domingo, 19 de abril de 2015

Epílogo



Me pein√© cuidadosamente todo el cabello en un mo√Īo no muy tenso, que me dejaba toda la cara al descubierto.
Me hab√≠a puesto un vestido negro entero, casi hasta las rodillas, de manga larga y algo ce√Īido. Apenas me hab√≠a maquillado, no estaba de humor para ello.
Aunque era lo normal. Al fin y al cabo, iba a un funeral.
Cuando terminé, me puse unos zapatos negros y bajé a la planta de abajo.
Habían decidido enterrar a Sara en el pueblo, así que no me había costado convencer a mis padres para venir.
Abajo me estaban esperando mis padres, con los de Jake. √ćbamos a ir ambas familias juntas. Aunque √©l no estaba con ellos.
-¿Y Jake?
-Está en el patio. Deberías ir a decirle que ya vamos a salir.- Respondió mi padre sin ánimos.
Asentí y me dirigí a donde me habían indicado.
Durante esta semana, Jake había estado esquivo con todo el mundo, negándose a hablar con nadie, lo cual, de un modo egoísta, solo había contribuido a que me sintiera peor conmigo misma. Dudaba que hoy fuera a ser diferente.
-Jake.- Le llam√© cuando le vi, observando pensativo unos geranios de mi abuela.- Dicen que vamos a salir enseguida. ¿Vienes?
-S√≠.- Respondi√≥ secamente. Y en efecto, no dijo nada m√°s  en todo el trayecto.
Cuando por fin llegamos al cementerio, no había demasiada gente. Era una ceremonia más o menos íntima, solo estábamos los que más la conocíamos. Aunque lo prefería así.
Fui donde estaba la familia de Sara a darles el pésame, y traté de no romper a llorar al ver las caras largas y los llantos de su madre y su abuela.
-Miriam, cari√Īo.- Me dijo su t√≠a Esther, que era muy agradable. Siempre era la que convenc√≠a a nuestras madres cuando no nos dejaban hacer algo.- ¿Te gustar√≠a decir unas palabras en honor a Sara? Creo que ser√≠a adecuado, ya sabes lo mucho que te quer√≠a.
Se me form√≥ un nudo en la garganta. Por un momento, no me vi capaz de decir una sola palabra. ¿Qu√© pod√≠a decir, si la mayor parte de lo que cre√≠an estas personas era mentira?
-No lo sé, Esther. No sé si podré.
Pareció decepcionada ante la negativa. Me mordí el labio, sintiéndome mal.
-Lo que t√ļ quieras, nena. Si cambias de opini√≥n, me dices, ¿vale?
Asentí incómoda y volví donde estaban mis padres con los padres de Jake.
El ambiente era terriblemente tenso, y resultaba muy extra√Īo. Todo el mundo estaba triste, unos llorando, y otros simplemente guardando silencio. Creo que todos agradecimos el momento en el que lleg√≥ el cura y comenz√≥ a hablar.
Estaba tratando de prestar atención a lo que decía, a pesar de que casi no se le entendía, cuando alguien me tiró del brazo.
Sobresaltada, me gir√© de pronto a tiempo para ver a un chico alto, de unos diecinueve a√Īos que me miraba atento con unos profundos ojos grises.
-Sam.- Murmuré anonadada.
-Tenemos que hablar.- Miró a su alrededor para asegurarse de que no llamábamos la atención, y me condujo a un lugar algo apartado, detrás de unos árboles.
-Sam, es el funeral de Sara.
-Lo s√©, y siento mucho venir ahora. Pero he estado escondido hasta ahora, y me acaban de dar el aviso. Un viejo amigo me ha confiado que ya han alertado a medio mundo de los √°ngeles de mi situaci√≥n, y que van a comenzar a buscarme enserio. La b√ļsqueda comienza hoy. Debo irme.
-¿C√≥mo, irte?
-Antes o despu√©s, todos los √°ngeles ca√≠dos acaban huyendo a la isla. Supongo que es nuestro destino. Ese es el √ļnico lugar donde podemos estar a salvo.
-¿Quieres decir que te ir√°s para siempre?- El terror se apoder√≥ de mi cuerpo inmediatamente.
-No tengo otra opci√≥n.- Desvi√© la mirada, desanimada, pero me cogi√≥ suavemente el ment√≥n, oblig√°ndome a mirarle de nuevo.- Miriam, tienes que prometerme que estar√°s bien. O al menos, que har√°s todo lo posible por estarlo. Esa chica que vais a enterrar, me salv√≥ la vida, y s√© tan bien como t√ļ que ella querr√≠a lo mismo.- Me recorri√≥ un escalofr√≠o cuando habl√≥ de Sara.- Y si pudiera, tambi√©n te pedir√≠a que hablases por ella en ese funeral. Que le digas a esa gente lo que ella no puede.
-No puedo hacerlo.- Repliqué, abriendo mucho los ojos.
-Claro que puedes. Sé que puedes.- Me miraba fijamente, casi impidiéndome apartar la mirada.- Y lamento no poder quedarme para oírte. No sé si me he enamorado de ti, pero lo que sí sé es que solo quiero que estés bien. Y estoy seguro de que hablando por ella ahí conseguirás sentirte mucho mejor contigo misma y con los demás. Hazlo por Sara. Pero también hazlo por ti.
Lo pensé. Tal vez tuviera razón. Aunque no había preparado nada.
-¿Y qu√© digo?
-Di lo que te salga en ese momento. Estoy seguro de que lo harás bien. Confío en ti. Y ahora debo irme. Adiós, Miriam.
Esta vez fui yo la que me acerqué hasta abrazarle. Si iba a ser un adiós para siempre, no podía limitarme a despedirme con la mano.
-Sam.- Llam√© sin soltarle.- Prom√©teme que t√ļ tambi√©n estar√°s bien.
-Lo prometo.
Y dicho esto, se separ√≥ un poco, me sonri√≥ una √ļltima vez, y desapareci√≥ entre los √°rboles.
Me qued√© unos segundos parada, pero enseguida volv√≠ a emprender el camino hacia donde se estaba celebrando la ceremonia. A√ļn me quedaba una cosa por hacer.
Cuando llegué, el cura estaba terminando de hablar. Parece que había llegado justo a tiempo.
-¿Alguien quiere decir unas palabras, en honor a nuestra querida Sara?
-Yo.- Hablé en tono decidido, ante las miradas de asombro de algunos entre los presentes. Al menos Esther me dirigió una mirada alentadora.
-Muy bien.
Se apartó, dejándome sitio para que hablase de cara a todo el mundo. Cogí aire y fui hacia allí.

