠a dignado a intentar hablar conmigo.
-S√≠.- Iba a a√Īadir algo, pero finalmente cerr√© la boca, mordi√©ndome el labio. Por un momento, un gesto de dolor le atraves√≥.
-Entonces no le digas nada de m√≠. No s√© si sabe de mi existencia, pero por favor, no le cuentes nada m√°s sobre m√≠, sobre nosotros. Es el √ļltimo favor que te pido, Miriam.- La fuerza de su mirada resultaba incluso desconcertante.
-Lo haré.
-Gracias. Ahora te acompa√Īar√© a buscarles.- Me inform√≥, reponi√©ndose.
-Yo…- Por unos minutos, me hab√≠a olvidado completamente de Eneas.- No s√© d√≥nde pueden estar.
-¿Qu√© dijo Eneas?- Record√© sus palabras pensativa. Pero Marcos no esperaba que respondiese. Ya conoc√≠a la respuesta.- Donde la √ļltima vez. Donde acab√≥ todo, o donde todo empez√≥, seg√ļn c√≥mo lo veas.
-Aquella azotea.- Murmur√© de repente, entendi√©ndolo.- Acab√≥ la vida de Axel, acab√≥ la tregua. O bien empez√≥ la venganza de Eneas. Seg√ļn c√≥mo se mire.
-Justo.- Asintió, sin un ápice de emoción.
Y sin más dilación, emprendimos el camino con paso rápido hacia la plazoleta donde estaban todas las casas viejas y abandonadas.
Por el camino, en contra de lo que me había temido, Marcos fue hablando amigablemente, tratando de hacer un poco menos incómoda la situación.
Sin embargo, me fij√© en que ten√≠a el ce√Īo m√°s fruncido de lo habitual, y la postura tensa, aunque trataba de parecer impasible. Probablemente, alguien que no le conociera bien no lo habr√≠a notado.
Sin saber qué hacer o decir para animarle sin quedar como una idiota, me limité a quedarme callada mientras le escuchaba hablar sobre temas que nos importaban más bien poco a ambos.
Cuando por fin llegamos, estaba comenzando a oscurecer, a pesar de que nos habíamos dado toda la prisa posible.
-No hace falta que subas.- Le dije, aunque sab√≠a que era in√ļtil.
-Lo sé.- Repuso, y comenzó a subir las escaleras de la casa por delante de mí, sin titubear.
Contuve una sonrisa, y le seguí escaleras arriba. Parece que la historia se repetía.
-¿Eneas no est√° enfadado contigo?- Pregunt√© por primera vez, con curiosidad.
-S√≠ que lo est√°. Piensa que traicion√© su confianza y la de mi t√≠o al ponerme de vuestro lado aquel d√≠a, pero no es algo de lo que me arrepienta, desde luego. Adem√°s, ha decidido vengarse primero de ti, pero no dudes que yo ser√© el siguiente.- A√Īadi√≥ sin demasiada preocupaci√≥n.- As√≠ que ya sabes, no se te ocurra pedirme que no me quede contigo. Esto tambi√©n es por m√≠.- Me sonri√≥ amable.
Sin palabras, le observé que abría la puerta de la terraza. Cogí aire antes de entrar, seguida por Marcos.
Eneas estaba en el centro, con Sara atada a un poste de madera que hab√≠a colocado en el centro. A√ļn no hab√≠a despertado, observ√© con preocupaci√≥n.
-Por los pelos.- Dijo Eneas a modo de saludo.- Y veo que has cambiado de acompa√Īante. Francamente, no cre√≠a que fueras de esas.
Me quedé boquiabierta, sin palabras. Fue Marcos sin embargo quien le respondió.
-No te atrevas a hablarla así, Eneas. Sabes perfectamente que hace mucho tiempo que dejé de tomar tus elixires, así que más te vale no subestimarme.- Su tono era amenazante.
-Apl√≠cate tu propio consejo, Marcos. Mis poderes han crecido mucho desde la √ļltima vez que nos vimos.