Vacilé un segundo antes de empezar, al ver a todo el mundo mirándome expectante, a la espera de ver qué decía.
-Sara era de las mejores personas que he conocido.- Comenc√© sin mirar ning√ļn punto concreto.- Era comprensiva con todo el mundo, por mucho que la liasen. Adem√°s, es una amiga de las de verdad, de las que ya no quedan. En los momentos dif√≠ciles siempre era ella la que estaba ah√≠, para hacer frente junto a ti a las dificultades. Estoy segura de que cualquiera que la conozca bien estar√≠a de acuerdo conmigo. El que ella no est√© conmigo ahora, me hace sentir como si me hubieran quitado un brazo, o una pierna. Es de las pocas veces que tengo que enfrentarme a algo sin su constante ayuda. Recuerdo que sol√≠a decir que la vida es como una monta√Īa rusa.- Ahora mir√© a Jake, ya que quer√≠a que √©l m√°s que nadie lo entendiese.- A veces est√°s arriba, y otras abajo. Pero nada dura para siempre. Y sin embargo, a cada vuelta que das, estas un poco m√°s preparado para la siguiente, porque cada experiencia nos ense√Īa algo. Esto no es una excepci√≥n. Si ella estuviera con nosotros, dir√≠a que sigui√©ramos adelante, no como si no hubiera ocurrido nada, sino entendi√©ndolo, acept√°ndolo y super√°ndolo. Pero nunca olvid√°ndola. Aunque al menos para m√≠ eso ser√≠a imposible. Porque igual que hay cosas que nunca se olvidan, hay personas que siempre estar√°n junto a nosotros, en nuestro coraz√≥n.

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