-Te vi desaparecer en el bosque antes. Puede que Miriam no se haya dado cuenta, pero yo conozco perfectamente las normas. ¿Hace mucho que usas magia prohibida?
Eneas pareció tensarse un poco, pero enseguida sonrió, dando a entender que controlaba perfectamente la situación.
-¿Qu√© m√°s da el tiempo que lleve utiliz√°ndola? El caso es que s√© usarla perfectamente.
Y de repente, desapareció. Ya no estaba en el centro de la azotea. Sobresaltada, me volví hacia Marcos, que aunque trataba de mantener la calma, estaba empezando a estar bastante nervioso.
-¿Qu√© ha sido eso?- Pregunt√©, no s√© muy bien para quien.
-Magia.- Solté un grito ahogado al oír el susurro de Eneas en mi oído, que soltó una carcajada, divertido.
Fui a moverme, pero de repente, noté el frío del metal contra mi garganta. Asqueada, sentí perfectamente el aliento de Eneas contra mi nuca.
Vi que Marcos también nos miraba, con el terror grabado en el rostro. Tragué saliva, sin atreverme a hablar ni a moverme un centímetro.
-Déjala en paz.- Dijo sin alzar una décima su tono de voz, pero dejando entrever claramente que no quería tonterías.
-Me parece que no.- Sonrió malicioso.- Eso depende de ti ahora.- Sin despegar ni un segundo el frío acero de su cuchillo de mi cuello, rebuscó en su bolsillo con la otra mano hasta encontrar lo que buscaba.
-¿Qu√© quieres?
Le lanzó una cadena lo suficientemente fuerte para retener a dos hombres. Me estremecí.
-√Ātate al poste con Sara. Cuando cierres el candado, soltar√© a Miriam.- Se puso serio.- Supongo que ya te imaginas qu√© pasar√° si ocurre lo contrario.
-¿Te piensas que no tengo dos dedos de frente? S√© perfectamente que atarme a ese poste no servir√° de nada. La matar√°s de todas maneras mientras yo me qued√≥ ah√≠, impotente, sin poder hacer nada.
-Si eso es lo que quieres…
Exhal√© fuerte cuando not√© que el filo del cuchillo me hac√≠a un peque√Īo corte en la garganta, lo suficiente superficial para no hacerme nada grave, pero lo bastante profundo como para que un hilillo de sangre comenzase a caer por mi clav√≠cula.
-¡No!- El grit√≥ de Marcos cort√≥ el aire. Eneas asinti√≥ complacido.
-Sabes perfectamente que no podr√≠as soportar que la matase as√≠, ahora, cuando t√ļ puedes hacer algo para ayudarla. No nos hagas perder m√°s el tiempo, Marcos.
Petrificada, observ√© que Marcos vacilaba unos segundos, y finalmente se agachaba para recoger la cadena del suelo, a rega√Īadientes.
-Marcos.- Murmuré, cortándome en seco, cuando noté una mayor presión de la hoja contra mi piel.
-T√ļ estate callada.- Me susurr√≥ al o√≠do, mientras esbozaba una mueca de desprecio.
Observé horrorizada que, en efecto, Marcos fue hacia el poste, cadena en mano. Se volvió para mirarme, y acto seguido, comenzó a estirar la cadena para atarse.
En un intento desesperado de evitar lo inevitable, pegué una patada a Eneas con el talón y traté de escabullirme entre sus brazos.
-¡Miriam, no!- Marcos, con expresi√≥n aterrorizada, solt√≥ la cadena, y corri√≥ hacia nosotros, a tiempo para evitar que Eneas me clavase su pu√Īal.
-Ni√Īata, siempre con tus jueguecitos.- Mascull√≥ Eneas lleno de ira.
Lanz√≥ pu√Īaladas al aire, mientras yo trataba esquivarlas como pod√≠a, entre gritos.
Marcos agarró a Eneas, reteniéndole unos segundos, mientras este otro se sacudía con fuerza, tratando de acuchillarle.
-¡Miriam, Sara!- Me grit√≥ Marcos, lanz√°ndome una mirada desesperada sin soltar a Eneas.
Reaccioné de repente, y asentí, corriendo hacia Sara, mientras ellos seguían enfrentándose. La cosa parecía estar bastante igualada.
Tratando de centrarme solo en Sara, llegué hasta donde estaba y la tomé el pulso. En efecto, seguía teniendo un pulso perfectamente estable. Aunque con Eneas nunca había que fiarse.
A toda prisa, desaté el nudo de la cuerda que la sostenía, con dedos temblorosos. Me costó un rato conseguirlo, y cuando la solté, se desplomó sobre mí, así que tuve que hacer un esfuerzo por dejarla cuidadosamente en el suelo.
-Sara.- Llamé. Su pecho subía y bajaba con normalidad, respiraba perfectamente.
La di unas palmaditas suaves en el rostro, con m√°s bien pocas esperanzas de hacerla reaccionar.  En efecto, no ocurri√≥ nada.
De pronto, Marcos soltó un grito ahogado, haciéndome pegar un brinco. Me giré en seco, y vi que Eneas le estaba inmovilizando en el suelo, mientras trataba de acercar el cuchillo peligrosamente a su cuello.
Con el coraz√≥n a mil, coloqu√© a Sara en la postura de seguridad que nos hab√≠an ense√Īado en el instituto, y corr√≠ hacia ellos.
Empuj√© a Eneas con todas mis fuerzas, desequilibr√°ndole, lo que sirvi√≥ para que Marcos quedara libre por fin. Aprovech√© para tenderle mi daga, ya que ser√≠a m√°s √ļtil si era √©l quien la sosten√≠a. Adem√°s, no me ve√≠a capaz de usarla.
Eneas maldijo a voz en grito, lanzándose sobre mí. Yo también grité sobresaltada, cuando me tiró al suelo, aprisionándome con su cuerpo.
Por un momento pensé que estaba empezando a volverse loco.
Me defend√≠ como pude, ara√Ī√°ndole, pero cuando alz√≥ el cuchillo para coger impulso, pens√© que hab√≠a acabado. Que morir√≠a. Pero claro, que las cosas nunca sal√≠an como me esperaba.
Marcos le dio un fuerte golpe en la cabeza con el pu√Īo de mi daga, que habr√≠a debido bastar para dejarle inconsciente durante un buen rato. Solo que no fue as√≠.
A√ļn m√°s enfurecido, Eneas golpe√≥ a Marcos con su propia daga, con una fuerza sobrehumana. Consigui√≥ unos metros m√°s all√°, ante su mirada de incredulidad.
Luego se volvió hacia mí. Recuerdo perfectamente mi sensación de terror absoluto al verle la cara. Había perdido completamente los papeles.
-T√ļ le mataste, zorra.
Pero en lugar de usar su cuchillo, me golpeó con fuerza en la mejilla, haciendo que me cayera de nuevo tumbada al suelo.
Después de eso, fue donde había dejado a Sara, casi tambaleándose mientras andaba. Parecía ebrio de rabia.
Consegu√≠ incorporarme con el  cuerpo dolorido y la mejilla ardi√©ndome, mientras Marcos recuperaba su daga, que hab√≠a ca√≠do unos metros m√°s all√°.
Iba a volver a ir hacia ellos, cuando Eneas juntó ambas manos, y tras murmurar unas palabras en latín, hizo que apareciera una especie de campo de fuerza en torno a ellos.
Desesperada, corrí hacia ellos, a pesar del grito de Marcos de que me detuviera. Cuando choqué con la pared invisible, salí despedida hacia atrás con una fuerza inimaginable. Caí al suelo, quedándome sin respiración por unos segundos.
Eneas me miraba con desprecio.
-Así será con todos. Iré cogiendo uno por uno a todos tus seres queridos, y matándoles dentro de esta burbuja. Lo suficiente cerca para que los veas, pero siempre inalcanzables. Miriam, me voy a convertir en tu peor pesadilla. Y voy a empezar por ella.

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